Inicio | Artículos | Autores | Foro | Links | Conferencias

Temas

+ ECONOMÍA

+ EDUCACIÓN Y CULTURA

+ INFRAESTRUCTURAS Y TRANSPORTES

+ LIBERALES IMPRESCINDIBLES

+ LIBERALISMO

+ LIBROS RECOMENDADOS

+ MEDIO AMBIENTE Y ECOLOGÍA

+ MISCELÁNEA

+ POLITICA EXTERIOR

+ SANIDAD Y PENSIONES

+ TURISMO Y COMERCIO

+ URBANISMO Y VIVIENDA

Artículos

29/03/2010 - Ignacio M. García Medina
De la libertad al totalitarismo en pocos pasos

Hace un año leí un libro titulado Dos Conceptos de Libertad, de Isaiah Berlin, basado en una conferencia que dio éste el 31 de octubre de 1958, en su discurso inaugural como Profesor de Teoría Política y Social en Oxford. El libro resulta bastante soporífero de leer e imagino lo buena para curar el insomnio que tuvo que ser dicha conferencia. Me resultó un libro extremadamente redundante y que machaca hasta el hartazgo estos dos conceptos de libertad que él expone. Sin embargo, en una rocambolesca y paradójica pirueta del Destino, con el tiempo y tras rumiarlo, se ha convertido en uno de los libros más influyentes sobre mi forma de pensar.

Para Berlin, hay dos tipos de libertad: la libertad positiva y la libertad negativa. La “libertad negativa” era la libertad de: libertad de hacer lo que se quiera siempre y cuando no afecte a los demás y que nadie (salvo un posible afectado) te impida hacerlo; limitándose así el poder del Estado sobre las decisiones personales. El Estado ha de dejar que las personas “hagan lo que quieran, siempre que sus acciones no interfieran con la libertad de los demás”. La “libertad positiva” por otro lado, era libertad para: algo así como que nada te impida hacer lo que deseas y si te falta algo para conseguirlo o hay obstáculos que te lo impiden, el Estado estará ahí para ayudarte a eliminar dichos obstáculos u ofrecerte lo que necesites para conseguir tus objetivos. Es decir, usar el poder político para liberar a los seres humanos de sus limitaciones y sus miserias. ¿Quieres montar un negocio? Te damos subvenciones. ¿Quieres estudiar y no tienes dinero? Te damos educación pública y gratuita. ¿Quieres abortar? Te lo paga la sanidad pública. ¿Quieres mantener un ritmo de vida aceptable aún sin estar trabajando? Te pagamos el desempleo. Y así un largo etcétera. Obviamente, esta supuesta libertad positiva conduce, inevitablemente, a la represión. ¿Por qué? Porque para pagar todos estos gastos que supuestamente dan más libertad a las personas, el Estado ha de quitarle el dinero a unos para dárselo a otros y eso, siempre, siempre, siempre (independientemente de lo bienintencionados que sean los fines) es robar por la fuerza y el que no esté de acuerdo, a la cárcel.

La semilla del totalitarismo es la libertad positiva. No necesitamos libertad positiva. Sólo es necesaria y deseable la libertad negativa, la libertad de hacer lo que te apetezca siempre y cuando no perjudiques a nadie. Todo ser humano intentará hacer lo más beneficioso para si mismo. Y en sociedad, la única manera de mejorar es satisfaciendo a los demás. El pastelero no intenta hacer tartas más ricas y más baratas por mera superación personal o amor al fino arte de la repostería, sino para satisfacer a mayor número de clientes y así enriquecerse y prosperar. No hay nada en este mundo de lo que no pueda proveernos la iniciativa privada de cada individuo en el uso de la "libertad negativa". Sin embargo, el Estado crea la falsa ilusión de que lo necesitas para proveerte de cosas con las que conseguir "libertad positiva" y así nace el bien común y ahí está el Estado raudo para gestionarlo y ser garante del mismo. Luego, para financiar este "bien común", recauda impuestos a la fuerza. Te ponen el caramelo de las cosas que te ofrecen, siendo su máxima expresión el Estado del Bienestar: tienes sanidad gratuita, medicamentos baratos, educación pública, seguridad ciudadana, subsidios y subvenciones y cada vez más y más cosas (eso sí, todas ellas muy ineficientes y carísimas). Por último, es cuando te dicen que no puedes hacer algo porque afecta al bien común, así que ponte a temblar porque ya has perdido tu libertad negativa. No te drogues porque serás un coste para el Estado del Bienestar (e ilegalizan las drogas). Usa el cinturón porque si tienes un accidente, lastrarás a la Seguridad Social con tu paraplejia (y te ponen multa por no llevarlo). No conduzcas a más de tal velocidad porque pones en riesgo a los demás (y un radar te multa aunque no haya nadie a esa hora en la autopista). No comas hamburguesas porque te dará colesterol (y prohíben, bajo amenaza de multa, a ciertas cadenas de alimentación preparar hamburguesas grandes y sabrosas). No fumes porque te dará cáncer (y gravan con altísimos impuestos a las tabaqueras), nada de viedeojuegos y películas que hacen apología de la violencia (y prohíben y censuran), no abras tu negocio los domingos, no bajes pelis por internet, no leas este periódico o escuches esta radio, no votes a este partido político, ¿sigo?.

En resumidas cuentas, esgrimir la libertad positiva, es decir, el bien común, es sinónimo de impuestos cada vez más altos, Estados cada vez más grandes e ineficientes, mayor represión y menor creación de riqueza. Vamos, a lo que nos tienen acostumbrados políticos de todos los bandos y colores en las últimas décadas…

 

 

© Canarias Liberal - www.canariasliberal.org - info@canariasliberal.org

Sitio web desarrollado por www.canaryservices.com