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Artículos

07/10/2009 - Alberto Mansueti
Las Leyes Malas/2


¿Y cómo llevar luz si estamos a oscuras? ¿Cómo explicar las Escrituras si las entendemos mal? ¿Cómo dar fruto si no sembramos bien? ¿Cómo evangelizar si insistimos que “el cristianismo no es una religión”? Porque el cristianismo sí es una religión. Es nada menos que la religión verdadera, revelada por Dios.


# Los cinco pilares del orden social

El mensaje político no es el más importante de la Biblia. Con todo, ¿quién sabe más del tema Gobierno: Dios o la ONU? ¿No es muy necesario que el mundo escuche sobre Gobierno limitado, entienda el mensaje y lo ponga por obra? ¿Y no son las iglesias la que deben predicar TODO el Consejo de Dios a las Naciones?

Hay enseñanza política en la Escritura: Gobierno limitado a sus funciones y no a cargo de las tareas y roles propios de las instituciones privadas. Fue desarrollada en la doctrina católica de la subsidiariedad del Estado, pero en dos versiones:
A. Una fue la de Lord John Dahlberg Acton (1834-1902): el Gobierno es contenido en su poder por los demás factores sociales: familias, negocios, academia, política e iglesia, en un equilibrio recíproco. El Estado es subsidiario de las instituciones voluntarias: no interviene en el lugar de ellas, ni las sustituye.
B. Otra es la del P. Heinrich Pesch (1854-1926) jesuita y discípulo de la Escuela Histórica Alemana, férreamente opuesta a la visión liberal de Gobierno limitado, y que fue muy influyente en las encíclicas sociales de los Papas. El Estado como “promotor del bien común” tiene un rol activo y superior, y las instituciones privadas le están supeditadas.

En el campo protestante destacó la doctrina de la “soberanía de las esferas”, enunciada por Abraham Kuyper, pastor, profesor y teólogo calvinista y Primer Ministro de Holanda a comienzos del s. XX. Enseñaba Kuyper sobre los cinco pilares del orden social, o cinco instituciones puestas en la Biblia para el buen orden de la sociedad: familia, empresa, escuela, Gobierno civil, e Iglesia. Las cuatro primeras se establecen en Génesis; la última en el Nuevo Testamento.

Y deben funcionar las cinco en paralelo, para cumplir sus respectivos fines propios, por sus medios propios, y ninguna reclamar soberanía o señorío sobre las demás. Porque todas las cinco, y no sólo el Estado, contribuyen al “bien común”, cada una en sus funciones y con sus medios propios:

1) La familia es el núcleo básico porque es también el centro educativo primero y principal, y el mejor sistema de solidaridad y asistencia social intergeneracional.

Pero no se requiere que la familia sea “promovida” por el Estado. Basta que no sea empobrecida por la inflación y las leyes malas, ni desestimulada por Gobiernos que alientan hoy en día la procreación fuera del matrimonio, el divorcio express y el casamiento homosexual; y que en su feroz campaña contra la violencia doméstica --real o puramente estadística-- afirma la inicua falacia de que todos los maridos golpean a sus esposas, y todos los padres maltratan a sus hijos, y por eso el Estado es mejor cuidador de las mujeres que sus maridos, y mejor protector de los niños y adolescentes que sus padres y familiares.

Eso sí, la familia no debe “enseñorearse” sobre las demás instituciones al estilo del feudalismo decadente, o de las grandes familias empresariales mercantilistas como los Medici, los Borgia, los Rotschild o los Rockefeller.

2) La empresa productiva debe ser privada y no subordinada al Estado. Pero tampoco debe “enseñorearse” al estilo de la empresa que pretende controlar el orden social entero, como las antiguas “Compañías de Indias” de la Era Colonial; y muchas del mercantilismo actual.

3) También la escuela y todo centro educativo debe ser privado y no subordinado al Estado. Pero los intelectuales y académicos tampoco deben “elevarse” sobre las demás instituciones, como pretenden los partidarios de la tecnocracia, al estilo del viejo socialismo de Saint-Simon, o el moderno de la ONU.

4) El Gobierno civil debe limitarse a sus fronteras. No es la exclusiva personificación del “bien común”, porque las otras cuatro instituciones también contribuyen al bien común cumpliendo sus funciones. Sus “líderes” no son dioses. El Estado no debe dominarlo y controlarlo todo como en el estatismo, sea nacionalista, o sea como el de la ONU y sus agencias.

5) E igualmente la Iglesia debe limitarse a sus funciones propias, pero entre ellas se señalan estas cuatro, que debe recuperar de manos del Estado:
A. Apoyar a la familia en la educación, a todo nivel, con escuelas privadas apoyadas y sostenidas por las iglesias…
B. Y en la asistencia a los pobres y desvalidos, sin acepción de personas, no importando su religión. La caridad cristiana es voluntaria; no forzada, lo cual descarta de plano el “ideal” socialista de justicia redistributiva por vía de los impuestos. Para eso el diezmo eclesiástico, para que “haya alimento en mi casa […] dice Jehova” (Malaquías 3:10). En Hechos 6 se manda obra de ayuda social, pero no para abusos: en I Timoteo 5 se fijan condiciones.
C. Tratar con pecados que no son delitos ni asuntos a cargo del Estado: prostitución, adulterio, homosexualidad, pornografía, alcoholismo y drogas;
D. y amonestar a los gobernantes cuando traspasan los claros límites señalados al poder político, advirtiendo que toda la nación sufrirá las malas consecuencias de sus transgresiones. Para eso la Iglesia de Cristo es “la luz del mundo” (Mateo 5:14), pero no puede dar luz a nadie si está metida en el ghetto, y a oscuras.

Por supuesto tampoco debe la Iglesia pretender “señorío” o dominio al viejo estilo clericalista de las iglesias oficiales unidas al Estado --ortodoxas, católicas o protestantes-- que usaban el control político en su provecho.




IV. CRISTIANISMO


Desde el siglo XVI, casi todos los escritores de la Reforma Protestante supieron que el respeto a la privada y a los mercados resultan del Gobierno limitado. También lo sabían --y hasta mejor-- los teólogos católicos de la Escolástica hispana (Escuela de Salamanca) de esa época; sus obras son tal vez superiores a las de los reformados, en una más acendrada defensa del mercado libre, y en su calidad científica: son los fundadores de la ciencia Económica.

-- Sólo que los autores de Salamanca escribieron principalmente para los eruditos y en latín, con citas de los clásicos intercaladas con las bíblicas, y no para la gente corriente de clase media y en lenguas vernáculas como los protestantes. Por eso no hubo capitalismo liberal en los dominios de los reyes de España y Portugal. Y por eso son pobres nuestros países.
-- Y por eso hubo capitalismo entre los protestantes, celosos defensores de sus libertades ante las pretensiones de sus Gobiernos: artesanos de Suiza con minifábricas en el hogar (s. XVII), molineros, comerciantes y pañeros holandeses y de Flandes, tenderos escoceses y galeses, navegantes ingleses, orfebres hugonotes de Francia. Y entre los industriales químicos y cerveceros de Alemania (cerveza de Münich) y entre los agricultores y ganaderos de EEUU. Y por eso sus países son ricos.
-- Los liberales clásicos posteriores, como sus antecesores salmantinos, casi todos siguieron escribiendo sólo para los eruditos (hasta hoy); y así el capitalismo liberal se perdió en los países ricos, y en los pobres jamás lo tuvimos.

En la década de 1780 el venezolano Francisco de Miranda visitó EEUU. Le llamaron la atención sus iglesias, bibliotecas y Universidades; y sus constituyentes y diputados, cristianos casi todos, y entre ellos pocos doctores y profesores, y muchos herreros, granjeros, panaderos, ferreteros y comerciantes, plantadores de tabaco (de Virginia) etc. Hay conexión entre la ética protestante y el espíritu del capitalismo como pensó el sociólogo alemán Max Weber, pero no es la predestinación calvinista. Es el Gobierno limitado, puesto en práctica.


# ¿Cómo es una política de inspiración cristiana?

Contra lo que piensan muchos creyentes y no creyentes, no es una política sectaria ni confesional. No aspira a privilegios ni ventajas para iglesia alguna. Y es de y para todos los evangélicos, protestantes, católicos, ortodoxos, judíos, musulmanes, sufíes, gentes de otras persuasiones, agnósticos, indiferentes y aún ateos. No es para hacer de los cristianos Ministros o Diputados. No es comunista. Pero tampoco es conformista.

Se identifica con ciertos principios, reglas y valores de la “Cristiandad”, no de religión, o culto, sino de leyes y justicia, gobierno y sociedad. Son parte integral de la herencia judeocristiana, adoptada después en otras culturas, hasta del Asia. Constituyen la clave y el secreto de la eficiencia productiva y el bienestar, así como de la justicia y el orden, la paz y la armonía. No son los de la mal llamada Teología de la Liberación.


# Socialismo cristiano

Tras la caída del Muro en 1989, el Imperio Soviético quebró, y en su colapso arrastró al leninismo como la política del socialismo, y en parte también al marxismo como su doctrina. El socialismo se llena ahora del ecofemindigenismo, el patriotismo y militarismo, Nueva Era, y otros ismos de moda como el posmodernismo; y en Hispanoamérica la interpretación social-romántica y populista del Evangelio. Así el socialismo cerró el paréntesis marxista supuestamente “científico”; y regresó a la utopía, a ser “cristiano” como en el s. XIX.

1) Ya en los ss. XIII y XIV los franciscanos “espirituales” (“fraticelli”) exaltaron la pobreza como ideal y valor, y condenaron la riqueza, y por tanto el comercio, la banca y las actividades productivas. Sus doctrinas fueron combatidas por los dominicos y sus autoridades, como mi pariente Leonardo Mansueti, Maestro General de esta Orden a fines del Quattroccento. Y condenadas también por los Superiores franciscanos, y los Papas Gregorio IX y Juan XXII.

2) En el s. XIX destacaron los socialistas cristianos Frederick Maurice y John Ludlow. Y el famoso novelista Charles Kingsley (1819-1875), Regius Professor de Historia Moderna en Cambridge, tutor del Príncipe de Gales, después Eduardo VII. Kingsley dirigía el muy conocido diario “Socialismo Cristiano”, que leía un desconocido exiliado alemán llamado Karl Marx en la Biblioteca del London Museum.

3) Y en el s. XX la Teología de la Liberación: Gustavo Gutiérrez, Hugo Assmann, Clovis y Leonardo Boff, Ernesto Cardenal, Pedro Casaldáliga, Juan Luis Segundo, Enrique Dussel, Jon Sobrino y muchos otros.

Este socialismo manipula la religión con fines políticos. Es una herejía, desviación doctrinaria del cristianismo histórico universal y trinitario, como en sus días lo fueron también el gnosticismo, el arrianismo, el docetismo, el ebionismo, el montanismo, el maniqueísmo o el pelagianismo, anatematizados por los primeros escritores, iglesias y concilios cristianos y en diez siglos de Edad Media. Después de la Reforma, por esa mala costumbre estatista de unir las iglesias y el Estado, católicos y protestantes condenaron ya no a las doctrinas -como cuando Tomás de Aquino- sino a sus sostenedores, torturando en el potro y quemando en la hoguera a los herejes reales o supuestos, horrorosas costumbres hace tiempo abandonada gracias a Dios. Pero la denuncia pública y solemne de las herejías no era costumbre mala, como se ve por las malas consecuencias de su abandono.

Democráticos o no, los socialistas cristianos confunden el Reino de Dios con el Estado socialista mal llamado “de Bienestar” (Welfare), la Salvación con la revolución, la guerra espiritual con la lucha de clases, y la comunión de los santos con el internacionalismo proletario. Son parte de la izquierda religiosa, al igual que:
-- los sionistas o estatistas judíos -socialistas casi todos desde Teodoro Hertzl, y muchos ateos- confunden el Reino Mesiánico prometido con el Estado de Israel (cuyos mejores propulsores han sido y son los sionistas cristianos).
-- los estatistas islámicos de hoy, disfrazados de musulmanes devotos, mal disimulando su ideología del baathismo (socialismo árabe, fundado por Michel Aflak en los ’30), confunden la “Jihad” -lucha interior del hombre contra sus inclinaciones pecaminosas- con la “Guerra Santa” antisionista y antiimperialista a Israel, EEUU y sus aliados.


¿Se mezclan religión y política?

“No!” escribió Maquiavelo. Y cristianos devotos y ateos militantes que en este punto coinciden. Y dicen: “La Biblia no habla de política”. Se equivocan:
-- La Biblia manda la separación del Estado y las Iglesias, una de las condiciones de una sociedad libre, pretensión posible y viable, justa y razonable. Es parte de la herencia de la Reforma protestante, y consagrada por las constituciones de los países donde las iglesias son entes privados. Al contrario de los viejos “concordatos” con el Estado en los países católicos, y de las naciones islámicas de hoy, con sus mezquitas sostenidas con impuestos de todos, y sus clérigos-funcionarios estatales.
-- Del Estado deben separarse las Iglesias. (Y las empresas, escuelas y entes educativos e instituciones privadas). Pero política y religión siempre han ido y van juntas --para mal o para bien-- y se mezclan todo el tiempo, nos guste o no, pues toda religión implica una cosmovisión: visión amplia y general, cósmica, de lo real, del mundo, la vida, el hombre, la sociedad y la justicia. Y eso incluye al Gobierno y la política.

Y es dudoso que separarlas sea deseable y justo, porque la política requiere juicio y control. Es juzgable y debe ser juzgada. Y la vara o medida para su juicio no puede ser ella misma como quería Maquiavelo; es y debe ser metapolítica: es moral. Y la moral se impregna de la cosmovisión religiosa de cada quien:
-- El cristianismo tiene su moral. Y es una religión, pese a que en el argot evangélico de moda, “religión” es sinónimo de religión santurrona, formalista, ritualista, falsa, o simplemente: catolicismo. Pero eso no es así.
-- Los ateos tienen su religión: el humanismo secular y evolucionista. Y su cosmovisión pretende dejar a la religión cristiana fuera de la plaza pública, que quieren “neutral” en materia religiosa, lo cual es imposible.

Calvino insistió en que “todo en la vida es religión”, explicando que hay dos clases de religiones: la de Dios, que es revelada, y las del hombre, que son inventadas, entre ellas el humanismo ateo, que pone al humano en lugar de Dios. Y que la religión de cada quien impregna su visión del mundo y de la vida, y asimismo de las sociedades y naciones. Lo predicaron autores ideológicamente tan disímiles como Fustel de Colanges, Lord Acton y Max Weber.

Adam Smith explicó que la “Causa de la Riqueza de las Naciones” (1776) es el libre comercio y la no intromisión de los Gobiernos en la economía. Sí pero, ¿de dónde salen estos principios? ¿Por qué unas naciones los adoptan y otras no? Weber (1864-1920) tras investigar mucho dio la respuesta: es la religión. Y en eso no se equivocó. Escribió varios libros:

1) En “Religión en India: hinduismo y budismo” observó que esas religiones enseñan a huir del mundo, no a cambiarlo, y esa cosmovisión ultramundanista y escapista explica el notable retraso en el grado de desarrollo.
2) Y en “Religión en China: Confucianismo y Taoísmo”, estudió las religiones que enseñan a ajustarse de manera conformista al orden social clasista, antes que a cambiarlo, y a aceptar una posición inferior, antes que buscar el ascenso individual mediante la inteligencia y el esfuerzo, el trabajo y el comercio libres.
3) En “Judaísmo Antiguo” explicó las riquezas de los judíos por su fidelidad a los sabios mandatos bíblicos; como el de “cultivar y guardar el Jardín”, no escapar o huir de él (Génesis 2:15) sino transformar activamente el mundo mediante el trabajo inteligente, en el contexto de una sociedad de iguales ante la ley.
4) Y en su célebre “Ética protestante y espíritu del capitalismo” de 1903, estudió las relaciones entre una y otro, siendo él incrédulo y socialista convencido. Investigó la moral calvinista heredada del judaísmo, inculcada en escuelas bíblicas a la niñez; y su correspondiente cultura de conceptos, valores, normas e instituciones favorables al trabajo y al ahorro, al cálculo racional y a las inversiones sagaces, a la empresa privada y al honesto lucro (logro) en los negocios productivos.

Dice la Biblia que si se cumple el mandato de gobierno limitado, las naciones prosperan y sus pueblos disfrutan de bienestar y paz; pero de lo contrario las gentes sufren pobreza, miseria, violencia, opresión y otras calamidades (Levítico 26; Deuteronomio 28). Pero ¿cómo puede proclamar públicamente estas y otras verdades absolutas un cristianismo “meramente privado” --automarginado de la plaza pública--, por completo irrelevante para la cultura e impotente para la política, socialmente intrascendente, enseñando doctrinas escapistas en iglesias-ghettos, incomunicadas con la opinión general hasta por la barrera del extraño lenguaje-código que utilizan?

El problema es que los cristianos estamos para dar la solución, que tenemos, pero no sabemos. Para ser “luz al mundo”. Es la gran responsabilidad de testificar a Dios por la sabiduría y justicia de sus normas, que se pone sobre los judíos en Deuteronomio 4:5-6, y sobre los cristianos en Mateo 5:14-16. Significa que el mundo debería encontrar en nosotros diagnósticos y soluciones, para la otra vida y para esta. A nosotros nos deberían preguntar por los remedios a la inflación, el desempleo, la crisis y el crimen. Y deberíamos tener las buenas respuestas, en lugar de adoptar las malas de las universidades corrompidas.


# Dos cosmovisiones

En la sección I vimos que tras las leyes malas hay una filosofía colectivista o “social”, opuesta al individualismo, que no es egoísmo: en el primero la solidaridad es espontánea, voluntaria, en cambio el egoísmo es insolidario. Pues más en el fondo lo que hay son dos visiones cósmicas de naturaleza religiosa. Y tampoco hay términos medios:

1) La del paganismo es dualista: la religión es del ámbito “espiritual”, el superior, y las actividades “mundanas” del reino de la materia, el inferior. Este dualismo de lo real (espíritu-materia) y de lo humano (alma-cuerpo), es típico de las religiones orientales y mistéricas, del gnosticismo. Y el dualismo social: la sociedad es de “dos pisos”, con el clero arriba, y los líderes; y el trabajo es del escalón de abajo, para los seres inferiores, tan innoble como el comercio, las ganancias y la producción. La política se pinta como altruista.

El budismo va aún más allá, y aspira al “nirvana”: la supresión de los deseos materiales y la liberación del alma respecto a la materia misma, el acceso directo del hombre a lo sobrenatural (misticismo) mediante el ejercicio ascético. En el hinduismo, sucesivas reencarnaciones dan origen al sistema de castas superiores e inferiores (“intocables”): el nazismo se inspiró en las leyendas y religiones mitológicas arias o indoeuropeas, a través de la Teosofía. En Grecia este dualismo es de Platón (s. V aC), y en el cristianismo se infiltra a través de su discípulo Plotino (s. III dC), identificando al Reino de Dios con la iglesia, y opuesto al mundo. En el comunismo la “vanguardia” proletaria” se hace Nomenclatura, separada y distante del resto de la gente.

2) La visión bíblica no es dualista. Mediante Su trabajo (Génesis 1) Dios hace una Creación rebosante de materia …“y vió que era buena”. Mediante su trabajo, Adán tenía que adquirir ciencia de la materia, para labrar el Huerto, y cuidarlo: mantener a raya el mal. Porque no todo lo espiritual es bueno: hay ángeles rebeldes. Monseñor Escrivá escribió de un “materialismo cristiano”, y de una santificación por la vocación al trabajo ordinario. “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17). La Regla de Benito de Nursia (480-547) manda al monje: “Ora et labora”. El trabajo no es vil o inferior, tampoco el comercio. Y la sociedad es plana, de un piso: horizontal, comercial, liberal y democrática: todos somos servidores. Y la política no es “altruista”, pero tampoco despreciable. Aún entre ángeles y arcángeles hay tronos, gobiernos y potestades, y Jesucristo es un Rey, que salva y redime, y la política debe ser redimida, como la economía, la ciencia, el arte, y la cultura, etc., todas al mismo nivel. Y en ellas, como antes Adán, debe ahora estar el cristiano redimido. No encerrado en su ghetto. Pero la política ha de servir, para controlar al poder y ponerle contención, evitando el absolutismo.

Los primeros Presidentes cristianos en EEUU juraron sobre la Constitución, ley suprema del país, y sobre la Biblia, pero no cerrada sino abierta, y no en cualquier parte sino en un cierto capítulo: Deuteronomio 28, como Josué en el Monte Ebal (Josué 8:30) Así proclamaron solemnemente su voluntad de cumplir las exigencias de ambos documentos, para recibir la nación las bendiciones por la obediencia a las leyes buenas (1-14), o los perjuicios de la desobediencia (15 hasta el final); pero de modo natural, no sobrenatural a lo místico, a lo mágico. No transformando piedras en pan.


# El gran engaño de la Nueva Era

Transformar piedras en pan fue la primera tentación de Satanás para Jesús en el desierto. Y no cayó (Mateo 4:3). Pero la gente cae. Se le hace creer que tiene el misterioso y fabuloso poder de cambiar la realidad a su gusto con su mente (imaginación), o con su lengua (palabra). Basta con “visualizar” cualquier deseo y “declararlo” o “decretarlo”. Y librarse de enfermedades y desgracias personales, o de pobreza y desempleo --u otras consecuencias dañosas del estatismo-- sólo con no pensar cosas “negativas”, ni mencionarlas. “¡No recibo!”

A eso le llaman “fe”; y “pensar positivo”, y también “poder de la palabra”. ¡Engaño! Los mortales no podemos lo que sólo Dios puede. No es nuevo este mito, ya se le dijo a Eva: “Seréis como Dios” (Génesis 3:5). ¡Y se lo creyó! La gente se atonta con “fábulas profanas y cuentos de viejas” (1 Timoteo 4:7) acerca de lo sobrenatural, y la clase media se autocastra políticamente. Si es tan fácil cambiar la realidad, ¿para qué estudiar? ¿A qué averiguar la verdad? Así se debilita e inhibe la capacidad de reflexionar con objetividad. Y se acepta sin crítica la desinformación de los medios, o de la deseducación, o los mandatos de los gobernantes. Y se cree en cualquier tontería; hasta en el socialismo.

Incluso los cristianos. Esta diabólica doctrina se adereza con algunas citas bíblicas aisladas de su contexto, y se predica junto con enseñanza sobre prosperidad, que nada tiene que ver con sus dos requisitos según la Biblia: administración prudente (sabia mayordomía) y Gobierno con fronteras. Se hace depender la prosperidad nada más que del diezmo, que es bueno porque es bíblico, para alimentar las finanzas de las Iglesias y su independencia, y por tanto su dignidad. Pero no sustituye a la mayordomía ni al Gobierno limitado.

Fe es “certeza de lo que se espera y convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1); o sea: asentimiento, confianza y seguridad en las grandes verdades de la Escritura, enseñadas por generaciones de pensadores y escritores cristianos desde Justino, Policarpo, Ireneo, Tertuliano, Agustín de Hipona, etc., cuyas lecciones nos permiten entender la Biblia. Fueron resumidas en los grandes Credos o Declaraciones de Fe por los primeros Concilios en Nicea, Constantinopla, Éfeso, Calcedonia. Y entre los reformados, por las antiguas Confesiones de Fe o Catecismos de Augsburgo, Heidelberg, Westminster, Bautistas, Cánones de Dort, 39 Artículos, etc. Antes eran distintivas de las denominaciones protestantes, pero hoy casi patrimonio común, universal (ecuménico) una vez popularizadas en bellos y magníficos himnos que aún cantamos.

Son las doctrinas bíblicas de la inerrante Escritura, de Dios, de la Trinidad divina, de la Creación y el cosmos, del hombre, de la Caída y la Redención, de la Salvación, de la Iglesia, etc. O sea las del índice de cualquier buen texto de Teología escritural, incluyendo:
-- La doctrina de la razón, capacidad para la reflexión y el análisis, específicamente humana (no “mundana”), que nos distingue de los animales y nos asemeja a Dios, y que en todo momento debe gobernar sobre las emociones y sentimientos. El cristianismo no es enemigo de la razón. El Evangelio según Juan comienza declarando que “En principio era el Logos” (Juan 1:1), lo cual se traduce como “Verbo” pero significa en griego “La Razón”.
-- La doctrina de la Mayordomía, una de las dos claves de la prosperidad.
-- Y por supuesto la otra clave: la de los límites del poder, que debe observar todo Gobierno humano, desde el familiar o doméstico hasta el político o civil.


# Teonomía

La cuestión es de qué manera se relacionan religión y política. Hay básicamente tres modos: autonómico (normas del hombre a espaldas de Dios, o sea del Estado); antinomiano (anti-normas); y teonómico (respeto a las normas de Dios):

1) El más antiguo es el autonómico. Viene del dualismo y es propio del positivismo y el estatismo: los seres superiores, a cargo del Estado, hacen y deshacen las normas, y por eso el Estado (el poder) está por encima de las leyes.

Es una pretensión irrealista, contraria al orden natural. Por eso el humanismo secular de la Ilustración quiso separar la religión de la política y las leyes, alegando que la primera es “asunto privado”; pero la Revolución francesa las terminó mezclando en la vieja religión oficial del Estado. El marxismo y el nazismo siguieron ese camino, predicando el poder absoluto y su corolario: adoración y obediencia ciega al Gobierno como único legislador, sin admitir objeción, crítica, examen ni enjuiciamiento de nadie. El Estado por encima de la ley y en el lugar de Dios; es una religión idolátrica: estatolatría. Pretende gobernar absolutamente la vida, toda la vida humana, y por la fuerza; por ello es absolutista, totalitaria y autoritaria. En términos del Nuevo Testamento: cesarismo.

2) Como reacción surge la protesta desordenada y la anarquía: el antinomianismo. “No hay normas”. En realidad las hay, una sola: la ley de la selva, la del más fuerte o poderoso.

3) La Biblia condena con toda firmeza al Estado absoluto y su adoración; y no manda obediencia ciega, por eso en la Escritura se basa el derecho de resistir a la opresión, corolario del principio de Gobierno limitado, y demás derechos naturales, dados por Dios. Y el concepto del Estado de Derecho: la ley por encima del príncipe.

Hay sólo un absoluto: Dios. Y hay un Reino de Dios, del cual Jesucristo es Rey. Pero, ¿cómo es el Reino? ¿Una autocracia tiránica? ¿Una dictadura autoritaria? ¿Anarquía? No, el Reino tiene normas, y se gobierna conforme a ellas. Tampoco es una democracia porque no hacemos la voluntad del pueblo sino la del Padre, que se expresa en “las reglas de la Casa”, en palabras del escritor cristiano C.S. Lewis. La Biblia trae normas para el autogobierno de las personas, y para el gobierno de las familias, de las empresas y de las iglesias, y asimismo de las naciones. Son normas de Dios: “Teonomía”.

La política tiene un propósito, Dios no es indiferente, y la Revelación no deja a la humanidad a oscuras en el tema de Gobierno civil. Ningún poder es absoluto. La esposa está sujeta a su esposo, pero no “sometida”, como p. ej. en el Derecho Romano antiguo o quiritario. E igualmente los hijos sujetos a sus padres (no al Estado). Y los esclavos a sus dueños, y los educandos a sus maestros, y la congregación a sus pastores. Todos poderes condicionales, limitados por normas. ¿Por qué sería distinto con los gobernantes?

Vale aclarar mucha confusión sobre las leyes del Antiguo Testamento y su actual validez u obligatoriedad:
-- Hay leyes religiosas o cúlticas, sobre sacrificios de animales y otras relacionadas con la pureza, cumplidas por el sacrificio del Calvario, que ya no son obligantes.
-- Hay normas éticas cuyos estándares el Evangelio no invalida: los eleva. El Sermón del Monte es más exigente que el Decálogo del Sinaí, pero no lo proscribe, porque el amor, ley de Cristo, supone el respeto, evangelio de Moisés.
-- Hay reglas jurídicas --civiles y penales, y procesales-- muchas de las cuales pueden no ser obligantes en sus disposiciones literales; pero sí en sus principios.
-- Y principios políticos como el Gobierno limitado y la justicia contributiva, que en el pasado se interpretaron como mandatorios en las naciones exitosas, y por eso todavía son ricas.


# El fervor místico del pietismo

Sin embargo, ciertos predicadores neo pentecostales como Kathryn Cullmann, Kenneth Copeland, Morris Cerullo y Benny Hinn, junto con el gnosticista “poder de la fe” reintroducen en el cristianismo una cierta forma de pietismo, muy distinta a la de los puritanos, con algo de superstición, y mucho antinomianismo. Y estatismo. Sus creencias y prácticas son místicas, como esas oraciones con minuciosos detalles en las peticiones, como si el Altísimo no pudiese saber qué necesitamos o queremos. Y la moda de bendecir a los jefes políticos de turno, en la creencia de que van a hacernos el bien. Pero a diferencia del misticismo poético de San Juan de la Cruz o Santa Teresa, este misticismo es un tanto crematístico. Y centrado en unos pocos temas, resaltando el concepto sobrenaturalista de guerra espiritual, que ve al Diablo por todas partes excepto donde realmente está: en el Congreso haciendo leyes.

Y muy centrado en los milagros. Viene a cuento una anécdota. Un médico rural atendía a sus pacientes. Una jovencita tenía algo no muy grave, y el buen doctor le recetó su medicina y tratamiento. Pero ella le dijo ..
-- Doctor, por favor, quiero una radiografía.
-- Pero señorita Ud. no necesita una radiografía -- le respondió el médico.
-- Doctor, por favor, quiero una radiografía porque yo sé que así me voy a sanar. Y el médico le extendió una orden para el Servicio de Radiología.

A la semana regresó a la siguiente cita:
-- Doctor, estoy muy bien. ¡La radiografía!
El médico sabía lo importante que es la mente del enfermo: ella creía en el poder curativo de la radiografía.

Sé que Dios puede hacer milagros y que los hace. No lo niego. Sólo recuerdo lo que C.S. Lewis en “Milagros”: que un milagro es un milagro. Es algo extraordinario, no algo rutinario y cosa de todos los días, a cada momento. Ya no sería un milagro. Y menos con todo ese protagonismo de hombre (o mujer) y todo ese dinero de por medio. Porque para los asuntos humanos Dios dispuso las leyes naturales; y Dios no se contradice. Y a semejanza de Dios somos creadores los seres humanos, y con ayuda de Dios y en base a las leyes físicas, químicas y biológicas y aplicando los principios de la razón y la experimentación, crearon los científicos (cristianos muchos de ellos), las ciencias, y las medicinas para tratar las enfermedades.

Con una frase bíblica aislada y mal interpretada se pretende justificar lo que sea. Cuando Isaías dice: “por sus llagas fuimos sanados” (Isaías 53:5) es que fuimos salvados, alude a la Salvación (Salud); no es como lo entienden los místicos: una garantía firmada por Dios de que los cristianos no vamos a enfermarnos.

La palabra “Pietismo” viene del título de “Pia Desideria” (deseos piadosos), libro del místico Hugo Hermann (año 1624). Y aunque no soy teólogo ni mucho menos pastor, debo tocar el tema porque los místicos acostumbran a buscar (y ofrecer) soluciones mágicas, y en política no las hay. O a decir: “No hay solución”, cuando sí la hay, y tal vez rápida, pero no mágica. La política requiere entendimiento, y para eso el misticismo no ayuda. Tampoco ayuda para entender bien la Biblia, que requiere leerse con la cabeza; ni para un examen crítico y racional de las leyes, y entender cómo las leyes malas contradicen los principios bíblicos de justicia, y arruinan la economía de familias y naciones.

-- Para los cristianos, sólo Cristo es Dios y hombre, y por su medio y su sacrificio es nuestra comunión con lo divino. Y es obra de Dios, no del hombre. Así lo entienden y declaran nuestras Biblias y nuestros Credos, los Santos Padres, las grandes confesiones históricas y sus catecismos, firmes baluartes contra la divinización del Estado y sus jefes.

-- Pero la experiencia “espiritual”, según los practicantes místicos, no es racional, y es inefable: imposible de describir con palabras. Es el clímax o unión directa y extática del hombre (o más a menudo la mujer) con lo sagrado, acompañada de un grado superior de perfección y sabiduría sobrenatural, con arrebato de emociones y sentimientos. No es para todos sino para unos pocos, destinados a dirigirnos y a gobernarnos a los demás mortales, derramando su santidad infusa sobre nosotros. Desde luego el misticismo viene del dualismo, y se infiltra en los tres grandes monoteísmos desde las mitologías indoeuropeas, que son animistas, y politeístas o panteístas. El yoguismo es distintivo de la mística oriental, así como el cabalismo de la judía, el sufismo de la musulmana, y este tipo de pietismo lo es de la cristiana. No es el pietismo de los puritanos calvinistas.

De Grecia son los mitos órficos, eleusinos, y el pitagorismo; y de los celtas los escandinavos, que hoy gozan de un gran avivamiento en Europa. Hitler y sus seguidores conectaron con la mística germánica medieval: Hildegard de Bingen, Meister Eckhart y sus discípulos Enrique Suso y Juan Taulero. Más allá de sus disfraces teológicos, motivaciones dinerarias o coartadas escriturales, los ejercicios místicos son el supremo esfuerzo humano por saltar el abismo que separa al hombre de la divinidad, buscando lo “espiritual” por encima y en el más allá. El seguidor místico huye de una realidad hostil que no comprende, y por eso renuncia también a la razón. Y de pasada, el místico quiere acabar con la realidad política injusta mediante la reforma social, sin observación, estudio paciente ni reflexión. Para él la realidad superior es espiritual, y su acceso requiere un saber superior, no ordinario. Y el Reino de Dios no es cuestión de normas, ¡eso es muy aburrido! Más coloridas y llamativas son las bulliciosas sesiones de diarrea emocional, y de vez en cuando el ascetismo.

A quienes ponemos cuidado a las normas, en especial cuando vienen de Dios, los místicos nos llaman peyorativamente “religiosos”. Y “legalistas” a nosotros, siendo ellos los más ultralegalistas de las leyes que vienen del Congreso.


# Antinomianismo

Ha sido y es típico de muchas herejías, como el gnosticismo, reeditado en la Nueva Era. Deviene de un malentendido con la Salvación, la cual toda doctrina cristiana, católica o no, enseña que es por Gracia de Dios y no por obra humana, y se recibe mediante la Fe. Es por los infinitos méritos de Nuestro Señor Jesucristo, no por cumplir nosotros leyes y normas.

