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Artículos

07/10/2009 - Alberto Mansueti
Las Leyes Malas/1

A la Gloria de Dios
y a la memoria de Francisco Bianchi Castillo, cristiano y político;
al Dr. Emilio Núñez, maestro de maestros,
a mis buenos amigos Pedro Trujillo Álvarez y José Luis González-Dubón,
y a mi hija María Victoria.


LAS LEYES MALAS

(y el camino de salida)

Lic. Alberto Mansueti
Guatemala, junio de 2009






Karl Marx vió en la religión cristiana el más firme aliado del capitalismo y el mayor enemigo del socialismo. En eso no se equivocó.

Este libro quiere mostrar que las libertades individuales y económicas no son inconciliables con las normas y valores de la Biblia; al contrario: el principio bíblico de Gobierno limitado es la base y raíz histórica del capitalismo moderno. Y que los cristianos tenemos una llamada a la acción política, pero no es para involucrarnos en un sistema inmoral y antibíblico y así avalarlo, sino para cambiarlo. Y que la religión cristiana no ha sido ni es enemiga de la prosperidad, ni de la libertad, ni de la razón, aunque sí algunas de sus deformaciones históricas. Y que los liberales clásicos no creyentes no tienen un enemigo intelectual o político en el cristianismo, católico o no.

Por si fuera poco, el libro trata de las leyes malas, inspiradas en el estatismo, el mercantilismo y el socialismo, causas de la pobreza y la violencia, la inseguridad y la injusticia, la corrupción y la impunidad. Y de cuya derogación inmediata depende críticamente la creación de riqueza para todos en Guatemala y América latina, y la transformación, el progreso y desarrollo de nuestros pueblos.

¿Cumple este “panfleto” tan ambiciosos objetivos? Léalo y juzgue Ud. mismo.


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El Ministerio de Motivación Cristiana siempre ha apoyado y apoyará todo proyecto que impulse los principios bíblicos y teológicos que configuren y transformen para bien al hombre, a la familia y a la nación. Creemos que este libro contiene, entre otros, principios bíblicos y teológicos de gobierno que han funcionado con éxito en las naciones que los han puesto en práctica.

Ministerio de Motivación Cristiana



El autor desea primero y muy especialmente agradecer al Ministerio de Motivación Cristiana el indispensable apoyo material para la publicación de este libro, entendido como una contribución al honesto intercambio de opiniones sobre el difícil momento que vive Guatemala, al igual que América Latina en general, y sobre las soluciones posibles y viables de inspiración cristiana. Desde luego, el gesto solidario del MMC, que mucho aprecio y agradezco, no implica que la institución comparte necesariamente las opiniones vertidas en el libro.

Alberto Mansueti

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He hallado el libro de la Ley en casa de Jehová.
II Reyes 22:8


Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis a tomar posesión. Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta.
Deuteronomio 4:5-6


Esfuérzate y sé muy valiente, y cuida de obrar conforme a toda la Ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a un lado ni a otro lado, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.
Josué 1:7


Compra la verdad, y no la vendas.
Proverbios 23:23


¡Ay de los que dictan leyes injustas y prescriben tiranía!
Isaías 10:1


Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos. Puse también sobre vosotros atalayas que dijesen: Escuchad al sonido de la trompeta. Y dijeron: No escucharemos. Por tanto, Oíd naciones, y entended, Oh congregación, lo que sucederá.
Jeremías 6:16-18


Misericordia quiero y no sacrificios; conocimiento de Dios más que holocaustos.
Oseas 6:6


Entre las naciones quienes se tienen por gobernantes se enseñorean sobre sus gentes, ejercen derechos y potestades […] y se hacen llamar bienhechores. Entre vosotros que no sea así.
Marcos 10:42 y Lucas 22:25


Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
Juan 8:32

SUMARIO

PRÓLOGO. Por el General Benjamín Godoy Burbano
PREFACIO. Un panfleto

INTRODUCCIÓN
-- 12 clichés de clase media
-- ¿Cuál es tu “ismo”? Un test de dos preguntas
-- Mentir o perder, falso dilema.
-- Inseguridad + pobreza = diáspora
-- Aún estamos a tiempo
-- ¿Cuál es la salida? ¿Cuál es la solución?
-- Dios y Guatemala

