Inicio | Artículos | Autores | Foro | Links | Conferencias

Temas

+ ECONOMÍA

+ EDUCACIÓN Y CULTURA

+ INFRAESTRUCTURAS Y TRANSPORTES

+ LIBERALES IMPRESCINDIBLES

+ LIBERALISMO

+ LIBROS RECOMENDADOS

+ MEDIO AMBIENTE Y ECOLOGÍA

+ MISCELÁNEA

+ POLITICA EXTERIOR

+ SANIDAD Y PENSIONES

+ TURISMO Y COMERCIO

+ URBANISMO Y VIVIENDA

Artículos

19/05/2010 - Ignacio M. García Medina
Salvar al soldado Robin

Lo peor en esta vida en general y en el cine en particular son las expectativas creadas. Al igual que cuando uno dice "la fiesta de este fin de semana va a ser legendaria" y lo único que te queda es una resaca horrorosa y, con suerte, algún número de teléfono (falso) garabateado en una servilleta, cuando uno ve un trailer y piensa: "peliculón", lo único que suele quedarte es remordimiento por haberte gastado 8 euros en la entradas y otros tantos en palomitas quemadas y bebida rebajada (multiplicado por dos si el número garabateado en la servilleta resultó no ser falso).

A Robin Hood de Ridley Scott acudí con prudencia y sin hacerme ilusiones. Añado que hice bien. Quien vaya creyendo que va a ver otra como Gladiator, saldrá destrozado. La película no es buena pero, aunque tiene pifias garrafales, tampoco es mala. Al menos no se me hizo lenta, sino más bien demasiado apresurada. Intenta condensar en dos horas una historia compleja, repleta de conjuras palaciegas, conspiraciones políticas e intereses personales cruzados y, en mi opinión, lo hace de forma bastante sintética y llega a resultar deslavazada. Curiosamente, desde el principio de la película me asaltó una urgencia miccional que no pude aliviar hasta finalizada la misma. Por lo general, cuando esto te pasa, la película se te hace eterna y, sin embargo, ésta me pareció vertiginosa así que, en parte, tanto yo como mi vejiga lo agradecimos.


Hay que estar bastante atentos para seguir la enrevesada trama en la que nos cuentan la génesis del Robin Hood que todos conocemos. La película es a Robin Longstride, lo que Batman Begins a Bruce Wayne. La de Christpher Nolan no es la única peli en la que Ridley Scott se inspira (o se copia). También se autoplagia en varias ocasiones con Gladiator: La secuencia de la batalla inicial; la historia del protagonista, que vuelve a pasar de obediente y humilde guerrero a noble líder gracias a un mentor que luego muere asesinado vilmente y a quien hay que vengar y otra serie de paralelismos que llegan a resultar molestos, como si el director quisiera repetir la fórmula del éxito paso por paso. Pero la copia más burda e innecesaria es la del desembarco, que parece Salvar al Soldado Ryan pero con flechas y espadas en vez de con balas y bayonetas. En este punto de la película también sobra el guiño feminista de Lady Marian que aparece en batalla en un principio a lo Juana de Arco o a lo Éowyn en El Retorno del Rey, pero acaba pareciendo Wendy y Los Niños Perdidos de Nunca Jamás, ya que va liderando a una inútil pandilla de niños montados en pony, se ahoga torpemente y distrae a Robin Hood.


Esto era lo que más temía de la película, que cayera en los típicos clichés políticamente correctos y en el tema feminista mete la pata hasta el fondo. La Edad Media y, concretamente la guerra, era cosa de hombres. Punto. Hay que asumirlo. Pero en las pelis se empeñan en reescribir la Historia en función de lo que pensamos ahora y no haciendo el esfuerzo de entender cómo se pensaba entonces. Otro tópico en el que incurre es el de presentar a Robin Hood como representante de la Alianza de Civilizaciones. Si bien en la versión de Kevin Costner se acababa haciendo amigo del moro Morgan Freeman, aquí Russell Crowe entona el mea culpa en nombre de Occidente condenando las Cruzadas.