La Ley no salva. Pero eso no implica que no sirva a otros fines, y de eso trata la Teonomía. Y a las normas hay que entenderlas, y para eso, estudiarlas; pero al desdén por las reglas se une el menosprecio por la inteligencia. El anti-intelectualismo e irracionalismo han sido y son típicos de los cristianos misticistas desde Jacob Spener en el s. XVII. Los de la Era de la Reforma acusaron a los protestantes de intelectualismo estéril, y de causar polémicas interminables y divisivas. La fe era confiar en Cristo y ya, nada de proposiciones teológicas verdaderas o falsas. Oponían el sentimiento a la doctrina, la experiencia al estudio “frío”, la unción a la formación, el mover del Espíritu al conocimiento de Dios. Y el Evangelio al Antiguo Testamento.

Esta forma de pietismo llegó desde Inglaterra a EEUU en 1719 con Alexander Mack, y de Pennsylvania se difundió a todo el país. Inspiró los “Grandes Avivamientos” ingleses y americanos de los ss. XVIII y XIX. Eclipsado por la Ilustración, reapareció en el Avivamiento de la calle Azusa (Los Angeles, 1906) origen del pentecostalismo. De aquí y no de la Reforma protestante procede la predicación evangélica que nos llega en las décadas de 1880 y 1890.

Y de John Wesley, cuya teología fue arminiana y no calvinista. Desde la Reforma, los seguidores de Juan Calvino y los de Jacobo Arminio discutieron sobre la posibilidad del cristiano para salir de la influencia del pecado, reeditando la controversia pelagiana de cuando Agustín de Hipona. Después de la muerte de Arminio (1610), sus seguidores holandeses resumieron su doctrina en cinco puntos, en su Remonstrantia o pliego de protesta. Los calvinistas los refutaron uno a uno, y los suyos fueron los famosos “cinco puntos del calvinismo”.

El arminianismo subrayaba principalmente el libre albedrío, como antes el monje Pelagio en el s. IV. El calvinismo en cambio, como antes Agustín frente a Pelagio, no lo negaba; sólo destacaba lo que la Biblia dice, y uno puede observar a su alrededor, en cada ser humano y en lo íntimo de sí mismo: que en principio la inclinación del hombre es a hacer mal uso antes que bueno de su libertad. Pero ello no es motivo para atribuir a los Gobiernos facultades sin restricciones: ¡todo lo contrario! Porque el pecado afecta a todos y cada una de las facultades humanas, aspectos y dimensiones de la vida (la “depravación total”, 1ro. de los cinco puntos calvinistas); y no se encuentran exentos los Gobiernos y gobernantes, todo lo contrario.

Las implicaciones políticas son clarísimas:
A. Si la tendencia es al mal, el poder de los gobernantes debe limitarse al ejercicio de su función de tipo negativo, como es la represión y juzgamiento del crimen. Más nada. Y las leyes no deben darles mucho poder, más bien limitarlo.
B. De lo contrario, no debe limitarse a los gobernantes para hacer el bien, en funciones positivas: brindar educación y servicios médicos a la gente, en especial a los pobres, etc., y ocuparse activamente de ello, y tener mucho poder, y mucho dinero, y gastarlo a manos llenas. Sin importar los resultados.


# Ética de intenciones versus ética de resultados

¿El estatismo no funciona? ¿Sus resultados y consecuencias son desastrosas en todas las épocas y naciones? No importa, es lo de menos para los pietistas, que adhieren a una ética de intenciones antes que de resultados, en palabras de Max Weber. En “La política como vocación” (o profesión), Weber opone dos éticas:

A. La “ética de la buena intención”, apegada a lo que se cree es la norma moral, con absoluta intransigencia en sus postulados, y negligencia de los resultados y consecuencias, sobre todo mediano y largo plazo. Y el fin no justifica los medios. “Que se haga la justicia aunque el mundo se acabe”. Es una cierta idea muy peculiar de justicia humana, que ve como justo resultado que el mundo se acabe.

B. La “ética de la responsabilidad” o de las consecuencias. ¿El fin justifica los medios? A veces; no siempre. Porque los fines deben justificarse por principios y valores, idem los medios, pero también por resultados. Más allá de las intenciones y píos deseos, fines y medios idóneos deben contrastarse en las diversas opciones, según criterios racionales, valorando los “frutos”, no sólo inmediatos sino de más largo alcance. “El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”. O también “deseos no empreñan”.

Hoy se enseña que las leyes del Congreso deben cumplirse porque sí, sin importar los resultados, y aunque sean malas. Eso no es ética cristiana, sino kantiana, basada en el imperativo categórico, según el filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804), muy influido por la educación pietista recibida de sus padres. En “Fundamentación de la metafísica de las costumbres” (1785), explica que la ética debe basarse en una norma primera y fundamental, imperativo que debería ser un mandato autónomo (no de religión ni doctrina), y capaz de regir el comportamiento en todas sus circunstancias. “Categórico” es incondicional, se opone a “hipotético” o condicional, es decir, para cumplir en función de objetivos: “Haz A, si quieres lograr X”. Para Kant, eso no es moral. Kant formula así su imperativo: “actúa solamente según aquella máxima que puedas querer que se convierta al mismo tiempo en ley universal”.

Violar una ley del Congreso en cierta circunstancia no podría convertirse en ley universal. Por eso no es fácil que los malos resultados de las leyes malas convenzan a quien alega que “las leyes son buenas porque lo son sus intenciones”, y malos son los encargados de aplicarlas y cumplirlas. Y no hablo de los cristianos solamente: también es pietista la mayor parte de los socialistas de buena fe --los hay-- que no profesan el cristianismo.


# Ortodoxos, católico-romanos, protestantes y evangélicos

¿Qué hacen ahora los cristianos? ¿Mezclan la religión y la política? No hay dos vertientes cristianas sino cuatro: ortodoxos, católicos, protestantes (evangélicos de la Era de la Reforma) y evangélicos (actuales). En general con muy diferentes actitudes ante la política.

-- Los ortodoxos orientales defienden la separación de religión y política, y en consecuencia predican el deber de obedecer a las leyes y a las autoridades, sean o no cristianas, musulmanas, ateas o las que sean. Esa fue la actitud conformista en los tiempos de la ocupación nazi, y del comunismo soviético.
-- En Occidente el catolicismo romano entiende la unión con la política como un medio o instrumento para influir su Iglesia, por medio del poder temporal antes de 1870, de privilegios legales ante el Estado, y de la presencia de sus políticos en los gobiernos y parlamentos. Expresión de esa doctrina: los partidos democristianos. Pero no es así en EEUU, donde prevalece la actitud común entre los protestantes.
-- En el protestantismo histórico la separación de Iglesia y Estado es parte de la enseñanza sobre la “soberanía de las esferas”: cada una de las instituciones puestas por Dios para el buen orden social es soberana en su esfera.
-- Los evangélicos de hoy parecen dudar entre el modelo ortodoxo oriental y el católico romano tradicional.


Cristianos y política, la tipología

En Guatemala hay cuatro actitudes políticas típicas de los cristianos profesantes, las mismas de todos los países, aunque en diferentes proporciones: secularizados, militantes, antipolíticos, y perplejos. Vea Ud.:

1) Secularizados. Cristianos bien “ajustados” al mundo, han cambiado Romanos 12:2; para ellos dice “Amoldáos al sistema”. Su posición es: “De política, la Biblia nada dice. El cristiano puede ser conservador, liberal, centrista, progre, facha, rojillo, rojazo, etc. O apolítico o indiferente, da igual”. Estos son la inmensa mayoría. Y quieren imponer su conformismo a todos los cristianos. Para lo cual enfatizan Romanos 13, que interpretan como los monarcas absolutos del s. XVIII: un mandato de obediencia incondicional a los gobernantes y al régimen que encarnan, cualquiera sea su color o forma. Pero algunos hacen excepción al conformismo cuando han escogido un color político, y los Gobiernos otro. Entonces pasan a ser…

2) Militantes; de tantas subclases como colores políticos. En América latina predominan los Rojos, socialistas. En EEUU hay muchos, pero también los de la “religious right”. Ambos se distinguen por lo monotemáticos: para unos no hay más tema que la “injusticia social” y el reparto de la riqueza; y los otros agotan toda su agenda con aborto y homosexualismo. Es obvio que las opciones políticas dividen a los cristianos. Y el espectáculo de iglesias divididas no es edificante. Por eso muchos pasan de la indiferencia a la abierta hostilidad: los…

3) Antipolíticos. Predican que todo cristiano se dedique exclusivamente a la evangelización, que entienden en sentido estrecho de mero proselitismo. Creen en “el Rapto” como inminente; por eso: ¡nada de “cambiar la cultura”! También leen en Romanos 13 la obediencia ciega.

4) Perplejos. Y ante la discordia de opiniones, muchos no saben qué pensar. Su actitud es: “¿Por qué esas diferencias? ¿Por qué no se ponen de acuerdo? ¿quién tiene razón?” A los tales perplejos dedicó Maimónides (el mayor sabio del judaísmo, s. XII) su tratado “Guía de los Perplejos”. Les dijo tres grandes verdades:
-- que la perplejidad es pobreza de conocimientos, propia de la humana naturaleza,
-- y que debe el hombre salir de la perplejidad, por eso debe adquirir conocimiento verdadero,
-- pero eso no es gratis, como todo lo valioso en la vida, tiene su precio: tiempo, dedicación y esfuerzo, sacrificando en parte otras prioridades, incluso altas, como atención a la familia, negocios, diversiones, etc. Hay que pagarlo.


# La muerte de Herodes

Para adquirir conocimiento verdadero, vale aquí recordar p. ej. la terrible muerte del Rey Herodes Agripa, que cuenta Lucas en Hechos 12, y confirma el historiador Josefo. Herodes murió endiosado, castigado por su estatolatría megalómana. ¿Por qué casi nunca se menciona este pasaje? Porque es uno de tantos y tantos que condenan el estatismo y apoyan la única posición política que cabe al cristiano: a favor del Gobierno limitado.

Ese texto y al menos un centenar más --entre Antiguo y Nuevo Testamento-- establecen las tres grandes verdades del liberalismo clásico cristiano:
-- El primer gobierno del hombre es el autogobierno o gobierno por uno mismo; por eso “la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores” (I Timoteo 1:9).
-- El Gobierno civil es una represión externa, querida y dispuesta por Dios, pero para el solo fin de contener las más brutales y antisociales maldades de los criminales –contra la vida, libertad y propiedades-- incapaces de darse gobierno propio;
-- Gobiernos y gobernantes también pueden ser malhechores, por eso Dios manda que sean limitados y muy restringidos sus poderes y recursos. Y si quitamos la Ley de Dios, y dejamos los cristianos de defenderla activamente mediante partidos políticos sostenedores de sus normas y principios, no hay otro límite efectivo a los abusos y maldades de los Gobiernos. Las leyes por sí solas no pueden dar contención.

Así se entendió la doctrina política cristiana por 2 mil años. Los maestros calvinistas hicieron popular la tesis de “los tres usos de la Ley” del Antiguo Testamento:
-- El primero era el “uso político”: brindar a gobernantes y gobernados unos principios válidos para la contención del crimen en la sociedad.
-- El segundo era el “uso teológico” o pedagógico: mostrar que un Dios santo y justo toma muy en serio el pecado, y la necesidad que tenemos de un Redentor;
-- y por fin un “uso moral”: una guía de conducta para los redimidos, resumida en los 10 Mandamientos, cuyas exigencias no fueron abrogadas por el Nuevo Testamento.

Por mucho tiempo la Biblia fue una contención eficaz al totalitarismo. Pero en el s. XX esa barrera se removió, pensando que las puras Constituciones y leyes basadas en las doctrinas del humanismo secular, y la democracia popular irrestricta, serían mejores diques. El mundo pagó las consecuencias de error tan funesto. Y sigue pagando.


# Kant o Cristo

La ética cristiana no es la kantiana. El “imperativo categórico” idealista luce como más estricto y severo que la Regla de Oro de Jesús.

1) Kant enseña que la acción basada en el interés propio no es moral. Para ser “pura” una conducta debe ser motivada por el sólo deber ético. No por el sentimiento, tampoco porque Dios lo ordene o lo premie, ni por interés alguno, menos aún el propio. No se puede esperar algo a cambio y ser moral. Por ende el intercambio no es éticamente “puro”, ni el comercio u otra forma de actividad productiva.

Kant no sacó esas conclusiones anticomerciales de su filosofía, y por eso los libertarios lo tienen entre sus santos patronos, pese a que de su filosofía viene mucho de “la mentalidad anticapitalista”. Pero no son los filósofos quienes sacan de sus enseñanzas erróneas todas las conclusiones prácticas, sobre todo las más alevosas y letales: ese trabajo sucio es de escritores políticos, como Hegel y Marx.

2) Jesucristo predica la Regla de Oro: “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mateo 7:12). Eso no condena al comercio ni a la economía, al contrario.
-- “Amar a Dios sobre todo, y al prójimo como a uno mismo” (Levítico 19:18; Mateo 22:39), autoriza el amor propio, el “amor sui”. No es la “abnegación” altruista. “Poner la otra mejilla” (Mateo 5:39) es una expresión hiperbólica para enseñar autodominio, a no tomar venganza de las agresiones y hacer interminable la violencia. La literatura oriental de los pueblos semitas abunda en hipérboles, e ignorando datos como ese se puede entender muy mal a Jesucristo y a la Biblia entera.
-- Pero este amor sui también es muy distinto al “yoísmo”: la altiva y narcisista autoexaltación por encima de Dios y el prójimo, en el discurso de la “autoestima”. En la Nueva Era, el 1er. mandamiento es: ama a tu dios el planeta tierra sobre todas las cosas; el 2do.: ámate a ti mismo (eleva tu autoestima) y a tu “semejante”: el hambriento niño bengalí de allá bien lejos; no a tu “prójimo”: el niño de al lado tuyo. Y el 3ero.: rinde culto al ídolo supremo sobre la tierra, el Estado. Pero el estatismo conduce a la abnegación altruista en aras del colectivo; eso es inconsistente.

A los cristianos de Roma, Pablo enseña tres lecciones muy consistentes, y no casualmente consecutivas, en los tres primeros versos del cap. 12 (Romanos):
-- En el 1: que guarden un culto “racional” (no sensual, escandaloso o desordenado);
-- En el 2: que no se amolden los cristianos al sistema --“el mundo”-- sino que “renueven su forma de pensar”, su mentalidad;
-- Y en el 3: que nadie “tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí mismo con cordura”. No hay discurso de la “autoestima”.


# La fórmula TR + FR + DN + EA + TPGM + SE

La antigua oferta del liberalismo clásico no fue esa “libertad” gaseosa que predican muchos liberales en el aire --y que la gente no capta porque cree que la tiene-- sino el Gobierno limitado.

¿Cuáles son sus fundamentos intelectuales? Hay al menos seis escuelas de pensamiento, en otras tantas disciplinas. Y vamos a resumirlas, algunas en contraste con sus contrarias, para entender mejor las bases filosóficas, científicas y teológicas del liberalismo. Pero antes una digresión. En 1913 Lenin publicó “Las tres fuentes y partes integrantes del marxismo”. Al igual que su archifamoso “Qué hacer”, también fue por las polémicas entre las izquierdas, que nos muestran las enormes contradicciones entre los socialismos “reales” y los del papel (el papel aguanta todo), y entre los distintos y opuestos socialismos “imaginarios”.

Escribió Lenin: “El marxismo es heredero legítimo de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX: filosofía alemana, economía política inglesa, y socialismo francés.” Lenin pensaba que el francés era el socialismo más “avanzado” (Comte y Saint-Simon). Y vio en el marxismo la concreción natural del idealismo alemán (Kant, Fichte y Hegel) y la economía clásica (Smith, Ricardo y el propio Marx). Esa es la fórmula: filosofía idealista (FI), Economía Clásica (EC), Socialismo Político (SP). Tres grandes teorías equivocadas. Y que sean alemanas, inglesas o turcas nada tiene que ver. La filosofía idealista es irreal y tan mala como el socialismo, su doctrina política. Y la economía clásica adolece de un error garrafal: que el precio de los bienes y servicios es determinado sólo por el trabajo de quienes los producen, y no por las demandas de quienes los compran.

El liberalismo clásico no es “economicista”. Su fórmula puede ser TR + FR + DN + EA + TPGM + SE. O sea Teología Reformada, Filosofía realista, Escuela del Derecho Natural, Escuela Austríaca de Economía, Teoría Política del Gobierno Mixto y Sociología de las Elites. Ahora, le invito a darles un paseo…

1) Teología Reformada (TR). No es sólo calvinismo, ni siquiera Teología Protestante. Es Teología con Cristo en el centro de la escena, y reconocida completa su obra salvadora, para una labor de restauración y regeneración que comienza por lo individual, pero allí no se queda, para la otra vida y también para ésta.

Según esta Teología, Jesucristo nos compró con su sangre para que podamos estar en la presencia del Padre ya desde esta vida. Pero ¿sólo eso? ¿Encerrados en las iglesias? Nuestro Salvador nos ha redimido para extender las fronteras de Su Reino. Para labrar y defender el huerto, como Adán. Para ser sal de la Tierra y Luz para el mundo; a fin de que los ciegos no sigan siendo guiados por otros tan ciegos o más. Pero para eso los cristianos tenemos que dejar atrás nuestra guerra con la inteligencia, que no es enemiga de lo espiritual.

2) La Filosofía Realista (FR) no es exclusiva ni distintiva de los católicos. Es toda filosofía que afirma a la mente humana como receptiva a las realidades, y capaz potencialmente de conocerlas y de llegar a la verdad, a partir de conceptos. Los conceptos --particulares y universales-- son abstractos, por eso no son iguales a las imágenes mentales; una cosa es imaginación --que nos puede confundir-- y otra el entendimiento.

A los conceptos ponemos palabras; y con ellas hacemos definiciones y juicios, y razonamos.
-- La definición de un concepto lo recorta, lo diferencia y precisa, describiendo la esencia de la realidad conceptuada, que es su naturaleza en tanto comprendida por la mente.
-- Un juicio es un enunciado en el cual predicamos algo de un concepto,
-- y en un razonamiento enhebramos dos o más juicios.

El padre del realismo fue el médico Aristóteles (384-322 a.C.), creador de la lógica, y de la hoy injustamente olvidada Ontología o Metafísica, incluyendo:
-- el principio de no contradicción (A es A y no es igual a no-A);
-- la teoría de las cuatro causas: material y formal, eficiente y final;
-- la analogía del ser: el “ser” es un concepto no unívoco ni equívoco sino análogo, “que se dice de muchas maneras”, lo cual da pie a…
-- la noción de sustancia como sujeto o sustrato de las cosas, y de las categorías como predicados clasificadores: cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, situación, posesión, acción y pasión. Nos permiten refinar los razonamientos, y adentrarnos en las observaciones y clasificaciones, y así nos abre la puerta a la ciencia y a la experimentación. Y a la economía.

Conceptuar, juzgar y razonar son cosas que los falibles humanos podemos hacer mal o bien, mejor o regular. Pero conforme a la Filosofía realista, sólo así avanzamos en el conocer de la realidad, a partir de los datos de los sentidos; y podemos llegar a la verdad objetiva. Aunque también podemos tropezar y retroceder en este camino, o desviarnos y distanciarnos de la realidad, y equivocarnos. Pero podemos corregir.

Hay muchas versiones del realismo, para elegir. Aquino (s. XIII) es el máximo exponente de su versión cristiana, aunque en sus días muchas doctrinas suyas fueron injustamente condenadas como herejías por la Iglesia. Rabbi Moisés Maimónides (s. XII) lo es de su versión judía; y los árabes Avicena, Algazel y Averroes --también medievales-- de su versión islámica. Thomas Reid (s. XVIII), sucesor de Adam Smith en la cátedra de Filosofía Moral de la Universidad de Glasgow, fue el fundador de la escuela del sentido común, típica de la Ilustración escocesa. Y en el s. XX la filósofa atea ruso-americana Ayn Rand elaboró una interpretación del realismo conforme a su punto de vista, que llamó “Objetivismo”.

Aristóteles comenzó sometiendo a una severa crítica las lecciones de su maestro Platón, padre de la filosofía idealista, con sus dos mundos: el de las ideas y el mundo tangible. Aristóteles rechazó las teorías sobre las ideas como auténtica realidad, y del mundo sensible a nuestros sentidos como una mera copia sin valor. “Las ideas están en las cosas y la mente las capta”. Y le siguieron los árabes; y Tomás de Aquino.

Para la Filosofía Idealista de Kant esta forma de pensar es “ingenua” y “dogmática”. No podemos saber cómo es la realidad extramental en sí misma, ni siquiera si existe. Porque conocemos sólo lo que nuestra mente produce. El conocimiento no es receptivo o pasivo; es activo y constructivo. En base a los fenómenos que percibimos con nuestros sentidos la mente genera ideas. No podemos decir que conocemos la realidad tal como es (el “noúmeno”). Y siguiendo a Hume, Kant negó la idea de causa.

3) Del realismo procede la Escuela del Derecho Natural (DN), fundada por el P. Francisco de Vitoria (dominico, 1483-1546). Y continuada por el P. Juan de Mariana (jesuita, 1536-1624), y luego en el protestantismo a partir de Hugo Grocio (1583-1645). Dos grandes pensadores y escritores cristianos, y como tales, grandes perseguidos políticos --igual que Isaías y Jeremías-- consolados por el Salmo 23:5: “Me preparas mesa delante de mis angustiadores”.

Afirman ellos que hay un orden natural en el cosmos, y leyes naturales, y las hay en la sociedad: no todo es convencional. Y la mente descubre ese orden, no lo inventa. Y a este orden y a estas leyes deben conformarse las leyes positivas para tener éxito los pueblos, gentes y naciones. Podemos imaginar, conceptuar y diseñar arreglos sociales contrarios al orden natural y a sus leyes creyendo que son mejores, mucho más “útiles”; y planificar y tratar de imponerlos por medio de leyes malas. Pero no impunemente. Pagamos las consecuencias.

De la Filosofía idealista procede la escuela opuesta: el convencionalismo puro, ligado al escepticismo, al relativismo, al empirismo radical o extremo, y al utilitarismo, todas muy malas compañías para los liberales. Conforme al convencionalismo no hay verdad absoluta, ni orden natural, ni leyes naturales; la sociedad es puro producto de contrato o convención, y por eso podemos cambiarla a voluntad. Según la teoría democrática, para ello basta el voto de la mayoría, que encarna la voluntad popular, y no puede equivocarse: es infalible (Rousseau). El Posmodernismo es una deriva del convencionalismo.

4) Escuela Austríaca (EA) o austriana de Economía Política. Cuando el P. Vitoria obtuvo en 1526 la cátedra de teología de Salamanca, introdujo la Suma Teológica de Aquino como texto básico. Salamanca era una universidad muy prestigiosa, y el tomismo fue pronto adoptado por otras. Vitoria enseñó que el orden natural se basa en la libertad de circulación de personas, bienes e ideas. Esto implica que los comerciantes no son moralmente reprobables.

El P. Juan de Mariana escribió el segundo gran tratado sobre moneda e inflación: “De moneta mutatione” (del cambio monetario, 1609). Y el primero, otro cura español, Nicolás de Oresme (1323-82). Los fundadores de la EA son los vieneses Carl Menger, Böhm-Bawerk y Wieser, a fines del s. XIX. Les siguieron en el s. XX, maestros como Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek. Y en la actualidad Joseph Salerno, Joseph Keckeissen (UFM), etc.

Excepto los utilitaristas (benthamianos), la EA reconoce como antecedentes a la Escuela de Salamanca y al derecho natural, y al realismo tomista o a la filosofía escocesa del sentido común. O al objetivismo randiano. La EA se opone a imitar los métodos propios de las ciencias naturales, y al marxismo y al keynesianismo. Y a la Escuela de Chicago o “monetarista”, porque aboga por un dinero de papel, supuestamente controlado por una “regla monetaria” que los Bancos Centrales se obligan a cumplir, y hasta ahora no lo han hecho.

Estas disquisiciones tienen consecuencias directas en el orden práctico. El economista austrocristiano Mark Skousen en “La Estructura de la Producción” nos recuerda que la producción es en buena parte un proceso “materialista” de transformaciones físicas en bienes físicos. Nosotros los de la clase media tendemos a olvidar esto, por tener nuestras necesidades materiales satisfechas, gracias a Dios. No nos consideramos “consumistas”. ¡Ni “materialistas”! Nos gusta pensar que vivimos en “la sociedad de los conocimientos” y los activos intangibles, porque tenemos muebles y juegos de cuarto y comedor, cocinas y neveras, lavadoras y vivienda, ropas y calzados en abundancia, etc. Por eso pensamos que ahora los bienes y recursos tangibles ya no son tan importantes. Los poseemos, los usamos y disfrutamos, y los damos por descontado. Y los reemplazamos cuando se acaban o agotan.

Pero no es así con los millones de pobres. Por eso, si mañana derogamos las leyes malas, y permitimos que se rehaga el tejido económico de intercambios, relaciones y contratos privados, sin inflación, entonces las básicas necesidades materiales de millones de pobres podrán ser satisfechas casi de golpe. Se desataría un “shock productivo” jamás visto, multiplicados los encargos y pedidos velozmente, plantadas inversiones y anudadas relaciones de trabajo y servicios, con sus correspondientes ingresos fuertes en los mercados y corredores productivos. Y sin demora. ¿Cuánto tarda en fabricarse un juego de dormitorio en una carpintería? (vea: Dios se hizo carpintero). ¿Cuánto se tarda una fábrica textil en producir 300 camisas, vestidos o pantalones? ¿y cuántos meses demora hacer 150 pares de zapatos? Casi todos estos procesos no toman muchos meses, y en muchos casos sólo unas pocas semanas.

¿Los políticos estatistas y sus “expertos” asesores nos dicen “no hay soluciones a corto plazo, a menos de 25 o 30 años”? ¡Mentira! ¡Los pobres nos darán empleo a nosotros, muy rápido!

5) La Teoría Política del Gobierno Mixto (TPGM) es muy antigua. Responde a la pregunta: ¿Es la democracia la mejor forma de Gobierno? Afirmativa fue en el s. XIX la opinión de Rousseau, Stuart Mill, y con reservas Marx: que la democracia sí es la mejor forma de Gobierno. Prevaleció en el s. XX. Y es la que se nos predica siempre, con las infaltables citas de Abraham Lincoln y Sir Winston Churchill. Pero vale aclarar esas tan conocidas citas:
-- “Este es el libro del Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” estampó John Wiclyff en la portada de su primera traducción de la Biblia al inglés en 1382, hace más de 600 años. Después alguien dijo que Abraham Lincoln atribuyó ese concepto a la democracia, y a sí mismo la definición; pero no hay pruebas.
-- Según Sir Winston Churchill, la Democracia es la “peor forma de Gobierno exceptuando las demás”, la menos mala. Pero la evidencia no apoya el aserto.

La TPGM enseña a desconfiar de las formas puras o extremas (monarquía, aristocracia y democracia) por ser la causa del “ciclo político”:
-- Comienza el ciclo v. gr. cuando la democracia ilimitada degenera en caos, desorden, anarquía y abusos. El pueblo reclama un caudillo.
-- Así de la democracia se pasa (o retorna) a la monarquía, tal vez con otro nombre, p. ej. dictadura. Pero temprano o tarde el jefe abusa, y se hace tirano. Ante la apatía popular reacciona una minoría selecta, y se establece (o restablece) una aristocracia.
-- Y ese grupito tarde o pronto abusa del poder e impone privilegios a título de derechos, y se hace una oligarquía. Entonces hay una revolución, retorna la democracia, y sigue el ciclo. (¿Cómo en América latina?)

Hasta el s. XIX la opinión profesoral era por la República o democracia limitada, forma “mixta y equilibrada”, superior a cualquiera de las tres “puras”, según los autores de la Escuela del DN:
-- Cristianos como Agustín (s. IV), Alberto Magno y su discípulo Tomás de Aquino (s. XIII), Juan Calvino (s. XVI) y John Locke (s. XVII), Lord Acton (s. XIX) y Abraham Kuyper (s. XX), recordaron que el Israel bíblico practicó exitosamente la forma mixta en tiempos de los Jueces. Y Sir William Blackstone (1723-1780), profesor en Oxford de Derecho Constitucional, autor de “Comentarios a las leyes de Inglaterra”, muy influyente en su país y EEUU.
-- En “El régimen de los príncipes” Tomás de Aquino valora la democracia por el sufragio universal pasivo o derecho de cualquiera a ser electo son independencia de su condición social, lo cual tiene mucho sentido, que por el sufragio universal activo o derecho de cualquiera a elegir, que no es algo muy sensato.
-- Y no cristianos como Polibio, Ibn Jaldún, Maquiavelo y Montesquieu, recordaron que los romanos por un tiempo practicaron con éxito la República --de allí su nombre-- antes del Imperio; y los atenienses la Democracia, mas no con éxito.

La Democracia liberal es limitada, porque hay principios contra los cuales la voluntad del pueblo no debe prevalecer; y esos son los derechos individuales que imponen otros tantos límites a los Gobiernos. Así la Carta de Derechos (Bill of Rights) en la Constitución de EEUU es una lista (10 primeras enmiendas) de prohibiciones de legislar, a fin de garantizar los derechos de la gente: libertad de expresión y reunión, libertad religiosa, de petición, de tener y portar armas, y de no sufrir registros e incautaciones irrazonables, ni castigos crueles e inusuales. Y los derechos a no testificar contra uno mismo, y al debido proceso.

6) Sociología de las elites (SE). Hay muchas versiones del elitismo.
-- Hay una teoría positiva y a la vez normativa: afirma el poder y dominio de las elites como algo que siempre acontece naturalmente, y que es bueno y deseable. Por lo general es la posición de los escritores de inclinaciones nazis y fascistas.
-- Para otros la influencia de las elites es buena y deseable; pero no siempre acontece. James Burnham en “Los maquiavelistas, defensores de la libertad” (1943) presenta a Dante Alighieri, Maquiavelo, Vilfredo Pareto, Mosca y Michels, advirtiendo al público que las amenazas contra las libertades provienen de las masas y turbas, y de las minorías selectas cabe esperar su defensa y custodia.
-- Otros describen el control de una minoría como algo que sucede a menudo, pero no es bueno. Muchos son escritores de izquierda, como Charles Wright Mills (EEUU) en los años ’50 y ‘60; y los autores de las más burdas teorías conspiracionistas anti-CIA.
-- Para otros es obvio que hay minorías dirigentes, y en sí mismo no es ni malo ni bueno. No siempre son estables los grupos dirigentes, hay un proceso de circulación de elites que se suceden unas a otras (Ibn Jaldún, sociólogo medieval). Y la minoría tampoco es unificada y monolítica: hay competencia de elites, en posesión de diferentes clases de recursos políticos (Robert Dahl, en célebre polémica con Wright Mills).

En “Poliarquía” Dahl presenta la perspectiva “pluralista”, surgida de sus estudios de la ciudad de New Haven en los ‘70. De un patriciado que dominaba todos los recursos políticos se pasó al equilibrio de las elites, cada una con los suyos, y ninguna con capacidad de control total. Dahl encomia las soluciones de compromiso entre las elites como único modo de tener hoy en día una política democrática y competitiva. Pero olvida que esa Poliarquía surgió en EEUU después de la II GM, cuando con los Presidentes H. Truman y D. F. Eisenhower la economía retomó una vía más cercana al capitalismo liberal, luego del período socialista de F. D. Roosevelt, que estaba llevando a EEUU a un grado inédito de extrema concentración del poder.

La versión cristiana de la elite es el “Remanente”: reserva moral y luz para el mundo. Remanente significa “residuo” y se usa 45 veces en el Antiguo Testamento. Es el “Resto fiel”, porción ética que Dios se guarda en cada generación. En días de Jezabel, Elías creyó estar sólo, pero Dios le dijo (I Reyes 19:18): “Guardé en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron”. Pablo lo recuerda a los cristianos de la capital del imperio (Romanos 11), quizá anti-judíos algunos, para que no se crean superiores a los judíos.

Mateo 7:13-14 dice: “Entrad por la puerta angosta; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que van por ahí; pero estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos quienes lo encuentran”. El Remanente ha existido siempre en la historia; por eso de cada siglo se puede decir lo que Pablo de los judíos en sus días: “Aún en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia”. (Romanos 11:5). El Remanente Fiel se apega a la verdad de las cosas y de la Palabra de Dios, y no sigue la corriente mayoritaria de la distorsión y la falsificación. Pero su existencia misma testimonia el fracaso de la gran mayoría: si fuese fiel, ¿para qué un “remanente”?

En “El trabajo de Isaías”, el escritor cristiano Albert Jay Nock (1870-1945) aplicó el concepto remanentista en tiempos del Presidente F. D. Roosevelt. Se opuso a toda forma de totalitarismo, bolchevique o menchevique, alemán, ruso o americano; y cuestionó la democracia. En “Nuestro enemigo, el Estado” (1935), Nock lamentó el control adquirido por el Poder ejecutivo, como en un golpe de estado. Denunció la política monetaria inflacionista de los republicanos en los ‘20 como responsable del Crack del 29, y el New Deal demócrata como culpable de perpetuar la crisis. Profetizó que la “Nueva Economía” perduraría, lamentablemente. Y fue un apasionado opositor a la política exterior imperialista e intervencionista de EEUU y a la guerra.

7) ¿Nos queda alguna otra Escuela de Pensamiento? Tal vez la Psicología Cognitiva, pero entendiendo que no es algo nuevo. Remonta a Teofrasto, discípulo y secretario de Aristóteles, nombrado por su maestro como sucesor en el Liceo, decisión que causó algún resentimiento.

Por 35 años Teofrasto presidió la escuela, que en su época tuvo más de 2000 personas estudiando. Su libro “Caracteres” es el primer muestrario de tipos sicológicos --normales y no tanto-- que a la vez son morales, y nos dan una invaluable y amena descripción de la vida en la Atenas clásica. Teofrasto recorre muchos rincones, pliegues y entresijos del alma humana, anticipando algunas teorías freudianas como la racionalización de los motivos o soborno de la conciencia (“cauterización”) para acallar los remordimientos.


# Juan Althusius, ciencia política cristiana

La Ciencia Política o del Gobierno tiene un raro y exclusivo privilegio entre las Humanidades; y es el de constituir punto de encuentro y convergencia de muchas otras ramas y subramas filosóficas, científicosociales, históricas, jurídicas, teológicas, etc. Buen ejemplo es el trabajo del calvinista Juan Althusius (1557-1638): “La política metódicamente concebida e ilustrada con ejemplos sagrados y profanos”, de 1603, revisada en 1610 y 1614.