I. CONCEPTOS
-- Códigos y leyes
-- Bill Gates, libre mercado y Google
-- Pragmatismo y oportunismo
-- ¿Qué es una república?
-- Democracia liberal
-- ¿Qué es una economía libre?
-- Justicia, política y sociedad
-- ¿Qué es capitalismo y qué socialismo?
-- ¿Qué es izquierda y qué es derecha? (y el “centro”)
-- Seguridad primero
-- Neo-liberalismo en el papel
-- Neo-liberalismo en la práctica
-- Bla-bla-bla-bla: 30 años, “consenso”, continuidad, “gobernabilidad”, “sacrificios”

II. POLÍTICAS
-- El problema es ontológico
-- Para qué sirve la espada
-- El estatismo no funciona
-- Catálogo de “soluciones” fracasadas
-- Gobierno fuerte, pero limitado
-- Hay que cambiar el sistema
-- Buenos ejemplos en China

III. LA BIBLIA
-- ¿Qué dice el Antiguo Testamento?
-- ¿Y qué dice el Nuevo Testamento?
-- Cinco clases de cristianos
-- Los 10 principios bíblicos de Gobierno
-- Testimonios
-- A la Biblia hay que estudiarla
-- El mensaje central de la Escritura
-- ¿Cuál Evangelio?
-- Los cinco pilares del orden social

IV. CRISTIANISMO
-- ¿Cómo es una política de inspiración cristiana?
-- Socialismo cristiano
-- ¿Se mezclan religión y política?
-- Dos cosmovisiones
-- El gran engaño de la Nueva Era
-- Teonomía
-- El fervor místico del pietismo
-- Antinomianismo
-- Ética de intenciones versus ética de resultados
-- Ortodoxos, católico-romanos, protestantes y evangélicos
-- Cristianos y política, la tipología
-- La muerte de Herodes
-- Kant o Cristo
-- La fórmula: TR + FR + DN + EA + TPGM + SE
-- Juan Altusio: ciencia política cristiana

V. LEYES MALAS
-- Las leyes y la Biblia
-- Actividades y relaciones productivas
-- Impuestos
-- Discriminaciones y privilegios
-- Moneda, banca y finanzas
-- Bolsa, cambios, seguros
-- Trabajo, sindicatos, inflación
-- Actividades “sociales”
-- Criminalidad y justicia
-- Cómo la infección se extiende
-- Para entender las leyes

VI. LA SALIDA
-- Amor a la verdad
-- La Teoría de las leyes malas
-- Los malos resultados
-- Contratos versus burocracias judiciales
-- Macro y microeconomía
-- Deflación, y aprender a no temerla
-- Deslegislación, para empezar
-- La salida = D + 5 R
-- Las cinco reformas
-- Fusionismo

VII. ESTRATEGIAS
-- Refundación de la República
-- La mejor defensa es la iniciativa
-- Virtudes y defectos
-- Ignorancia y estupidez
-- Academia y política
-- Religión y asuntos públicos
-- A salir de los ghettos
-- El drama de los migrantes
-- El Congreso tiene más poder que el Presidente
-- Dos escenarios y muchos aliados
-- Asunto de ética
-- Plataforma, no partido

CONCLUSIONES
-- Liberales y cristianos
-- La corrupción y la (in)moralidad de la clase media
-- Lo bueno, lo malo y lo inútil
-- El voto con la mano y el voto con los pies

ADDENDAS
-- España, cuna del liberalismo clásico
-- ¿Aprender a razonar?
-- La otra Derecha
-- Gobierno Mundial
-- Lord Acton, modelo de político católico
-- Abraham Kuyper, político cristiano
-- La Gracia común
-- Las utopías y el cristianismo
-- La Gran Responsabilidad

RECONOCIMIENTOS
ANEXO: Autores y Bibliografía EGI (en Español y Gratis por Internet)
PRÓLOGO

General Benjamín Godoy Burbano


Conocí a Alberto Mansueti a su llegada a Guatemala, hace algunos meses. Ya antes supe de él por nuestro común amigo Francisco Bianchi (ahora en la presencia de Dios), quien me compartía el aprecio que tenía por los escritos y aportes de Alberto en la difusión de los principios bíblicos y su aplicación a la economía y principalmente al gobierno, así como a demostrar la consonancia de las ideas del pensamiento libertario con estos principios.

