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26/10/2009 - José Francisco Fernández Belda
Rehablitaciones peculiares

Como el viejo tormento de la gota malaya, aquella que con infinita constancia perfora la roca más sólida y que logra ablandar el cerebro del sufrido contribuyente hasta aceptar, para que cese la tortura, que el pulpo sea un animal de compañía, el Plan Director del Consorcio para la rehabilitación de las infraestructuras turísticas del Sur de Gran Canaria introduce obras y conceptos, como mínimo, peculiares y más que discutibles a corto y medio plazo, que es dónde hoy ésta Isla se juega su mañana. Al menos eso parece, a juzgar por las noticias y avances que aparecen en la prensa en estos días, antes de que el Consorcio tenga a bien desvelar a los mortales, cual si del secreto de Fátima se tratase, el documento en el que han invertido un mínimo de 51.700 euros, aparte de lo gastado por los políticos concernidos en viajes, estancias y dietas. Por cierto, en los mentideros sureños hay lenguas de doble filo diciendo que lo de las“dietas” de los cargos públicos, cuando se trata de comer invitados en un restaurante, es un puro eufemismo. Se suelen saltar el “régimen austero” que les es habitual y saludable, sin colesterol ni ácido úrico en exceso, cuando pagan de su bolsillo.

Es de suponer que los técnicos empleados como funcionarios en las instituciones implicadas, y también los liberados sindicales que dicen representarlos, habrán puesto el grito en el cielo por esa nueva muestra de desconfianza, que en su capacidad de análisis, le manifiestan los políticos mandones de la cosa turística. Tan inútiles o incapaces los consideran para identificar lo que hay que rehabilitar, no se trata ahora de diseñar ideas nuevas, que los políticos del Consejo Rector no han dudado en contratar fuera, por un pastón considerable, lo que muy bien podrían haber hecho sin gasto adicional con los sobredimensionados en recursos humanos servicios públicos. Si fueran consecuentes, harían muy bien en prescindir de tanto técnico funcionario o laboral y ahorrar al erario una multimillonaria suma.

Si es cierto lo publicado sobre el plan, en él se considera aceptable usar dinero público para la rehabilitación de los centros comerciales Yumbo y Cita, que son infraestructuras privadas. Esos dos ejemplos se citan en la prensa. ¿Y por qué también no otros?, se preguntan algunos. Pero ya puestos a invertir dinero público en locales privados, bien podría sugerirle al Consejo Rector que me rehabilite la cocina y los baños de mi domicilio, ya que en ellos reflexiono sobre las mejoras que pudieran introducirse en el negocio turístico.

Sobre el deterioro y el sucio aspecto que presentan las zonas públicas por donde deambulan nuestros clientes, no es el caso de las áreas privadas, mucho se ha escrito y demasiado puede hoy mismo verse paseando por esas calles y plazas. A mi modesto entender, es ahí donde hay que actuar de urgencia para no perder el prestigio del destino y seguir conservando, e incrementando si fuera posible, la fidelidad de los visitantes. También para poder ilusionarlos con imágenes reales que reflejen la belleza del entrono en nuevos nichos de potenciales clientes. No se trata de hacer cursos de “Photoshop” para edulcorar y enmascarar la realidad que verá el visitante cuando esté aquí sin trampas ni cartón piedra. Y que nadie dude de que a una persona se le puede engañar una vez, tal vez dos, pero no mucho más. Salvo que algún avispado (¿o achispado?) político, o política, piense que se puede vender humo donde no hay fuego o al menos rescoldos y hacerlo de forma continuada sin consecuencias.

Dejando al margen la oportunidad o no de gastar en el tren de marras lo que no se tiene, ni probablemente se tendrá si España sigue al ritmo de deterioro económico en el que nos han instalado nuestros gobernantes, resulta peculiar, (forma muy a lo inglés de decir disparatado), incluir como obra prioritaria de “rehabilitación” de la zona que conduce a la futura, futurísima diría yo, estación del tren Las Palmas de Gran Canaria-Meloneras. Según el DRAE y el más elemental sentido común no político, rehabilitar es “habilitar de nuevo o restituir a alguien o algo a su antiguo estado”. Pero ya puesto el Consejo Rector a hacer RECREO, rehabilitación creativa onerosa, podrían destinar unos miles de eurillos a montar sobre la plancha de un camión la maqueta del tren que está respetuosamente expuesta, bajo palio, en el parque de San Telmo y pasearla por la autovía GC-1 para que nos vayamos acostumbrando a ver y a oír su “chu-chu-chú”. Después de un cierto tiempo, ya podrán decir con fundamento que rehabilitan algo. Es que ellos son como son y nosotros somos como somos, aunque mientras unos cobran otros pagamos. Al menos habrá titulares de prensa mientras dure el plan, que tiene previsto transcurrir del 2009 al 2012. No se asegura que se ejecuten obras, pero proyectos y promesas… De momento ya 2009 entra en tiempos de enfriamiento invernal y no parece muy sensato iniciar grandes obras justo cuando la actividad es más intensa. Pero en estas cosas de la política, los tiempos o los intereses propagandísticos no tienen por qué ir de la mano con la racionalidad económica. Es la diferencia que media entre el político populista y el empresario emprendedor.

Y mientras tanto el Patronato de Turismo preocupado por el cambio de logo, en el que se han gastado (tal vez tirado, aunque eso sí, con mucho talante) 40.000 euros porque el actual, dicen, ya tiene 10 años. Ese importe declarado es tan sólo por el diseño, que luego viene una millonada por su implantación en los mercados orígenes de nuestra demanda. ¿Cuánto dinero va a gastarse en ese nuevo “berberecho” detrayéndolo de la urgente inversión en promoción? Y si el actual logo está consolidado, es conocido y reconocido en medio mundo, ¿por qué cambiarlo? ¿Alguien ve a las grandes empresas cambiando de imagen así como así? ¿Se imaginan a El Corte Inglés cambiando su triangulito famoso o al HiperDino sustituyendo su dinosaurio por un tierno gatito o por unos trazos de color anodinos, pongo por caso?

jfbelda@teleline.es

 

 

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