Era Althusius de una modesta familia de Diedenshausen --ciudad calvinista de Westfalia-- pero gracias al patrocinio de un noble local pudo estudiar leyes, teología, filosofía y lógica, en Colonia primero, luego en París y Basilea, y por fin en Ginebra. Se introdujo en las obras de pensadores de varias disciplinas, tradiciones, épocas y tendencias, más y menos conocidos. En su obra cita casi 200 libros; y sin duda muchos más le influyeron en su rico pensamiento.

En 1594 Althusius ingresó en la facultad de leyes de la Universidad de Herborn, donde como Rector formó la “escuela de Herborn”, e inició su carrera política en el Cabildo de Nassau. En 1603 fue elegido concejal municipal de Emden, ciudad famosa por dos sínodos protestantes en 1571 y en 1610, que ya entonces era “la Ginebra del Norte” y alma mater de la Reforma en Holanda, en plena Guerra de los Ochenta Años contra España. Esta guerra --mitad civil y mitad internacional como casi todas-- impulsó a Althusius a escribir una teoría política cristiana, y una justificación sistemática de la Guerra. Y era Emden el sitio ideal: sus ansias de independencia religiosa y civil hicieron popular a la obra de Althusius, y de candente actualidad.

Su traductor para la edición digital del Liberty Fund es el politólogo Fredrick S. Carney, de la Perkins School of Theology (Southern Methodist University). Althusius toma lo mejor de los mejores autores de su propia época y las anteriores:

-- Analistas y observadores políticos: Aristóteles y su enfoque empírico, para comenzar, con un análisis progresivo del proceso civilizatorio desde la familia hacia la sociedad. El calvinismo de Althusius matiza a Aristóteles en cuanto a la naturaleza humana y la corrupción por el pecado, y su efecto destructivo en las instituciones. Sigue Jean Bodin (s. XVI), y la teoría de la soberanía.
-- En la metodología Pedro Ramus, el cual también le despega un tanto de Aristóteles.
-- Los comentarios bíblicos de los calvinistas Pedro Mártir Vermigli, Francis Junios y Piscator iluminan los conceptos judeocristianos de justicia y de ley. Y Juan Calvino, Jerónimo Zanchio, Benito Aretius y Zacarías Ursino para la relación entre el Decálogo y la ley natural.
-- Tratadistas de gobierno constitucional. De los católicos, primero los españoles: Fernando Vásquez, escritor eclesiástico de la ley natural; el toledano Diego de Covarruvias y Leiva, y de Mariana. Entre los calvinistas: Hubert Languet, bajo el pseudónimo de Etienne Junius Brutus autor de la Defensa de la Libertad contra los Tiranos (1579); y el escocés George Buchanan.
-- Expositores sobre el arte de la prudencia, guía de la actividad política práctica, en su contexto ético además de científico. Principalmente el italiano Giovanni Botero; Justus Lipsius, filólogo y profesor de Historia; Inocencio Gentille, autor de una demoledora crítica a Maquiavelo.
-- Escritores clásicos como Cicerón, sobre la naturaleza de la vida social y el vocabulario de la política como ciencia y arte. Agustín y Séneca, y a veces Platón y Tomás Moro, pero para criticar el dibujo de la sociedad utópica.
-- Y los historiadores, sobre todo los Comentarios de Tácito sobre Cayo Julio Civil, el legendario héroe de los batavios (antecesores de los holandeses) en su revuelta contra Roma en 69-70 dC.

En esa misma edición, el Profesor israelí experto en el Talmud, Daniel J. Elazar (Universidades de Temple y Bar-Ilan) nos explica esto de Althusius:
-- La meta de su obra es sintetizar los principios de la Reforma Protestante, y presentarlos al mundo secular, al mismo tiempo llevando al campo reformista lo mejor del pensamiento clásico y católico sobre modelos de gobierno, traducido en orientaciones prácticas y concretas, para un país convulsionado y en guerra.
-- Subraya la distinción entre lo pública y lo privado. Rompe con las nociones clásicas de la polis global al reconocer la legitimidad de una esfera de actividad privada por derecho constitucional, muro contra el totalitarismo.
-- Su filosofía política es pactual. La sociedad no es puro fruto de un contrato; pero el Pacto es la única base legítima para la organización política. Porque de hecho las gentes se integran en tales y cuales sociedades determinadas y no en estas otras. Y espontáneamente emigran de unas a otras naciones. Desarrolla así la idea de un pacto federal, basado en la confianza mutua y el intercambio recíproco. Las instituciones privadas proceden de la libertad y del derecho natural a la asociación en pacto. La familia se basa en el matrimonio; un pacto. El collegium o asociación civil --empresas, universidades, gremios, iglesias locales-- es pacto.

La soberanía era el mayor problema jurídico en esos años, y el pacto federal es la solución. La sociedad nacional es una federación de comunidades: las provincias son pactos de ciudades y campiñas, y las Provincias Unidas forman los Países Bajos. La política como tal es federal porque es comunicacional, asociativa y “simbiótica”. La soberanía es divisible y se comparte entre el Estado federal y los Estados miembros. Althusius descubrió una solución práctica, aplicada en EEUU en 1776, explicando la soberanía expresada en el poder que da la Ley del Reino (ius regni) o ley de la tierra, el viejo “mishpat hamelujah” del Antiguo Testamento. Así las leyes constitucionales y subconstitucionales van en armonía con las leyes divina y natural.

Althusius es el puente entre los fundamentos bíblicos y teológicos de la civilización occidental, y las ideas políticas e instituciones modernas. ¿Hay en la Biblia una política útil en la sociedad moderna? ¡Claro! Althusius ve en las dos tablas de la Ley, que la primera se dirige a la piedad, y la segunda a la justicia. Y son ambas bases necesarias para la sociedad civil, que no puede existir sin un fundamento a las normas que obligan y vinculan a los ciudadanos. Althusius muestra el nexo entre el Decálogo y la legislación. Pero también trata de la prudencia y la ciencia del Gobierno, y el arte del político (decente) de todos los días, buscando asegurar nada menos que la justicia, con el barro más innoble: el poder.

El estudio del Dr. Daniel J. Elazar concluye que por más de 300 años la idea central de la época moderna fue el Estado-nación, por encima de los ciudadanos, desnudos ante la maquinaria estatal totalitaria. Y ahora, cuando de repente se quiere pasar al Estado global del Nuevo Orden Mundial, todavía más altivo, totalitario y despótico, las ideas y aportes de Althusius nos pueden servir para cerrar las brechas entre profesantes de diversos credos, y con los no creyentes, en el proyecto común de frenar el despotismo y atajar la tiranía.




V. LEYES MALAS


¿Por dónde empieza el camino de salida? Por erradicar las leyes malas. Pero antes hay que erradicar el mito de “Las leyes son buenas, lo malo es que no se cumplen”; y que nuestros problemas se deben al (supuesto y alegado) incumplimiento de las leyes, y su solución es cumplirlas. La “productividad” de un Parlamento se mide por el número de engendros legales que sanciona cada año.

Las leyes malas son más de 2.000 en Guatemala. Mucha gente cree que son las viejas y obsoletas, como aquella que alude a los caballos de transporte. No es así. No todas las leyes viejas son malas, ni todas las nuevas son buenas. Las leyes no son como las camisas o los zapatos, que deben cambiarse cada tanto porque se gastan.

¿De donde salen tantas leyes malas? De los bufetes de abogados de los intereses especiales; o vienen del Gobierno Mundial, fruto de la globalización del estatismo, no del mercado. Se inspiran en conceptos, teorías y valores contrarios al desarrollo privado, y generan las instituciones que lo impiden. Sus resultados son nocivos en los negocios y la economía, la familia, la educación y el nivel de vida de las personas. Son causa de los ingresos magros, las emigraciones y rupturas familiares.

Veamos en este capítulo las leyes malas, por categorías, y sobre todo sus pésimos efectos, considerando cómo serían las cosas si no existieran. Nada menos que 43 clases de leyes malas. Y verá Ud. mismo si se aplican o no, y cómo. Algunas deben ser corregidas, en todo o en parte; pero otras tienen que ser total o parcialmente derogadas. ¡Y de urgencia!


# Las leyes y la Biblia

¿Quién hace las leyes? El Parlamento. Y todos sabemos el tipo de gente que lo integra. Sin embargo en iglesias cristianas se enseña a obedecer ciegamente las leyes humanas como si fueran de Dios. No es lo que dice la Escritura:

-- “¡Ay de los que dictan leyes injustas y prescriben tiranía!” (Isaías 10:1)
-- “Dice el Señor: este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí […] y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres...” dice el profeta Isaías en 29:13.
-- “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, y está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. […] Enseñan como doctrinas mandamientos de hombres”, dice Nuestro Señor Jesucristo en Marcos 7.
-- “Obedecer a Dios antes que a los hombres”, dicen Pedro y los Apóstoles en Hechos 5:29.
-- Y Pablo: “que nadie os engañe con filosofías vanas y huecas sutilezas, según tradiciones de hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.” (Colosenses 2:8) No alude a todas las filosofías o ciencias humanas sino sólo a las vanas y huecas, inspiradoras de las leyes malas, que contravienen preceptos y doctrinas bíblicas fundamentales. Las leyes buenas son consistentes con los mandatos bíblicos.

Casi todas las leyes malas son especiales, para especies o categorías de personas, naturales o jurídicas, o de negocios: hacen “acepción de personas”, el trato legal desigual e injustamente discriminatorio, que la Biblia condena.
-- Job 34:19: “¿Cuánto menos a aquel que no hace acepción de personas de príncipes, ni respeta más al rico que al pobre, porque todos son obra de sus manos?”
-- Hechos 10:34-35: “Dios no hace acepción de personas”.

Casi todas dicen “ayudar al más débil”; apoyar al “débil jurídico”. ¿Pero quién es el “débil jurídico”? En todo caso será al débil económico o social, al pobre, a quien con intención de compensar le transforman en “fuerte jurídico” (o sea: fuerte político). Pero esto es injusto según Levítico 19:15: “No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre, ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo”. El cristiano promedio no advierte las contradicciones entra la Biblia y las leyes malas. No capta p. ej. que el dinero es una medida, del valor de las cosas, y la inflación transgrede el repetido mandato bíblico de justas “pesas y medidas” (la “efa” de los sólidos y el “hin” de los líquidos en la Escritura). Ni advierte que la virtud del ahorro, sabiamente elogiada como conducta prudente, se anula en la economía inflacionaria: la continua depreciación del poder de compra del dinero hace del ahorro una torpeza, una conducta imprudente.

Hay muchas clases y subclases de leyes malas. Sólo veamos las más importantes, iguales en casi todos los países. En algunas clases caben decenas, tal vez cientos de leyes. Comenzando por las de la economía, apuntemos en cada caso qué disponen y cómo funcionan, en la realidad y no en el papel; a quiénes perjudican, y quiénes benefician.


# Actividades y relaciones productivas

1) Las leyes de permisos y licencias demandan infinidad de exigencias, pagos y cauciones, y someten a un calvario de controles, trámites y papeleo, con inspecciones y fiscalizaciones, multas e inhabilitaciones. Son causa primera de la pobreza endémica, como demostró en Perú Hernando de Soto. Y de corrupción.

Estas leyes elevan artificialmente los costos de hacer negocios, en especial los nuevos. Por eso tantas empresas cierran, y otras jamás se inician, tantos empleos mueren, y otros nunca nacen; porque políticos y burócratas no confían en la competencia libre --y en su defecto los jueces-- como garantías suficientes.

2) Es resabido que los controles de precios restringen la oferta, causan escasez y carestía artificiales, y comercio clandestino (“mercados negros”), pero aún se dictan a veces. O leyes “Proconsumidor”, de similares efectos y defectos. Porque ¿quiénes deciden si son “justas” las condiciones en que se exhibe, se oferta, se vende y se compra algo en un comercio? ¿si los precios están “a la vista”, o si la atención y el servicio posventa son “apropiados” o no? Los todopoderosos inspectores, fiscales y funcionarios. ¿La competencia abierta no brinda la mejor protección al consumidor: la opción de elegir? Si no le gusta a Ud. una tienda, los artículos, o la atención, pues se va a la de enfrente. Y si la tintorería le causó a Ud. un daño o perjuicio cierto y comprobable, antes estaban los jueces y tribunales ordinarios, que aplicaban el Derecho ordinario, el de los viejos Códigos.

Estas leyes y las anteriores (1) son abortivas de inversiones y empresas, y anticonceptivas de puestos de trabajo. Como tantas, perjudican a los mismos que declaran defender, consumidores y usuarios en este caso, pues les restringen el abanico de ofertas y las oportunidades. Y al disminuir las fuentes de empleo, también dañan a los trabajadores y demás proveedores.

3) Las leyes Antimonopolio o Pro Competencia consagran nociones muy discutibles acerca de la competencia “desleal”. No van contra el verdadero monopolio, que por definición es una ventaja no de mercado para una empresa en exclusividad, y siendo las autoridades gubernativas las únicas que pueden concederla, les basta con no conferirla si desean evitarlo.
-- Arbitrariamente suponen “competencia desleal” el vender con descuentos promocionales. O sea, ¡vender más barato!
-- Y penalizan supuestos o reales acuerdos cartelísticos de fijación de precios, o restrictivos de la producción, etc. Pero de haber estos acuerdos, en mercados abiertos serían rápidamente desafiados por otros oferentes y productores más eficientes en pos de su beneficio, ¿quién dejaría pasar una oportunidad así?

En la época de las invasiones bárbaras --la“Edad Oscura” o Alta Edad Media-- se vivía bajo un sitio permanente, en pequeñas aldeas incomunicadas, y no había competencia. Las autoridades políticas, militares, gremiales o eclesiásticas promulgaban normas como p. ej. el “justo precio” forzado, o penalizaban la “usura”. Discutibles y discutidas normas ya en su época. Pero hoy son ridículas. La competencia abierta entre empresas operantes y potenciales de todo un país y del exterior, mantiene bajos los precios, alta la calidad, y elevados los salarios; sin necesidad de este tipo de leyes, que logra efectos contrarios a los declarados.

Porque las empresas más competitivas, con menores costos, son acusadas por compañías marginales (en sentido económico: con desempeños mediocres y altos costos), muchas de las cuales gozan de reales monopolios conferidos por las autoridades. Así una empresa ineficiente obligada por su incompetencia a vender a precios elevados, demanda por “competencia desleal” a otra más eficiente, que vende a precios inferiores, ¡y la saca del mercado! ¿A quiénes se perjudica? Igual que en las leyes antiempresa de las clases 1 y 2: a los consumidores, proveedores y trabajadores, que quedan con menos oportunidades.

4) Las leyes “Antidumping” aplican similar filosofía a las importaciones: vender más barato es un delito. Estas leyes son autorizadas por los Tratados de Libre Comercio; lo cual prueba que no son de libre comercio. Se basan en la absurda teoría leninista (por su expositor más famoso, V. I. Lenin) del “dump” (arrojar), que imagina a empresarios extranjeros deseosos de arrojar sus mercancías (venderlas a pérdida) para “hundir” a sus competidores nacionales y “conquistar” así unos lejanos mercados, muy pobres en poder de compra. Ridículo. Si fuese cierto que bienes importados entran al país a venderse más baratas, sería razón para comprarlas de preferencia, ¡y no para prohibir o castigar su compra!

¿A quiénes se perjudica? Como siempre, a usuarios y consumidores, privados de artículos importados. Y a las empresas que emplean insumos importados. Este “proteccionismo” anti-importaciones es peor que el arancel: los derechos antidumping son inciertos, ya que se fijan en cada caso y por la vía de denuncia, y pueden ser mucho más altos, llegando hasta los tres dígitos porcentuales; mientras que los aranceles raramente pasan de los dos.

5) Las leyes de empresas estatales favorecen con privilegios monopolistas a sus jefes y administradores, empleados y proveedores, en detrimento de la competencia, y casi siempre del contribuyente. Cada empresa estatal tiene su ley. Son empresas infecundas o poco fecundas, y por lo general subsidiadas. ¿A quiénes benefician? A su personal, a sus contratistas y subcontratistas privilegiados y a sus clientes preferenciales.

-- ¿A quiénes se perjudica? Si hay subsidios, a los contribuyentes, obligados a pagar estos premios a la incompetencia. Y a las firmas privadas que soportan su competencia desleal.
-- Si no los hay, sus altos costos se reflejan en sus altas tarifas, y también dan sombra a incompetentes firmas privadas del ramo, que se aprovechan simulando “competir” en ventaja con las estatales, como corredores mediocres que simulan “competir” con un paralítico.
-- Y los haya o no, a quienes sin otras opciones soportamos sus ineficiencias y/o pérdidas, trasladadas hacia delante: usuarios o clientes, o bien hacia atrás: proveedores de insumos, bienes intermedios, materias primas, etc. Y a veces a sus empleados y trabajadores no privilegiados, con muy bajos sueldos.
-- También se daña a las empresas potenciales impedidas de iniciarse, o pequeñas e imposibilitadas de crecer, por causa de estos entes improductivos con privilegio de no quebrar. Pero la quiebra no es un problema, es la solución al problema: la ineficiencia.

Por eso la privatización de las empresas estatales es condición ineludible de:
-- la reducción a niveles racionales del gasto llamado “público”, que en realidad es estatal, y no siempre en interés público;
-- la necesaria capitalización popular que se requiere en nuestros países;
-- la exigencia ética del deber de soportar la competencia, correlato del derecho a competir, por eso no deben hacerse monopolios privados;
-- y debe acompañarse de la liberalización de los mercados, derogando las leyes malas, para que de inmediato encuentren los despedidos otros empleos, mucho mejores: más productivos y mejor remunerados.

6) Las leyes de “promoción” de sectores agrícolas, fabriles o de servicios, conceden privilegios diversos en operaciones, insumos, contrataciones, créditos, etc.
-- ¿A quiénes benefician? A ciertas y determinadas fincas, fábricas, empresas, cooperativas o firmas de tal o cual clase. Se les exime de obligaciones reglamentarias o fiscales, o se les favorece en el acceso a ciertos suministros (por ej. capital).
-- Y a las demás se les ponen las cosas mucho más difíciles, obligadas a operar y a competir en peores condiciones. Y se perjudica al resto de la sociedad, a la cual se le recortan opciones.

Así se decretan estímulos artificiales y transferencias invisibles y forzadas de recursos a espaldas de los mercados; es decir, del público. Se privilegia a unos productores a costa de otros, provocando huida de inversiones hacia los sectores “prioritarios”. Se imponen criterios políticos y burocráticos antieconómicos para la asignación de recursos y factores. Se causan rigideces, parálisis, distorsiones y escaseces artificiales. Los costos más altos en las áreas no privilegiadas, se suman y multiplican --reduciendo así los recursos y capacidades potenciales de todos-- y se arrastran hacia abajo en la pirámide social, hasta los más débiles e incapaces de trasladarlos, que los deben absorber. Esta asignación ineficiente de recursos es causa de pobreza.

En cambio cuando se permiten precios libres en mercados sin distorsiones, estos precios expresan prioridades sociales de verdad, conforme a criterios racionales y económicos: abundancia o escasez, costos relativos, curvas o posibilidades de sustitución, y preferencias de consumidores, empresarios, y propietarios de factores: trabajadores, capitalistas, gerentes. Y la asignación de recursos se hace un proceso dinámico y flexible, donde los cambios en las utilidades esperadas reflejan con ductilidad y presteza los cambios en gustos y preferencias, suministros y tecnologías a la mano, y en ofertas y demandas al alza o a la baja, etc. Aunque hay riesgos, pero los empresarios deben afrontarlos, si quieren buenas ganancias.

Y si queremos una economía productiva y rica para todos, los Gobiernos deben ser neutrales, y los negocios regirse por meras ganancias y pérdidas que reflejen necesidades y demandas del público, no decretazos y capacidad de cabildeo. Para los productores y las empresas, la disciplina de los mercados libres es más severa, más justa y más racional que la torpe vara del Gobierno.

7) Las leyes de propiedad intelectual contra la supuesta “piratería” tienen muchos abogados: los Gobiernos de EEUU, y esos extraños defensores del capitalismo cuya causa identifican con lo que hagan los jefes de turno en la Casa Blanca y el Capitolio. Alegan que la intelectual es una clase especial de propiedad privada, sobre bienes intangibles tales como obras o invenciones, tan justificable y defendible como sobre bienes físicos o tangibles. Pero con la excepción de las marcas, eso no es así:
-- Porque es imposible el consumo de un bien físico por dos o más personas a la vez, y por eso es posible a su propietario legítimo excluir de su consumo a los ladrones, con costos relativa y razonablemente bajos.
-- Pero no es así con las óperas y canciones infantiles, recetas de cocina, novelas y filmes, inventos como el horno a gas o eléctrico, innovaciones tecnológicas o de diseño, programas de software, etc. Son bienes intangibles, que cualquiera puede usar y disfrutar, mediante sus soportes o bases tangibles, sin privar de su uso y disfrute a otros; y por eso son tan elevados y problemáticos (y dolorosos) los costos de excluir a quienes no hayan pagado un derecho.

El pago de derechos se justifica en el caso de las marcas, porque se protege la calidad bajo un nombre propio registrado; pero no se justifica en los copyrights, y menos aún en las patentes.

Sin embargo, tramposamente se pretende asimilar los tres casos bajo el discutible genérico “propiedad intelectual”. No se trata con una escasez real, como en los bienes físicos, sino que se crear artificialmente una escasez donde no la hay; y lo que hay es lo contrario: abundancia de posibilidades de uso. Por eso son leyes constitutivas de reales monopolios, con injustos y empobrecedores efectos. Perjudican muy especialmente a la economía informal, o sea, de nuevo: a los más pobres. Y a los enfermos en el caso de las medicinas y fármacos.

8) Las licencias de radio y TV amordazan a la prensa. Como muchas leyes malas, se basan en un supuesto falso: que el espectro radioeléctrico es limitado, y por eso las frecuencias deben ser del Estado, que las adjudica a los concesionarios, sobre los cuales impone así un control opresivo. Por esto es tan escaso el número de estaciones emisoras de radio y TV con señal abierta. Hay muy poca competencia, por eso su programación deja mucho que desear. Los propietarios de los medios no lo son, sino meros concesionarios; y ello les subordina y supedita al Estado, y por consiguiente a los sectores políticos. Aunque esta dependencia o sujeción la entienden como el precio que tienen que pagar por su nicho de monopolio u oligopolio, al cual buen provecho le sacan.

En un régimen liberal, las empresas difusoras de radio y TV serían titulares de la propiedad de sus frecuencias, y de los derechos de ocupante legítimo, de primer ocupante, o de actual ocupante. De darse interferencia a una señal, el caso podría ser juzgado en tribunales, como intromisión a propiedad ajena, igual que la invasión a un inmueble urbano o a un predio rural. Habría más competencia: más y mejores emisoras, mayor cobertura y variedad. Y más probabilidades de imparcialidad y hasta de objetividad en las noticias y comentarios.


# Impuestos

¿Qué diferencia hay entre una multa y un impuesto? Una multa es un impuesto a la mala conducta, p. ej. en el tráfico; y un impuesto es una multa a la buena conducta: al productor en su trabajo, al inversionista en su ganancia, al ahorro. O lisa y llanamente: al éxito.

La clase media ve en los impuestos una sola cosa mala: que “los políticos” se los roban y que “no invierten en salud y educación”. Tonterías: lo malo va por otro lado. Vea Ud.:

Los Gobiernos asumen que gastan nuestro dinero mejor que nosotros mismos, ya que conocen mejor nuestras “necesidades reales”. Pero no es así. La carga tributaria por encima del costo de un Gobierno limitado es excesiva e injusta. E implica una sustitución ineficiente: cada billete pagado al Fisco se deja de gastar en comida, ropa, calzado, vivienda, matrícula escolar, cine, transporte, medicina, etc. y etc., que en consecuencia dejamos de demandar, y que por eso dejan de producirse. Nuestros ingresos menguan, las ventas caen, la economía se contrae, el ahorro es imposible, y el empleo decrece. Es otra de las causas de la pobreza.

9) Hay tasas exageradas. Resultan productos más caros, porque a través de los corredores productivos el impuesto se traslada en los precios intermedios y finales, hacia afuera de la empresa --adelante o atrás, al cliente o al proveedor--; y en última instancia también hacia abajo en la pirámide social, hacia el pobre, que no puede seguir trasladando. Los megaimpuestos tampoco satisfacen sus ambiciosos objetivos fiscalistas porque reducen la recaudación cuando asfixian las actividades gravadas y las desaparecen, matando las “gallinas ponedoras”. Eso se llama “efecto Laffer” en honor a Arthur Laffer, el economista que lo enunció.

10) Y las hay punitivas, como el de tasa progresiva a los ingresos y ganancias, que más castiga a quien más y mejor trabaja y sirve al prójimo. Para “pechar a los ricos” impone sobretasas a quienes declaran ganancias elevadas. Algunos ricos pagan consultores para hallar formas de evasión, cuando las hay. Pero eso no es lo malo; ¡eso es lo bueno! Porque así pueden invertir ese dinero en crear o ampliar sus fincas, fábricas o comercios, brindando empleos a la clase media y a los pobres. Lo malo es cuando no hay escapatoria. Porque entonces, ¿reducen los ricos su tren de vida y consumo, o su ahorro para el futuro? No. ¿Qué sacrifican ellos? Sus inversiones. Deben esconder la riqueza o llevarla a otra parte. ¡A producir y a crear empleos en otros países! Así se nos perjudica a todos, y sobre todo a los pobres.

Más que un impuesto, la sobretasa progresiva es un disuasivo a la inversión, dictado en beneficio de las carreras políticas de los demagogos. E inspirados en el innoble sentimiento de la envidia, motor de la ideología socialista. Análogo es el impuesto a los artículos “de lujo”: el rico no deja de comprar su yate por el impuesto al lujo, simplemente reajusta el precio de aquello que vende.

Todos estos impuestos equivalen a empresas que no se inauguran, o no crecen, o reducen o cierran sus operaciones. A empleos directos que no se generan, e indirectos que tampoco ven la luz. A sueldos y salarios que no se ganan; y que por eso no adquieren rubros que tampoco se producen. Sus montos se recargan a los precios de las mercancías que se fabrican, importan o venden, con lo cual se encarecen; y si no pueden hacerlo, pues los ricos no dejan de satisfacer sus gustos caros, pero sí dejan de invertir, y por consiguiente de crear riqueza y empleos. Quien se perjudica no es el rico; es la clase media y el pobre.

11) Hay impuestos disfrazados, mal disimulados en los precios, como el IVA a las ventas o a las transacciones o como sea.

12) Hay impuestos disfrazados que además son fraudulentos: loterías estatales, que dan en premios muy ínfima parte de su recaudación; son un impuesto a la ignorancia de las leyes probabilísticas. El estatismo multiplica los lotos y quinos. Así le sacan dinero a la gente; y a cambio le dan una falsa esperanza que les ayude a sobrellevar su mal pasar, y asunto para fijar su atención y distraerla. Y le enseñan a esperar su provisión del azar o la fortuna; no del trabajo, el ahorro, y la prudencia de juicio.

Las empresas de juegos deben ser privadas -como en los países menos estatistas- y en libre competencia. Así racionalizan sus costos, aumentan la cantidad de premios entregados, e incluso pagan al Fisco sus propios y legales impuestos.

13) Vimos sobre inflación en las secciones I y II, y veremos más en la VI. Es un impuesto, oculto e invisible, a los tenedores de saldos líquidos, que beneficia al Estado, y a sus contratistas y allegados, y perjudica a los asalariados y perceptores de rentas fijas, es decir a los más pobres, obreros y trabajadores, y en especial “la viuda y el huérfano” en términos bíblicos.

Las leyes de bancos centrales son las que les permiten inflar el dinero; también es un fraude, una forma legal de falsificarlo, mucho peor que la falsificación ilegal, porque la cantidad es tal que envenena todo el curso monetario, degradando cada billete emitido el poder de compra de cada billete existente con anterioridad. Sin embargo le sirve a los estatistas para acusar a los comerciantes y empresarios “especuladores” de las alzas en los precios.

14) Hay un impuesto enorme y diferido: la deuda estatal, cuya carga se traslada para el futuro. La deuda de hoy es el impuesto de mañana, y el impuesto de hoy, la deuda de ayer.

15) Muchas multas, algunas muy exageradas y muy discutibles en su justificación, son en realidad verdaderos impuestos disfrazados.

16) Todas las leyes reglamentaristas estimulan la popular “mordida” o “coima”, un tributo impuesto, aunque ilegal, por el funcionario deshonesto, que cobra inmediata y directamente con cargo a su propio bolsillo, acallando su conciencia con el pretexto de un sueldo muy bajo. ¡Pero no se cuenta como impuesto!

17) Hay impuestos discriminatorios, que hacen “acepción de personas” (o de empresas).
-- Con excepciones y descuentos que “absuelven” a ciertas empresas o actividades decretadas como prioritarias. Así, otras actividades y sectores, aún de mayor prioridad económico-social, pero sin privilegios, son sobretributados en comparación, y de ellos desertan inversiones y recursos. Esas fugas hacia la incompetencia equivalen a reducciones en la actividad más productiva, a cesantías y desempleo. Pobreza.
-- Y sobretasas para otras políticamente “incorrectas” (tabacos, bebidas, turismo, viajes y otros “lujos”). El funcionario se arroga así un derecho de elección que es del consumidor, y tiene una preciosa fuente de extorsiones.

Conclusiones sobre tributos y justicia fiscal:
-- Los impuestos no deben ser al capital ni a las transacciones sino a los ingresos netos: salarios, utilidades, rentas o ganancias después de reinversiones.
-- Deben ser claros, planos y uniformes, e iguales para todos como las leyes, bajos en su tasa, no encubiertos, y con la sola finalidad de sostener el gasto genuinamente público: pago de sueldos y salarios --gasto “corriente”, que no es algo malo-- y a los contratistas de obras públicas.
-- Y neutros; es decir: instrumentos de financiación, no de “redistribución” u otros “fines de política económica”.
-- Principio general de la justicia contributiva: los impuestos que exceden los recursos para satisfacer los gastos propios del Estado en sus funciones propias son confiscatorios y por eso injustos, e inmorales; y por tanto no hay obligación moral de pagarlos.


# Moneda, banca y finanzas

18) Las leyes de crédito público son cada vez más favorables al endeudamiento crónico, en perjuicio del contribuyente. El crédito no debe ser un recurso corriente para gastos corrientes, sino un recurso extraordinario para casos extraordinarios. El endeudamiento estatal es mal ejemplo. Empresas, familias e individuos (y bancos) se acostumbran a vivir endeudados, llenos de compromisos irrealistas, contraídos fuera del marco de sus posibilidades. No es bueno, y ello vale también y sobre todo para los Gobiernos.

Debería volverse al uso muy limitado del crédito público, sólo para financiar una obra pública, y mediante bonos; el éxito o fracaso en su colocación o suscripción masiva operaba antes como un referendum popular para la obra en cuestión.

Ya vimos (13) que las leyes de bancos centrales consagran el sistema de dinero puramente fiduciario y sin respaldo metálico, permitiendo su expansión sin límites, causa de la inflación de precios. Los siguientes dos tipos de leyes (19 y 20) son complementarias:

19) Las leyes de curso legal nos obligan a usar el dinero emitido por los bancos centrales, aún cuando haya sido excesivamente inflado y depreciado. No podemos emplear otro.

20) Las leyes de “encaje legal” autorizan a los bancos a mantener reservas “en caja” por sólo una fracción de sus depósitos, con lo cual aumentan la inflación de medios de pago, y así benefician a los bancos, y a quienes por lo general asociados al Estado toman préstamos en condiciones de favor. Perjudican a usuarios de crédito económicamente más eficientes, aunque políticamente menos influyentes. Y distorsionan el sistema de precios, impidiendo la asignación racional de recursos escasos a fines alternativos. Otra causa de la pobreza.

21) Las leyes de bancos establecen puntillosos requisitos que benefician a los bancos existentes, con las apropiadas “conexiones” políticas, en perjuicio de los que podrían crearse. No han servido para evitar toda clase de insolvencias, falencias, fraudes y dolorosos fracasos.
-- Además, bajo estas leyes, ser un banco comercial, hipotecario, universal, regional etc. no depende de su giro y de las operaciones, sino de la voluntad del funcionario que autoriza desde su escritorio. Este “nominalismo” bancario es ocasión de las dolosas colusiones entre banqueros y políticos que hay en todos los países.
-- Se obliga a los bancos a conceder créditos para ciertos sectores a intereses preferentes, en detrimento de otros, a quienes se les aumentan los suyos, para compensar.

22) Las leyes de seguros estatales para los depósitos bancarios no siempre cumplen su cometido, y además tienen un efecto muy perverso: los bancos exitosos (casi siempre los buenos) son obligados a ingresar fuertes sumas anuales a fondos cuyos caudales sirven para subsidiar préstamos preferenciales a los bancos “en dificultades” (casi siempre los malos). Es preferible el seguro privado.


# Bolsa, seguros, cambios

23) Las leyes de mercado de capitales también benefician injustamente a las casas de bolsa existentes en perjuicio de las otras que podrían crearse pero nunca surgen (excepto si hay “conexiones”). Igual es con compañías de seguros (24) y casas de cambio (25).

26) Las leyes de controles cambiarios establecen varios tipos de cambio, otorgando precios de preferencia en las divisas a ciertos privilegiados, en perjuicio de otros que deben comprarlas a precios mucho mayores. Prácticamente obligan a su violación, ocasionando numerosas e innecesarias corrupciones y fraudes.


# Discriminaciones e injustos privilegios

27) Los aranceles “proteccionistas” son impuestos a las importaciones, que las encarecen artificialmente, y a los rubros con ellas elaborados. Otorgan al productor nacional un privilegio, que condena al consumidor a pagar un sobreprecio. Los Neo-Liberales nos dijeron que los “derechos antidumping” (4) sustituirían a los aranceles; pero se han superpuesto ambos, sobreprotegiendo a los productores locales incompetentes contra las importaciones.

28) Los subsidios, financiados con impuestos y multas, son injustificadas transferencias de rentas, desde los contribuyentes hacia los beneficiarios privilegiados: grupos de interese especiales a favor de tal o cual sector de la actividad económica. Y también grupos de intereses “no económicos” (no lucrativos, dudosamente), que alegan un supuesto compromiso con la ciencia, cultura, bellas artes, salud, deporte, etc.