Nuestra nación ha estado inmersa en un marasmo social y político desde tiempo inmemorial. En este país se ha experimentado casi todo tipo de propuestas de gobierno: luego de las pequeñas monarquías indígenas, se impuso la conquista, y ésta dio paso a la colonización mercantilista y expoliadora. Y a partir de la gesta independentista se ha propuesto y practicado desde el federalismo, el estatismo tradicional y la democracia, hasta el socialismo “blanco”, y todo para dar lugar al más cínico y grosero pragmatismo en los últimos tiempos. Pero casi no se han propuesto ideas nuevas.

La caída de la cortina de hierro a finales de los ochenta sirvió a esos arribistas que acá conocemos como políticos para ampararse en la muerte de las ideologías, y con este pretexto, sacando provecho de una clase media indiferente, y de ciertos grupos empresariales siempre voraces para entrarle a dentelladas a la res publica, fueron despareciendo los partidos políticos históricos. Y dieron paso a sociedades tipo club, donde se escoge a alguien que esté dispuesto a mentir, que no sepa mucho, pronto a pactar con tirios y troyanos, a extender la mano y financiarse de criminales, para finalmente llegar a la primera magistratura, y desde la presidencia del ejecutivo, desde el congreso y en cada alto puesto, “reponerse”.

Cuando Ud. lea y estudie estos siete capítulos, podrá conocer y entender por qué los arribistas aún sostienen que para ganar una elección deben engañar, mentir, y hacer pactos de toda suerte. Las más de las veces ellos creen saberlo todo, pero no saben ni entienden nada de leyes ni ciencia de gobierno, porque a propósito se han negado a aprender, a capacitarse para gobernar. Por esa razón en caso de ser electos no disciernen ni ven la diferencia entre legislar y ejercer las diferentes magistraturas y judicaturas. Culpan siempre a un pasado del cual ellos mismos son autores, piden paciencia, y ofrecen que en un largo, muy largo plazo, como por magia los pueblos serán transformados y la pobreza desaparecerá...

Ud. encontrará ciertas cápsulas que son pepitas de oro político-sociales, que de interesarle, le enviarán a documentos, obras de referencias y otras más completas, que aumentarán su entendimiento. No va a encontrar definiciones rebuscadas, largos análisis muy complejos, ni mucho menos todas esas ideas colectivistas y obsoletas que han confundido a las naciones antes que aclararlas. Encontrará ciertos principios, normas y valores permanentes, que de haberlas internalizado los nacionales de los pueblos, otro hubiese sido el destino de cada país: habría mucho menos penurias en las personas y familias, puesto que en las naciones donde no se pongan limites a las instituciones gubernativas, los gobernantes oprimirán a los ciudadanos, y quienes se sientan poderosos -en lo público y en lo privado- abusarán de su autoridad.

Y así “La experiencia nos debería enseñar a ponernos en guardia para proteger la libertad cuando las intenciones del gobierno parecen beneficiosas. Los hombres nacidos para la libertad están alertas para repeler la agresión a esa libertad por dirigentes malintencionados. Sin embargo los mayores peligros para la libertad se esconden en la insidiosa usurpación que hacen hombres bienintencionados, pero celosos en exceso y de escasas luces.” (1)

Este panfleto aporta ideas frescas. Son frescas pues por siglos han sido puestas de lado, de modo muy conveniente para algunos, pero datan de antiguo, de cuando el pueblo Israel era guiado por sus Jueces mientras las monarquías absolutas se enseñorearon de los súbditos en las naciones vecinas, sometiendo y esclavizando a sus pueblos. Son frescas porque giran alrededor de principios bíblicos de gobierno, leyes y economía, que se han abandonado desde que los hombres “confundidos” [babel = confusión] dispusieron edificar un monumento para honrarse a sí mismos. (2)

Y desde antiguo hasta el día de hoy, los arribistas dedicados al ejercicio de la política desprecian estos principios, normas y valores; ellos hacen todo lo contrario, por eso no pueden traer abundancia y prosperidad a las naciones, más bien las han sometido a juicio con veredicto de castigo permanente, sentencia tornada en pobreza, enfermedad, violencia, injusticia, atraso, entre otras falencias.

Este libro también propone ciertas reformas, que por no haberse ensayado jamás en nuestras latitudes, pueden lucir exageradas, extremas, radicales o dogmáticas. Pero que de estudiarse, investigarse, entenderse y aplicarse, serían la salida o solución a muchos de los males, las pandemias sociales, económicas y políticas que hoy nos aquejan. Y la puerta de entrada para esa abundancia y prosperidad que anhelamos, y que sabemos nos esta anunciada y augurada, siempre y cuando obedezcamos y cumplamos lo que desde el principio se ha dispuesto para el feliz gobierno de las naciones.

