Inicio | Artículos | Autores | Foro | Links | Conferencias

Temas

+ ECONOMÍA

+ EDUCACIÓN Y CULTURA

+ INFRAESTRUCTURAS Y TRANSPORTES

+ LIBERALES IMPRESCINDIBLES

+ LIBERALISMO

+ LIBROS RECOMENDADOS

+ MEDIO AMBIENTE Y ECOLOGÍA

+ MISCELÁNEA

+ POLITICA EXTERIOR

+ SANIDAD Y PENSIONES

+ TURISMO Y COMERCIO

+ URBANISMO Y VIVIENDA

Artículos

22/03/2010 - Ignacio M. García Medina
Di NO (a la guerra contra) las drogas

Propongo ilegalizar por completo las chucherías. Considero que son una lacra social importante y una grave amenaza para nuestros queridos e indefensos niños. En primer lugar provocan caries que, aparte de muy antiestéticas y foco de posibles infecciones bucales, resultan muy costosas, ya que los abnegados padres han de pagar los nada baratos servicios odontológicos. Además, cuando estos servicios por fin formen parte de nuestro envidiable sistema de salud pública, será un coste que debamos evitar.

En segundo lugar, como todos sabemos, la fascinación y adicción que provocan en los niños las chucherías hace que tengan comportamientos inadecuados para conseguirlas, tales como amenazar a los padres, robar a otros niños o estar todo el día pensando en chuches y no centrarse en sus estudios. No es su culpa, al fin y al cabo son niños. Es culpa de una sociedad consumista y enferma y, por tanto, es la sociedad, el Estado, quien debe poner remedio a esta injusticia. Hay que invertir cada vez más en Educación y en Sanidad para intentar paliar estos indeseables efectos. No olvidemos que los niños son el futuro y, si crecen entre chuches, serán adictos a las golosinas toda la vida y repito que esta es una carga que nuestro Estado del Bienestar no puede ni debe permitirse. Por lo tanto, propongo que para ahorrarnos todas estas execrables consecuencias, destinemos todo el dinero que haga falta para luchar contra los dulces, chocolates, golosinas y demás chucherías. No sólo en el ámbito policial y judicial, sino también a nivel informativo. Hay que convencer a la población sobre lo nocivo del consumo de chucherías. Aunque parezca que unas pocas no hacen daño, es un gran error. Una vez las pruebas no cabe consumo moderado de las mismas. Se entra en una espiral de autodestrucción de la cual no es posible salir. De hecho no sabemos cómo la Humanidad ha salido adelante hasta ahora con este tremendo lastre. Las golosinas siempre han estado entre nosotros, como un virus latente, agazapado y amenazante que ha ido minando y lastrando a nuestra sociedad –especialmente a nuestros jóvenes- desde tiempos inmemoriales. En EEUU, en la primera mitad del siglo pasado, se intentó luchar en vano contra los populares “flash” –de fresa, limón, etc.-, amenaza aparentemente menor debido a su popularidad y a lo fresquitos que están. Fue un fracaso. Pero no es extrapolable a las chuches porque los “flash” están gravados con altos impuestos y su venta está lo suficientemente controlada como para que más que una amenaza para la sociedad, sea una interesante fuente de ingresos para el Estado. En definitiva, si queremos sostener este perfecto e infalible Estado del Bienestar que entre todos hemos conseguido, estamos en la obligación moral de declarar la guerra a esta amenaza en forma de golosinas. Es una batalla que es ineludible librar. Por el bien de nuestros hijos.

Aunque me temo que a algún político lo escrito hasta ahora le parecerá una idea a tener en cuenta, mi intención era hacer una analogía totalmente absurda para explicar por qué estoy a favor de la legalización de todo tipo de drogas.

Creo que desde el punto de vista de la ética de la libertad sólo cabe la legalización de absolutamente todas y cada una de las drogas. Es muy propio del Estado establecer un criterio arbitrario para decir qué es legal y qué no. Además, casi siempre basándose en un interés espurio: el ya muy manido "es por tu propio bien" cuando en realidad están pensando primero en recaudar y, segundo, en cercenar libertades (aunque no estoy seguro de que ese sea el orden). Creo firmemente en la libertad individual y en la responsabilidad que ha de asociarse a la misma. Tanto detractores como defensores de la legalización esgrimen miles de consecuencias de esta despenalización, yo las resumo en una consecuencia única y fundamental: Abarataría su precio. Todo lo demás es pura lógica de mercado.

Al acabar con la prohibición, desaparecerían las mafias del narcotráfico, se tendrían que reciclar en respetables productores y distribuidores de un bien de consumo como otro cualquiera, tendrían que competir entre ellos, creando marcas, haciendo hincapié en la calidad, seguridad e información del producto y ofreciendo valor añadido a sus clientes, mejorando así la calidad de vida de los consumidores. Además, esto reduciría la marginalidad asociada a su consumo y no se tendría que recurrir a la delincuencia para conseguir pagar los actuales desorbitados precios. No haría falta cobrar tantos impuestos para sufragar una injusta y carísima guerra preventiva, ni para mantener un desbordado sistema judicial y penitenciario.

Cierto es que la bajada de precios aumentaría su consumo (aunque por otro lado disminuiría el de aquéllos que lo hacen por mera fascinación por lo prohibido), pero sería un consumo más seguro y responsable, sin drogas adulteradas y sin la marginalidad que ahora conlleva. Nunca he fumado un cigarrillo, acaso algún puro en alguna boda y tampoco he consumido ningún tipo de drogas, salvo alcohol y por lo general de forma moderada. Esto nunca ha afectado a mi trabajo o a mis relaciones familiares o personales. Lo digo no por quedar bien, sino para que nadie piense que este artículo es un intento de racionalizar y justificar una drogadicción propia. Es la exposición de mi más absoluta convicción (basada en datos y estudios fiables, recomiendo el libro “Saying Yes” de Jacob Sullum) de que igual que no hay hordas de niños adictos a las chuches vagando por las calles y quemando las aulas, tras la legalización, no habrá manadas de yonquis paseando estilo zombie por las calles.

 

 

© Canarias Liberal - www.canariasliberal.org - info@canariasliberal.org

Sitio web desarrollado por www.canaryservices.com