Los subsidios son en parte responsables del astronómico nivel del gasto estatal, y por eso de los impuestos excesivos, de la inflación y del endeudamiento. Perjudican a los contribuyentes. Y también a quienes soportan la competencia desleal de los subsidiados; y a los consumidores de sus respectivos bienes y servicios, que deben pagar sobreprecios compensatorios. También originan agrios e interminables conflictos políticos entre sectores y gremios por el reparto de los fondos. Y al igual que los aranceles, sus efectos difusos llegan a incontables perjudicados.

Los subsidios se gastan conforme al dictado del funcionario, y no a la libre elección y satisfacción del público. De otro modo irían a parar a otro tipo de empresas o servicios, más competitivos, que así no pueden crearse o desarrollarse, ni producir más riqueza y generar más servicios y empleos. Otra causa de la pobreza.

29) Las leyes reglamentaristas de profesiones y oficios establecen privilegios en base a dudosos criterios, en detrimento de quienes carecen de influencia. Casi cada rama profesional o técnica cuenta con la suya. Protegen a los agremiados contra la libre competencia. Son verdaderos monopolios: el carnet gremial sustituye a la capacidad y habilidades de conductores, locutores, barberos, peinadoras y manicuristas, cocineros y mesoneros, periodistas, entrenadores, modelos, maestros y profesores, etc.

Estas leyes malas son similares a las leyes de permisos y licencias (1): perjudican a los usuarios, que deben soportar los pésimos desempeños de los carnetizados; a las instituciones y empresas que deben contratarles a falta de otros; y a los más competentes que no tienen las apropiadas conexiones políticas. Y son fuente de corrupción.

30) Las leyes de alquileres favorecen a ciertos inquilinos que contrataron en el pasado, y perjudican a los nuevos, pues acaban con los incentivos para dar viviendas en alquiler. Protegen a un pequeño grupo de aprovechados e intermediarios, perjudicando a los propietarios de esas viviendas alquiladas. Reducen la oferta para dar en arrendamiento; y matan a la industria de la construcción de viviendas para ofrecer. Dañan a los demandantes, por ej. matrimonios y familias jóvenes que no consiguen alquilar.

31) Muchas leyes malas crean problemas que después se pretenden “resolver” con leyes peores. Ejemplo: cuando alquilar y dar en alquiler se torna imposible, viene la fiebre de la “¡casa propia ya!” Y aparecen las leyes de crédito para la vivienda. La “solución”: rebajan o congelan los intereses de los deudores hipotecarios, y así perjudican a los otros usuarios de créditos, pues los bancos les deben cobrar tasas mayores para compensar pérdidas.

32) No es sólo economía. De modo análogo las leyes electorales y de partidos políticos benefician injustamente a los partidos existentes en perjuicio de los que podrían crearse. Y las leyes de culto (33) a las iglesias establecidas.


# Trabajo, sindicatos, inflación

34) Las leyes salariales y obreras fijan condiciones laborales que sólo pueden cumplir las empresas grandes y fuertes, y que de todos modos contratan a los obreros más calificados. Y perjudican a los desempleados, sobre todo a los más jóvenes e inexpertos que comienzan a trabajar, quienes podrían ser contratados en empresas menos rentables, con salarios menores. Y a los de mayor edad, que tampoco hallan puestos por las altas cargas del “Inseguro” Social.

35) Las leyes de contratación colectiva garantizan las mismas condiciones a todos los empleados y trabajadores por igual, con independencia de los resultados: protegen a los menos capaces y/o menos cumplidores, y desestimulan a los mejores.

36) Las leyes sindicales amparan a los obreros agremiados, y a sus jefes y caudillos, a expensas de los buenos trabajadores, que soportan la competencia desleal de los incompetentes. Y a costa de los empleadores, y de los consumidores que deben pagar precios encarecidos.

37) Las leyes “protectoras” de infantes y adolescentes penalizan el trabajo de los jóvenes en tareas sencillas: barrido y limpieza, ayudantías, mandados, etc. Les impiden así ganarse la vida dignamente, apoyar a sus familias pobres, y aprender un oficio. Les arrojan a las calles: al vicio, a la prostitución, al crimen y/o a la mendicidad.

Hablando de leyes salariales, obreras y “sociales”, ¿sabía Ud. que se “compensan” en sus efectos con las leyes inflacionarias?
-- Las primeras tienen un potente efecto antiempleo: obstaculizan el inicio de nuevos negocios y el crecimiento de las empresas, causando desempleo, especialmente entre los trabajadores menos calificados, y entre los más jóvenes y los más viejos, pues impiden la creación de empleos de baja calificación y salarios acordes a su menor preparación y/o experiencia y productividad.
-- Pero la inflación tiene un potente efecto anti-ingreso y anticonsumo, que “compensa” de modo perverso el anterior. Provocada por los Gobiernos para aumentar su parte en la riqueza, la inflación les permite a los empleadores pagar bajos salarios reales manteniendo abiertas sus empresas. Luego viene retrasado el decreto o ley de incrementos nominales en mala moneda, dictado para equilibrar a la inflación, lo cual logra sólo en una ínfima parte, y muy tarde.


# Actividades “sociales”

38-39) Las leyes de “educación” y “salud” no dan resultados, juzgadas por sus fines declarados: no logran educación ni atención médica, al menos de calidad. El misterio se aclara al entender que no son esos los reales objetivos: no se pretende tener población educada y sana, sino bien adoctrinada y controlada. No siempre lo logran, pero a largo plazo son sus fines.

El concepto de “Salud Pública” procede de una indebida y abusiva extensión del concepto de Salubridad, función legítimamente incluida entre las Obras Públicas, pero no más allá de sus fronteras: alude a focos epidémicos, y a una tarea que a nuestros “gobernantes” no les gusta cumplir: la recolección de residuos. La creen indigna de sus “elevadas misiones” (¿?) Prefieren “regir los altos destinos de la nación” (los nuestros) a recoger la basura; por eso se amontona.

40) Las leyes del seguro social establecen fondos colectivos en base al sistema del pote común: los pagos de los beneficiarios no salen de buenas inversiones privadas sino de las cotizaciones de quienes van ingresando. Los magros beneficios que pagan a los muy pocos y afortunados elegibles son costeados de modo indiscriminado por los cotizantes activos. Lo irónico es que si lo hace un particular es un delito, y se llama fraude Ponzi o “la bicicleta financiera”; pero si lo hace el Estado se llama “solidaridad social”.


# Criminalidad y justicia

41) En la justicia actual, la pena se centra en el victimario: la cárcel; y la víctima se olvida. En la noción de justicia punitiva o vengativa, la idea era castigar. En la justicia “social” es “regenerar” al delincuente, y “reinsertarlo” en la sociedad; lo que poco se logra. Pero el medio es el mismo: privación de la libertad. Y el enfoque: se centra en el delincuente.

Hay otro concepto: la justicia resarcitoria o compensatoria, centrada en la víctima. En el derecho bíblico la mayor parte de las penas son de resarcimiento/compensación. Las cárceles se mencionan en la Biblia sólo en los casos de perseguidos políticos y disidentes religiosos, objetores de conciencia como el Profeta Jeremías y el Apóstol Pablo. Y la regeneración es obra del Espíritu Santo, no del carcelero. En este concepto, si el delincuente se reforma y redime, ¡Gloria al Eterno!, pero ese no es el fin de la pena. Es restablecer a la víctima a la condición anterior al delito si es posible, o de lo contrario brindarle una compensación, pecuniaria en la mayoría de los casos. Más que encerrar al criminal, hay que ponerle a trabajar. Si hay razones para sospechar potencial peligrosidad y probable reincidencia, podría ir a la cárcel; pero no en otro caso. Así las víctimas serían atendidas, y las cárceles se desatestarían. El trabajo en la cárcel serviría para sostener en lo económico al sentenciado, en lugar de condenar a esa pena al contribuyente.

La justicia resarcitoria o compensatoria tiene otra ventaja: se presta mejor a ser aplicada por árbitros antes que jueces. La justicia arbitral se diferencia de la judicial en que no aplica el Derecho estrictamente sino la equidad. Y puede desarrollarse con mucho provecho en el ámbito civil, y no sólo penal.

42) De las Leyes antidroga ya no se sabe qué resultados se esperan: en país alguno reducen las ventas, la producción o el tráfico. Al contrario: año a año aumenta la compra, el consumo, la siembra y fabricación, y el comercio ilegal de sustancias sicotrópicas y estupefacientes. Y se incrementan exponencialmente los delitos ligados: millares de consumidores pobres se prostituyen y/o se hacen revendedores minoristas, ladrones o asesinos sólo para pagarse el vicio; impera la corrupción en todas las esferas; y las interminables guerras entre pandillas.

Y en urbes y campos reina el crimen, porque las policías, tribunales y cárceles se atestan con casos de droga; y los otros no son propiamente perseguidos y juzgados. Pero el estatismo, en vez de aplicar el mismo remedio que con la Ley Seca (derogación), aprovecha para incrementar sus inquisiciones y controles a los privados, para “investigar el origen de los fondos”!

43) Por fin, las leyes ambientalistas declaran perseguir un “desarrollo sostenible” pero el efecto es impedir el desarrollo. Manipulan con fines políticos la ciencia, la religión popular de hoy en día. Con acusaciones puramente alarmistas y sin evidencias suficientes, hipótesis exageradas y conjeturas sin fundamento, frenan el progreso de las tecnologías, las industrias, las empresas y las naciones. Agenda oculta: dar nuevos y mayores pretextos a los Gobiernos para decretar más controles, y más burocracia, y más impuestos.

Para las iglesias debería ser claro el trasfondo neopagano y anticristiano de la (no tan) nueva religión panteísta de la Diosa-Madre Naturaleza. El neo-malthusianismo nos está diciendo que Dios no sirve en su trabajo como Autor del Universo, porque los recursos naturales no alcanzan: o el Creador erró al calcularlos, o se equivocó al mandar “multiplicarse y llenar la tierra”. El cambio climático muestra que el Creador debería revisar todos sus conocimientos de ciencias; así como de Economía también, a la luz de la crisis global de los mercados, que según los estatistas deja mal parado al principio bíblico de Gobierno limitado.

Desde otro ángulo, hay que ver que las Leyes Ambientalistas recurren al fraude científico casi siempre, en orden a un fin político: prohibir o limitar el uso privado de recursos que sin mayor investigación suponen agotables o no renovables, riesgosos, no degradables, etc. No obstante, mucha literatura científica -no política- dice la verdad sobre el clima, la capa de ozono, la lluvia ácida, los transgénicos, el DDT o la degradación de los plásticos; p. ej. “Mitos y fraudes”, excelente portal Web de la Asociación Argentina de Ecología Científica.

Vea la paradoja: la publicidad capitalista invita a consumir y usar más de sus productos; los gritos de batalla de las Leyes Ambientalistas son “No use” o “Use menos”, hasta tipificar el consumo como un delito. ¿Por qué? Porque los productos, servicios y recursos económicos todavía son bienes privados, mientras que el ambiente y los recursos naturales ya son bienes comunes y estatales, o cuya comunización y estatización se pretende. Sin embargo el ambiente y los recursos más contaminados del mundo son los de países ex comunistas. Bajo un régimen capitalista, los dueños de bienes privados no permiten su contaminación; al contrario, se cuidan muy bien de desarrollarlos, y al máximo de su potencial, impidiendo o corrigiendo aquello que les hace perder valor.

Los ecologistas catalogan cada vez más “problemas y crisis ambientales”, y son problemas y crisis de dos tipos:

A. Inventados o forjados con fines propagandísticos, como pretexto para coartar los derechos individuales y ampliar los gubernamentales.
-- Son eventos catastróficos de dimensiones colosales, apocalípticas, que cada tanto son cambiados: hoy es el Calentamiento Global, pero antes era la nueva Era de Hielo.
-- Solución exigida: más estatismo, y global. Y los ecologistas tienen mucho dinero, e inundan con sus gritos y exigencias a la opinión pública, falta de tiempo y espíritu de investigación para oír “la otra campana”. Eso pasa con todas las leyes malas, y los impropios y mentirosos argumentos para justificarlas.

B. Reales. A diferencia de los inventados:
-- No son catástrofes cósmicas, sino problemas y crisis de contaminación o polución, circunscritas a áreas más o menos limitadas, pero que producen daños y perjuicios tangibles, ciertos, verificables y comprobables…
-- ... habiendo deficiencias en la especificación de los derechos de propiedad sobre los recursos naturales, o restricciones a los arreglos de mercado en base a precios, entre propietarios de recursos, que de otro modo serían posibles. Por ello tienen dos remedios prácticos: especificar mejor esos derechos de propiedad, y remover esas limitaciones a los contratos, para incentivar los intercambios. Mediante contratos, arreglos o sentencias judiciales o arbitrales, los propietarios privados de los recursos naturales --y los jueces o árbitros-- pueden dar a los problemas reales del ambiente soluciones mucho mejores que las leyes antinegocios.


# Cómo la infección se extiende

Hacer “acepción” es decretar una ley especial para una persona, empresa, gremio o categoría de personas o empresas. Sin embargo en el Congreso las hacen todos los días. Así se expanden las leyes malas como infección. ¿Cómo es eso? Vea Ud.: suponga que el Congreso dicta un impuesto a las importaciones de cuero, y una fábrica de calzados se perjudica.

1) Pero sus dueños, en lugar de procurar la remoción del impuesto para todos, buscan una excepción particular para ellos solos: una ley especial que con una excusa ecológica, “social” u otra cualquiera, les exima de pagar el impuesto;

2) y si eso no es políticamente posible, entonces procuran alguna otra ley especial que les facilite las cosas y rebaje costos por otro lado:
-- que les quiten un impuesto a los clavos, a la pega o cualquier otro insumo;
-- que la empresa petrolera estatal les regale el combustible para sus camiones o se lo venda con descuento;
-- que la ley comercial les afloje los requisitos contables;
-- que la ley laboral les relaje las condiciones laborales;
-- que la ley bancaria mande a los bancos a prestarles dinero barato;
-- que la ley de educación obligue a las escuelas a comprarles zapatos .. etc. etc.

3) Y si nada de eso es políticamente posible, procuran alguna otra ley especial que dificulte las cosas y suba costos a su competidor, ¡el importador de zapatos!

Así se llenan de alambradas legales los corredores productivos. Por empresarios estatistas con el “Me gusta el libre mercado para los negocios de los otros pero no para el mío.” Ellos son quienes mejor aprecian las ventajas del libre mercado y su capacidad de reducir costos: “que los demás compitan entre ellos y reduzcan sus costos, así yo compro barato”.


# Para entender las leyes

Tal vez Ud. se pregunta ¿Por qué solo un capítulo para al tema del título “Las leyes malas”? No sé si Ud. haya leído completo lo escrito hasta aquí; pero la comprensión de todo lo anterior es previa e imprescindible al buen entendimiento del problema de las leyes malas. Todas las páginas desde el comienzo y las que siguen, tratan sobre las leyes malas, directa o indirectamente. Para entender las leyes:
-- Hay que explicar algo de Economía general para captar sus desastrosos efectos.
-- de Historia, para conocer los hechos, las fechas, los personajes y los significados de los acontecimientos.
-- de Filosofía, para ver las causas y las razones, y que no se nos engañe con falacias. ¡De otro modo estaríamos perdidos en el desierto!
-- de Política, para ver el camino de salida. Y para ver además los caminos errados, que no conducen a la salida. A fin de no seguir por ahí, que es por lo general donde anda la inmensa mayoría.
-- de Psicología, para comprender los motivos profundos de los humanos.
-- de Arte y Cultura, Sociología y antropología, para entender los contextos, y captar ciertos detalles relevantes.
-- y sobre todo de la Biblia, para ver las conexiones entre todos los elementos anteriores, en su marco apropiado.

Saber Derecho no es saber de leyes; ese es el problema con nuestros abogados hoy en día. Hacia 1970 cambiaron en casi todas las Facultades de Derecho los planes de estudio de las carreras, y desaparecieron materias y temas de Filosofía, Historia y Sociología del Derecho. Hoy se enseña Economía del Derecho y está muy bien; pero no es suficiente. Hay que saber sobre la justicia, a la cual el Derecho ha de servir, y de las fuentes del Derecho: la ley, los contratos, la jurisprudencia y la doctrina.

¿Y sabía Ud. que un libro suele escribirse de atrás para adelante? Porque lo primero que escribe Ud. pone el mensaje X, lo que quiere transmitir. Pero esa parte va a ir de último, al final,
-- porque después tendrá que poner la información indispensable para que ese mensaje X pueda ser comprendido. Y esa parte va de penúltima.
-- Pero esa también requiere de cierta información previa para entenderse, así que deberá escribirla. Y será la antepenúltima. Por eso lo primero que escribe resulta de último..




VI. LA SALIDA


¿Se buscan curas a la pobreza y demás problemas de la gente? Decenas de miles de economistas, sociólogos y antropólogos, politólogos, estadísticos, expertos en desarrollo, profesores e investigadores en ciencias, lingüistas, educadores, juristas constitucionales y hasta filósofos y teólogos, a contrato en renombradas Universidades, Fundaciones e institutos, son para ello muy bien pagados. Pero no la buscan, porque creen tenerla.

Son costosos programas supuestamente anti pobreza y pro desarrollo, coordinados o supervisados por los Gobiernos y sus burocracias, y las ONGs, integradas todas por ex funcionarios y contratados gubernamentales. Suponen que para aplicar tan geniales propuestas los Gobiernos carecen de “capacidades” (poder), e incluyen más leyes para “mejorarlas” (más poder). Se inspiran en la “ingeniería social” positivista que ve la sociedad como una máquina, con sus maquinistas y mecánicos para dictar las órdenes, planificadas con arreglo a criterios “científicos”, y ejecutadas según requerimientos “técnicos”, mediante las leyes del positivismo jurídico: no hay más norma que la ley, ni más ley que la voluntad del Estado.

Esos programas ya se han aplicado miles de veces y han fracasado. Por eso ahora ya no buscan remedios sino pretextos, que echan a rodar. ¡Y la clase media los repite! El último es que la culpa la tenemos todos porque incumplimos las leyes: “pasamos el semáforo en rojo”.


# Amor a la verdad

La cura es rápida, pero quirúrgica: remoción de las leyes malas, para permitir que se recupere el tejido social privado --familia, escuela, empresa, iglesia-- mediante la propiedad privada y la libre competencia, y poniendo límites a los Gobiernos.

El remedio es simple y efectivo: dejar hacer (laissez faire). Esa es la verdad. “Por amor a la verdad, se aprende…” escribió Agustín de Hipona, quien buscó la verdad por todas las escuelas filosóficas, científicas y religiosas una por una, y después abrazó el cristianismo. Así concluyó su frase: “…Y por amor a los demás, se enseña”.

Pero ¿dónde enseñan hoy? En Universidades donde no hay amor a la verdad (ni respeto siquiera); por eso no aprenden sus profesores. ¿Sabe el famoso chiste del Dr. Alan Sokal, profesor de Física en la Universidad de New York? Provocó un escándalo, a propósito. Escribió un pasticho seudocientífico sin sentido, pero en jerga pomposa, enredada, posmoderna y “transgresora”, ¡y se lo publicó una revista muy prestigiosa, acreditada y arbitrada! “Social Text” (en 1996). Demostró su punto.


La Teoría de las leyes malas

1) Los profetas del Antiguo Testamento hicieron una crítica muy fuerte de las leyes contrarias a la Ley de Dios; y después en Grecia y en Roma la escuela estoica comenzó a desarrollar el concepto de Derecho natural, por oposición a las leyes sancionadas en tumultuarias Asambleas, oligárquicas juntas de gobierno, o por autócratas coronados o erigidos como dictadores, que es como terminan las tres formas puras de Gobierno.

2) En el s. XIX la crítica de las leyes fue expuesta por Frederic Bastiat, en sus magníficos ensayos, “La Ley” y el popular “Lo que se ve y lo que no se ve”. Bastiat (descalificado por Marx como economista “vulgar”) se inspiró en la labor de dos políticos ingleses: los activistas Richard Cobden y John Bright, fundadores de la Liga de Manchester contra las Leyes de Granos, que encarecían los precios de los alimentos privilegiando al agricultor con barreras arancelarias, y que fueron derogadas en 1846, no sin intensas y agitadas campañas de opinión y electorales para ganar diputados liberales, favorables a su derogación. Lecciones de Política 101 para los liberales ingenuos que esperan medidas liberales de autoridades estatistas.

3) A mediados del s. XX, el periodista Henry Hazzlitt divulgó esta doctrina en EEUU con su breve y famosa “Economía en una Lección”, pequeño gran librito que lleva el análisis crítico más allá de los aranceles, y estudia los malos resultados de las leyes de impuestos, permisos y licencias, trabajo y sindicatos, alquileres y contratos, etc.

4) Después llegaron estudios más sesudos y académicos de “Ley y Economía”, sobre los efectos económicos del Derecho: no sólo la ley, sino también la jurisprudencia de los tribunales y las ideas jurídicas.

Resumidamente la doctrina de las leyes malas dice:
-- que las leyes deben ser juzgadas no por sus fines declarados sino por sus efectos y resultados reales, no siempre visibles ni de corto plazo, pero muchas veces catastróficos;
-- porque sus beneficios no operan del modo en que supone y alega cada una en su exposición de motivos. Sus beneficiarios no siempre son los declarados, sino los intereses especiales en cuyo exclusivo provecho son negociadas y dictadas.
-- Perjudican directamente a los contribuyentes, a los consumidores, a los trabajadores, y a otras categorías; y muchas veces perjudican hasta los mismos supuestos defendidos-; e indirectamente al público en general.

Y que para acabar con ellas se requieren tres factores:
-- una fuerte corriente de opinión conciente de los daños que producen;
-- un partido político bien articulado, sólidamente implantado y mayoritario, capaz de expresar y liderar aquella corriente de opinión;
-- y un centenar de diputados elegidos con el mandato expreso para derogarlas, y así abrir paso a las reformas pendientes y a su instrumentación. Esa es La Salida.


# Los malos resultados

Se oye: “Las leyes son muy buenas, lo malo es que no se aplican”. O sea: que su cumplimiento se evade. (Y siempre el ejemplo de pasar el semáforo en rojo. Otro cliché. ¿No tienen otro ejemplo?)

¿Qué pasa en la realidad con todas estas leyes malas, una vez sancionadas y promulgadas? ¿Se cumplen o no? ¿Cuáles son sus “frutos”? Según sus consecuencias, las leyes malas tienen cinco clases de malos resultados:

1) La inmensa mayoría sí se aplica. Sí se cumplen, y a rajatabla. Sólo que su cumplimiento no se puede ver porque es meramente negativo y perverso: impiden hacer negocios o desarrollarlos. Son causa eficaz de las empresas que no se crean, o que no crecen; de los bancos, escuelas, clínicas, radios, diarios y revistas que no se fundan. También de los empleos que no se generan, o no se enriquecen con el tiempo. De los aumentos en los salarios reales que no se otorgan y de los precios que no bajan, como ocurriría con riqueza y productividad crecientes y moneda estable. De las ventas que no se concretan, de los sueldos y comisiones que no se ganan y no llegan a los hogares. “Lo que no se ve” (Bastiat). ¿Qué es la pobreza? Toda la riqueza que no se crea.

2) Gracias a Dios otras pueden evadirse, y así ocurre. Son anuladas por la costumbre contraria (en latín “desuetudo”). Así es p. ej. ocurre en el contrabando, en la economía informal, y en la “piratería” intelectual. La gente no atribuye la responsabilidad por nuestros males al estatismo que los genera, sino a que ¡no se aplica con suficiente fuerza bruta! Sin embargo es gracias a la desobediencia espontánea que los daños no se extienden y agravan; serían muchísimo mayores si tales engendros legislativos fuesen forzados a punta de pistola.

3) En muchísimos casos la inaplicación de la ley mala se vende y se compra entre los funcionarios y los interesados; lo llamamos “corrupción”. En realidad es supervivencia. ¡De otro modo sería imposible gran parte de la actividad productiva cotidiana, y de la vida social e individual! Lo malo es que así nos acostumbramos a la ilegalidad, y a ver la violación de toda ley --mala o buena-- como algo necesario y corriente.

4) En otros casos, penden amenazantes las leyes malas como espada de Damocles sobre los cuellos de supuestos o reales infractores, listas y prontas para castigar la “mala conducta” política. Así se impide a la gente financiar y sostener actividades políticas no aceptables a los estatistas. Son el arma más poderosa y eficaz contra toda disidencia, oposición o resistencia al sistema; por eso es tan difícil salir de él y cambiarlo. Los cesaristas disuaden a todo empresario o particular de apoyar algún movimiento político contrario, sea con su dinero, o con su tiempo y actividad.

5) Y para poder tener un nivel de vida relativamente digno, las leyes malas a todos nos ponen a trabajar muy extensas y agotadoras jornadas de lunes a lunes (I Samuel 8), en tiempo que podría dedicarse a la familia, a Dios, a la iglesia u otros voluntariados, a la cultura y a la capacitación, al ocio y esparcimiento. Y también ¿por qué no? a la acción política inteligente, y a investigar y evaluar doctrinas y estrategias alternativas de acción política.


# Contratos versus burocracias judiciales

Una mala consecuencia de las leyes malas es que reemplazan las normas contractuales por las de los legisladores; y también que sustituyen a los jueces ordinarios por agentes del Poder Ejecutivo con facultades judiciales.

Ahora no son los contratos voluntarios acordados entre las partes, sino los reglamentos sancionados por los legisladores, los que fijan las conductas a seguir con carácter obligante. Individuos y empresas estamos bajo leyes especiales todas “de orden público”, carácter “orgánico” (¿?) y jerarquía superior. Es la primacía del status sobre el contrato: cada persona natural o jurídica cae bajo una o más de estas leyes, según su condición definida por le ley; y una vez fijada y encasillada, su “status” es detalladamente descrito en el reglamento legal, y pormenorizadas sus obligaciones y derechos, sin que pueda siquiera chistar, ¡ni mucho menos contratar!

En caso de problemas tampoco puede recurrir a los Tribunales ordinarios, los jueces naturales, sino a las Agencias supervisoras y controladoras, las cuales ofrecen a acusados y litigantes una muy triste y patética imitación del debido proceso, sin las garantías suficientes.

Casi cada una de las leyes malas erige su Agencia especial. Es un fuero separado, parecido al “juicio de los pares” del primitivo Derecho feudal, con todos sus defectos y ninguna de sus virtudes. En violación al principio de independencia de los jueces, la Agencia es dotada de amplias facultades judiciales para interpretar a su placer los reglamentos respectivos, y para investigar, decidir, sancionar e imponer multas, cierres, inhabilitaciones y otras penas muy graves. Son las Agencias Proconsumidor y Antidumping, Procompetencia, de Bancos, Casas de Bolsa, de Seguros, Transportes, de Ambiente, de Comunicaciones, de Culto, Radio y TV, etc. conocidas en cada país por sus siglas, y que se agregan a los Ministerios de Educación, Salud, Agricultura, Trabajo & Welfare, Comercio ... y al Banco Central.

En cambio el antiguo derecho privado respetaba la voluntad de las partes, expresada en el contrato. Suponía que las informaciones y conocimientos relevantes se hallan dispersos en infinidad de actores particulares; no en manos del legislador. Por eso los viejos Códigos describían tipos y modelos de arreglos voluntarios muy generales, entre los cuales los agentes particulares podían escoger, y adaptarlos a sus propios fines específicos, mediante el contrato, fuente de Derecho de jerarquía normativa apenas inferior a las leyes de orden público --muy pocas-- y al mismo nivel del resto de las leyes, las cuales se aplicaban sólo en defecto de disposición contraria de las partes. Ellas discutían, negociaban y acordaban sus derechos y obligaciones, conforme a su propia información y conocimiento --superiores a los de los Gobiernos-- y conforme a sus particulares fines y objetivos, que mejor que nadie sabían. Y podían dirimir sus conflictos ante magistrados que reconocían el carácter mandatorio de sus contratos.

Y si Ud. era penalmente acusado, no era por violar alguno de estos miles de voluminosos reglamentos punitivos, ni bajo alguna de sus burocráticas inquisiciones, sino bajo Ley Penal general, por algún delito preestablecido, con las garantías procedimentales del caso.


# Macro y microeconomía

La primacía del status sobre el contrato en la esfera jurídica, se corresponde con la prevalencia de la macro sobre la microeconomía en la esfera económica. “Micro” significa individual, no necesariamente pequeño; y “Macro” significa colectivo, no necesariamente grande.

El enfoque “macro” es colectivista, el de los Planes de Ajuste y Estabilización Neo-liberales. Suponen que los Gobiernos tienen la información relevante y los mejores conocimientos. Y que operan sobre los “grandes agregados”: cantidades de dinero y divisas, fondos prestables y volúmenes de crédito, capitales y fuerza laboral en su conjunto, volúmenes totales de producción, comercio exterior, etc. Y sobre las variables que suponen expresan o controlan estos factores: PIB, tasa de inflación, tasa de crecimiento, tipo de cambio, fracción ahorrada del PIB, gasto estatal, intereses, niveles de salarios, impuestos y aranceles, etc. Este enfoque destaca las acciones y medidas de los planificadores y funcionarios, asumiendo que las manipulaciones oficiales “corrigen” por decreto los desequilibrios “macro” entre estas variables. Asumen que en los mercados hay “fallos”, y deficits y asimetrías de información, ¡como si los funcionarios y burócratas estatistas tuviesen sapiencia perfecta!

El enfoque micro en cambio es individualista, destaca y promueve las acciones de los sujetos y empresas como agentes primeros y principales del desarrollo. Los consumidores y usuarios, del lado de la demanda. Y del lado de la oferta (“supply-side”) los productores: ahorristas e inversionistas (capitalistas) y trabajadores, coordinados por las firmas privadas. Si las condiciones en que los actores individuales se desenvuelven son flexibles, y permiten las adaptaciones inmediatas a los cambios contextuales en los mercados de bienes finales y de factores, habrá inversiones, crecimiento y riqueza en el país. No de lo contrario.

El desarrollo de las naciones es primeramente suma y producto del desarrollo de sus individuos, familias y empresas; no a la inversa. Pasa por recuperar el derecho a contratar bajo leyes comunes para todos, y el rol de los jueces ordinarios. Los Gobiernos que no se creen intelectual y/o moralmente superiores respetan los arreglos contractuales. Sus leyes no discriminan, siendo primordialmente negativas: sólo para prohibir agresiones, robos y estafas. Y los jueces ordinarios respetan y hacen respetar tanto la Ley común como la voluntad de las partes, salvo las reglas de orden público, pocas y muy excepcionales.

# Deflación, y aprender a no temerla

La inflación es una de las peores consecuencias de las leyes malas. El economista austriano Jorg-Güido Hülsmann nos explica cómo la inflación financia a las seudo-elites a expensas de nuestro sudor: trabajo, esfuerzos e inventiva.

1) Se nos dice que la cantidad de billetes y el nivel de precios son irrelevantes, y se puede trabajar y producir con cualquier cantidad de dinero nominal, e incluso con inflación. Pero no es verdad. La crisis actual, fruto de la irracional expansión de los medios de pago, nos muestra la falsedad de esta proposición, para quien quiera verla.

2) El dinero no es neutral. Los cambios en la masa de dinero y precios producen cambios en la distribución de los recursos. Los primeros receptores y dueños de las cantidades adicionales de billetes, ligados a los Gobiernos, se benefician a costa de los demás tenedores de dinero. Son billetes de monopolio, como en el juego “Monopoly”. E igual es con los bancos y los aumentos en la oferta de créditos. Por eso aman la inflación y la defienden --asegurando que pueden “controlarla”-- y detestan la deflación.

3) Las elites y sus aliados se hacen muy ricos, más rápido y con menor costo que cualquier mortal. Por eso el Welfare State y los Gobiernos, los bancos y Wall Street han crecido más, y más rápido que los otros sectores. Estas élites son “emprelíticos” (empresarios-políticos). No son muy inteligentes o hábiles: si lo fuesen, no temerían competir. Deben su poder y altos ingresos a los privilegios legales que los protegen de la competencia --y así les enriquecen a costas de los demás-- y a la ignorancia generalizada. La inflación de dinero y crédito financia a quienes dependen de su cabildeo con los funcionarios para alcanzar y mantener posiciones, en lugar de apoyarse en la calidad de sus productos. Ellos tienen razones para temer la deflación. Pero no Ud. y yo. Si la tememos es por pura ignorancia aprendida: nos enseñan a ser ignorantes. Y si por tercos no queremos desaprender, entonces de ignorantes pasamos a estúpidos.

La deflación no es el monstruo destructivo que nos pintan los economistas convencionales del “mainstream” de la profesión, o sea del Establishment. Y su remedio es simple: se apaga la máquina de hacer moneda inflada, y se permite emplear otras monedas, y que los precios bajen.


# Deslegislación, para empezar

En Latinoamérica hay más de 100 autodenominados “think-tanks” que se declaran pro libre mercado. Pero su peso e influencia es ínfimo, pues no han podido trazar claramente y proponer la ruta de salida, debido a sus enredos conceptuales con:
-- las muchas concesiones al pensamiento dominante, inútiles y perjudiciales a su propia causa;
-- la identificación (o mal deslinde) de liberalismo clásico y Neo-liberalismo;
-- la atracción fatal del anarcocapitalismo, un extremismo radical que funciona como pobre compensación psicológica del fracaso político;
-- la convicción de que el libre mercado va con cualquier filosofía, sin advertir p. ej. que el utilitarismo conduce al socialismo;
-- la ignorancia del pecado, y el desconocimiento sobre la presencia y permanencia del mal;
-- una muy insuficiente comprensión de los nexos entre economía, clases sociales, ideología y política, y entre política doméstica e internacional;
-- la inocente y platónica creencia en una difusión social automática y el triunfo inevitable de las ideas liberales, por el solo efecto de su mejor calidad intelectual; y el consiguiente desprecio de la política y la acción política;
-- las confusiones en materia de religión y cristianismo.