Estas ideas ya fueron practicadas hace cientos de años, en los EEUU. Son las ideas de la Libertad, de la libertad económica que propuso Adam Smith y de las demás libertades y derechos. EEUU habría de ser la primera nación regida por el principio de que cada persona tiene el derecho de procurar y alcanzar sus propios intereses, dentro del respeto y la ley. Thomas Jefferson, al redactar la Declaración de Independencia, anotó que: ...”todos los hombres han sido creados iguales, que su Creador les ha dotado de ciertos derechos inalienables; y entre estos se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Trae este libro ideas como la justicia contributiva y “fusionismo” por ejemplo, y cinco reformas de fondo. Y no es panfleto biográfico, por ello omito el hacer una detallada presentación del autor, nacido en Argentina; baste decir que por formación es conocedor de leyes: abogado y politólogo, y dedicado al estudio de las Sagradas Escrituras para entender, reconocer e identificar aquellos principios, reglas y valores que sobre leyes y Gobierno estableció ese Creador, de Quien muy bien dice Jefferson: nos creó a todos iguales, nos dio la vida, y nos ha liberado para que entre otras acciones, emprendamos la búsqueda de nuestra felicidad.

Exhorto a los lectores a que reciban con aprecio al autor y a esta su obra que se agrega a una prolífica producción: otros cuatro libros le preceden, así como incontables artículos de prensa y programas de radio y TV. Que LAS LEYES MALAS no sólo sea un agregado a los anaqueles de obras que adornan oficinas; leamos este panfleto con un afán inquisitivo. Y si algunas o todas estas propuestas hacen sentido, pongámoslas por obra. De algo sí podemos estar seguros: estas ideas y propuestas, con todo su potencial de liberación para el ciudadano, y con las cuales nos desafía Alberto Mansueti, no han sido nunca estudiadas a fondo por nuestro pueblo ni impulsadas por las elites en nuestro país.

Así conoceréis la verdad y la verdad os hará libres!


(1) Juez Louis Brandeis, caso Olmstead vrs. U.S., 277 U.S. 479 (1928)
(2) Génesis 11:4, Reina-Valera 1965.




PREFACIO
UN PANFLETO


Este escrito no es una monografía o ensayo académico. Es sólo un panfleto; por eso no trae citas formales o notas al pie de página. Al final trae una lista de lecturas, para investigar más a fondo, con autores y obras no muy extensas, cuyas ideas son las que aquí se exponen. Aunque los errores son responsabilidad exclusiva de su autor y firmante.

Las citas bíblicas están porque fue escrito -con igual aprecio y dedicación- para lectores cristianos y no cristianos; si bien contra el gusto y parecer de muchos cristianos que afirman ser imposible escribir para todo público y no para ellos en exclusiva, y de muchos no cristianos que piensan de igual forma. Lo siento pero en eso no puedo complacerles, porque tengo un solo discurso.

Trata de las leyes malas, que son las contrarias a la economía, a la justicia, la moral, a la razón y a la gramática, y a las leyes de Dios. Y de dos materias: religión y política, y de las conexiones entre ambas, y con las leyes malas. El escritor católico G. K. Chesterton contaba que en su país Inglaterra, había un cartelito en los “pubs” (bares) que decía así: “Prohibido hablar de religión y de política”. Y se preguntaba él: “¿Y de qué se habla entonces?”

Este libro nació cuando viviendo yo aún en Venezuela, a veces venía a Guatemala por unos días, invitado por Lucy Martínez-Mont, Pedro Trujillo y mis buenos amigos de la Universidad Francisco Marroquín. Y disfrutaba de muy enriquecedoras pláticas con Francisco Bianchi en su casa, sobre muchos temas que ameritaban ponerse por escrito; y el 10 de julio de 2008, cuando me mudé a este precioso país con su ayuda -y la gracia de Dios- acordamos con Paco que lo escribiría. Es por lo tanto un compromiso: una deuda.

