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13/10/2011 - Ignacio M. García Medina
Expropiemos BlackBerry

Research In Motion (RIM) es una empresa canadiense, famosa por sus teléfonos inteligentes BlackBerry, que te permiten conectar a internet, revisar tus correos electrónicos y mantenerte en contacto con los usuarios de su propio sistema de mensajería instantánea. Desde hace años viene haciendo felices a sus clientes, que se cuentan por millones. En junio de 2010 vendió su teléfono número 100 millones y entre muchos clientes ilustres destaca Obama. Otro cliente casi tan ilustre como el Comandante en Jefe fui yo durante muchos años. Desde 2004 hasta principios de 2010 pude disfrutar -a un precio asequible y con tarifa plana sin sorpresas- de una experiencia de navegación por internet desde el móvil bastante aceptable, notificaciones de correo electrónico en tiempo real, así como de redes sociales y también de su messenger que, al principio casi no usaba por no contar con amigos que utilizasen BlackBerry pero que, en los últimos meses de uso se multiplicaron espectacularmente, claro síntoma de la popularización del servicio y demostración de que lo que otrora fuera un lujo, ahora estaba al alcance de casi todos.

En estos días, aunque no me ha afectado personalmente ya que ahora uso Android, he seguido con preocupación las noticias de sus repetidas caídas en tan solo tres días y de la indignación de los millones de afectados. Sin embargo, esta indignación es relativa ya que, por un lado, compañías como Movistar han anunciado que devolverán -sin necesidad de reclamación alguna- la parte proporcional de la cuota correspondiente a las horas de pérdida del servicio y, por otro lado, quienes consideren insuficiente medidas como éstas, siempre podrán optar por pasarse a otros sistemas como Android, iOS, Symbian o Windows Phone o contratar diferentes operadores de telefonía móvil que ofrezcan aún mejores soluciones que Movistar, a elegir entre Vodafone, Orange, Yoigo, Simyo, MasMovil y muchos más. Lo que para RIM es un desastre se convertirá en una bendición para los usuarios de smartphones, a quienes por un lado la competencia intentará seducir para que abandonen su BlackBerry con ofertas estupendas y, por otro, verán cómo RIM intentará mimarles para que no salten del barco mientras intentan achicar el agua que se ha colado por estas enormes vías abiertas por sus reiteradas caídas.

En resumidas cuentas y a pesar de lo regulado que aún está el sector, la relativa liberalización del mismo desde los comienzos con tan solo Telefónica, Alcatel y poco más por la parte de los operadores y Nokia, RIM y Apple por la parte de los dispositivos y sistemas operativos, ha traído cada vez más y mejores servicios para los clientes, progresivo abaratamiento de los mismos y, por ende, que cada vez más personas de todos los estratos sociales puedan disfrutar de las ventajas de internet en el móvil, al principio sólo accesibles para segmentos muy concretos.

Antes utilicé la expresión clientes indignados con toda la intención del mundo. ¿Se imaginan que, tras estas caídas del servicio de BlackBerry en todo el mundo, a los gobiernos se les ocurriera expropiar la empresa o nacionalizar sus servicios para garantizar la prestación y calidad de este servicio que se puede considerar hoy en día una necesidad básica, la necesidad de estar siempre disponibles y conectados? Espero no estar dando ideas. Pero considero que es de sentido común el hecho de que este caso es un ejemplo perfecto de que un mercado libre y con muchos competidores es lo que mejor garantiza que la indignación no sólo no vaya a más, sino que además se generen soluciones que más allá de simplemente cubrir dicha insatisfacción, la compensen sobradamente. De hecho, por un momento imaginemos que se decide expropiar a compañías como RIM, Apple, Google o Microsoft para garantizar que todo el mundo pueda disfrutar de conexión en el móvil. Dicha conexión pasará a ser un servicio público gratuito y universal pero se pagará vía impuestos. Estoy convencido de varias cosas que pasarían después: Primero, que el impuesto acabaría superando la más cara de las cuotas de cualquiera de las compañías y que también lo pagarían quienes nunca hubieran querido usar este servicio o hubieran optado por tarifas más baratas en función de su uso de internet; segundo, que el servicio se caería de forma generalizada y no habría posibilidad de solucionarlo acudiendo a otras compañías ya que habría un monopolio estatal y tercero, la tecnología se estancaría y no veríamos mejores servicios ni mejores terminales al ritmo de mejora actual, cercenándose cualquier tipo de innovación y progreso en este campo o, por lo menos, ralentizándose de una forma alarmante.

Pues bien, este razonamiento con el que prácticamente cualquiera puede coincidir conmigo se desmorona cuando lo extrapolamos a temas como la educación o la sanidad. En Chile tenemos indignados con la educación, en Grecia salen a la calle por los recortes sociales, en EEUU se indignan con Wall Street y en España...bueno, en España nos indignamos con cualquier cosa. Uno sólo se indigna de forma crónica y sin remedio cuando no puedes mostrar tu insatisfacción dejando de ser cliente de una compañía y pasándote a otra. Cuando depositas todas tus opciones en el Estado y se las quitas al libre mercado, pasas a ser cautivo y esclavo de la demostrada ineficiencia estatal. El libre mercado no es perfecto y falla, como ha demostrado BlackBerry estos días, pero se autocorrige de forma rápida y eficiente y sin mayores consecuencias. Si te indignas con BlackBerry te pasas a Android o al iPhone, pero no se te ocurre pedir que la nacionalicen. ¿Por qué cuando te indignas con una penosa sanidad, una lamentable educación, un moribundo sistema de pensiones o una banca sin escrúpulos no puedes elegir una alternativa al control estatal de las mismas? Antes de seguir indignado, piénsatelo.

 

 

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