El economista George Gilder pertenece a la Escuela del “supply-side” (lado de la oferta) inspirada en Jean-Baptiste Say y su discípulo Bastiat. Autor del muy leído “Riqueza y Pobreza” (1981), Gilder también es sociólogo y antropólogo, lo cual le da una amplia perspectiva. A partir de sus muy valiosas lecciones, de las de muchos otros perspicaces conferencistas y escritores, como de las permanentes enseñanzas de la Biblia, puede verse la salida:
-- los intereses especiales y sectores dominantes viven muy bien a expensas del sistema, y no van a querer cambiarlo por más que se les demuestre la verdad (que no les interesa);
-- la Academia es irrecuperable si no se muestran experiencias exitosas;
-- y la opinión pública es empiricista: sólo cree en ideas que se demuestran en la práctica.

Por consiguiente, el mensaje no es para los políticos estatistas, los empresarios mercantilistas ni los académicos, es para el grueso de la clase media, a la cual hay que explicar los rudimentos de la Economía Política, pero mostrando las conexiones con la ética y la religión, a fin de que las entiendan tanto los cristianos como los no creyentes, y puedan cooperar (“fusionismo”), pues la religión es un factor crítico.

Las reformas no pueden ser parciales ni graduales como las Neo-liberales de los ’90; deben en cambio ser completas y simultáneas, y comenzar por la deslegislación. Y en el Congreso está la llave para hacer y deshacer las leyes; por tanto hay que conquistar el Parlamento, no la Presidencia. Por eso se requiere un instrumento político, sea un partido o un conjunto de candidatos a legisladores postulados por los diferentes partidos o independientes.


La Salida = D + 5 R

A la gente corriente hay que hablarle de su seguridad, su comida, su ingreso, su nivel de vida, su familia. Y mostrarle que se relacionan con la deslegislación y con cinco reformas para prosperar, y hacer de la nuestra una nación libre, rica, educada y sana.

Para poner a nuestro país en el Primer Mundo, entrando los guatemaltecos a la economía global del siglo XXI sin traumas, y aprovechando sus ventajas y oportunidades:
-- Reforma del Estado y los Gobiernos
-- de la economía
-- de la educación
-- de la atención médica
-- de las jubilaciones y pensiones

Las dos primeras para tener seguridad y justicia, y expandir la economía, multiplicando varias veces la producción y los empleos, y nuestros ingresos reales y poder de compra. Y las tres restantes, para tener mejor educación, medicina y previsión social. A fin de que todos ganemos más y vivamos mejor.


# Las cinco reformas

1) Del Estado y los Gobiernos. Para quitar al Estado de fines, misiones y cometidos más allá de su naturaleza, reduciendo drásticamente:
-- la injustificada presencia estatal en lo que es privado por naturaleza;
-- la atribución de excesivos poderes y competencias a los Gobiernos, con las consiguientes dilaciones y el papeleo, y la inevitable corrupción;
-- el creciente volumen del gasto estatal;
-- los numerosos y elevados impuestos (injusticia contributiva);
-- la inflación del dinero y consiguiente carestía;
-- y el endeudamiento público.

Y para centrarle en:
-- Seguridad contra el robo y la violencia;
-- justicia imparcial, expedita y honesta, represiva y disuasiva para los autores de los crímenes, actuales o potenciales, pero resarcitoria/compensatoria para las víctimas;
-- obras públicas.

Con un Estado fuerte pero limitado, y descentralizado o federal, la corrupción será reducida. Esta reforma y la siguiente nos darán una economía de alto rendimiento, con empleos e ingresos sólidos. Podremos participar en las privatizaciones de empresas estatales, que no serán para crear o acrecentar monopolios privados, sino para capitalizarnos a todos con títulos-acciones. Y con un Gobierno a cargo de seguridad, justicia, infraestructura, y respetuoso de la economía, viviremos más solventes, y con menos trabajo y sacrificio, y más tiempo libre para la familia, la educación y capacitación, la salud y el esparcimiento.

Bajos impuestos, moneda sana y sin deuda pública se traducirán de inmediato en mayor poder de compra para todos, con dinero fuerte en nuestros negocios, ingresos, cuentas y ahorros. Y sin gravar nuestro futuro, ni hipotecar el de nuestros hijos. No tendremos igualdad de oportunidades, porque eso es imposible. Pero sin importar la posición de nacimiento, todos tendremos igualdad de derechos, con oportunidades mayores y mejores para todos; y eso es posible, factible y realizable.

2) La economía. Esta reforma es para facilitar nuevos negocios y más empresas, así como el crecimiento y desarrollo de las existentes a través de la expansión de sus mercados, y para crear nuevos empleos productivos y enriquecer los actuales:
-- Comenzando con el enriquecimiento de la gente mediante la reforma del Estado (1);
-- la desaparición de los injustos privilegios que impiden, obstaculizan o encarecen indebidamente el acceso a los mercados y corredores de la agricultura y el comercio, la industria, los servicios y la banca;
-- la eliminación de barreras contrarias a la movilidad de los factores productivos, que imposibilitan a capitales y gentes cambiar de empleo o ramo para ajustarse flexiblemente y sin demoras a las demandas de mercados dinámicos;
-- la desafectación (privatización) de empresas, equipos, inmuebles y otros activos económicos ahora indebidamente en manos del sector público, y licitación para su pronta y transparente transferencia a los particulares.

Con estas dos reformas tendremos empresas competitivas, abundantes bienes y servicios, variados y de buena calidad, y a precios competitivos, mediante mercados en firme y sostenida expansión. Y con creciente poder adquisitivo, todos tendremos más empleos disponibles, más productivos, y mejor pagados.

3) Educación. Para expandir la matrícula, y mejorar la calidad:
-- empoderar a los profesores y maestros mediante la dación en pago --por obligaciones pendientes-- de los centros de enseñanza hoy estatales, para administrarlos en calidad de propietarios, cobrando por sus servicios, en libre y abierta competencia con los que son hoy privados;
-- empoderar a los alumnos más pobres con cupones (“vouchers” friedmanianos) para pagar con ellos en los centros educativos de su elección, en igualdad de derechos con sus compañeros, durante la transición al capitalismo;
-- y eliminar las imposiciones estatales en los contenidos y programas educativos, así como en los métodos y estilos de enseñanza.

La calidad en la educación depende de la pluralidad y la diversidad, la competencia de ofertas variadas y la libertad de elección. En una educación de mercado todo instituto docente es autónomo y experimental:
-- unos con la educación clásica, otros con pura tecnología moderna;
-- unos con una religión, otros con otra, y el humanismo secular y evolucionista para quien lo quiera, y lo pague: nada pagado con impuestos, ni decretado de forma impuesta;
-- unos con una educación más práctica, otros más especulativa;
-- unos con ciencias, otros con artes o letras;
-- unos con fútbol, otros con básquetbol o béisbol;
-- estos con inglés o francés, aquellos con japonés o chino, hebreo, griego o latín.

Y los estudiantes pagando todos por su educación, sin mayores diferencias visibles entre ellos, salvo que unos pagan con su dinero, y otros con sus bonos, cupones o cheques educativos.

4) Atención médica. Con igual modelo, para expandir la cobertura y aumentar la calidad y excelencia del cuidado médico:
-- empoderar a los doctores, enfermeras y personal de hospitales y centros médicos hoy estatales, mediante la dación en pago de los mismos --liquidando deudas pendientes-- para que puedan gerenciarlos y administrarlos como propietarios, cobrando por sus servicios, en competencia con los centros hoy privados;
-- empoderar a los pacientes más pobres con cupones, para pagar con ellos en los centros de su elección, en igualdad de derechos con todos los demás, en la transición;
-- y eliminar las innecesarias imposiciones estatales en la prevención y el tratamiento de las enfermedades.

Así se acabarán las odiosas discriminaciones entre pobres y ricos en los servicios. Para los más pobres se acabarán los largos meses en espera de conseguir por lástima una cita o una cirugía. Para los menos pobres se acabarán los dolores de cabeza y las crisis de nervios a la hora de pagar las cuentas.

5) Jubilaciones y pensiones. Para expandir la cobertura y aumentar la cantidad y calidad de las prestaciones:
-- empoderar a los gerentes, administrativos y personal profesional del IGSS con la dación en pago (por obligaciones pendientes) de los inmuebles, equipos, activos e instalaciones, para que puedan administrarlos como propietarios, cobrando por sus servicios, y en justa competencia con el resto del sector;
-- empoderar a los asegurados más pobres con cupones para pagar las pólizas en los institutos de su elección, transitoriamente;
-- eliminar las injustificadas imposiciones estatales en las pólizas y negocios de seguros.

Así se acabarán las jubilaciones miserables, las demoras, las colas y largas esperas y dilaciones para cobrarlas. Con las tres reformas (3, 4 y 5) tendremos servicios médicos, de enseñanza y previsionales de calidad, y económicos, con profesionales responsables. Y también los más pobres: con cupones, no con promesas demagógicas.


# Fusionismo

¿Por qué en Latinoamérica predominan las izquierdas y centrismos que nos mantienen en el estatismo de siempre? Por la misma razón que hoy EEUU también tiene un Presidente socialista, como Paraguay y Haití. Vea Ud., una clasificación aproximada (no perfecta) de los sistemas de Economía Política sería así:

-- De izquierda, los socialismos. Comenzando por los dos más radicales: el socialismo nacional (Hitler y sus seguidores) que es de “extrema izquierda” a pesar de cierta retórica conservadora y de orden; y el socialismo clasista (comunismo) en todas sus variedades: Lenin, Stalin, Mao, Ceausescu, Pol Pot, Castro, Chávez, Mugabe, etc.
-- De centro, el intervencionismo distributivo (Welfare State), por la igualdad a través el voto. Es el de las “Terceras Vías”: socialismo democrático, socialismo cristiano, y populismo.
-- De derecha es sin duda el sistema de mercado; pero hay tres modelos distintos: el intervencionismo de privilegios corporativos (“crony capitalism” o mercantilismo); el capitalismo liberal, de gobierno limitado, que es de derecha porque busca la libertad dentro del orden; y el anarcocapitalismo, que resulta la verdadera “extrema” derecha.

Las personas en su mayoría prefieren las fórmulas de centro porque “todos los extremos son malos”, sin embargo, de modo no coherente, en modelos de Gobierno no se aplica el mismo criterio centrista, y se prefiere la democracia. Una clasificación aproximada de las formas de Gobierno luciría así:
-- De izquierda, la democracia pura, con universalidad del sufragio activo: voto para todo el mundo, incluso p. ej. analfabetas, o gentes sin oficio que mediante el sufragio indiscriminado puedan aspirar con éxito a vivir del esfuerzo ajeno en un Estado redistributivo.
-- De centro, la República, con Gobierno limitado, y democracia igualmente limitada, con restricciones en el voto.
-- De derecha, los autoritarismos en pro del capitalismo.

Pregunta: ¿Es posible el libre mercado con democracia? ¿O requiere siempre autoritarismo, como en los casos de los “dragones” del sudeste asiático y de Pinochet? Respuesta: sí se puede con democracia, pero en base a un Programa positivo (no bastan las críticas a los socialistas y al socialismo) sostenido por una fuerte corriente política por libre mercado.

Y eso se logra con el “fusionismo”: la fusión de dos tendencias ideológicas de derecha pero a menudo antagónicas: conservatismo político y liberalismo económico. Esa unidad en el campo de la derecha explica los resonantes éxitos de la Thatcher y Ronald Reagan en los ‘80. La derecha pierde cuando permanece escindida entre conservatismo político y liberalismo económico:
-- Buena parte de las clases medias adhieren a los valores tradicionales de orden social, familia y trabajo duro, por lo general en un contexto religioso. Pero se abrazan a la intervención del Estado, que creen esencial para la preservación de los principios que aman, y desean conservar, o restaurar. Su desconfianza del libre mercado les lleva a asociarse al mercantilismo de las oligarquías de la derecha antiliberal, o a los intervencionismos de los políticos “de centro”.
-- Libre mercado quiere una parte de las elites intelectuales y profesionales, disconforme con el orden vigente; pero frente a los principios y valores tradicionales en materia de estilos de vida y arreglos sociales, su posición es de indiferencia o de hostilidad. Y esa actitud les separa de las buenas gentes conservadoras de clase media, y les lleva a la esterilidad política.

El factor religioso es crucial: los libremercadistas son en su mayoría escépticos agnósticos, y suelen ver en todo creyente a un irracional, enemigo de la libertad y del progreso. A su vez los creyentes asumen que los libertarios, por carecer de Dios, no tienen moral ni ley.

Fusionismo es un término originado en la España de la Restauración borbónica de 1874, que designaba al Partido fundado por Práxedes Mateo Sagasta (un masón), constituido por liberales monárquicos católicos y republicanos conservadores, llamado Liberal Fusionista y después simplemente Liberal. Y es una expresión conocida en EEUU para la combinación o “fusión” de libertarios pro libre mercado y conservadores tradicionales. Sus promotores fueron William F. Buckley, fundador de National Review en 1955, el escritor Frank S. Meyer, Editor en Jefe de NR, y el Senador Barry Goldwater con su exitoso libro “La conciencia de un conservador” (vendidas 3.5 millones de copias a comienzos de los ’60). La victoria republicana del Congreso en 1994 con Newt Gingrich llevó el fusionismo a su apogeo, y después declinó con ambos Bush. Pero tras la victoria de Barack Obama, algunas instituciones como Heritage Foundation están pidiendo un nuevo fusionismo para la derecha.

Porque hasta en los países ricos, esta separación de conservatismo político y liberalismo económico lleva a las izquierdas al poder, mediante el voto masivo; y allí las mantiene. El intercambio de privilegios entre socialdemócratas y mercantilistas se basa en el voto como sufragio universal, con reconocimiento indiscriminado de ese derecho como absoluto, no importa si su titular es analfabeta, borracho, vago y mantenido o criminal. Así es como las naciones permanecen en crisis, o crónicamente estancadas.



VII. ESTRATEGIAS


Thomas Jefferson (1743-1826) abogado y finquero, fue presidente de EEUU de 1801 a 1809. También fundó la Universidad de Virginia (1819) y fue gobernador de su Estado. En junio de 1775 fue nombrado delegado para el Segundo Congreso Continental, en Filadelfia, poco después de estallar la Guerra.

Un año después, en junio de 1776, el Congreso discutió sobre una Declaración de Independencia, y a Jefferson se le encargó redactar un borrador, en un comité de cinco diputados. Aprobado el 28 de junio con modificaciones, pasó al Congreso y se debatió. Hubo cambios, eliminando lo relativo a la esclavitud, y se aprobó el 4 de julio de 1776, fecha que hasta hoy se festeja en EEUU como Día de la Independencia.

Thomas Jefferson no fue cristiano; pero leía la Biblia. Y dos de sus citas preferidas eran:
-- Isaías 30:9 donde se denuncian a los profetas falsos: “este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quieren oír la ley de Jehová; que dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, y profetizad mentiras”. Con ella respondía a quienes sólo quieren escuchar mensajes agradables, “positivos”, falsamente alentadores. Transmiten optimismo infundado, y desacreditan a quienes advierten sobre duras realidades, aunque no sean simpáticas, ni fáciles de captar.
-- II Corintios 3:17 “Donde está el Espíritu del Señor hay Libertad”. Y esta cita era seguramente para quienes adversaban su política liberal, como Hamilton.

Mi cita preferida de Jefferson es: “El precio de la libertad es la vigilancia permanente”; tal vez inspirada por ambos pasajes. En resumen: seamos optimistas porque hay salida; pero no falsamente optimistas. No es que “todo está bien, así que no digan cosas negativas”. No el optimismo panglosista. (El Dr. Pangloss es el personaje de Voltaire que caricaturiza a los seguidores de la filosofía de Leibniz: “vivimos en el mejor de los mundos”).

A partir de los años ’50, y en toda América latina, un explícito o implícito “Pacto Social” de naturaleza política presidió el establecimiento de las leyes malas:
-- De criterio paternalista, las “económicas” --referidas a los negocios y la economía-- fueron y son apoyadas y aprovechadas por mercantilistas y estatistas a la Derecha del espectro político. Consagran privilegios para empresas y sectores económicos, y son causantes de la falta de ahorro e inversiones, el desempleo y la pobreza.
-- También paternalistas, las las “sociales” --referidas a trabajo, “educación y salud gratuitas”, Inseguro Social y otras supuestas ayudas a la pobreza-- consagran injustos privilegios a favor de sindicatos, partidos y actores ideológicos de Izquierda.

La sanción de las primeras se vio erróneamente como “equilibrada” con la promulgación de las segundas, pese a que no ayudan a los pobres sino a la pobreza --a mantenerla y multiplicarla-- en tanto perpetúan sus causas. Sin embargo todavía hoy se argumenta de las unas que protegen a los empresarios pero preservan “los intereses de la nación”, y de las otras que velan por los intereses “de los trabajadores”, y en general de los pobres.

¿Cómo salir de esto? Un acuerdo entre partidos o por encima de ellos, para una “refundación del Estado”, como proponen mis amigos el Lic. Edwin Lobos y el General Benjamín Godoy Búrbano: la magnitud de la tarea exige la…


# Refundación de la República

Cabe como estrategia equilibrar la derogación de las leyes malas “económicas” con la anulación de las “sociales”. Para ese fin es imprescindible encuadrar a las capas medias, hoy presas de un fuerte prejuicio antipolítico a causa del horror que sienten por la corrupción --pero sin entender su origen-- e incapaces de activar, por muchos clichés e ideas erróneas sobre la economía, la política y la religión (y largo etcétera), pero no obstante muy extendidas y arraigadas.

Imprescindible y antes que nada: recuperar la iniciativa. Dejar ya de quejarnos de Chávez, y de Correa y de los Kirchner etc. o del socialismo. Defender el capitalismo y una Propuesta.


# La mejor defensa es la iniciativa

Con el “Socialismo del Siglo XXI” la izquierda neta se ha puesto a la ofensiva y ha tomado la delantera. Y no es por “la chequera de Chávez” ni por el fraude electoral; es por la inopia de sus adversarios.
-- En muchos países es gobierno, como en Venezuela. Y lo será por mucho tiempo, dada la inútil oposición social-mercantilista, que no responde al desafío ideológico.
-- Y en otros, como Uruguay, Perú y México, espera turno, lista para tomar el poder. De momento encabeza la oposición a los titubeantes gobiernos “centristas”, faltos de ideas, proyectos y empuje, ocupados sólo en sobrevivir y hacer negocios turbios con sus “padrinos”.

Las “reformas” de los ’90 fracasaron porque no llegaron hasta el libre mercado; en el mejor de los casos se quedaron por el camino. Pero la izquierda dice que sí, que falló el mercado. Y lo mismo dice de la crisis recesiva mundial de ahora: fracasó el capitalismo. Lo peor es que no se oye la respuesta inteligente de la derecha liberal, ausente en la gran escena político-electoral. La enorme asimetría entre capitalismo y socialismo es que el primero es constructivo y el segundo sólo destruye. No obstante:
-- El socialismo predica la “construcción” de una utópica Nueva Sociedad (y hasta de un “Hombre Nuevo”); y propone sus típicas medidas como “avances” y “progresos”. Aparece así la izquierda como “constructiva”.
-- ¿Y la derecha liberal? ¿Qué propone? Fuera de las calles y ausente del escenario político -muy presente en Internet- por lo general no propone nada sino que sólo critica, luciendo “puramente negativa”.

La Izquierda no gana porque sus Gobiernos son buenos, sino porque las Derechas no sirven. Y la política es un deporte muy peculiar, con reglas (no escritas) pero sin árbitros, en el cual las faltas no se “descuentan”: un jugador puede cometer 1001 torpezas, errores y fallos graves (o crueldades); empero no redundan en beneficio del adversario, excepto cuando éste los identifica correctamente, y los explota y capitaliza eficazmente en su provecho.

Una gran lección política de la Biblia está en los libros de Samuel, y es que todo gobierno debe ser antes oposición: para prepararse. Se desprende de la historia de David antes de ser rey, en el puesto de jefe de la oposición a Saúl, y a la cabeza de su partido --400 damnificados por el oficialismo-- durante ocho largos años entre la clandestinidad de la cueva de Adulam, y el exilio con los filisteos. ¡Pero la Derecha Liberal aún no llegó siquiera a la oposición!

No estamos obligados a repetir los errores del pasado o de otros países. Podemos hacer algo diferente: proponer las reformas. Y transmitir bien el mensaje. Pero hay que reforzar nuestras virtudes y corregir nuestros defectos.


# Virtudes y defectos

1) Los latinoamericanos tenemos cuatro enormes virtudes, que en menos de 10 años nos pondrían como “tigres”, si no fuera por cuatro enormes defectos; no en general sino en dos áreas muy especiales de la acción humana: económica, y política.
-- La primera de nuestras cualidades es que somos abiertos y generosos. No somos mezquinos. Compare Ud. con Europa: ¿quién le invita a Ud. a su casa apenas conocerle?
-- Y somos dinámicos; no nos gusta la quietud, y estamos siempre en movimiento, yendo y viniendo a reuniones, entrevistas y juntas. Tal vez esto nos pone a hablar mucho y hacer poco, y nos impide concentrarnos para leer y revisar documentos con atención; pero por de pronto digámoslo: nuestro dinamismo es un activo.
-- Excepto los académicos, los demás somos gente práctica, y tendemos a acomodar las cosas según su lado práctico, ¿y no es una virtud?
-- Y también somos extremistas: nos gusta el todo o nada. Caliente o frío. Se nos dice que este es un defecto; y lo sería si fuese una virtud el ser tibios. Pero no lo es. Así que por favor anotemos el extremismo entre nuestras mayores virtudes.

2) Y no olvidemos esas virtudes; pero ese recordatorio nos debería servir para admitir de frente y con entereza nuestros defectos. Así que los defectos ahora:
-- Somos inconstantes. Esto lo sabemos, no hay mucho que abundar: somos rápidos para el entusiasmo, y tardos para la acción y el seguimiento.

-- Confiamos en las personas pero desconfiamos de los proyectos, si lucen diferentes a los acostumbrados y convencionales. A todo lo no habitual y novedoso le buscamos “peros”. ¿Por qué? La carencia de leyes y jueces confiables nos obliga a hacer negocios y empresas sólo entre gente conocida y por consiguiente confiable; y a no aventurarnos en innovaciones. Esto restringe mucho las oportunidades de hacer actividades productivas y tejido económico, y es una de las causas del subdesarrollo.

Análogo es en la política: ignorancia generalizada y confusión en las ideas y principios, nos lleva a hacer política sólo entre familiares y amigos, y eso reduce la capacidad de hacer partidos y tejido político. Los principios no son tan importantes como el conocimiento mutuo de años, y la lealtad personal. Así en actividades y círculos políticos coparticipan gentes con principios opuestos e ideas antagónicas, lo cual genera discusiones interminables, demoras y parálisis. Y como no estamos acostumbrados a razonar y argumentar, evitamos los choques de ideas. ¡Pero no advertimos que los choques de ideas alumbran las verdades!

Por eso muchas veces terminamos empleando los nexos políticos habituales para hacer los negocios habituales. Y viceversa.

-- Somos querellosos. Tendemos a subrayar diferencias meramente personales, y a separarnos y dividirnos por ellas: personas que no tienen diferencias comerciales o políticas, y que deberían ser si no socios al menos aliados, se detestan mutuamente por nimias diferencias personales.
-- Fabricamos ídolos. Es así: nos juntamos cuatro simplones. Y elegimos alguien un poco menos simplón que nosotros, porque tiene dinero o influencia, o por haber sido realmente exitoso en algo. Lo hacemos un dios; y el simplón se lo cree. Y ya somos cinco los creyentes. Entonces cualquier simplonada que diga sobre cualquier tema ajeno a la esfera de su competencia, ya es santa palabra. ¡Y que nadie la contradiga! Este defecto es muy grave e incapacitador porque impide confrontar arraigados paradigmas. Y mitos.


# Ignorancia y estupidez

Ignorancia es la falta de conocimiento o el defecto en el conocimiento de algún asunto; por eso ignorantes somos todos -y en gran medida- respecto al inmenso universo de temas y materias, salvo las poquitas que conocemos. Pero ignorancia no es lo mismo que estupidez. Estúpido es alguien cuya irracionalidad nos perjudica a todos, incluso a él mismo. Estúpidos no somos todos; aunque todos nos comportamos a veces como tales.

Carlo M. Cipolla (1922-2000) fue un matemático ítaloestadounidense, especializado en historia de la economía, autor de una brillante Teoría de la Estupidez Humana (en su libro “Allegro ma non troppo”, de 1988). Parte de un simple hecho: los estúpidos son irracionales, y no tienen estructura, coordinación, estatutos, voceros ni manifiesto; sin embargo resultan influyentes y determinantes. ¿Cómo puede ser? ¿Sólo por numerosos? ¿O hay alguna falla en el conjunto de personas no estúpidas? Nos comportamos muchas veces como estúpidos: he ahí el problema. Vea Ud. las “cinco leyes fundamentales de la estupidez”:

1) Los no estúpidos subestimamos el número de estúpidos en circulación. Un punto importante es que el coeficiente de estúpidos (σ = sigma) es una constante. ¿Qué porcentaje? No podemos decir que 30 o 40 o XX por ciento, pues nos equivocaríamos, debido a esta primera ley.

2) La estupidez es una variable por completo independiente: no es cosa de raza, sexo, edad, nivel socioeconómico, religión, ideología o lugar de procedencia; ni siquiera de educación. Hay estúpidos de todas las etnias y colores, sexo (¿género?), edades, niveles de ingreso y clases sociales, religiones, ideologías, ciudades, regiones y países, y grados de educación. Dice el Dr. Cipolla --en lenguaje de la teoría de conjuntos-- que los ignorantes no son necesariamente estúpidos; pero muchos estúpidos son no ignorantes, y los hay hasta profesores universitarios con muchas obras publicadas, premios y reconocimientos.

3) ¿Qué es ser estúpido? Una persona es estúpida si su conducta irracional causa daño a otra u otras sin obtener ella ganancia alguna, o peor aún, provocándose daño. Hay entonces cuatro clases de gentes: los inteligentes, que se benefician a sí mismos y a los demás; los malvados, quienes se benefician ellos pero perjudican a los otros; los estúpidos (se perjudican a ellos y a los demás); y los infortunados o incautos: benefician a los otros, pero se perjudican a sí mismos.

La mayoría de los individuos no actúa consistentemente. Bajo ciertas circunstancias una persona puede actuar como inteligente y en otras como no inteligente; a excepción de la persona estúpida, por su fuerte y marcada tendencia a un comportamiento estúpido en todo lugar, tiempo y circunstancia. Además, el inteligente y el malvado conocen su respectiva condición, en cambio el estúpido no sabe que lo es; tampoco el infortunado tiene conciencia de tal. Y a diferencia de la conducta del inteligente y del malvado, la del estúpido no es previsible; de ahí su extrema peligrosidad social.

4) Asociarse con estúpidos es un error costoso. Pero la persona no estúpida también subestima siempre el potencial dañino de la gente estúpida.

5) El estúpido es el tipo más peligroso. Tras investigar muchas civilizaciones y culturas, Cipolla confirmó que el coeficiente de estúpidos (σ = sigma) es una constante histórica.

Entonces ¿por qué unas sociedades prosperan y otras fracasan? Respuesta: depende de la capacidad de las personas inteligentes para mantener a raya a los estúpidos. En las sociedades fracasadas, la “fracción sigma” (porcentaje de estúpidos) no necesariamente crece; pero en el resto de la población sí crece el número de infortunados idealistas, y asimismo el de los bandidos o malvados, sobre todo entre quienes detentan el poder. Y los inteligentes son muy pocos, e incapaces de orientar y encausar a los ingenuos, de contener a los estúpidos, y de vencer a los malvados; lo cual conduce a todos a la ruina.

Digámoslo: el socialismo avanza por una enorme hueste de estúpidos, conducidos por malvados que se apoyan en ignorantes incautos, tras los cuales se disimulan. Pero los inteligentes nos comportamos como estúpidos. Por eso la oposición es incapaz de definirse claramente por el Gobierno limitado y trazar un proyecto político en esa dirección, pasar el mensaje y organizarse con eficacia, y de ganarse la comprensión y buena voluntad de la gente. Por eso los socialistas ganan elecciones. Y una vez los socialistas en el poder, es estúpido esperar que respeten y se comporten como no socialistas.

Digámoslo: la oposición enfrenta a los socialistas sin programas y con candidatos ineptos, por eso pierde. Y después hace golpes de Estado como el 11 de abril de 2002 en Venezuela y el 28 de junio de 2009 en Honduras, diciendo que no fueron golpes de Estado y pretendiendo disfrazarlos. El uso de la fuerza es moralmente legítimo sólo bajo ciertas condiciones; y la primera es que se haya agotado la vía de la persuasión pacífica. Y quienes defendemos el Gobierno limitado no hemos siquiera intentado persuadir a la masa de opinión. Hemos sido incompetentes para delinear y proponer en términos simples una propuesta atractiva.

“No hemos sabido vender nuestro producto”, se oye decir en los círculos libertarios y liberales clásicos. ¿Y cuándo vamos a aprender?


# Academia y política

¿Cómo se imponen unas ideas políticas sobre otras? ¿De qué depende que triunfen ciertas doctrinas y se lleven a la práctica, y otras sean marginadas y derrotadas? Hay sólo tres medios para decidir cuál pensamiento político se va a adoptar y cuál a desechar: los argumentos; el proceso político; y las armas.

-- El de los argumentos es el terreno de los hechos, las hipótesis, las demostraciones y la lógica. De las premisas, conclusiones intermedias y finales, y recomendaciones de política. La pregunta es ¿quién tiene razón?
-- El proceso político ya no es tan racional. No es tan decisivo tener razón, ni cuáles son los hechos más relevantes, las teorías más sólidas, o los argumentos de más peso. En la era pre-democrática es quién gana el favor del Rey, sus Ministros y cortesanos. Los argumentos no faltan, pero los intereses cuentan, y a veces mandan. ¿Y en la democracia? Igual. O peor: el “soberano” ya no es el Rey, una persona, sino el pueblo, que son millones de adultos inmaduros. Gana su favor quien sea capaz de presentar su caso de modo más atractivo, considerando intereses, prejuicios, temores y otros sentimientos. La pregunta es ¿quién tiene más votos?
-- El de las armas es el más irracional. La política está presente, pero sólo acompañando a la pólvora y las balas. ¿Quién tiene más poder de fuego y provisiones, y mejor despliegue y estrategia?

Es un orden cronológico; y tiene su lógica. Primero hablan los argumentos; después, los votos; y por fin, los cañones. Y este orden no es arbitrario: es el orden en que sucesivamente fracasan las ideas y doctrinas políticas que se aplican. Sí; así es: a) cuando un pensamiento político fracasa en el terreno de los argumentos, recurre al proceso político. Y b) cuando pierde las votaciones, saca las municiones. Por eso casi siempre las peores recetas políticas --las más irracionales e injustas-- son las que se llevan a la práctica.

Desde su invención en el s. XIII, la vida intelectual discurrió en la Universidades. Pero hasta los años 1700 las aulas universitarias fueron relativamente autónomas. Vivían de lo que producían, y aprovechaban muy bien el equilibrio de poderes entre Papas y Emperadores, Reyes y órdenes religiosas, caballeros y gremios, señores feudales y ciudades libres. Pero desde el s. XVIII, con el despotismo y el nacionalismo, se hicieron dependientes del Estado, y cayeron bajo su control. El despotismo siempre es “ilustrado”: quiere tener razón a toda costa, sobre todo cuando no la tiene. Y el despotismo de las masas no es diferente.

Sometida al proceso político, la vida universitaria se politizó. Y se mediatizó, se burocratizó y se arruinó, lo cual fue muy lamentado por los verdaderos intelectuales y científicos, como Adam Smith y David Hume. Hubo un divorcio entre la vida intelectual y la vida académica, hasta hoy en día. En la vida intelectual, lo decisivo es conocer hechos relevantes, exponer teorías sólidas y argumentos de peso. En la vida académica --salvo excepciones-- lo decisivo es acumular diplomas y acreditaciones, no importa su mérito, y publicaciones, sin considerar su valor, y ganarse el favor de las autoridades a cualquier precio, incluso el sacrificio de la verdad. Y apoyar al Estado en todas sus pretensiones. No basta con tener razón, y son ingenuos los liberales que creen lo contrario.

Uno de los más consistentes defensores del libre mercado, Friedrich A. Hayek (1899-1992), Premio Nobel de Economía 1974 sabía por ciencia y experiencia (propia y ajena) que todos los totalitarismos del s. XX nacieron de la educación controlada por el Estado. Desde 1931 Hayek enseñó en la London School of Economics, donde con mucha penuria se opuso a las entonces dominantes tesis de Lord Keynes y su escuela. En 1950 se mudó a la Universidad de Chicago, y no recibió el reconocimiento que merecía. Por ello regresó a Europa en 1962, a la Universidad de Friburgo, en Alemania.

En 1947 Hayek y un grupo de liberales clásicos fundaron la Sociedad Mont Pelerin, sustentando unos postulados y buscando unos objetivos claramente políticos, no científicos ni académicos. En la Declaración de Principios expresaban su preocupación por los amenazados valores de la civilización. Las libertades de pensamiento y de expresión corrían peligro por los credos que exigían tolerancia siendo minoritarios, pero desde el poder suprimían los demás puntos de vista. Y denunciaban el relativismo, una visión de la sociedad y de la historia que niega todo patrón de moral absoluta, y que mucho contribuyó a la falta de confianza en la propiedad privada y en el libre mercado, sin los cuales es difícil concebir una sociedad en la cual la libertad pueda ser efectivamente preservada.

¿Figuraba entre sus objetivos recuperar las cátedras y posiciones universitarias perdidas por los adeptos al liberalismo clásico? No. Y no podemos nosotros ser injustos, y reclamarles que no lo lograron. Lo que sí podemos reclamarles es el fracaso en sus objetivos políticos, debido a que muchos creyeron que para lograrlos, era suficiente con tener razón.


# Religión y asuntos públicos

¿De quiénes esperamos una rehabilitación y defensa efectiva del Gobierno limitado? Hay excepciones en todas las categorías, pero el panorama general es este:
-- Los políticos son los ejecutores principales del estatismo, desde hace unos 400 años, por no ir más atrás. Lo imponen, lo dirigen, lo gerencian y administran, y amorosamente lo cuidan cada vez que enferma, hasta que sana. Y por supuesto, mucho lo aprovechan.
-- Los empresarios grandes y medianos son los beneficiarios del mercantilismo. Como Adam Smith sabiamente advirtió, son los últimos que quieren libre competencia. Rápido aprenden a limar sus diferencias de intereses, y a convivir con los políticos socialistas, democráticos o no.
-- ¿Los académicos? ¡Son los inventores del estatismo! Y lo legitiman “científicamente” a diario, para los adeptos a la religión científica. Porque con la Modernidad, y más aún con el Iluminismo, la Ciencia no reemplazó a la religión como erróneamente se cree, sino que se hizo una religión, otra más, para las masas, sobre todo las de clase media, que se tragan sin crítica todo lo que digan los universitarios, sacerdotes de la nueva religión; que como toda religión falsa es politeísta, y sus dioses coexisten, la Ciencia y el Estado.