Ya en Guatemala, y congregado en la Iglesia La Verdad y La Vida, pude leer el excelente ensayo del Dr. Emilio Núñez “El cristiano y la política”, inspirador de mucho de mi escrito. Y consultar bastante al Dr. Oscar García Soto, mi “odonteólogo” (odontólogo + teólogo). Y discutir con mi amigo Guillermo Méndez.

La idea fue escribir un libro corto, para el lector corriente: estudiante, trabajador, empleado, empresario, madre y ama de casa, profesional o técnico de clase media. De Guatemala. Pero también de otros países, sobre los dramáticos problemas económicos y políticos de hoy, y las bases bíblicas de sus soluciones, las liberales. Un subtítulo podría ser: “Política cristiana” o bien “Gobierno y política según la Biblia”. También “Liberalismo Clásico para principiantes”.

1) Un libro para todo público, dirigido…:
-- A los cristianos, para mostrarles en la Escritura las buenas respuestas políticas, basadas en el concepto de Gobierno limitado, y traducidas al lenguaje y en el contexto de hoy;
-- E igual para los no cristianos, en especial simpatizantes del liberalismo clásico.
-- Y a todos, para ver que sí hay salida política racional y de sentido común, justa y moral, práctica y efectiva, y no demasiado compleja.

2) Y útil como herramienta de trabajo: texto para un curso en línea o presencial, donde al cristiano se le comience hablando de la Palabra de Dios, y paso a paso de Economía Política, Derecho, Sociología, Filosofía, etc. Y al no creyente al revés: comenzando con los temas de esas materias, para luego pasar a la Biblia, como documento histórico. (En este caso el orden de los factores no altera el producto).

3) Un libro para despejar confusiones y malentendidos; no en el aire sino centrado en un tema concreto: las leyes malas, sus pésimos resultados y sus fuentes ideológicas, mostrando cómo cambiar el país para bien, mediante su derogación.

4) Introduciendo algunos conceptos novedosos como el de la justicia contributiva (viejos en realidad, pero olvidados), o desconocidos en nuestro medio, como el de “fusionismo”.

Para algunos la Biblia es sólo un documento histórico. Para otros es mucho más. Pero que lo es no hay duda; todos de acuerdo. Entonces, ¿qué dice el documento histórico sobre política y Gobierno? Y en la historia, ¿cómo fue leído e interpretado, y qué impacto tuvo? Hay que contarlo y explicarlo; eso ayuda cerrar la brecha entre cristianos y liberales no cristianos, indispensable para la necesaria cooperación política de unos y otros, en el contexto del “fusionismo”.

No siempre la palabra “Panfleto” fue despectiva. Por siglos designó un escrito corto, sobre uno o más temas controversiales, políticos o religiosos, en defensa de una posición tomada. Fueron panfletos los más influyentes escritos de Martín Lutero y otros Maestros de la Reforma. Fue p. ej. un panfleto la “Defensa de la libertad contra los tiranos” de Hubert Languet en el s. XVI, con base en las lecciones de Teodoro Beza, sucesor de Calvino en Ginebra. Y la “Apología de la Gracia Divina”, en el s. XVII, del presbiteriano escocés Samuel Rutheford, en defensa de la doctrina de la gracia contra el arminianismo, que le llevó a la prisión, pero que puso las bases teológicas de su más famoso panfleto: “Lex Rex” (La Ley es Rey). En el s. XIX fueron panfletos los escritos del francés Frederic Bastiat, del venezolano Juan Germán Roscio, los peruanos José Gálvez (padre e hijo), el guatemalteco Pedro Molina y el argentino Juan Bautista Alberdi, en defensa del Gobierno limitado, como único medio de preservar la libertad.

(Si Ud. no conoce el término “presbiteriano” o la palabra “arminianismo”, no hay problema: los puede investigar en un buen diccionario enciclopédico, o con Google en alguna fuente confiable. Tal vez encuentre otras palabras para Ud. desconocidas --o personajes-- y pueda enriquecer su acervo de información. Por nada).

Pero el drama político que vivimos en nuestros países es un auténtico rompecabezas, y las piezas son muchas: económicas, jurídicas, morales y filosóficas, psicológicas y espirituales, etc. Sin embargo, para entender el rompecabezas deben estar todas las piezas. Y por esa causa el libro que iba a ser corto, terminó un poco más largo.