Sin embargo hay un tópico al que felizmente no recurrieron y que, precisamente, era al que de antemano pensaba que sí recurrirían, ya que Robin Hood es un personaje por el que siempre he tenido un sentimiento de amor/odio. Como toda leyenda, es un personaje que sirve para ser ejemplar y aleccionador e históricamente ha sido abyecta y demagógicamente utilizado para justificar millones de tropelías en nombre de los pobres, de la justicia social y demás mamarrachadas. Ha sido interpretado como un justiciero que le quita a los más ricos para dárselo a los más pobres. Y esta ideología perversa y sin sentido ha sido sustento de miles de gobiernos, tiránicos o democráticos, que han pretendido erigirse en Robin Hoods. Vamos, los sueños húmedos que Zapatero puede tener a diario. Es en este sentido donde más satisfecho me ha dejado el film. Ya que en esta ocasión no se produce ningún asalto a la propiedad privada por parte de Robin y su banda, sino por parte de las huestes del Rey Juan Sin Tierra. En esta película, por fin, el único ladrón es el Estado. Presentan a la Corona como a un granjero que "cuando intenta ordeñar una ubre seca, lo único que recibe es una coz". En uno de los discursitos que ofrece Robin en presencia del mismísimo Rey, parecía estar escuchando a Thomas Jefferson decir que "cada persona tiene derecho a la libertad de buscar su propia felicidad". El discurso liberal no es total, obviamente, ya que el guionista hace un poco de eslalom ideológico para no levantar ampollas entre la progresía y así encontramos guiños y flirteos con el comunismo hippilondio como por ejemplo cuando al final de la peli explican que en el Bosque de Sherwood los forajidos viven en una especie de comuna en la que la madre naturaleza provee de todo lo que necesitan y no parece haber propiedad privada. También creo ver guiños anticapitalitas en la ausencia del uso de monedas. Resulta forzado y bastante incongruente que en la película no usen dinero. En una escena del principio de la peli, Robin y sus arqueros, que están en el ejército de Ricardo Corazón de León volviendo de las cruzadas, vuelven al campamento tras haber estado de caza y reparten los conejos que han alcanzado con sus flechas entre algunos soldados, así en plan altruista. Minutos más tarde se ve a Robin ejerciendo de trilero para conseguir unas cebollas apostando. Su velocidad moviendo los cubiletes provoca que acaben pegándole una paliza por creer que está engañando con el juego. Curioso este sistema de valoración de las cosas en el que a una persona no se le ocurre cambiar algún conejo de los que tanto le ha costado cazar por algo con lo que cocinarlo y, sin embargo, los regala y luego se esfuerza y arriesga en apostar para conseguir cuatro cebollas. Yo sabía que a Robin Hood lo pintan como bueno, pero éste, a nivel de finanzas personales, parece gilipollas. Pero claro, el guionista quizá nos quiere mostrar lo bueno que es Robin y lo malo que es el dinero.


Pero como digo, en general, la peli defiende valores y principios que no suelen defenderse en el cine. Presentan a los nobles del norte no como ricachones vividores, sino como gente trabajadora y emprendedora, que da trabajo y prosperidad a sus súbditos mientras que es el Estado el que financia mediante impuestos cada vez más abusivos sus costosas cruzadas, la buena vida de la corte, etc. Por fin se muestra a un Robin Hood que no es un naive que piensa que robándole a los ricos y dándole a los pobres solucionará las cosa. Este Robin Hood entiende que es el Estado quien impide el progreso de las gentes, quienes, en libertad, son más capaces de proveerse su propia prosperidad.

PD: Hay muchas incongruencias históricas, pero todos estaremos de acuerdo en la precisión con la que abordan un tema: en cualquier guerra los franceses siempre se rinden y se retiran huyendo.

 

 

© Canarias Liberal - www.canariasliberal.org - info@canariasliberal.org

Sitio web desarrollado por www.canaryservices.com