En cada departamento universitario para el estudio de la sociedad, predomina una corriente justificadora del Gobierno ilimitado, o varias: relativismo, empiricismo o racionalismo, utilitarismo, cientismo e ingeniería social, positivismos de todo pelaje, y ahora Posmodernismo.

Y los líderes religiosos legitiman al estatismo para los adeptos de sus respectivas iglesias. Tienen estatismos para todos: mercantilismo para conservadores y neoconservadores, y socialismo democrático y socialismo revolucionario para cristianos de izquierda. La visión de los asuntos públicos depende críticamente de la religión, aunque hoy esta opinión es rechazada. Pero de su rescate mucho depende la recuperación de la libertad.

La religión judeocristiana fue erradicada de los asuntos públicos hace unos 150 años. Por eso en la discusión pública falta el concepto específicamente cristiano de la política; y en las iglesias también, pues las ideas políticas adoptadas y manejadas son las mundanas, o humanistas seculares. Hasta 1850 más o menos, el Cristianismo (en Occidente al menos) fue el más firme y eficaz baluarte contra el poder estatal usurpador y abusivo. La Declaración de Independencia de EEUU (1776) dice: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables …” significa que no pueden “alienarse”: enajenarse, cederse o abandonarse al Gobierno. ¿Por qué? Porque son dones de Dios; y como individuos creados, ante Dios somos por ellos responsables.

¿Qué mejor y más eficaz línea de defensa hay contra el estatismo? ¿Acaso el relativismo, el empiricismo o el racionalismo, el utilitarismo, o cualquier otro ismo devenido del Humanismo Secular (incluso el iusnaturalismo, el más respetable) son baluartes más firmes? Para nada; y el Profesor Hayek --muy bueno en Historia-- sabía que la tradición judeocristiana es la base y fundamento más duro para todas las libertades, económicas y no económicas. Por eso en 1947 propuso llamar “Acton-Tocqueville” a la que después no aceptaron designar con los nombres de los dos pensadores cristianos, y por eso se llamó Sociedad Mont Pelerin.

Pero se prohibe hablar de religión en los círculos políticos; y eso incluye a los grupos liberales y libertarios. Muchos de sus miembros y participantes creen a pie juntillas que la religión ha sido un obstáculo al progreso; pero sin embargo la historia de Occidente muestra que la libertad ha progresado al paso que el cristianismo ponía freno a los despotismos, y que el estatismo ha avanzado al paso que la religión ha decaído o se ha pervertido. Afirman ellos que aceptar a Dios no es compatible con la razón, sin ver que la creencia en un Universo que se dio existencia a sí mismo es racionalmente objetable, y requiere una enorme dosis de fe.

La defensa del credo liberal es imposible sin aludir a una base moral y ética. Y hablar de moral y ética es imposible sin referencia a la religión. La separación del Estado de las iglesias es muy saludable para ambas instituciones; pero no significa quitar la religión de los asuntos públicos, y relegarla a un asunto “meramente privado”, del que no cabe hablar en el Congreso ni en los partidos, sus reuniones y documentos.

La Primera Enmienda de EEUU dice: “el Congreso no aprobará ninguna ley que promueva el establecimiento de religión alguna, o que prohíba el libre ejercicio de la misma”. Esta norma garantiza la libertad de cultos. Y lo que prohibe es una iglesia oficial, sostenida por el Gobierno, con los impuestos de todos los contribuyentes. Dice que el Estado no debe ser religioso; lo que no implica que debe ser ateo, o que puede controlar las expresiones religiosas, privadas o públicas, de la gente. No manda una educación bajo control del Estado y adscrita a la religión evolucionista. Tampoco prohíbe invocar a Dios, o mencionarlo, o citar la Biblia en la plaza pública. Ni veda a los cristianos proponer el modelo bíblico de Gobierno: Limitado.

Expulsar la religión de la mesa de discusión de asuntos públicos fue un éxito para los enemigos de la libertad. Para sus amigos, es de lamentar. Y para los creyentes, es vergonzoso que haya sido con el acuerdo de muchos dirigentes eclesiásticos: a cambio de algunas prebendas y/o una frágil garantía para el culto privado, dieron su silencio, su conformidad o su complicidad a la estatolatría, adoración al ídolo pagano más viejo de la humanidad, y exigente cobrador de los sacrificios humanos más crueles: el Estado.


# A salir de los ghettos

El camino de salida pasa por mercadear eficazmente las reformas y comunicar bien el mensaje al grueso de la opinión pública, para lo cual antes hay que entenderlo y asimilarlo hasta familiarizarse. Y transmitirlo no es fácil porque el público está muy confundido por la propaganda de izquierdas, e impotentizado por las creencias de la Nueva Era y la “Fe”.

Hay que des-cubrir los hechos, explicando las relaciones que llevan de las causas a los efectos, y de los medios a fines. Hay que desentrañar las verdades históricas. Hacer comparaciones y contrastaciones. Mostrar anticipadamente las consecuencias previsibles de las políticas y cursos de acción alternativos. Y no basta tener la verdad; hay que tener también argumentos irrebatibles y respuesta de impacto, y comunicarlos con eficacia. No es fácil. Pero hay que hacer el esfuerzo, pues de otro modo no hay salida. Y es una actividad política.

Para semejante tarea hay tres grupos o categorías específicas de gente que deberá salir, al menos parte de su tiempo, de ciertos refugios confortables que les funcionan como ghettos:
-- Los cristianos con llamados a la política, de sus Iglesias;
-- los libertarios y liberales clásicos, de sus ghettos académicos;
-- y en general los profesionales, técnicos y empresarios de clase media, de sus consultorios, negocios y empresas.

Y es imprescindible y urgente que todos cuestionemos los clichés anti-mercado, considerando las respuestas justas, y/o reconsiderando sus presupuestos:
1) “¡Eso es capitalismo!” ¿Y de qué otra forma se produce la riqueza?
2) “¡Es de derecha!” Sí, pero con la izquierda ya probamos, y no funciona.
3) “¡Es extremo!” Con el centro también probamos; y tampoco funciona.
4) “¡Es muy radical!” El problema es de fondo, de raíces (muy profundas).
5) “¿Y las políticas sociales?” Crear riqueza es la más social de las políticas; y la transición puede ser con vouchers estatales para educación, atención médica y jubilaciones.

6) “La Política es sucia”, dice la clase media. Los demagogos más ignorantes, atrasados, brutales y estúpidos, tienen el poder o se aprestan a tomarlo, cabalgando sobre las carencias, los sueños e ilusiones de millones de pobres e ineducados campesinos y marginales urbanos que les dan sus votos. Por supuesto: si los “limpios y puros” no se involucran, el poder irá a manos de los sucios, tramposos, viles y corruptos.

7) “Para ganar votos hay que hacer concesiones”, dicen los políticos electoreros. Pero la izquierda es demandante: si haces una concesión te va a exigir otra, y luego otra más; y de concesión en concesión, terminarás igual al resto, sin una oferta nueva y fresca que te haga distinto, y perderás. David venció a Goliat con armas de otro tipo.

8) “¿Y la Reponsabilidad Social Empresarial?”, dice el estúpido discurso del empresariado masoquista “apaciguador”. El papel del empresario en la sociedad es ganar dinero produciendo bienes y servicios a precios económicos, creando empleo para los trabajadores, y oportunidades de inversión para los ahorristas. Para lo cual ha de racionalizar costos, a lo cual la competencia le obliga. ¿Y qué más que eso? Ya dijimos cómo es la izquierda: si regalas almuerzos para 200 niños de la calle te exigirán para 400; y si regalas 400 te exigirán 4 mil.

9) “La lucha por la libertad es primero en el campo de las ideas” dicen los campeones del free market. Vamos despacio en este punto: cuando Friedrich Hayek y sus amigos fundaron la Sociedad Mont Pelerin en 1947, los estatistas dominaban las cátedras universitarias, y la política. Ante la crónica escasez de recursos, les pareció que enfrentaban un dilema: ¿cuáles posiciones recuperar primero, académicas o políticas? La pregunta era como la de Lenin y los bolcheviques en 1902: “¿Qué hacer?” Y Hayek erró la respuesta.

Hayek fue un genio, sin duda. Descubrió y denunció en cuatro libros, cuatro de las grandes falsificaciones del s. XX, que son cuatro pilares del estatismo:
-- La falsificación estatal del dinero en 1929, el mismo año del crack bursátil, en “Teoría monetaria y ciclo económico”;
-- La de los conocimientos científico-sociales en 1952: “Contrarrevolución en ciencia. Estudios sobre el abuso de la razón”;
-- La falsificación de las leyes en 1960: “Los fundamentos de la libertad”;
-- La del lenguaje en los ’70, en los tres tomos de su magistral “Derecho, legislación y libertad”.
(Qué pena que no se interesó por estudiar la Biblia, ¡tal vez hubiera descubierto la falsificación del cristianismo!)

Como científico de la política Hayek se había hecho públicamente famoso en 1944 con “Camino de servidumbre”. Pero cuando en 1947 recomendó a sus seguidores abandonar la política y concentrarse en la academia, alguien le dijo “Estás equivocado”. Fue el filósofo anglo-español Jorge Santayana; ¡y tuvo razón!

10) ¿Y el dinero para la propaganda? Pues a recogerlo los cristianos con llamado a la política; y los libertarios y liberales clásicos con la misma vocación; y los profesionales, técnicos y empresarios de clase media. Se llama “fund-raising”, y se basa en la división del trabajo: que nadie piense “yo voy a ser empresario durante unos años y después político, cuando tenga la plata”. No es así. Cada deporte exige condiciones especiales.

11) “Política y religión no se mezclan”. Siempre se mezclan, para bien o para mal; lo que debe separarse es al Estado de las Iglesias.

La salida depende del éxito o el fracaso en tender puentes entre liberales clásicos y cristianos, en el seno de la clase media. Y para esos puentes hay que clarificar los puntos de desencuentro, y encontrar los de coincidencia. Y esto es discutiendo, explicando y comparando las doctrinas de unos y otros. Único modo.


# El drama de los migrantes

¿Qué candidatos ganan las elecciones? Los que mejor conectan con el problema más sentido por la gente, lo colocan al tope de la agenda, y logran persuadir al público de tener la mejor solución. Aquí en Guatemala es la emigración, el tema “conector”: muy ligado a inseguridad personal, depresión de la economía, y falta de perspectivas a futuro, los tres factores que impulsan a emigrar. Y transversal: los guatemaltecos todos, de todas las capas sociales, y de todas las inclinaciones políticas y todas las creencias religiosas o irreligiosas, lo piensan o alguna vez lo han pensado. Muchos no dan el paso; otros se van: algunos se quedan y otros regresan. Siempre es un doloroso trauma para muchos, y para sus seres queridos.

No demasiados son los emigrantes que tienen éxito; la mayoría a duras penas sobrevive con lo mínimo para mantenerse y enviar algo a su familia. Y si retorna, llega con cierta carga de frustración y resentimiento, y desgarradoras historias de separaciones, fracaso, y sufrimiento. No hay familia que no sea tocada por el tema de la emigración.


# El Congreso tiene más poder que el Presidente

No lo tiene si hablamos de poder para designar funcionarios y resolver así los problemas económicos de los designados y sus familias. O para otorgar contratos y resolver del mismo modo los problemas de los contratados, los suyos y sus amigos. Para estos fines tiene más poder el Presidente. O cualquier Ministro. Pero si hablamos del poder para cambiar el país para bien, entonces sin duda tiene más poder el Parlamento, que tiene la facultad para hacer las leyes, y para derogarlas, rehacerlas o cambiarlas. Y abrir así camino a las reformas.

Salvo excepciones parece que sólo llegan al Congreso ladrones y/o ignorantes. Los primeros son malos porque llegan a robar. Se llenan los bolsillos. Pero los puros ignorantes son todavía peores, porque nos llenan de leyes malas. O las reemplazan por leyes peores, más dañosas.

Imagine Ud. campañas electorales ya no para Presidente de la República sino para diputados al Parlamento, que destaquen y enfaticen “¡Seguridad Primero!” la oferta básica, contra el crimen, condición necesaria pero no suficiente; y las 5 reformas, incluyendo desprohibición de las drogas, para acabar de inmediato con el sicariato y el crimen organizado.

Y además temas nuevos, propuestas frescas:
-- justicia contributiva e incremento del tiempo libre; atención a las víctimas de los delitos y justicia arbitral;
-- “shock de oferta” productiva y distributiva (economía “supply-side”): el libre mercado es bueno no sólo para crear riqueza sino también para distribuirla, a todos, y de abajo hacia arriba, por las vías de crecientes ingresos factoriales: sueldos y salarios, intereses, utilidades.
-- Regeneración del tejido económico a muy corto plazo, con nuevos empleos privados y enriquecidos los existentes, con inversiones extranjeras y repatriadas.
-- Un tema “tabú” para los economistas: la deflación. Aunque suene increíble: los ingresos y los salarios aumentando, ¡y los precios bajando!
-- Y la ayuda social con los tres cupones (“vouchers”) para los más pobres, hasta que dejen de ser pobres.


# Dos escenarios y muchos aliados

Supongamos dos escenarios para el futuro próximo: uno bueno y otro malo:
-- En el escenario bueno, el mejor de todos, se aprueba una prudente y sabia reforma constitucional, como la de ProReforma; y el mejor candidato a Presidente gana las elecciones.
-- En el malo, el peor de todos, no hay reforma constitucional --o no es prudente ni sabia--; ni gana el mejor candidato a Presidente. En este escenario necesitaremos un Congreso con al menos algunos (pocos o muchos) diputados no solamente probos sino bien informados, capaces, y decididos; que conozcan la verdad, sepan lo que hay que hacer, y estén dispuestos a hacerlo.

¿Y en el escenario bueno? También. Piénselo. ¿Y en alguno de los escenarios intermedios? Con más razón. De todos modos, aún con una mejor Constitución, necesitamos las reformas legales (subconstitucionales). Y para eso se requiere derogar las leyes malas. En cualquiera escenario se requiere un Congreso con algunos (pocos o muchos) diputados buenos.

¿Quiénes son nuestros potenciales aliados y votantes? Aparte los migrantes, las cinco reformas son ofertas particularmente atractivas para ciertos sectores claves, con los cuales las alianzas serían decisivas. Veamos en cada una de las cinco reformas:

1) La Reforma del Estado y los Gobiernos es muy atractiva para los funcionarios y efectivos involucrados en los servicios estatales genuinamente públicos: militares y policías, jueces, fiscales, empleados judiciales y agentes del ministerio público, contratistas y subcontratistas de obras, etc. Sus funciones serían jerarquizadas, y mejorarían su posición social e ingresos.

2) La Reforma de la economía y los negocios:
-- es atractiva para empresarios informales, empresarios potenciales, y para todos quienes serían sus ejecutivos, gerentes y técnicos, empleados y obreros.
-- y para todos los empleados estatales involucrados en servicios no genuinamente públicos, que hallarían empleos mucho mejor pagados en los sectores privados de los mercados en pleno auge y crecimiento.

3) La de la educación: para padres y educadores, y para quien hoy en día no puede tener una capacitación esmerada. Los maestros y profesores empoderados serían dueños de los institutos donde hoy son empleados mal pagados y peor tratados; y a los educandos pobres, sus bonos les permitirían una educación de calidad.

4) La de atención médica: para los profesionales de la salud, y para quien hoy no puede acceder a un cuidado médico adecuado. Los médicos y el personal serían los dueños de los hospitales donde hoy laboran por un sueldo muy bajo; y los enfermos, discapacitados y accidentados pobres podrían tener sus bonos para una medicina de calidad.

5) Y la Reforma de las jubilaciones y pensiones: para todos los trabajadores, activos y pasivos, que disfrutarían de mejores y más elevadas prestaciones; y para todos los profesionales que hoy laboran mal pagados en el IGSS.

Más que una campaña electoral, sería una campaña por las reformas. Comenzando por las iglesias evangélicas --con la Biblia en la mano-- donde se halla el “voto natural” de candidatos y partidos inspirados en principios cristianos. De cara a los medios, poniendo la agenda; y de cara al público, formando opinión, y en la calle, no sólo movilizando sino encuadrando a la clase media, en grupos y organizaciones. En su caso polarizando –siempre la mejor estrategia para el más débil-- pero con el tema de las cinco reformas, no con los del aborto, la eutanasia y los homosexuales. Estos tres son los tópicos explosivos con los cuales siempre nos “queman” a los políticos cristianos, objetivo que logran en tanto permitimos que la agenda cristiana se reduzca a esos solos puntos.

No propongo ocultar la posición cristiana en esos tres temas polémicos, que siempre salen sobre todo en la clase media, y que es:
-- Firme y decididamente a favor de la vida. Y contra el asesinato: aborto y eutanasia; porque se opone a la violencia, excepto justa defensa, propia y de otros. Y en estos dos casos bajo examen y en discusión, la violencia es contra personas que no han cometido delitos, no pueden defenderse, y no tienen o tienen disminuida su capacidad para expresar su voluntad.
-- De resto –sexualidad-- reconoce al César su función represiva de la violencia y el fraude, pero sin entrometerse donde no haya una ni otro, porque el derecho a establecer la diferencia entre el bien y el mal es de Dios, y no del Emperador. Lo cual nos lleva al…


# Asunto de ética

Lo que propongo es evitar que esos tres temas polémicos y divisivos sean los únicos en el discurso de los candidatos cristianos, porque entonces serán políticamente crucificados (y entre varios ladrones). En estos tres temas hay un tópico de fondo, una cuestión ética, y lejos de evadirla, somos nosotros quienes debemos plantearla: la pregunta, ¿quién tiene derecho a establecer la diferencia entre el bien y el mal?

1) Para los estatistas, decide el Estado. Para ellos el Estado es dios. En los ss. I y II, los paganos estatistas --todos-- orgullosamente afirmaban “César es el Señor”, y exigían a los cristianos corear la consigna. Porque César declaraba la diferencia entre el bien y el mal, como Supremo Emperador. Y la respuesta cristiana ante esa demanda sobre quién establece la diferencia entre el bien y el mal fue “Cristo es el Señor”. Fueron condenados y ejecutados.

A eso mismo se nos lleva ahora: a sustituir a los 10 mandamientos éticos de la Biblia por otros muy diferentes. La de ahora es una lista distinta, donde no aparecen “Amar a Dios sobre todas las cosas, y otros como “no fornicar”. En cambio figuran muy en alta prioridad unos mandatos nuevos como “ayudar a los pobres” directamente y a la vez mediante impuestos, y “amar al planeta” y por supuesto “cuidar el ambiente”, clasificar los residuos, etc.; y “no discriminar” (aunque este mandato es sólo para los privados y no para el Estado). Y desde luego el infaltable “no fumar”. Lo curioso es que son preceptos éticos en su naturaleza, pero se da al Estado el poder de hacerlos cumplir, obviamente por la fuerza, su instrumento propio.

Fíjese bien por favor: cuestión aparte cuáles sean los mandamientos --si estos de ahora, los antiguos de Moisés, u otros diferentes a ambos-- o si Ud. está o no de acuerdo con esta lista o la otra, el asunto es: ¿quién los promulga? ¿quién los dicta? ¡Pues el Estado! ¿Se fijó? Es la total y completa identificación entre las normas morales y las normas jurídicas. ¡Los pecados son delitos y viceversa, son lo mismo! Eso se llama totalitarismo. Los nuevos mandamientos son tratados como crímenes muy graves y por tanto tipificados penalmente, y perseguidos por el Estado. ¡Y nadie le pregunta a Ud. si está o no de acuerdo! Se da al César el poder de decidir entre el bien y el mal. ¿Y la respuesta de los cristianos ahora? “Romanos 13”.

2) Para los cristianos, Dios es quien legítimamente establece la diferencia entre el bien y el mal, en Su Palabra; no el César. “Cristo es el Señor” fue la digna respuesta cristiana a la altiva exigencia cesarista. Y tampoco hay término medio.

No se puede ser cesarista y cristiano; cesaristas fueron los diputados del Sanedrín cuando demandaron a Poncio Pilato la crucifixión de Jesús: “No tenemos más Rey que César” (Juan 19:15). Un cristiano tiene que decidir: Cristo o César. Libertad o sumisión. El suizo Raymond Bruckberger, monje dominico, que fue capellán de los maquis (resistencia francesa antinazi) y cineasta, en su precioso libro “El capitalismo es la vida” escribió: “el cristianismo es la religión de la libertad”.

Sin embargo la enseñanza política en las iglesias de hoy es cesarista:
-- Al católico se le expone una doctrina social no de la Biblia sino la de su Iglesia, que por influencia del jesuita alemán Heinrich Pesch (s. XIX) es básicamente socialdemócrata; o bien la Teología de la Liberación, su versión radical.
-- Y al evangélico se le enseña a ser un “ciudadano modelo”: un sumiso y servil cesarista, buen cumplidor de leyes injustas y fiel pagador de megaimpuestos. Es por ello que muchos Gobiernos estatistas apoyan, con dinero y con influencia, a muchos pastores que predican el mensaje de conformismo y docilidad política en el púlpito, y sobre todo en la radio y la TV.

3) Pero ¿hay por fin un punto de encuentro con los no cristianos en esta cuestión ética? Claro que sí; y por eso traje este tópico a la sección “Estrategias” pese a ser ético y de principios. El punto es: César reprime la violencia y el fraude. Pero no mediando una u otro, no es César sino el individuo en su conciencia moral quien decide entre aceptar a Dios y a su Revelación como fuente de sus deberes éticos; o ponerse él a sí mismo como su propio dios y darse su propia ley moral. Es su elección. Tiene derecho. Para la ética cristiana, la homosexualidad es pecado, y el sexo con animales; pero no deberían ser delitos. No es decisión del César.

En eso podemos andar de acuerdo cristianos y no cristianos. La civilización occidental fue producto de este acuerdo, y las libertades a ella asociadas, comenzando por la de conciencia. Y es vital si vamos a preservar esa civilización y esas libertades.


# Plataforma, no partido

Los partidos no son malos, al contrario. Son vehículos de expresión ideológica, de articulación de opiniones, de formulación y formación de políticas, etc. Son parte imprescindibles en una democracia. Pero hoy están muy faltos de credibilidad, así como la política misma. Y los políticos, a quienes se les exige más que nunca predicar con el ejemplo.

1) La mejor estrategia tal vez no es un partido sino algo mejor: una Plataforma o programa de reformas legislativas para el Congreso. Suscrito por los candidatos al Parlamento de diferentes partidos y agrupaciones, que con su firma y de modo solemne, se comprometan a impulsar tales reformas, votarlas y defenderlas una vez electos diputados, no importa quien sea Presidente. Un Acuerdo por las Reformas legislativas, con sólo dos puntos:
-- Derogación de las leyes contrarias al ahorro, a la inversión y a la sana economía, a la justicia y a la moral, y a la razón y buen sentido;
-- para abrir paso a las cinco reformas de los Gobiernos y la política, la economía, la educación, la atención médica, y los fondos de jubilaciones y pensiones.

Y abierto también ese Acuerdo a la firma de candidatos a Alcaldes que se comprometan a apoyar, promover y defender las reformas en sus municipios. Y a los candidatos a Presidente y Vice que se identifiquen con la Plataforma, que sería como una franquicia política. Como estrategia contaría con muchas ventajas, entre ellas la frescura y novedad del planteamiento. Una vez ya posicionado el Acuerdo, muchos serán los aspirantes a candidatos por la Plataforma; tantos que deberían pasar por ciertos filtros.

2) Los que ponen la agenda ganan. Si se puede centrar la agenda en las cinco reformas, podrían saltarse los adjetivos y etiquetas. No digo que sea fácil, pero con las reformas en el centro de la discusión, los epítetos infamantes como “neoliberales”, “derechistas”, “militaristas” y “fanáticos religiosos” deberían ceder paso a los argumentos sólidos en contra de las reformas. Los cuales no serán fáciles de hallar ni de exponer y defender, y menos encontrar alternativas viables y creíbles para oponer.

3) Mucho ayudarían posiciones radicales que marquen gran distancia con el “sistema” estatista vigente, ya muy desacreditado. P. ej. el rechazo a los subsidios estatales para los partidos y sus campañas, y la negativa a aceptarlos marcó una diferencia en los inicios del Movimiento Libertario de Costa Rica que lo hizo altamente visible y atractivo a la opinión. Impactaría más que nada el argumento ético: si es inmoral sostener a los partidos comunistas y socialistas con impuestos de quienes no lo somos, es igualmente inmoral sostener una política cristiana de ideas clásico-liberales con impuestos de socialistas y comunistas. La campaña se pagaría con un universo de pequeños y medianos aportes voluntarios al estilo de los diezmos y ofrendas en las iglesias; y haría públicas sus cuentas. Sin aportes del Estado, ni grandes donaciones privadas a cambio de concesiones, favores y privilegios especiales.

4) Difusión, capacitación, formación. Actividades que deben ser como partes de un mismo proceso. Por las características de las reformas, la difusión del material informativo y de divulgación proselitista debería ser seguida de la inmediata capacitación en talleres, charlas y grupos de lectura y discusión, y del proceso más selectivo de formación de cuadros.

5) Por fin: Escuela de Gobierno para los aspirantes al Congreso, en orden a aprender…
-- a ser diputados, conociendo las técnicas e instrumentos idóneos para recolectar fondos, organizar y gerenciar campañas electorales, hacer propaganda efectiva, interpretar encuestas, fiscalizar y supervisar comicios y recuentos de votos y defender resultados, sin olvidar la oratoria y práctica parlamentaria.
-- a ser buenos diputados, sabiendo distinguir las buenas leyes de las malas, para derogar o corregir las segundas, y para ejercer sobre el Poder Ejecutivo aquella “permanente vigilancia”, el Principio de Thomas Jefferson.




CONCLUSIONES


Terminemos este libro con unas conclusiones. No sé las conclusiones que saca Ud. amigo(a) lector(a), pero de momento yo saco estas cuatro conclusiones:
-- una sobre colaboración entre liberales clásicos y cristianos;
-- otra sobre una profunda inmoralidad en nuestras clases medias;
-- una tercera sobre lo bueno, lo malo y lo inútil;
-- y por fin otra sobre los dos votos de los guatemaltecos: el voto con la mano y el voto con los pies. De política, para variar. O de estrategia más bien, como quiera Ud.


# Liberales y cristianos

1) “¿Qué pasa con el cristiano y la política?” se pregunta en su excelente ensayo “El Cristiano y la política” el Dr. Emilio Núñez, Pastor, teólogo y ex Rector del SETECA, Seminario Teológico Centroamericano. Habla del pietismo. Y de Guatemala, país con demasiados graves problemas, y una apreciable proporción de evangélicos, buen número de ellos en la política, dando un testimonio irregular, salvo exepciones.

2) “¿Qué pasa con las ideas liberales en la política?” se pregunta mi amigo porteño Gabriel Zanotti en su artículo así titulado. Gabriel es profesor, economista austriano y filósofo católico. Cuenta que en Argentina, los poquitos liberales “nos llamamos por teléfono, a las 12 de la noche, para avisar que Fulano Adam Smith Resucitado está hablando muy racionalmente por TV en un programa […] que no ven ni los invitados. O sea, seguiremos siendo pocos. Mientras tanto la izquierda hace películas, escribe novelas, mueve los corazones”.

A mi juicio ambas preguntas tienen idéntica respuesta: 300 años (al menos) de enredos, malentendidos y prejuicios entre liberales clásicos y cristianos, y entre cristianos católicos y no católicos, y con los ateos, agnósticos e indiferentes, sobre temas de religión y política, muy mezclados, y confundidos. Hay que suplir información que falta y corregir otra que es deficiente, introducir el orden en medio de un gran desorden conceptual, explicitar supuestos falsos para desmontarlos --junto con premisas equivocadas-- y enderezar razonamientos torcidos, para que todos podamos ver ciertas cosas elementales:
-- que religión y política son inseparables, pero la Biblia no es indiferente, ni apoya el socialismo o el relativismo, sino el Gobierno con límites o fronteras;
-- y la política no es mala en sí misma, a diferencia del socialismo, que siempre es inmoral, aún cuando sea democrático.
-- Que el catolicismo NO es una religión sino una “denominación”, eufemismo acuñado en EEUU para lo que en Europa se llamó con más franqueza un “partido religioso”. El catolicismo es una Iglesia Profesante, la Iglesia romana, tan universal (católica) como lo es la Iglesia presbiteriana, bautista o episcopal, aunque se encuentren separadas por diferencias acerca de la verdad. Es natural tenerlas, aunque han de tratarse con criterio: la sana teología o la sabia doctrina política pueden alojarse en más de una Iglesia o denominación. Y no importa cuál sea mayoritaria, porque a la verdad no se llega contando votos. Todo lo cual muchos católicos de EEUU ya entendieron hace siglos…
-- y que el cristianismo SÍ es una religión. Y el humanismo secular es otra religión, y que por la vía del utilitarismo y otras vías, tiende peligrosamente al socialismo.
-- Que el ecumenismo puede ser muy malo si se pretende que borremos nuestras convicciones, pero que cristianos de diferentes confesiones, sin abdicar de nuestras respectivas creencias, podemos y debemos colaborar en la acción política --como hacer buenos negocios juntos--; e igual vale para personas no cristianas de buena voluntad y afines ideas políticas;
-- Y que “religión y capitalismo son aliados, no enemigos”, título de un maravilloso libro del Pastor y economista Edmund Opitz.

Los liberales clásicos tenemos que explicar economía austriana a los cristianos; y los cristianos explicar la Biblia a los liberales, y a todo el mundo. Y los de clase media “ilustrada”, creyentes o no, tenemos dos tareas pendientes: aprenderlo, y explicarlo a nuestros prójimos y a prójimos de todas las clases sociales. Fusionismo.


# La corrupción y la (in)moralidad de la clase media

La nuestra es la clase confundida: cree que el problema es de inmoralidad: la corrupción y la impunidad; pero ella misma está en una honda inmoralidad, que se llama Estado Redistributivo.

¿Vio la película “Conejo en la luna” (2004), del mexicano Jorge Ramírez Suárez? (Si no, no se perdió gran cosa). Cuenta la historia de Antonio y Julie (mexicano e inglesa), una pareja de clase media en México. Por una confusión al adquirir una vivienda, los personajes se meten en un pleito de tierras. Y son atacados y secuestrados por el Secretario de Gobernación, el Procurador de la República, el Embajador mexicano en Londres, y hasta el Presidente, todos corruptos capaces de cualquier cosa con tal de seguir en el poder. Filmes mexicanos anteriores como “Dos crímenes” (1995) y “La Ley de Herodes” (2000) son parecidos. Pero este armó cierto revuelo entre blogueros e internautas de otros países, y hasta conatos de manifestaciones, al tocar sensibles fibras de la conciencia de nuestras clases medias. Vea Ud.:

-- La clase media apoya políticas socialdemócratas (o socialcristianas) o más radicales, porque prometen Estado de Bienestar: redistribución de la riqueza mediante impuestos. Es decirle al Estado: roba a Juan para darle a Pedro. Robo por poder. Hay un doble patrón moral: corrupción es cuando un funcionario o un político le roba al Estado (tal vez en connivencia con algún privado), ¡pero no cuando el Estado le roba al público!
-- Y no es menos robo cuando es “para los pobres”. Los pobres son el mismo vulgar pretexto de Judas Iscariote. Lo que la clase media pretende de los políticos es que “nos devuelvan nuestros impuestos en salud y educación” como dice el cliché que harto se oye en los focus groups. La clase media no sabe nada de la traslación de las cargas impositivas. Imagina que el grueso de los impuestos sale de los bolsillos de “los ricos”, y lo que quiere es su almuerzo gratis, su parte en el botín. Es inmoral.

La corrupción es inherente al estatismo e inevitable. En “Teoría de la Corrupción: Teología y Economía del Pecado”, Samuel Gregg y Osvaldo Schenone (Instituto Acton) nos recuerdan que sólo el Gobierno ilimitado puede crearle oportunidades a la corrupción, erigiendo muros reglamentaristas, que muchos eludirán con un soborno.

Hay dos clases de corruptos: hábiles y torpes. Los primeros borran sus huellas; los segundos dejan los rastros. Por eso la corrupción es inseparable de la industria (política) de “la denuncia”. Es una farsa, un miserable espectáculo de circo: los inhábiles son las presas, y los listos son los predadores, que “denuncian” a los torpes, y se los quitan de en medio. Así es como los políticos ahora compiten por el favor del público, una vez desalojadas por completo las ideas y conceptos de la escena política, por la misma clase media, que a pesar de su relativa educación, abjura de las abstracciones. Y sólo quiere ver “nombres y apellidos”, y aplaudir a los “honestos” acusadores (los hábiles) “con las pruebas en la mano”. Hahaha.

Nuestra clase media es como el personaje de Lolita en la obra de Vladimir Nabokov: ingenua y malvada. En América latina -por no ir más lejos- cree que los políticos tienen que robarle a los ricos como Robin Hood: sin quedarse un centavo; o tal vez una razonable comisión, ¡pero no todo el botín! ¡Qué escándalo! Los Antonios y las Julies quieren “salud y educación” gratis. Por eso se obsesionan, se estresan, se desesperan y se enferman con la corrupción, porque ven el Tesoro Público como el banco de un juego suma cero: más roban los políticos, menos queda para ellos y ellas. Y toda esa moralina… (iba a decir “pequeñoburguesa” pero mejor no)

…para nada porque si por ejercicio aritmético dividimos lo que se roban los políticos entre la clase media, no es mucho lo que hipotéticamente le tocaría a cada uno. Y menos si contamos a los pobres. Así que: ¡se lo tienen merecido!


# Lo bueno, lo malo y lo inútil

-- Se es parte de la solución o del problema; y lo inmoral es parte del problema, no de la solución. La clase media debe comenzar por arrepentirse.
-- Otra parte del problema es la inacción. Edmund Burke: “Lo único necesario para que triunfen los malos, es que los buenos no hagan nada”. Amén.
-- O que hagan algo pero mal. Otra parte del problema es la acción equivocada. Sobre todo cuando los malos, ¡esos sí hacen bien el mal! Lo dice el Maestro Jesús de Nazareth: “Y alabó el amo al mayordomo malo por haber sido sagaz; porque los hijos de las tinieblas son más sagaces en sus asuntos que los hijos de luz”. (Lucas 16:8).