En plan de aclaraciones, permítame por favor dos pequeñas confesiones autobiográficas. La primera, que como politólogo, desde joven he tenido una “doble vida”: una vida intelectual --no siempre en la Universidad-- y otra profesional, en la calle. Muy ligadas. Con un pie en los libros de Ciencia Política, y el otro pie en las encuestas de opinión, mercadeo y publicidad, la prensa y radio, crítica de cine, en los partidos y las ONGs, en el Parlamento y en otras 1001 actividades vinculadas a la política práctica. Y esto en tres países: Argentina, Venezuela y Perú. Ha sido para mí de una gran bendición.

Y no es que me compare con Tomás de Aquino, pero cuando se le preguntó a él por la mayor gracia de Dios recibida (aparte la Salvación), su respuesta fue: “Creo haber entendido todos los libros que he leído”. Guardando las distancias creo haber recibido del santo Dios esa misma gracia y otra más: haber comprobado por experiencias cuáles afirmaciones de los libros eran verdaderas, y en qué grado, y cuáles no. De ese modo aprendí que por cada 100 páginas de ciencias sociales en las bibliotecas, las buenas son unas 10, aproximadamente. Sólo hay que buscarlas. Pero a fin de retener lo bueno hay que investigarlo todo, según Pablo, y “escudriñarlo” (examinarlo detenida y sistemáticamente, I Tesalonicenses 5:21).

Al conocimiento verdadero no lo tomé de la Universidad. Para asimilarlo y disfrutarlo tuve que desaprender lo aprendido. Fuera de en las aulas hay vida académica; ¡y es mucho mejor ¡y más libre! Porque a la Universidad hoy casi nadie va a estudiar, sino a sacar un diploma, y eso la deteriora. Y con su cartulina enmarcada, el graduado promedio jamás vuelve a abrir un libro, y eso le impide conocer la verdad. Este escrito resume parte de lo que aprendí después de los claustros, en los libros y en la calle. (Otro subtítulo: “Lo que no me enseñaron en la Universidad”).

Lo que Ud. va a leer contradice de frente las lecciones de las aulas. Y las enseñanzas de los verdaderos maestros actuales: los medios. Porque ahora se aprende economía, derecho y ciencia política en los noticieros de TV y sus comentarios. Y en las teleseries de Sony y Warner, donde todos los héroes son empleados del Estado: policías y fiscales, bomberos, médicos, paramédicos, enfermeras, directores y maestros de escuelas estatales, etc. Y todos los villanos son particulares: tenderos, industriales, arrendadores, pastores y sacerdotes, así como abogados, doctores y educadores privados, etc. Y cuando las series se ponen “profundas” enseñan Filosofía y Teología igualmente: a su manera. Lo mismo pasa con la psicología popular que enseñan los Reality Shows, la “ciencia” ecologista y evolucionista de Discovery Channel y NatGeo, y la versión de la historia “PC” (políticamente correcta) en History Channel.

La segunda confesión es mi testimonio. Al hacerme cristiano reformado aprendí a estudiar y amar la Biblia. Y que en todo cuanto ella enseña acerca del hombre, la sociedad y el Gobierno, coinciden las 10 páginas buenas de las ciencias sociales y Humanidades (contra las otras 90). Y entendí en conciencia que Dios no me pide dejar mis estudios y actividades, sino consagrarlas a testificar su Palabra, conforme Deuteronomio 4:5-6, en el mejor y más excelente Manual de Ciencia Política jamás escrito: la Biblia. Desde entonces eso hice, y este panfleto es parte de mi trabajo.

Es asimismo este trabajo expresión de mi agradecimiento a Guatemala. Desde José Joaquín Palma en adelante --para los foráneos: el autor de la letra del Himno Nacional de Guate (el más bello del mundo), y nacido en Cuba-- hay una legión de extranjeros enamorados de ésta tierra bendita, y muy agradecidos, haciendo aportes en las ciencias, artes, el comercio, el deporte, etc., incluso la política. Salvando las distancias, creo estar en esa buena compañía.

Muchas personas me ayudaron a escribir y publicar, de muchas maneras, algunas sin saberlo, y aún sin compartir las posiciones aquí expresadas. Mis reconocimientos van al final: trato así de evitar que si Ud. está en desacuerdo, se prejuicie contra alguno de los mencionados.

Y lo dedico muy en especial a tantos jóvenes latinoamericanos (y otros no tan jóvenes), que estudian y trabajan día y noche con incansable denuedo para mejorar su situación en la vida, pero ven frustrados sus esfuerzos por razones que no terminan de entender.




