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13/10/2009 - José Francisco Fernández Belda
¿Dónde están las llaves?

¿Dónde están las llaves?
José Fco. Fernández Belda

En la página 27 de La Provincia/DLP del pasado 11 de julio, a tres columnas con fotos incluidas, podía leerse una curiosa noticia: “la Policía investiga un asalto a la sede de Fedalime y la desaparición de 80.000 euros”. Es de suponer que con alguna intención sibilina el hecho, acaecido una semana antes de la publicación, estaba insertado en la sección de economía y no en la de sucesos como parecería más normal. Es de suponer que el desaparecer esa cantidad habrá sido un duro golpe para la presuntamente muy maltrecha economía de ese conglomerado de asociaciones que preside, coordina o asesora José Miguel Suárez Gil, el destituido Vicepresidente de la Cámara de Comercio y anteriormente también cesado como tesorero de la Confederación Canaria de Empresarios.

Según se comentó en aquellos días, la caja fuerte fue abierta sin forzarla, es decir con su llave original o copia de ella, y las oficinas fueron allanadas sin que saltara la alarma antirobo. Aunque Suárez Gil eludió detallar a los periodistas qué documentos de gran interés para los allanadores y para la patronal habían desaparecido de las mesas de trabajo y qué cantidad de dinero se habían llevado los presuntos asaltantes, sí descartó tajantemente que el robo pudiera estar relacionado con una represalia o venganza personal, cosa que no acababan de tener muy claro otros ámbitos. Sea como sea ¿dónde están las llaves, matarile rile ron? La imaginación puede volar o navegar pero las pruebas forenses deben tener los pies en el suelo. Para seguir la pista a esas perdidas llaves ¿habrá que traer al detective Monk, sustituto del jubilado Colombo, al C.S.I. o simplemente bastaría con los carpetovetónicos Mortadelo y Filemón?

En un destacado de la propia noticia se dice, citando fuentes empresariales, que la situación interna en esa casa era “complicada” con enfrentamientos entre la dirección y los empleados. Conviene tener presente que del gran tinglado que en otros tiempos fue Fedaline y sus asociaciones conexas, hoy ya no quedan mas que cuatro gatos con su presidente puesto de perfil y atrincherándose en UNEC-XXI, por si las moscas. Y es tan cierto como la muerte o la subida de impuestos que esas instituciones representativas, o que afirman solemnemente representar (lo que no suele ser lo mismo), son inviables sin cuotas de afiliados, subvenciones y sin apenas cursos ocupacionales graciosamente concedidos con que financiar la estructura. En el caso particular de este conglomerado, de lo que fue o pudo llegar a ser, hoy sólo quedan ruinas, dicho sea en el doble sentido filosófico y económico de la palabra. Visto lo visto, sufrido lo sufrido y rumoreado lo rumoreado, ya es difícil hasta convencer a algunos pánfilos directivos de que se sigue siendo influyente con aquello tan socorrido de “ponte la corbata Menganito que vamos a ver al político don Fulanito”. A ese guindo ya no le quedan guindas.

Al parecer esos 80.000 euros desaparecidos iban a ser destinados a pagar las indemnizaciones por despido de los empleados. Sea como sea, los trabajadores han decidido demandar a esas asociaciones patronales en los Tribunales Laborales para reclamar sus legítimos derechos, sin tener en cuenta otras circunstancias. De perdidos al río, dice el refrán. Y hablando de demandas y de tribunales, el pasado día seis hubo de suspenderse el juicio por el despido de una de las abogadas laboralistas de Fedalime. Se dice en los mentideros que fue porque Suárez Gil no encontró abogado que lo quisiera representar en este pleito laboral. No está muy claro si fue porque el asunto es indefendible o si porque “perro no come perro”, como reza el dicho popular. Al oírlo y leerlo en algún periódico, me vino a la mente la obra del escritor colombiano Gabriel García Márquez, “El coronel no tiene quién le escriba”, pero sólo el título pues en el resto no hay apenas similitudes. En la novela el coronel vive con su esposa, quien padece de asma, en una casa de muy pobres condiciones. En la realidad, el coronel y Suárez Gil no comparten nada en caracteres, méritos y reconocimiento público, espero y deseo que la actual esposa no padezca asma y desde luego, su casa en Tafira no es una que esté en pobres condiciones físicas. Desconozco si lo está en otros aspectos.

Si prospera esta demanda en su próximo señalamiento y si también se atienden en justicia las reclamaciones de la otra abogada y del resto de los empleados que también han demandado a Suárez Gil, tal vez haya que recurrir a la venta de las oficinas u otros activos que hubiera o de proponer una importante derrama a los pocos afiliados que queden por entonces para hacer frente a las indemnizaciones por despido. Tal vez por eso ya se han producido importantes abandonos del barco que amenaza hundirse en la tormenta, dejándolo a su suerte. Otros colaboradores, alguno como (el) Santo (de) Tomás, tal vez hayan perdido la fe al no dejarle meter la mano en el costado, metafóricamente hablando y no en la cartera, para comprobar si tiene algo de verdad el cuento que se cuenta. En cualquier caso parece obvio la conveniencia de buscar y tener a mano las llaves, tanto de la caja como de la puerta de la calle, para que el último en salir apague la luz y cierre bien las puertas. Las dos, por cierto. Y matarile rile ron.

jfbelda@teleline.es

 

 

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