# El voto con la mano y el voto con los pies

¿Son las reformas demasiado radicales? Sí; porque para los grandes males son los grandes remedios. La emigración es un gran remedio: el individual. Y muy radical.

Y es un pobre sustituto del cambio político, social y económico. Emigran los emprendedores y más decididos, menos conformistas y más arriesgados: los potenciales agentes del cambio político (las reformas), y jefes de empresa en la nueva economía. Se van, para quedarse, o para regresar inutilizados por la frustración. Los que podrían cambiar el país, cambian de país. Y envían sus remesas cada mes. O cada año. Y ya. A ellos debería dirigirse el mensaje en primerísimo lugar: a los retornados, a los residentes en el exterior, y a sus familiares.

Sí, las cinco reformas son radicales. Todas. Pero también lo es el voto radical con los pies, la decisión de muchos asediados por la desesperanza. Y lo es también votar por la izquierda, creyendo en un sueño que es una pesadilla. Es un voto radical con la mano, que responde a un mal canalizado pero enorme deseo y anhelo de cambio para mejor, que anida en mentes y corazones. La victoria espera a la fuerza política capaz de conectar con el tema de la emigración y ofrecer una solución radical.

Cuando el pobre vota con la mano rara vez lo hace por candidatos identificados con la derecha y el capitalismo; sin embargo cuando ese mismo pobre vota con los pies y decide emigrar, no es a Cuba, la meca del socialismo, a Nicaragua o a Venezuela. Es a EEUU, el país del capitalismo, donde una vez lo hubo y queda la riqueza. Con la mano o con los pies, el guatemalteco vota por un cambio radical. Sólo falta una fuerza de derechas, que nada más le pida que vote con la mano como vota con los pies: por el capitalismo.




ADDENDAS


Muchos temas se nos quedaron en el tintero (es decir, en el keyboard), y sin embargo por su importancia merecen ser tratados, y por su relación estrecha con los ya expuestos. Que tengan sus oportunidades entonces, fuera de los capítulos, ¿le parece?


# España, cuna del liberalismo clásico

Los sedicentes libertarios de hoy en día ya no se centran en el concepto firme y claro de “Gobierno limitado”, sino en los términos imprecisos, vagos, gaseosos y románticos de “amor a la libertad”. Es un error, y grave. Por eso pierden.

Muchos creen que la idea liberal nació en el mundo anglosajón, y en el año 1776, mismo de la Independencia de EEUU y la publicación de “La riqueza de las naciones”, formidable alegato de Adam Smith contra el mercantilismo y a favor de la libertad económica. O en el año 1668 de la “Gloriosa Revolución” en Inglaterra contra Jacobo II, que produjo la Declaración de Derechos de 1689. O en el año 1215 de la Carta Magna, una más antigua Declaración de Derechos que los nobles ingleses arrancaron al Rey Juan Sin Tierra.

Pero España tenía Declaraciones de Derechos 100 y 200 años antes, en sus “Fueros”, como apunta mi maestro Alberto Benegas-Lynch (h): entre otros los de León en 1020, de Burgos en 1073, de Toledo en 1085, y de Zaragoza en 1115. Los Derechos de los ciudadanos entonces eran concebidos y declarados como prohibiciones expresas a los reyes y gobernantes, único medio para limitar sus atribuciones y poderes. La idea era clarísima, y bien plantada en los autores de la Escuela de Salamanca. Y en 1812, cuando las Cortes de Cádiz dictan una Constitución con firmes límites a los poderes políticos. Por eso en reemplazo del término “whig” usado hasta entonces, el mundo anglosajón adoptó el término “liberal”, que se popularizó y se globalizó. Pero en el s. XX los socialistas anglosajones les secuestran la palabra, y se la apropian, hasta hoy; lo cual muestra que los liberales de habla inglesa no son buenos custodios de la tradición ni del léxico del Gobierno limitado.

La pregunta es: ¿cómo apareció la idea de Gobierno limitado en España durante los ss. XI y XII? Respuesta: la llevaron los judíos y los árabes. Fue una cabal expresión de la convivencia real y efectiva de “las tres culturas” (en realidad “las tres religiones”) por 700 largos años hasta 1492. Las religiones pueden convivir, o al menos las tres monoteístas, cuando sus líderes no permiten que se las use como pretexto para el estatismo. Sus adeptos querían coexistir, y sin claros límites al Gobierno no hay convivencia posible. ¿Cuál de tres culturas hubiese dominado un Gobierno sin límites? ¿Cuál hubiese impuesto su cosmovisión por la coacción y la fuerza?

La idea de Gobierno limitado se incubó en la Escuela de Traductores de Toledo, interesante y colorido grupo “multicultural” de judíos, cristianos y árabes, cabal expresión de armoniosa convivencia sin abdicaciones, y sin relativismos ni sincretismos.

¡Compare Ud. con el Medio Oriente! Hoy la paz es imposible porque los socialismos árabe y sionista no pueden convivir. Pero la religión no es el problema, tampoco el “fundamentalismo” religioso, sino el socialismo. Cualquier religión (monoteísta o no), puede ser políticamente utilizada, como la religión civil de Rousseau, por Robespierre y sus secuaces. El sionismo no es una religión; es el judaísmo político. No el judaísmo religioso (observantes de la Torah); ni el judaísmo étnico o racial (nacidos judíos); ni el judaísmo espiritual: los cristianos (nacidos de nuevo), las “ramas injertadas en el lugar de las ramas desgajadas” (Romanos 11) en la Teología de Pablo y del autor de Hebreos.

Aunque la Escuela de Traductores de Toledo no era una Escuela, sus integrantes no fueron traductores profesionales, ni todos de Toledo. Vea Ud.:
-- Fray Domingo Gundisalvo, Juan Hispano, el rabino Yehuda ben Moshe, Herman el Dálmata, Herman el Alemán (para distinguirlos) Gerardo de Cremona, Abraham Alfaquí, etc… fueron descubiertos en el s. XIX por el historiador francés Amable Jourdain, quien les llamó un “Collége” en francés. No una “Escuela” como hoy se entiende sino un grupo de personas dedicadas a un mismo trabajo, primero bajo la protección del Obispo Raimundo Jiménez de Rada (era raimundina) y después de los reyes castellanos hasta Alfonso X el Sabio (era alfonsina).
-- Y su labor era el trabajo intelectual. Por supuesto tradujeron, y mucho. Pero como científicos, filósofos y teólogos, que estudiaban autores p. ej. griegos como Ptolomeo, Aristóteles y Galeno, o árabes como Avicena y Alfarabí, y tratados escritos en hebreo o árabe, como los del sabio judío Azarquiel, o del iraquí Abu Ali al-Haitam. Aunque también tradujeron Libros de ajedrez, de dados, y de cuentos como Calila y Dimna.
-- Y no todos eran de Toledo, la primera gran ciudad musulmana de España tomada por los cristianos en 1085, y lugar desde entonces para mozárabes, castellanos y francos del ejército vencedor, y también para judíos y árabes de la ciudad. Como en otras ciudades, los cristianos encontraron grandes bibliotecas con obras que no conocían. En el imperio romano de Oriente, los árabes tradujeron, estudiaron y conservaron las obras más importantes de la Hélade, de Persia y de la India, y hasta de la China. Muchos castellanos emigraron a Toledo por la tolerancia, con su idioma, que arraigó. De las islas inglesas y de toda Europa iban gentes a estudiar a España. Hubo un gran renacimiento espiritual, intelectual, científico y tecnológico, económico y político, que se expandió a toda Iberia y después al resto de Europa.

Los liberales clásicos necesitamos ya mismo una Escuela de Traductores para reunirnos por encima de las diferencias religiosas. Fusionismo.


# ¿Aprender a razonar?

Hoy la palabra “medieval” es casi un insulto. Se toma por sinónimo de atrasado, primitivo e irracional. Sin embargo, los medievales inventaron las Universidades, en el s. XIII. Y con ellas un método excelente para enseñar a razonar a los jóvenes, basado en siete materias distribuidas en dos grupos de tres y cuatro, llamados Trivium y Quadrivium.

Y quien descubrió sus bondades en el s. XX. no fue un monje solitario en su celda, sino una guapa feminista y madre soltera, escritora de novelas policiales y obras de teatro, traductora del Dante al inglés, que trabajó en una agencia de publicidad redactando anuncios como el del tucán para la cerveza Guinness, y después se convirtió al anglicanismo. Aunque sí fue hija de Pastor, y primera mujer graduada en Oxford, del grupo de J.R.R. Tolkien (El Señor de los Anillos) y C.S. Lewis (Narnia). Se llamaba Dorothy Sayers (1893-1957), y es la Ayn Rand cristiana.

Hizo una gran contribución a la inacabada tarea de despejar mitos y prejuicios sobre la Edad Media y su gente. En su breve pero justamente célebre ensayo “Las herramientas perdidas del aprendizaje” se pregunta por qué las personas en general se ponen cada vez más ignorantes y burras a pesar de sus títulos y grados académicos. La respuesta es que desde la época de las escuelas lancasterianas y el sistema Montessori, asistimos a un permanente desfile de teorías educativas, cada cual más “moderna”, que sólo crean confusión y desconcierto. Sayers se interrogó sobre la educación clásica:
-- ¿A qué se parecían las escuelas y liceos en el pasado remoto?
-- ¿Qué objetivos consideraban importantes para la educación?
-- ¿Qué materias enseñaban y cuáles libros usaban?

Así descubrió el Trivium. La enseñanza medieval se adaptaba perfectamente a las sucesivas fases de desarrollo evolutivo en la mente de un niño y un joven. El Trivium contenía tres partes: Gramática, Dialéctica (en sentido socrático) y Retórica.

-- A sus primeros 10 de años de vida el niño posee gran habilidad para memorizar grandes cantidades de material, aunque no puede entender su significado. Es el momento --y no en el bachillerato-- para atiborrarle la cabeza de hechos y datos: tablas de multiplicar, teoremas, planetas y satélites, historia y geografía, fechas, eventos, clases de plantas y animales; y todo lo que se preste a la repetición y asimilación. Es el Período Gramatical, centrado en un idioma p. ej. el Latín o el Griego, para aprender y asimilar la estructura del lenguaje y los elementos en la oración: la disposición y funcionamiento de las piezas.
-- De 12 a 14/15 años el niño va entendiendo lo aprendido, y comienza a estrenar su capacidad de raciocinio, con preguntas basadas en la información reunida. Aprende cómo definir sus términos, hacer declaraciones a la vez sustanciosas y precisas, y construir un argumento sólido; y cómo detectar debilidades, contradicciones y falacias en la tesis contraria. Es el Período Dialéctico; y la lógica su materia principal. Y se aprende que estructuras gramaticales y categorías del pensamiento se corresponden entre sí, y con esas descripciones del ser que son predicados ontológicos de Aristóteles. Por eso hay una correlación estrecha entre expresarse bien y pensar bien.
-- Y de los 14/16 años en adelante se pasa de la secuencia lógica de los argumentos, a aprender como comunicar y presentar al público; y a ejercer la crítica de una manera persuasiva y convincente, y además estéticamente agradable, o al menos aceptable. Es el período de la Retórica.

La Gramática contiene la información o el cúmulo de conocimientos; la Dialéctica enseña los principios, las cadenas discursivas, las conclusiones y el entendimiento; y la Retórica la expresión elegante, la comunicación eficaz, la presentación sagaz y atractiva.

Está en la Biblia. Es el triple distingo entre conocimiento, entendimiento, y sabiduría, referido p. ej. en Proverbios 2:6; 9:10; Daniel 1:4; 2:21, y Colosenses 1:9.
-- la información no es poco importante o despreciable, como tiende a pensarse hoy en día: al contrario, es muy importante, es la base y fundamento, y por ello viene primero en la secuencia-;
-- la inteligencia o comprensión (hoy también menospreciado), mediante el correcto razonamiento, lógicamente articulado, libre de errores o falacias;
-- y por fin la sabiduría, coronación de las facultades cognitivas, que no puede darse sin las dos anteriores fases o momentos.

Una vez dominadas las herramientas del aprendizaje, entonces sí caben las asignaturas del Quadrivium: Aritmética, Astronomía, Geometría y Música… y todas las demás que requiera el pensum o programa específico para una carrera determinada.
-- Se aprendía así de esta manera el uso apropiado de las “herramientas del aprendizaje”, antes de aplicarlas. El idioma y la lógica pueden ser aburridos, pero son para desarrollar la mente, y hacerla capaz de dominar cualquier asignatura particular que venga después, humanística, científica, técnica o práctica.
-- La moderna educación ha errado gravemente, en parte por haberse encandilado con el mito de la neutralidad filosófica en la enseñanza. No es posible neutralidad alguna en asuntos humanos; sin embargo así se han desalojado los valores del aula de clase, y se ha puesto la carreta adelante de los bueyes, esperando que los estudiantes manejen gran número de temas y asuntos “neutrales” (¿?), antes de dominar las herramientas del aprendizaje.

Sayers nos propone recuperar la educación clásica, y para ello, releer los grandes libros de la cultura occidental y apreciar sus enseñanzas. Y la metafísica y sus categorías aristotélicas, hace mucho tiempo eliminadas injustamente del saber filosófico, y reemplazadas por la interminable Historia de la Filosofía o de la guerra entre las escuelas, cada cual destacando unilateralmente una dimensión o aspecto, y eclipsando o negando los otros: idealismo-materialismo, empirismo-racionalismo, personalismo-individualismo, esencialismo-existencialismo, principismo-pragmatismo, etc.

Convoca a los cristianos, muchos de los cuales ya no creen en el razonamiento vigoroso y potente, porque lo suponen incompatible con la fe y la espiritualidad. Como si el pensamiento flojo y la lógica incompetente fuesen signos distintivos de devoción y santidad. ¡Y así enseñan, a sus hijos, y a sus alumnos! Sayers piensa que la Cristiandad debe impulsar en Occidente el avivamiento intelectual que se requiere con urgencia. Y no es precondición del avivamiento político: son paralelos.


# La otra Derecha

¿Qué tanto se saben los cristianos su Biblia? A mediados de los ’80 la SBC (Convención Bautista del Sur) de EEUU encargó al Instituto Gallup de ese país una encuesta sobre una muestra a nivel nacional de los “churchgoers”: asistentes regulares a la Iglesia cristiana, de cualquier denominación, al menos una vez a la semana.

Se medían los conocimientos bíblicos en tres áreas: ética personal y familiar; mayordomía; Gobierno civil y vida política. Y los resultados fueron muy dispares:
-- casi todos los entrevistados conocían muy bien lo relativo a moral individual y familiar, citando incluso pasajes de memoria;
-- las lecciones de Mayordomía sólo eran conocidas por la mitad, y no muy bien;
-- y las enseñanzas acerca del Gobierno y la política eran casi desconocidas. La mayoría dijo: “en la Escritura no se habla de temas políticos”.

Los directivos de la SBC vieron allí la causa del dispar comportamiento de los cristianos contrastados con los patrones bíblicos de conducta:
-- Los relativos a la vida personal y familiar son bien conocidos y por tanto pueden ser practicados; por eso entre los cristianos hay menos alcoholismo y adicciones, trastornos mentales, divorcios, fracaso escolar, etc. que en la población promedio.
-- Los conocimientos de mayordomía son menos recordados, por ende menos practicados; y por ello las tasas de desempleo, pobreza, deudas crónicas y quiebras en los negocios son menores entre los congregados que en el resto, pero la diferencia no es tan grande como la anterior.
-- Y los preceptos políticos de la Biblia son harto desconocidos; y por eso los tremendos fracasos de EEUU como nación.

Si eso es en EEUU, ¿qué queda para nuestra América latina?

Las medidas de Obama frente a la crisis no son de libre mercado. El Estado ha nacionalizado grandes bancos, entregado fuertes subsidios a la industria automotriz, y estudia socializar toda la medicina. ¿EEUU va al socialismo? En un sondeo nacional reciente de la encuestadora Rasmussen, se hizo la pregunta sobre “el mejor sistema económico: si el capitalismo o el socialismo”. Sólo la mitad respondió que el capitalismo, y la respuesta no fue muy enfática. Aparte, un preocupante 20 % declaró que el mejor sistema es el socialismo, y un alarmante 27 % dijo no estar seguro. Si eso es en EEUU, ¿qué queda para nuestra América?

La izquierda nos dice: “No es posible importar fórmulas extranjeras, ajenas a nuestra idiosincrasia”. Igual respuesta daban a los libremercadistas en el s. XIX los conservadores. Lo que demuestra que la izquierda es la legítima heredera de todos los defectos de la antigua derecha conservadora, y ninguna de sus virtudes. Por su lado los liberales del s. XIX se orientaron más por el “liberalismo” ideológico de la Revolución Francesa, que era positivista, anticatólico, y más mercantilista que liberal, que por el liberalismo económico tipo británico, que era más abierto y tolerante en religión. Llegado el siglo XX optaron por el socialismo.

Muchas de las críticas de la izquierda contra la Derecha “del sistema” son muy válidas. Es cierto que es dirigido desde arriba, en beneficio de unos pocos, y hunde al resto de la población en la más abyecta pobreza. Sólo que no es el libre mercado que los marxistas llaman capitalismo, sino el mercantilismo (y ya muy mixturado de socialismo); y que su más implacable crítico fue Adam Smith, unos 80 años antes que Marx y Engels terciaran en el debate liberalismo vs. mercantilismo, no para aclarar los conceptos sino para enredarlos.

Pero la mezcla socialismo-mercantilismo es ahora a nivel global, por imposición del Gobierno Mundial. No es una conspiración; es un hecho. No es un proyecto; es algo que ya existe. Y no es un secreto; es público y notorio.


# Gobierno Mundial

Muchos cristianos alegan que el fin del mundo está muy cerca, porque las señales están a la vista; y entre ellas una muy llamativa: el Gobierno mundial, que describe Apocalipsis.

Es cierto que existe un Gobierno mundial, más que en ciernes. El 2 de abril pasado (2009) fue en Londres la cumbre del G-20, el grupo de países formado en 1999 por los 8 más industrializados (G-8), más 11 recién industrializados (NICs) y la Unión Europea. Y el novelista británico Frederick Forsythe denunció: “Ese es el Gobierno Mundial, aunque hablan de Gobernanza y no de Gobierno para no alarmar.” Forsythe es mundialmente conocido por “El día del Chacal” y otras novelas que poco tienen de ficción. Describe dos clases de estatistas mundiales: los encubiertos y los desembozados, que hablan con franqueza, como Dominique Strauss-Kahn, actual jefe del FMI. Dice que tres fenómenos globales exigen un Gobierno global: terrorismo, cambio climático, y crisis de la economía. Y que la hoja de ruta consiste en confiar cada vez más funciones, facultades y recursos, a los organismos ya existentes. O sea: que el gobierno estatista mundial va a erigirse de igual forma que antes los estatismos nacionales.

Pero el proyecto de gobierno mundial es más bien antiguo; y en muchas ocasiones se ha intentado llevar a la práctica, con cierto éxito en algunos casos. Desde Nimrod y el Reino de Babel con su Torre (Génesis 10 y 11). Imperios políticos pretendieron después Alejandro el macedónico, y los Césares romanos. Y familias como los Habsburgos, los Romanov, los Borbones y los Hohenzollern, tratando de reconstruir el Imperio Romano. Y otras familias como los Orsini y los Borgia, los Rotschild y los Ford, tratando de construir imperios eclesiásticos y/o económicos. Sin mencionar a Carlomagno, los Otones, Napoleón, Hitler, Stalin. Y no fue el fin del mundo, aunque sí debió parecerlo a quienes sufrieron tan atroces calamidades.

Sin embargo, este Gobierno Mundial es muy poderoso, gracias a la tecnología y a la riqueza creada por el capitalismo. Y no es cosa de “los judíos” ni de “los masones”, como muchos piensan, aunque el sionismo es relevante; y sociedades no tan secretas como los Illuminati. Pero su orientación no es favorable al laissez faire, como muchos piensan; más bien es lo contrario. Aunque no es homogéneo, unitario y monolítico. Hay diferencias de intereses y opiniones entre los Gobiernos de EEUU, Canadá, países de Europa occidental, Japón, Rusia, y las grandes empresas multinacionales, los grandes diarios, las internacionales de partidos y otros factores de poder. Entre las burocracias y las ONGs; y entre las Universidades, las agencias de inteligencia y los “think tanks”. No hay una sola agenda, y hay lucha por el poder, aunque muchos elementos y propósitos son comunes. Sus jefes se reúnen y trazan planes, pero no siempre se realizan, al menos como son concebidos y en los plazos apuntados. Y su poder e influencia son enormes.

No hay una sino muchas instituciones, una gran constelación de ellas; algunas recientes, otras muy viejas. Entre otras:

1) Las Agencias de la ONU, una para cada área de la vida humana y social: agricultura, industria, comercio, educación, salud, etc., como Ministerios Mundiales, cada cual con su agenda, y relacionada con sus similares de la Unión Europea, y las agencias federales de EEUU. Constituyen las puntas del iceberg.

2) La Sociedad Fabiana, fundada en 1883 en Inglaterra, para “trabajar en favor de socialismo, pero de manera incruenta”. El nombre se adoptó del general romano Quinto Fabio, quien evitó enfrentar directamente a su adversario el cartaginés Aníbal, a quien logró desgastar cortando las vías de transporte de víveres, agua, municiones y material, etc., infiltrando agentes en la filas enemigas, y obligándole a maniobras distractivas. Los primeros fabianos fueron Sidney Webb y su esposa Beatrice. A diferencia de los marxistas creían en la evolución al socialismo por reformas discretas, graduales e incrementalistas, y la acción del Partido Laborista. En 1889 publicaron los “Ensayos Fabianos” explicando este programa, que se cumplió al pie de la letra: todas las reformas fueron puestas en práctica ya desde la Depresión del ‘29.

3) El Council on Foreign Relations (CFR), otro grupo privado que data de 1921 para influir en la política exterior de EEUU. Se fundó como rama americana del Royal Institute of International Affairs, constituida en 1919 en Londres, según lineamientos de The Round Table Group (fundado por Cecil Rhodes y los Rothschild europeos). El CFR publica la revista bimensual Foreign Affairs, y gerencia el Programa de Becas David Rockefeller, entre otros proyectos.

4) La Brookings Institution, fundada en 1916, dedicada a las ciencias sociales, especialmente en economía, gobierno y política exterior. El Presidente Obama acaba de nombrar Embajador en México a Carlos Pascual, vicepresidente de la Brookings y Jefe de su programa de Política Exterior.

5) La Fundación Ford, creada en 1936 por Edsel Ford, hijo de Henry. Primero funcionó bajo la dirección la familia Ford y sus socios. Tras la muerte de Edsel en 1943 y de Henry en 1947, la presidencia fue al hijo mayor de Edsel, Henry Ford II. Decidió que se debía promover la paz, la libertad y la educación en el mundo bajo una agenda “progresista”. Hoy la Fundación no tiene lazos con la Ford Motor Company ni con la familia. Henry Ford II, el último en el Board of Trustees, renunció en 1976.

6) El Club de Roma arropa a científicos (algunos Nobel), economistas, políticos, jefes de estado, e incluso asociaciones internacionales. Se fundó en 1968, cuando se reunió en Roma un grupo de 35 notables de 30 países, para hablar de los cambios en el planeta por consecuencia de acciones humanas. En 1972 se publicó y publicitó globalmente el Informe Sobre los Límites del Desarrollo a cargo de Donella Meadows, origen del movimiento ambientalista.

7) La Comisión Trilateral, grupo privado fundado en Tokio en 1973 para cooperación entre EEUU, Europa, y Japón, por iniciativa de David Rockefeller. La inclusión de japoneses es la principal diferencia con el Grupo Bilderberg, si bien la idea surgió de la reunión 1972 del GB como “Comisión Internacional para la Paz y la Prosperidad”. Se reúnen políticos, empresarios y académicos. Actualmente la CT es copresidida por el congresista Tom Foley de EEUU, el empresario y político irlandés Peter Sutherland, y el presidente de Fuju-Xerox, Yotaro Kobayashi. Son miembros George Bush Sr., Jimmy Carter, Bill Clinton y Henry Kissinger.

8) La actual Internacional Socialista nació en la Conferencia de Clacton-on-Sea Inglaterra, 1946, a propuesta de los laboristas británicos. Se quería contener el imperialismo de la URSS, pero sin frenar la expansión ideológica del marxismo y de las tesis neoizquierdistas. Pues lo han logrado. Las Internacionales Democristiana y Liberal siguen más o menos las mismas líneas del socialismo democrático “tercerista” de camisa blanca: economía “social” de mercado.

9) El Consejo Mundial de Iglesias, fundado en 1948, con sede en Ginebra, motor del movimiento ecumenista. No es el ecumenismo de los altos estándares, que nos obliga a los cristianos a no ser sectarios, a recordar lo que nos une, reconocer el hecho de la diversidad, encontrar lo positivo del pluralismo, y cooperar en terrenos comunes, pero sin abandonar convicciones teológicas de iglesias y denominaciones. Este otro es el ecumenismo de los bajos estándares: pretende que renunciemos a nuestras creencias distintivas, en pos de un relativismo posmoderno, un eclecticismo aguado e insulso, o de una imposible “neutralidad”. Al final siempre termina en la “Alta Crítica” antibíblica, en el cristianismo “liberal” (socialista) y el evolucionismo cristiano, y en el ecofemipacifismo, la Nueva Era y la Teosofía.

Y este segundo ecumenismo es uno de los principales motores del Gobierno Mundial, que nos lleva a su complemento: la Religión Mundial. Se inició entre los cristianos cuando iglesias y ministerios empezaron a colaborar “en las luchas por la paz, la justicia y la solidaridad con los necesitados”. El CMI se vincula al Parlamento Mundial de Religiones fundado en Chicago, 1893, aunque el Consejo Directivo se formó en 1988, en mira al Congreso de 1993 para el centenario. Impulsó la extraña “Sala de Meditación” de la ONU, en un sótano del edificio de la Asamblea General, abierta en octubre de 1952, y ampliada en 1956. La idea fue del Secretario General Sr. Dag Hammarskjöld que creía que los jefes políticos “debían contar con una sala dedicada al silencio, en sentido externo, y a la calma, en sentido interno”.

10) El Grupo Bilderberg es tal vez el más controversial. Su muy amplia agenda excede la política, economía y finanzas, e incluye temas de filosofía, religión y cultura, así como de seguridad y defensa. Nació en 1954 en el Hotel Bilderberg de Oosterbeek, Holanda, por invitación del Príncipe Bernardo, cofundador con David Rockefeller. Revistan líderes de la política, economía, banca, los medios, el ejército y los servicios secretos, junto a científicos y universitarios, líderes religiosos, músicos y hasta Hugh Hefner (Playboy).

Los miembros se eligen por cooptación. Se reúnen una vez al año 4 días en primavera, y cada vez en una ciudad diferente, en castillos o lujosos hoteles (previamente vaciados), en plena naturaleza o rodeados de un parque, y de cientos de policías, militares y servicios especiales de seguridad propios y del país huésped. Los invitados llegan en helicópteros negros y limusinas de cristales ahumados. Las discusiones son a puertas cerradas. Algunos periodistas complacientes pueden estar, pero nada debe trascender. Es prohibido tomar notas o hacer declaraciones a la prensa. Los fotógrafos autorizados toman fotos de exterior, a la llegada de los invitados.

11) Y si Ud. cree que el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, está en una línea pro capitalista y liberal, revise su data:
-- Cada año hay 10 o 12 asambleas regionales en áreas subdesarrolladas, para un contacto directo entre líderes empresariales y de gobiernos con las ONG de neoizquierda.
-- Promueven miles de “empresas sociales” en todo el mundo, p. ej. con a la Schwab Foundation for Social Entrepreneurship.
-- “Iniciativas” como la de Salud Global (Global Health Initiative, GHI) reúne grupos estatales, privados y ONGs de neoizquierda en temas de HIV/AIDS, malaria, etc.
-- La Iniciativa de Educación Global (Global Education Initiative, GEI) reúne a líderes de empresas globales con educadores y gobiernos socialistas del Tercer Mundo.

La línea en Davos parece ser conformar la derecha del Gobierno Mundial, y dejar que los manifestantes antiglobalización, y organizaciones como el Foro Social Mundial y las ONGs más radicales, conformen la izquierda globalizada.

En vista de lo anterior, ¿está cerca el fin del mundo y la Segunda Venida? No sé, porque mi Señor Jesucristo tampoco lo sabía: “Sólo Mi Padre” (Mateo 24:36 y Marcos 13:32); aunque algunos predicadores pretenden saber más que Él. Lo que mi Biblia dice es que puede ser en cualquier momento: hoy, mañana o pasado; pero también más tarde, más adelante... Y por eso mismo no debo esperar cruzado de brazos, sino ocupado trabajando en el Reino (Lucas 19:13). Y sé que es muy contradictoria --y antagónica a la Escritura-- la posición de quienes ven el fin del mundo (y el Rapto) para hoy o mañana, y en lugar de obrar en consecuencia por esa esperanza, y motivarse a trabajar con mayor ahinco y eficiencia, toman su creencia como pretexto para lo contrario: no hacer nada, como el siervo negligente de Mateo 25:26.


# Lord Acton, modelo de político católico

En 1864 se publicó en Francia “La ciudad antigua”, del historiador francés Numa Fustel de Coulanges (1830-1889), sobre Grecia y Roma. Su tesis era que la religión primitiva de los dioses lares o domésticos fue la base de la familia, y la familia, el fundamento de la cultura y la civilización. Los antiguos griegos y romanos no conocieron la libertad personal. Ni la intimidad, la libertad de enseñanza, mucho menos la libertad religiosa. Esas preciadas conquistas las debemos al cristianismo. En la Edad Antigua el individuo era nada ante la autoridad sagrada de la “patria” o “Estado”, identificada con la familia y la religión. El sociólogo Emile Durkheim dedicó su tesis universitaria a la memoria de Fustel, por su trabajo sobre el papel de las religiones en las sociedades. Y Fustel influyó mucho en ciertos pensadores de la época, entre ellos Lord Acton.

1) En una magnífica semblanza, el economista José Carlos Rodríguez nos cuenta la vida de John Dahlberg Acton (1834-1902), inglés nacido en Italia de padres católicos. Fue criado en un hogar culto, rico y cosmopolita, entre viajes, lecturas, discusiones y estudios. Fueron sus mentores el segundo esposo (inglés) de su mamá (alemana), el Conde Granville, un anglicano “whig”, y el Padre Ignaz Döllinger, un católico liberal. Desde temprano Acton combinó el vivo interés por la ciencia con el gusto por la historia y las humanidades, y la pasión por la política, con el amor a la verdad. Se inició como director del semanario The Rambler (El Divagador), cuyo lema era “Una Iglesia libre en un Estado libre”.

2) En 1861 el secretario de Estado del Vaticano le pidió abandonar su defensa de la causa italiana contra el poder temporal de la Santa Sede, soberana de una buena porción del territorio de Italia. No retrocedió Acton ni ante la amenaza de ser excomulgado, y sacó una nueva revista: Home and Foreign, clausurada un año después por orden del Vaticano. ¿Qué pensaba Acton? Pues que la Iglesia Católica debía renunciar al poder temporal y político, y ser como es hoy: una guía espiritual y moral de la humanidad, en un clima de plena libertad de expresión y cultos, sin arreglos políticos. Y creía que el catolicismo no era incompatible con la verdad, por lo que no debía pelear con la ciencia ni con el liberalismo.

Sin embargo Pío IX convocó a un Concilio Ecuménico en defensa de la doctrina de la infalibilidad papal: que cuando el Papa habla desde su cátedra sobre fe y moral, su palabra es la verdad incontestable. Era doctrina inaceptable para un historiador: “los papas fueron a menudo tan inmorales como los reyes y Emperadores”. Acton juzgó que en el fondo del asunto estaba la vieja idea de que el fin (la autoridad) justifica los medios (acallar las conciencias). Con Döllinger, otro amante de la verdad y revoltoso ante la injusticia (como el Padre Mariana) asumieron el liderazgo intelectual de la minoría de cardenales opositores, que finalmente perdió.

3) Acton se hizo Lord ese año 1869, a sus 35. Según un biógrafo era un “católico mal llevado con su jerarquía, político sin cartera e historiador sin cátedra”. Y comenzó a escribir su “Historia de la Libertad”, que no pudo terminar. Escribió de la libertad que es “el dominio sobre uno mismo”. Y que “un hombre es libre cuando puede hacer aquello que cree es su deber, independiente de la presión de la autoridad, de la mayoría, de la costumbre y de la opinión”.

4) En 1882 se publicó una Historia del Papado por Mandell Creighton. En su reseña, Lord Acton se opuso a que la crítica histórica disimulara las faltas de papas y reyes sólo por haber gozado del poder. Y en esa reseña estampó su después famosa sentencia: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Desconfiaba del poder, y de la democracia: “La democracia tiende naturalmente a realizar su principio, la soberanía del pueblo, y a eliminar todos los límites y condicionamientos a su ejercicio”.

En vida no publicó Acton un solo libro, fracasó en la política, chocó con su Iglesia, y sintió que acababa solo y mal comprendido. Sin embargo, su muy dispersa obra ha sido recuperada y valorada: sus esfuerzos no fueron en vano. Aunque los políticos católicos de éxito fueron los democristianos de izquierda, como p. ej. Francesco Saverio Nitti (1868-1953) autor de “El socialismo católico”, libro de mucha mala influencia dentro y fuera de Italia.


# Abraham Kuyper, político cristiano

Entre los evangélicos la participación política es tema controversial.
-- Para algunos, Jesús no se involucró en la política, y tampoco debe hacerlo el cristiano.
-- Para otros, la política es elevada expresión de amor al prójimo, y una obligación.
-- Los segundos suelen ser de izquierda, y predominan (entre otras razones) porque los primeros se inhiben de participar.

Pero la política no está al cristiano prohibida ni obligada: es una vocación o llamado, como la música o la literatura, el deporte o el comercio. Es una libertad. Y es como el pastorado: hay quienes tienen el llamado; otros no. Pero hay normas y principios, y están en la Escritura. Para quien tenga ese llamado y lo siga, es obligante caminar bajo la guianza de la Santa Biblia, y no a su real gana. Los cristianos somos libres para hacer o no política, pero no de cualquier modo, ni con cualesquiera ideas.