INTRODUCCIÓN


Siento comenzar de modo poco simpático, pero en Latinoamérica el problema somos nosotros: la clase media. Eso nos incluye a Ud. y a mí, querido(a) lector(a).

Somos parte del problema. Porque los altos jefes de la política y la banca, la gran industria, la cultura, etc. que aprovechan del injusto sistema social-mercantilista actual, no van a cambiar. De ellos no cabe esperar otra cosa, dado su muy confortable nivel socioeconómico. No es que “no saben economía” como piensan ciertos liberales ingenuos; no saben, pero tampoco les interesa saber. No les conviene.

Tampoco cabe esperar otra conducta de los cientos de millones de pobres, harapientos e iletrados que votan por los Hugo Chávez, Evo Morales, los Ortega, Correa y el ex obispo Lugo, dado su muy lamentable nivel educativo.

Pero de quienes sí podemos esperar mejor conducta política es de nosotros, clase media de técnicos, trabajadores calificados, docentes, profesionales y empresarios, estudiantes, etc. Se supone que somos más educados y expertos.


# 12 clichés de clase media

Sin embargo, nuestro nivel de vida se hunde al paso que nuestros países. Porque no somos eficaces. Y no damos en la tecla, porque vivimos presos de clichés muy equivocados, que repetimos sin pensar, y nos inhabilitan. (“Cliché” = frase hecha). Pensamientos que nos sacan del juego. Permítame unos ejemplos:

1) “Aquí va a pasar algo” decimos, “tiene que producirse una reacción”. Pero el principio físico de acción y reacción no rige en la sociedad humana. Si dejamos de hacer lo que debe hacerse, o lo hacemos mal, de modo inapropiado o extemporáneo, sencillamente no va a pasar nada.

O va a pasar algo peor, porque en la sociedad sí rige el principio de creciente “entropía”, o desmejora progresiva ante la inacción. Las reacciones se producen; pero no solas. Y las oportunidades también se producen.

2) “Es que tenemos que tocar fondo”. Otro error: la sociedad no tiene “fondo”, porque no es una piscina, ni un baúl. Muchos clichés son meros justificativos de la pereza: “Esperemos a tocar fondo…” cruzados de brazos.

3) “Tiene que haber un cambio”. Pero “un cambio” no se hace solo; y además puede ser para peor; y de hecho el comunismo nos amaneció tras la promesa de un cambio. ¡Y vaya cambio! Pero cuando aprendemos que “un cambio” no es suficiente, y debe ser para mejor, ya tenemos la soga al cuello.

4) Y ya apretada la soga decimos: “¡Tenemos que hacer algo!” Pero “algo” no basta, porque puede ser algo inútil, ineficaz, impropio, imprudente, irracional, tal vez injusto e inmoral. Y cuando la clase media hace “algo”, no es contra el sistema, sino contra algún abuso de algún representante, y contra esa persona. Protesta contra el cierre de una televisora y por los estudiantes en Venezuela, contra un reglamento electoral tramposo y por la autonomía departamental en Bolivia, o contra los impuestos a los productores de soja y por el empresariado del campo en Argentina. ¡Pero eso no detiene la Marea Roja!

Nuestra debilidad impide que constituyamos una fuerte corriente de opinión a favor de la prosperidad y del libre mercado, que es la única vía para conseguirla. E impide que formemos un partido o varios para expresarla y respaldarla. De esa manera los socialistas ganan las elecciones y se hacen con el poder. Y una vez con el poder en la mano, los socialistas se comportan como tales: mienten, roban y abusan. ¿Cómo esperamos que se comporten?

Lo que hacemos luego es protestar, quejarnos y marchar en señal de repudio por tal o cual abuso en particular. Porque somos incapaces de elevarnos mentalmente, del plano de los hechos circunstanciales al fondo de las cuestiones, de razonar sobre principios. Rechazamos las abstracciones. Y los cristianos somos incapaces de leer TODO lo que dicen nuestras Biblias, y entenderlo de modo literal (al pie de la letra), e informadamente y con inteligencia; y por eso no somos luz para el mundo.

5) A la propuesta de libre mercado decimos “Todos los extremos son malos”, como si fuesen igualmente malos la salud y la enfermedad, la locura y la cordura, la sabiduría y la ignorancia. O en esa misma vena decimos “Todos los dogmas son malos”, como si todo principio fuese un “dogma”, y debiese rechazarse por el mero hecho de ser un principio, con lo que seguimos en la política sin principios, en el cambalache de siempre por los puestos públicos.

