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16/03/2005 - CanariasLiberal.org
Bobos intelectuales

Este artículo refleja con indubitable brillantez algo que seguro hemos pensado en alguna ocasión: la cantidad de ideas disparatadas que se elevan a categoría de definitivas. Es absolutamente válido poner nombres para sustituir a los que están en este documento original y ajustarlos a nuestros intelectuales orgánicos.



BOBOS INTELECTUALES
Por: Daniel J. Flynn

"No hay ningún universo bebé divergiendo, como alguna vez pensé" dijo
Stephen Hawking a un grupo de científicos en estado de shock este
verano en Dublín. La teoría del universo paralelo y los agujeros negros
destructores de energía es errónea, concluyó el científico minusválido.
Cuando las teorías de Stephen Hawking fueron refutadas, él las
reconsideró en vez de encastillarse. Después de todo, la meta de
Hawking no era publicitar a Stephen Hawking o la idea de universos
paralelos, sino la búsqueda de la verdad.

El acto de abandonar una idea cuando la evidencia indica lo contrario
es casi excepcional. La evidencia contraria en las Ciencias Sociales y
en Humanidades tiene por lo general el efecto contrario: Los devotos se
aferran a su teoría. Y como resultado, pierden el contacto con la
realidad. Cuando uno se aferra a su ideología, obligatoriamente se
libera de los hechos y se convierte en un bobo intelectual.

Paul Ehrlich, biólogo de la Universidad de Stanford predijo el
apocalipsis medioambiental en el libro "La explosión demográfica".
Sostuvo que "cientos de millones de personas iban a morir de hambre" en
la década de los 70. Cuando ésto no sucedió, pues simplemente cambió la
fecha del fin -muchas veces. Así es que mientras los pronósticos de
Ehrlich fueron tema de portada, admiradores ricos e influyentes lo
celebraron. Fundaciones diversas le dieron millones de dólares en
premios y donaciones (incluyendo 250.000 dólares de la fortuna del
ketchup Heinz). El show "Today" invitó a Ehrlich a hacer un programa de
12 episodios sobre el medioambiente. Y catedráticos y profesores
promocionaron sus libros hasta convertirlos en superventas.

Noam Chomsky es Michael Moore con un cerebro lleno de esteroides. Al
final de la década de los 70, Chomsky llegó a decir que los campos de
la muerte de Pol Pot eran "propaganda capitalista". Después se puso a
fantasear con la conspiración entre ex-nazis y oficiales del gobierno
de USA para modelar el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Y
antes de la guerra contra el terrorismo, Chomsky sostuvo que los
Estados Unidos "aparentemente estaban a punto de asesinar a 3 ó 4
millones de personas" en Afganistán, prediciendo una hambruna masiva y
muerte. Pero a pesar de su historial desastroso como historiador y
profeta, un estudio, al menos, revela que Chomsky es la persona viva
más citada en estudios especializados de Ciencias Sociales y
Humanidades.

El famoso investigador sobre el sexo Alfred Kinsey llenó los grupos de
muestreos de sus encuestas con proxenetas, prostitutas, agresores
sexuales encarcelados y homosexuales. El ya fallecido catedrático de la
Universidad de Indiana creyó a pie juntillas a los pedófilos cuando
decían que sus "parejas" disfrutaban del sexo. Y en vez de ser
rechazado por sus colegas, Kinsey es el investigador de este tema más
citado en las revistas especializadas. Su trabajo puede haber sido
ciencia de la mala, pero es propaganda de la buena.

El ser deshonesto, en tanto sirva a la causa "correcta", no relega a
los intelectuales al ostracismo. A menudo los eleva al estatus de
hombres de letras entre sus colegas del mismo bando intelectual. Como
lo evidencia la popularidad en esos círculos del director
del "ataquedocumental" Michael Moore, la Premio Nobel de la Paz
Rigoberta Menchu y el espía soviético Alger Hiss, los intelectuales
recompensan la conformidad ideológica en lugar de la honradez
intelectual.

Chomsky, Kinsey y Ehrlich pueden estar "equivocados a ciencia cierta",
pero como son "políticamente correctos" son las super estrellas del
mundo académico. Sus errores, sus mentiras y fraudes sirven a las
causas correctas, así es que otros eruditos se lo perdonan, hacen la
vista gorda o lo niegan. Si los bobos intelectuales fueran pocos en
cantidad o escasos en influencia, todos nosotros podríamos ignorarlos.
Pero, como siempre se ve sus nombres en las listas de dar conferencias,
en las anotaciones finales de estudios especializados y junto a los
cheques al portador de fundaciones, nuestra cultura los ignora bajo su
propio riesgo.

La adhesion automática a la ideología niega el pensamiento crítico. Es
la vanidad del intelectual que se cree tan inteligente que no necesita
pensar. La ideología le da una respuesta fija a ideas, personas y
hechos. La ideología convierte a gente inteligente en tonta, creando
así el bobo intelectual.

Como nos muestran los lemas de Harvard (veritas) y de Yale (lex et
veritas) la búsqueda de la verdad es el elemento esencial de la vida de
la investigación. Stephen Hawking, abandonando su propia teoría en
favor de la verdad es el vivo ejemplo del compromiso con su credo
profesional. Pero el compromiso de Chomsky, Ehrlich y otros bobos
intelectuales con las malas ideas a costa de la verdad demuestra el
abandono que hacen de la verdad.

Daniel J. Flynn es autor del libro Bobos intelectuales: Cómo la
ideología hace que gente inteligente crea en ideas estúpidas (Crown
Forum, 2004)

 

 

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