-- Y ambas vocaciones en principio son excluyentes. La llamada al Pastorado es de Dios, y por ello irrenunciable e indeclinable. Y por el postulado de separación entre Iglesia y Estado, la política es en principio para los laicos. Por eso muy sabias Constituciones de muchos países prescriben la reducción previa al estado laical de los clérigos que aspiran a cargos públicos.
-- Lo que no impide que un Pastor, excepcionalmente, se sienta llamado por Dios a la política también, y temporalmente decline, no ya la función pastoral, sino su ejercicio. Como el Pastor Abraham Kuyper, Primer Ministro de su país en la primera década del s. XX, bajo la reina Guillermina. Es una historia aleccionadora.

1) Abraham Kuyper nació en 1837 en Maasluis, Holanda, hijo de un ministro de la calvinista Iglesia Reformada. En 1855 ingresó a la Universidad de Leiden matriculado en literatura y filosofía. Estudió árabe, armenio, griego, física y biología, entre otras asignaturas. En 1862 obtuvo el Doctorado en Teología y fue nombrado Ministro de la Iglesia. En 1863 se casó con la joven Johanna Schaay de 21 años, y se hizo cargo de su primera parroquia en el distrito (entonces rural) de Beesde. El muy feliz matrimonio tendría ocho hijos: cinco varones y tres mujeres.

El Pastor Kuyper simpatizaba con los ortodoxos de su Iglesia. Sostenía la necesidad de volver a la fe reformada. Se opuso al gobierno eclesiástico centralizado, y objetó el papel del Rey y del Gobierno en los asuntos religiosos, abogando consistente por la estricta separación de Iglesia y Estado, cada cual “soberano en su esfera”. Mas no el divorcio de religión y política, pues el cristianismo es una cosmovisión, con un cierto concepto de la realidad, del hombre, de la sociedad y la vida política, y un modelo bíblico para el Gobierno civil.

2) En 1867 fue invitado a pastorear la iglesia en Utrecht, lo que hizo hasta 1870 cuando se mudó a Amsterdam. En la capital del Reino comenzó a publicar en el periódico El Heraldo. Pero en 1872 fundó su propio diario El Estándar. En 1873 Kuyper declinó en su coPastor el ejercicio de la función pastoral, y se presentó como candidato a diputado por el distrito de Gouda. Hizo campaña. Y ganó.

Ya en el Parlamento se interesó en educación. Y en 1878, espantado por la roja marea comunista que azotaba a Europa, fundó el Partido Contra-Revolucionario. Y en 1880 fundó la Universidad Libre de Ámsterdam -que aún existe- en la que fue profesor de Literatura, Historia, y Teología, y su “Rector Magnificus”. En 1884 fue reelecto diputado.

3) En 1886 su querida Iglesia Reformada cayó en una profunda crisis doctrinal, por la infiltración de ideas humanistas e iluministas. La dejó, con otros que en 1892 fundaron la Unión de Iglesias Reformadas. Pero Kuyper fue uno de los campeones de un trato amable y cordial entre personas que piensan diferente, sin renunciar a sus convicciones, con consideración y respeto (y sentido del humor). En 1901 viajó a EEUU para dictar sus archifamosas Seis Conferencias sobre Calvinismo, y la U. de Princeton le dio un Doctorado Honoris Causa.

4) Ese mismo año 1901 su partido ganó las elecciones en alianza con los católicos. Y el Pastor Kuyper fue Primer Ministro de Holanda, a sus 64 años, viudo de su querida Johanna, fallecida dos años antes. No tuvo mayoría parlamentaria sólida, lo que le obligó a hacer concesiones a los socialistas, causa de algunos fracasos.
-- En el cargo demostró mano dura según sus partidarios, y autoritaria según sus opositores. En aquella época el Estado no reconocía a las Universidades cristianas ni los grados que otorgaban. Kuyper propuso una Ley de Educación Superior que equiparaba su status y sus diplomas a los de las Universidades estatales, proyecto rechazado en el Senado. Con la autoridad conferida por un sistema parlamentarista, Kuyper disolvió el Senado y convocó a una nueva elección, y luego de ocurrida, su proyecto fue aprobada por la nueva Cámara.
-- En 1903 se desató una violenta huelga ferroviaria, a la que el Premier combatió. Enemigo Kuyper de la violencia y de las huelgas, no lo era de los obreros, ni de los sindicatos, a los cuales concebía en sus tres funciones propias, o sea: como centros de capacitación profesional; como instrumentos de corretaje con las empresas en los mercados de trabajo -en términos voluntarios y no forzosos, abiertos y no restrictivos o monopolistas-; y como eficientes administradores de hospitales, cajas de jubilaciones y fondos de pensión.

5) En 1905 su Partido perdió las elecciones y Kuyper pasó a la oposición, y fue brillante, a sus 68. En 1908 fue nombrado “Ministro del Estado” honorario por sus aportes a la cultura y a la nación. En 1909 todavía participó del comité que escribiría las reglas ortográficas para la lengua holandesa. Y ese mismo año recibió otro Doctorado Honorario de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica.

Kuyper leía bien su Biblia, y sabía que la salvación no es por obras, pero sí las recompensas. Y que la obra de Dios sobre los creyentes es visible, pero no de un modo teatral o espectacular, sino en la vida diaria y el rol de cada quien. Y en su rol político fue íntegro, de claras posiciones, consistentes y firmes. Rechazó el concepto de soberanía popular al estilo democrático francés, “los derechos surgen del pueblo”. Y el concepto prusiano (alemán) autoritario de soberanía, “los derechos surgen del Estado”. Y de la Gran Bretaña combatió la idea totalitaria de unión entre Iglesia Anglicana y Casa Real. Kuyper favoreció a los Orange, pero en desacuerdo con las intromisiones de la Monarquía en asuntos eclesiásticos. Y en el espíritu de los puritanos, sintió más afinidad con el talante político del protestantismo de EEUU.

Hubo éxitos en la carrera política del Pastor Kuyper. Pero también derrotas, tanto estando en el Gobierno como en la oposición, hasta en el interior de su partido. Cristianamente las soportó. Fue acusado e investigado por una Comisión que al fin lo encontró inocente, pero luego de mucha agitación en la prensa y la opinión pública. En 1913 todavía participó en la reforma constitucional de su país, y en la Academia de la Lengua Holandesa. Pero una vez retirado de la política activa y dedicado a escribir, volvió humildemente al ejercicio del Pastorado.

Abraham Kuyper dejó su testimonio en sus escritos y en su vida familiar, académica y política. Enfrentó a todos los “ismos” humanistas seculares e iluministas: idealismo, hegelianismo, positivismo, utilitarismo, nacionalismo, darwinismo, socialismo, romanticismo, anarquismo y nihilismo. Sus dos textos claves: “Calvinismo: fuente y salvaguarda de nuestras libertades constitucionales” (1874), y el “Programa del Partido Contra-Revolucionario” (1879). Tras una vida muy activa e intensa, devolvió su alma al Creador en 1920, en La Haya, con 83 años. No fue un cristiano perfecto ni un político perfecto, pero sí es un valioso ejemplo.


# La Gracia común

Muchos cristianos evangélicos creen que Dios cuida amorosamente de ellos y no del resto de la gente. Se aferran un tanto mágicamente a las generosas promesas que se leen en Deuteronomio 28:1-14, y en Salmos, en Proverbios y los Profetas escritores, olvidando que tales promesas no son incondicionales: en tanto dependen de cumplir la Ley de Dios a las Naciones, son para los pueblos obedientes. Y en política el evangélico promedio abriga una idea utópica y antibíblica del buen Gobierno: que los gobernantes sean evangélicos, lo cual será cuando sea evangélica el 100 % de la gente.

Kuyper no pensaba así. Como calvinista compartía la vieja doctrina cristiana de la “Gracia común”: la bondad del Creador para con toda Su Creación, distinta de la gracia salvadora. En el Reino de Dios se halla el conjunto de las gentes que conoce y respeta Su Voluntad y “pone por obra” sus mandamientos. Pero el Reino es más amplio que la Iglesia, porque muchos hacen Su Voluntad sin tener intención ni conciencia de ello. Por la Gracia común el Autor del Universo mantiene a la depravación refrenada. El poder entrópico (degenerador) del pecado es tal, que sólo el poder restrictivo del Espíritu Santo impide que todo el planeta se torne ya mismo un caos horrible, insoportable e indescriptible de mentira, desorden, crueldad y violencia. La familia, el derecho, el gobierno y la policía, el comercio y el trabajo, el ahorro y la inversión, son permitidos sólo por la Gracia común, derramada sobre creyentes e incrédulos. “París come!” decía Bastiat, por la gracia de Dios y a través del funcionamiento más o menos normal de los mercados. Si dejara Dios de conservar cierto grado de verdad, sensatez, orden, comercio y decencia en el común de las gentes, ¿qué sería del país? ¿desearía vivir alguien allí?

La moralidad, la veracidad y la decencia no son exclusivas de los cristianos, las hay en los increyentes también, y en algunos hasta más. Y por eso es posible y deseable el comercio y las relaciones económicas, profesionales, educativas etc., entre cristianos y no cristianos. Y también actividades políticas. Sin sectarismos.


# Las utopías y el cristianismo

En “Las raíces de la inflación” (1982), J. Rousas Rushdoony escribió que cuando la economía se subordina al Estado se hace política: deja de ser economía, y pasa a ser mesianismo. O sea Utopía, una propuesta que parece maravillosa y fantástica, ideal, perfecta, excepto por el “pequeño” detalle de que para concretarla se requiere como condición nada menos que cambiar la entera naturaleza humana, quitando al hombre todos sus alegados fallos y defectos naturales, reales o supuestos, como “la codicia”. En palabras del Che Guevara, que leyó mal a San Pablo: “Construir el hombre nuevo”. El hombre perfecto, sin pecado. No funciona.

Y como no funciona, no pocos utopistas se radicalizan hacia la izquierda, como muchos evangélicos en Venezuela, y tratan de imponer “el sueño” por todos los medios a su alcance: mentira o engaño, fraude o dinero, sudor y sacrificio, lágrimas, sangre y fuego, lo que sea, para liquidar al hombre viejo. Pero el país de leche y miel que describen sus “soñadores”, de niños felices y madres arrobadas y atendidas por el papá-Estado, jamás se concreta en la realidad, nunca se ve, excepto en la propaganda. No obstante en el camino quedan instituciones rotas, países arruinados por la miseria, la opresión y la tiranía, corrupción gigantesca, privilegios para unos pocos, desorden y sufrimiento. Y hasta unos cuantos millones de muertos en el peor de los casos, y el menos malo unos cuantos millones de pobres, hambrientos y desesperados, huyendo o tratando de huir. Y gobernantes ricos.

1) El cristianismo mal entendido ha sido y es el motor principal de todas las grandes utopías humanistas, p. ej. el socialismo, esa herejía cristiana desde los días de San Francisco de Asís en el s. XII), y de los franciscanos radicales de todas las épocas, y de Thomas Müntzer y los anabaptistas del s. XVI.
-- El estatismo es una utopía, de la cual el mercantilismo es la variante menos insoportable, y el socialismo la más extrema y cruel.
-- La utopía opuesta es el anarquismo. Murray Rothbard y sus seguidores los anarquistas de mercado creen descubrir la rueda; pero es que no leyeron al conde ruso Leo Tolstoi y su “anarquismo cristiano”. Ni Josué 1:7, “Esfuérzate y sé muy valiente, cuidando de obrar conforme a toda la Ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a un lado ni a otro lado, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas”. ¿A un lado o a otro lado de qué…? Del Gobierno con fronteras: ni estatismo ni anarquismo.

2) Sin embargo hay sólo una defensa eficaz contra toda utopía: el Evangelio bien leído, con su visión realista del pecado. No hay régimen de gobierno perfecto ni gobernante santo. Hay un modelo político adaptado a la naturaleza humana, al modo como la gente es. P. ej. el mejoramiento de nuestra propia condición es el primer móvil de nuestras acciones, y la ganancia el del comercio. Y el afán de poder es más grave que el afán de dinero, porque sus límites son más lejanos: por más dinero que Ud. tenga comerá tres veces al día y no más, y usará sólo un par de zapatos a la vez, pero ¿cuál es el límite al afán de poder?

La enseñanza cristiana es que si la naturaleza humana pudiera cambiarse, y los hombres dejar de pecar, Nuestro Señor Jesucristo no hubiese pasado el Calvario. Lo que la Teología enseña de la Cruz es que fue un sacrificio vicario, sustitutivo. Él murió por nosotros, en lugar nuestro, por nuestros pecados: y los míos y los suyos (sí, de Ud.) Este es el cristianismo esencial, el “mero cristianismo” (C.S. Lewis) y médula del Catecismo. El sacrificio del Gólgota fue necesario porque la naturaleza humana ha sido incurablemente herida por el pecado, en todas sus dimensiones y aspectos (“depravación total”). Y esa naturaleza no puede ser cambiada por el hombre, mucho menos aún por "la sociedad", eufemismo para aludir al Gobierno. No puede cambiarse por medios humanos, digamos, por una “revolución”, por profunda que sea, ni siquiera una revolución “interna”, en el corazón humano mismo, como predican (y exigen) los utopistas.

En su novela “La esfera y la cruz” (1908) Chesterton comparó la utopía con el intento de achicarle la cabeza a alguien para que le entre el sombrero, en lugar del realismo: buscar otro sombrero a medida de su cabeza. Volvió a esta figura en “Enormes minucias” (1909). Chesterton fue un filósofo realista muy agudo, como Maritain y otros católicos, por desgracia no muy consistentes con su filosofía a la hora de hablar de Economía y política: su incomprensión del sistema de libre empresa les llevó al pensamiento utopista que tanto detestaron.

Pero si una política requiere como condición para concretarse el cambiar la naturaleza humana, es un engaño. Un mero pretexto para robar. O matar. En la política hay sólo dos posibilidades: la utópica y la realista. Sin término medio; hay que escoger.
-- La utópica es recortar la cabeza para que entre el sombrero. "El hombre nuevo". O sea la carnicería, en el mejor de los casos, y la pobreza y la miseria para todos excepto para la elite gobernante, en el menos malo.
-- La realista es el régimen de gobierno apropiado para una naturaleza caída. Que toma en consideración nuestros defectos, como “la codicia materialista” y le busca cauce apropiado: el libre mercado. Y también toma en cuenta la codicia del poder, y le busca valla y le impone freno: límite al Gobierno. En palabras de Chesterton, un sombrero apropiado para la cabeza…


# La gran responsabilidad

El evangélico promedio tiene siempre las mismas respuestas: Dios puede cambiar Guatemala; pero el cambio “debe comenzar desde adentro”: será cuando toda la población se haga cristiana y vaya a la iglesia, e igual el Presidente y sus Ministros, diputados, jueces etc. No importará entonces cuál sistema rige: ¡cualquiera va a funcionar de maravillas, porque esos gobernantes no van a robar, ni a mentir, ni a abusar del poder!

¿Es así? Dios sí puede cambiar Guatemala, eso es verdad. Pero no lo hace, ni en país alguno de América latina, pese a que desde hace años se hacen oraciones, ayunos, clamores y rogativas para que Dios ayude a la nación e ilumine a sus autoridades. ¡Qué mal testimonio! ¡Los no creyentes dirán que nuestro Dios es sordo!

¿Y 100 % de población cristiana? Según Mateo 7, el Señor Jesucristo dijo que la inmensa mayoría entra por la puerta ancha y espaciosa (verso 13), y por la senda pequeña y angosta transita sólo una minoría selecta (verso 14). Sin embargo el concepto del cristiano promedio es que todos seamos evangélicos incluso (sobre todo) los gobernantes, para que el estatismo funcione. Pero en Guatemala los evangélicos somos mayoría (o casi), y hubo dos Presidentes evangélicos: Efraín Ríos Montt (1982-1983) y Jorge Serrano Elías (1991-1993), en cuyos lapsos las altas y medias posiciones en el Gobierno fueron para sus correligionarios, de su fe (y de su denominación, y hasta de su iglesia local). Todos eran cristianos conocidos, de confesión pública y compromiso, de oración y ayuno, citas bíblicas de memoria, y algunos muy místicos. ¿Y qué pasó? Que eso del “hombre honesto en cualquier sistema” (y “no importa el sistema”) es imposible, no funciona. Porque el sistema importa. Y sobremanera.

1) El cap. 8 de I Samuel es una larga requisitoria en contra del estatismo. Y contra la madre del estatismo: la democracia. Tras enumerar todos las calamidades que traerán los Césares judíos o romanos a los pueblos, el verso 18 dice: “Y en aquél día clamaréis por causa del gobernante que habréis escogido; mas no escucharé!” Es verdad que Dios es todopoderoso e infinitamente bueno, y por la Gracia Común mantiene al mal bajo freno. Pero también es un Ser racional, infinitamente inteligente y sabio. E infinitamente justo, y visita en juicio al desobediente; y eso incluye a las naciones rebeldes. Se mencionan el la Escritura muchas naciones juzgadas. Tiranías, crisis, depresiones económicas y opresiones políticas son instrumentos y recordatorios de la justicia divina.

2) Dios espera que el cambio lo hagamos nosotros, “sal de la tierra”. Él ha dado consejo a las naciones. Y Deuteronomio 28 dice que si se ponen por obra los estatutos, preceptos y mandatos de Dios, buenas consecuencias se seguirán. Y resultados malos si se desobedecen. ¿Cree Ud. que una nación puede tener un modelo de Gobierno estatista y sin límites, y sus gentes esperar trabajo, justicia, prosperidad, orden, paz y armonía? En otras palabras: ¿cree que Dios puede ser burlado? ¿o que se equivocó cuando nos prescribió a las naciones un Gobierno limitado? ¿Cree que Dios no sabe de Economía, Sociología y Ciencias Políticas? ¿Debe tomar lecciones de Marx o Keynes?

Deuteronomio 4:5-6 dice que Dios se testifica en sus Estatutos. Quiere que se vea la sabiduría y eficacia de sus Decretos. Para ello que sean “puestos por obra”, que se apliquen, para que todo el mundo observe los buenos resultados producidos en términos de bienestar y felicidad humana. Poniendo así de manifiesto que el Autor de la naturaleza humana y social y política, y sus leyes naturales, es el Autor de la Revelación escrita y sus mandatos positivos. ¿Acaso sus normas de Gobierno limitado, mercados abiertos y propiedad privada no congenian a la perfección con las leyes naturales de la economía y la producción, de la demanda y la oferta, la escasez y la abundancia, los precios y el comercio? ¡Que lo digan los economistas sabios! (Aunque no hay muchos).

Amable lector(a): no estoy sugiriendo que la Ley bíblica es perfectamente sabia y justa porque la Biblia es la Palabra de Dios. Lo que estoy sugiriendo es lo opuesto: que podemos conocer y estar ciertos que la Biblia es la Palabra de Dios, ¡puesto que su Ley es perfectamente sabia y justa! Y lo es aún cuando está expresada en lenguas muertas, y en términos algo vetustos, antiguos pero no arcanos, pues la Biblia no es una revelación secreta ni privada, sino un documento público, y está en las buenas bibliotecas --y hasta en las malas-- y a la venta en cualquier librería, cristiana o no (y también la regalan). Y aún cuando cuesta cierto trabajo y esfuerzo comprenderla. ¡Lo que vale, cuesta!

Para los cristianos, el demostrar la sabiduría y eficacia de las normas de Dios (Teonomía) es tarea pendiente. Y mostrarlo en la práctica. Eso es ser “Luz del mundo”. Se le puede llamar la Gran Responsabilidad.




RECONOCIMIENTOS


Las personas nombradas no por ello comparten estos planteamientos; pero de un modo u otro ayudaron o contribuyeron a que esta obra se escribiera y/o se publicara, aunque muchas de ellas no lo saben, ni de qué manera.

De todos modos, la tarea hubiese sido del todo imposible sin la generosa cooperación de mis amigos y hermanos Lic. Sandrie Alvarado de la Universidad San Pablo, General Benjamín Godoy Búrbano de Coalición Cristiana por Guatemala, autor del Prólogo, y Dr. Guillermo Méndez, del Instituto de Servicios a la Nación.

Y muy especialmente de quienes más me alentaron y ayudaron para quedarme en Guatemala, privilegio por el cual quedo eternamente agradecido a Dios y a todas estas personas:

Alberto de Aragón (& Eulalia); Dr. Ottavio Benfatto; Freddie Bernal; Beatriz de Borrayo; Dr. Harold Caballeros; Marco Tulio Cajas; Karen Cancinos; Naim y Gloria Dahda (& Michelle); Omar Díaz; Viviana España; Jorge Ibarra; Dr. Giancarlo Ibárgüen; Rocío Jordán; Betty Lobos Bollat; Erwin Lobos (& Ana Sofía); Lucy Martinez-Montt; Hugo Mesa; Clarita Oliva; Jessica Paduan (& Andrea); Ramón Parellada; Pastor Max Pérez; José Pivaral; Carlos Sabino; Juan Carlos Simons; Dr. Pedro Trujillo Alvarez; y Edgar y Mario Roberto Vides. Muchas pero muchas gracias..

Y a Alfonso Abril; Juan Abril; Gerardo Alonzo; Edgar Alvarado; Cristian Alvarez; Luis Pedro Alvarez; Jorge Amaya; Francisco Ancheyta; Antonio Anleu; Juan Carlos Aparicio; Ricardo Arias; Chepe Ascoli; Ana Beatriz Asensio; Otto Ayala; Manuel Ayau; Dorita Balcells; Alejandro Baldizón; Manolo Benfeldt; Celeste Bonilla; José Guillermo Butts; Jose Pepe Cabrera; José Carlos Castañeda; Rodrigo Colmenares; Roland Comparini; Julio César De Leon Barbero; Edgar De León; Juan Manuel Díaz-Durán; Alvaro Dubón; Edwin Roquel; Walter Espina; Benjamin Feinstein; Santiago Fernández O.; Eduardo Fernández-Luiña; Luis Figueroa; Giovanni Fratti; Rigoberto Gálvez; Gabriel García; Mario García; Dr. Oscar García Soto; Sergio Garzaro; Estuardo Godoy B.; Enrique Godoy; Willy Gómez; Roberto González Díaz-Durán; José Luis González Dubón; Cecilia Guzmán; Jorge Jacobs; Dr. James Jankowiak; Leslie Johnson (y Harold); Alfred Kaltschmitt; Joseph Keckeissen; Fernando Leal Sr. & Jr.; Augusto Lopez; Gabriel Lucas; Ronny Madrid; Juan Jose Marroquin; David Martínez-Amador; Lilian América Martínez; Dr. Hugo Maúl; Gunther Meléndez; Paty Monge; Byron Monzón; Edward Morales; Rodolfo Morales Marcucci; Pastor José Antonio Moreno; Pastor Emilio Núñez; Dr. Warren Orbaugh; José Carlos Ortega; Oscar Quintero; Leonel Rendón; Enrique Rincón; Alexia Ríos; Héctor Manuel Rivera; Pastor Gilberto Rodríguez; Lic. Edwin Roquel; Dr. Estuardo Salazar (& Andres Estuardo); Lic. Sara Salazar de Pezzarosi; Don Juan Sánchez Jaraba; José Domingo Solano; Fernando Solís; José Pepo Toledo; Carlos Torrebiarte; Byron Vargas; Sammy Vásquez; Julio Vela; Roberto Velásquez; Gral. Víctor Ventura; Harris Whitbeck (& Erzi Espinoza); Dr. Gabriel Zanotti y Julio Zelaya. También muchas gracias..





ANEXO: Autores y Bibliografía EGI


Autores

Casi todos pueden adquirirse en las grandes librerías virtuales, con las cuales hoy en día el que es burro es porque quiere. Los hay de diversas especialidades y tendencias:

1) Historiadores. Ya vimos que la Biblia puede ser materia de interpretaciones torcidas y derechas. Pero, ¿en cuáles países (y épocas) predominó una exégesis favorable al Gobierno limitado? ¿y en cuáles las interpretaciones contrarias? Vea Ud. las “vidas paralelas” de la religión cristiana y la economía, al menos en los cinco países que estrenaron el capitalismo liberal: Suiza, Holanda, Escocia, Inglaterra y EEUU. Pero como también la historia puede malinterpretarse, escoja fuentes confiables:
-- Nathan Rosenberg y L.E. Birdzell Jr., How the West Grew Rich: The Economic Transformation of the Industrial World (1987).
-- Thomas E. Woods (católico), Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental (2007).
-- Fareed Zakaria (musulmán, editor de Newsweek), From Wealth to Power: The Unusual Origins of America's World Role (1998).

2) Socialistas. Ludwig Feuerbach sobre la religión: “La esencia del cristianismo” (1841) muy influido por el teólogo de izquierda David Strauss en “La vida de Jesús” (1835) sobre los evangelios como relatos míticos. Estas son las ideas adoptadas por Marx y también por su adversario Lassalle, fundadores respectivos del socialismo revolucionario y democrático, y por sus representantes en la siguiente generación, v. gr. Lenin y Martov en Rusia.

3) Cientistas sociales. El ya citado sociólogo alemán Max Weber, sobre todo en “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” serie de ensayos escritos en 1904-5 en oposición a Marx. Se le objetó que en su tiempo esa ética ya no era esa la que imperaba en la economía, y Weber respondió que cuando el capitalismo se consolida, las pautas puritanas ya no son necesarias porque el sistema se autosostiene… ¡otro grave error de Max Weber!

4) Judíos. Israel Kirzner es uno de los mejores economistas de la Escuela austriana. Hijo de un famoso rabino y talmudista, nació en Londres en 1930 y emigró a Sudáfrica y luego a EEUU donde en 1957 fue alumno de Mises. Su obra mayor es tal vez The Meaning of Market Process (1992). Discípulo del célebre Dr. Isaac Hutner, Kirzner es un rabino ordenado, y lidera la misma sinagoga que antes su padre en Brooklyn, Nueva York.

5) Católicos. Por lo menos lea a Michael Novak, “El espíritu del capitalismo democrático” (1982) y “La ética católica y el espíritu del capitalismo” (1993). Y a sus discípulos Robert Sirico, Fundador y Presidente del Acton Institute, y Jeffrey Tucker, VP del Mises Institute.

6) Protestantes. El Pastor Edmund Opitz, fundador de la antigua FEE (Foundation of Economic Education); especialmente Religion and Capitalism, Allies Not Enemies (1992) y The Libertarian Theology of Freedom (1999). Y la larga serie de sus discípulos: Ronald Nash, Calvin Beisner, Mark Skousen, Gary North, Gary De Mar, y Stephen Perks. Ud. es mayor de edad y puede leerlos o no; pero si no los lee, ¿cómo hablar de ese tema?




Bibliografía EGI (en Español y Gratis por Internet)

Artículos, ensayos y libros, por autores en su mayoría cristianos aunque de diversas confesiones, pero todos en español y en línea por Internet


# TEOLOGÍA

-- Francisco Bianchi Castillo: La batalla de los dos reinos
-- Peter Y. De Jong: El Reino de Dios según la Escritura
-- Stephen C. Perks: La adoración a Baal, antigua y moderna
-- Eric Voegelin: Joaquin de Fiore y el Simbolismo Gnóstico
-- Oswald T. Allis: El dispensacionalismo y la unidad de la Escritura
-- Stiles J. Watson: El autogobierno bíblico
-- Theodore Plantinga: El Movimiento Reformacional, ¿necesita una historia?
-- Christopher J. Ortiz: Los cristianos rechazan a Dios
-- Samuel Gregg y Osvaldo H. Schenone: Una Teoría de la Corrupción: Teología y Economía del Pecado
-- Jean Ladrière: La concepción cristiana del hombre
-- Gary DeMar: La Verdad detrás de "Dejados Atrás"
-- Raymond-Leopold Bruckberger: La historia de Jesucristo
-- Rousas J. Rushdoony: El Plan de Dios para la Victoria


# FILOSOFÍA

-- Ricardo García Damborenea: Diccionario de Falacias
-- Steve Bishop: Introducción a la filosofía reformacional
-- J. M. Spier: ¿Qué es la Filosofía Calvinista?
-- Monseñor Octavio N. Derisi: El Fundamento de la Metafísica Tomista
-- Ayn Rand: Selección de artículos en español
-- Richard Russell: Fundamentos Bíblicos para la Filosofía
-- Fray Ramón Hernández Martín O.P. ¿Qué es el tomismo?
-- Jerry Solomon: Cosmovisiones
-- Juan Luis Lorda, Universidad de Navarra: Las cuatro cosmovisiones actuales
-- Armando de la Torre: la ética del lucro


# CULTURA

-- Alberto Benegas-Lynch: Un bosquejo de la otra España
-- Roy Clouser: “¿Hay una visión cristiana para todo, desde la sopa hasta las nueces?”
-- Abraham Kuyper: Seis Lecciones sobre Calvinismo
-- Henry Van Til: El Concepto Calvinista de la Cultura
-- Michael W. Kelley: El Impulso del Poder. Los ideales formativos de la cultura occidental
-- Pablo Molina: Los orígenes del pensamiento progre
-- Jerry Solomon, James F. Williams: El arte y los cristianos
-- Lawrence Harrison: Valores culturales y progreso


# EDUCACIÓN

-- William Cox, Kenneth White: Por favor pastores, promuevan la educación cristiana
-- Frédéric Bastiat: Bachillerato y Socialismo
-- Dorothy Sayers: Las Herramientas Perdidas del Aprendizaje
-- Fritz Hinrichs: Introducción a la Educación Clásica
-- Gregg Strawbridge: Educación Clásica y Cristiana. El Enfoque Educativo del Pasado


# POLÍTICA Y GOBIERNO

-- Giancarlo Ibárgüen: ¿Soy liberal?
-- Gottfried Dítze: La democracia tal como es y la democracia apropiada
-- Oscar Mertz: Fundamentos de la teoría política democrática liberal
-- David T. Koyzis: Introducción a la teoría política de Herman Dooyeweerd
-- Gary North: Heredarán la Tierra
-- Gary North: Liberación del Planeta Tierra
-- Ludwig von Mises: Políticas de salarios, desempleo e inflación
-- Friedrich Hayek: El camino desde la servidumbre. Entrevista para Reason
-- Felipe Giménez Pérez: Reseña de “La esencia de lo político” Julien Freund
-- Hans-Hermann Hoppe: Las elites naturales, los intelectuales y el Estado
-- Erik Von Kuehnelt-Leddihn: Por qué el socialismo se rehúsa a morir
-- Ellis Sandoz: Selección de escritos de Eric Voegelin
-- Rubén Alvarado: Equilibrio de Poder. La Iglesia, el Estado y la Libertad
-- Pedro Schwartz: Los peligros de la democracia mayoritaria.
-- Alberto Mansueti: La Derecha boba o por qué la Izquierda manda
-- Alberto Mansueti: ¿Por qué murió el gobierno limitado? Raíces bíblicas del Liberalismo Clásico
-- Alberto Mansueti: Cuba, cuándo y cómo se dejó someter. Lecciones para Venezuela.
-- Gabriel Zanotti: Ideas liberales, ¿qué pasa?
-- Cristina Losada: La izquierda tras el 11-S: la revancha por un fracaso


# DERECHO Y JUSTICIA

-- Frederic Bastiat: La Ley
-- Frederic Bastiat: El Estado
-- Frank Hanft: Influencia de la Ley divina en el derecho humano
-- Domingo J. Anglas Castañeda: Análisis Económico del Derecho
-- Wendy McElroy: La no-absurdidad del derecho natural
-- Enrique Ghersi: Corrupción y leyes costosas
-- Julio H. Cole: ¿Se justifican las patentes en una economía libre?
-- Álvaro Márquez Cárdenas: La víctima en el sistema de justicia restaurativa
-- ONU: Principios fundamentales de justicia para las víctimas de delitos y abuso de poder
-- Francisco Moreno: Lex mercatoria, Derecho de la globalización sin Estado
-- Paolo Grossi: Derecho sin Estado, la autonomía, fundamento de la constitución medieval


# ECONOMÍA

-- Carlos Sabino: Grandes Economistas. Diccionario de Economía y Finanzas
-- Frederic Bastiat: Lo que se ve y lo que no se ve
-- Henry Hazzlitt: La Economía en una Lección
-- Mark Ahlseen: La Economía Bíblica Reconsiderada
-- Kevin Craig: Economía, centro de la Educación Cristiana
-- Rafael Termes: Prólogo para “Economía y ética” de Alejandro Chafuen
-- Ludwig von Mises: El significado del laissez faire
-- Juan Carlos Simons: Libertad política y libertad económica
-- Juan Carlos Simons: Keynes, Caballo de Troya de Occidente
-- Mary Anastasia O’Grady: EEUU ataca a defensor del libre mercado en Guatemala
-- Juan Carlos Cachanosky: La escuela austríaca de economía
-- Jesús Huerta de Soto: Liberalismo
-- Entrevista a Douglass North: Crear instituciones que produzcan crecimiento
-- Douglass C. North: La nueva economía institucional
-- Gustavo A. Prado Robles: El Pensamiento Económico de Douglass North
-- Douglass North et al.: Orden, Desorden y Cambio Económico: Latinoamérica vs. Norte América
-- Xavier Sala-i-Martin: Globalización y reducción de la pobreza
-- Álvaro Vargas Llosa: Miseria de las estadísticas
-- Juan Ramón Rallo: La crisis subprime. Boletín del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana


# CIENCIA Y ECOLOGÍA

-- Gary De Mar: Comenzó con Aristóteles. La cosmovisión cristiana y el surgimiento de la ciencia moderna
-- Egbert Schuurman: Tecnología responsable, más allá del giro empírico
-- E. H. Andrews: ¿Es científica la teoría de la evolución?
-- VV.AA.: Sabiduría Judía, Católica y Protestante sobre el Medio Ambiente
-- Robert B. Knudsen: La Ciencia en el pensamiento de Herman Dooyeweerd
-- Thomas J. Bray: ¿Quién es Bjorn Lomborg? El hombre que deprime a los ecologistas.
-- Antonio Mascaró Rotger: La farsa del apocalipsis ecologista
-- Daniel Rodríguez Herrera: Los mitos del ecologismo. Reseña de “El Ecologista escéptico”
-- Eduardo Ferreyra: Ecología, mitos y fraudes. FAEC
-- Lee Duigon: “El mundo sin nosotros” por Alan Weisman. Reseña crítica.



 

 

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