6) Cuando se discute y se critica, alguien dice: “No seamos negativos”; otro cliché, que se opone al pensamiento crítico y lo anula. Así se nos imposibilita rectificar, y por tanto avanzar.

7) “Todos tenemos derecho a opinar”. Pues sí; y todo el tiempo opinamos de todo. Pero las opiniones no tienen igual valor: no una opinión fundada que otra sin base. No es cierto que “Todas las ideas son respetables” porque muchas ideas son dañosas, perversas, criminales, si bien las personas que las sostienen son respetables, hasta que las ponen en práctica.

8) “Nadie es dueño de la verdad”, el cliché relativista. El relativismo es la filosofía de Pilatos (“¿Y qué es la verdad?”, Juan 18:38), que reina hoy en la Posmodernidad. En sus distintas formulaciones -más fuertes o más débiles- el relativismo niega la existencia de verdades objetivas, o de verdades trascendentes, absolutas e incondicionales, universalmente válidas. O en todo caso niega la posibilidad de conocerlas, entenderlas y expresarlas (escepticismo).

El relativismo se liga al irenismo: en nombre de la paz y armonía se suprime la discusión y se acalla la verdad. Eso nos angosta la perspectiva, nos quita los principios, nos destruye los valores, y nos condena al conformismo y a la pasividad. Nos estanca y atrasa porque nos impide el progreso intelectual, económico, político; y aún moral, porque sirve de acomodaticia justificación a toda conducta.

9) “El problema es muy complejo…” dice el cliché que los “expertos” repiten con voz engolada y cara de profundos “…y la solución debe ser integral”; ¡otra frase hueca! Pero es que todo problema luce muy complejo hasta que se entiende y se halla la respuesta. Si le dicen que “el problema es muy complejo” lo que significa es “Hasta ahora no he podido hallar la solución”. Dígale: “OK siga buscando amigo, y avise si la encuentra”. Y la solución para todo (“integral”), no la hay.

También decimos “El cambio tiene que empezar por adentro, en el interior de cada quien”. Es muy probable, pero ¿cuáles cambios? Si hay leyes malas e instituciones pésimas, nada ganamos con cumplirlas y obedecerlas. Y si crean perversos incentivos para el mal comportamiento, se hace un círculo vicioso: ¿el huevo o la gallina?

10) “El socialismo es bueno en teoría”. ¡Qué disparate! Si siempre trae pobreza, casi siempre sangre y muerte a raudales, y jamás funciona como se supone, ¡entonces es una pésima teoría!

11) “Todas las teorías son buenas”. ¡No! Hay teorías buenas, regulares y malas. No todas las teorías son verdaderas: realistas y objetivas, racionales y éticas. Pero no siempre lo admitimos de las teorías, ni de las opiniones.

Por eso opinamos con ligereza, y confundimos opinión con saber. Aceptamos acríticos cualquier cosa que digan por la prensa. O la Internet. No siempre nos documentamos, ¡mucho menos aún investigamos las fuentes! Opinamos sin hacer las debidas preguntas, ni conocer los puntos de vista y cursos de acción posibles, los argumentos en pro y en contra. No tenemos la paciencia de rastrear antecedentes históricos a fin de ganar perspectiva. Decidimos sin pensar, y pensamos superficialmente.

12) Y por fin, nos agrade o no, los cursos de acción que producen los resultados buscados y los cambios para mejor, son políticos. No hay más remedio. ¡Ah pero “La política es sucia”! dice el gran cliché de la clase media “pura”. Y si no: “¡Política sí; partidos no!” Ese sí es ridículo. No hay alimentos sin fincas, economía sin empresas, o fútbol sin balón. No queremos dictaduras, ¡pero queremos democracias sin partidos! ¿Cómo saldremos entonces de la crisis?

¿Y cuántas veces nos hemos arrepentido de nuestro voto? Nos equivocamos mucho al votar. No aprendimos a juzgar a los candidatos. Tampoco aprendimos a usar el voto en blanco o nulo como expresión de protesta cuando ninguno de ellos sirve, y caemos en la trampa de elegir el “menos malo”. Así nos va.


# ¿Cuál es tu “ismo”? Un test de dos preguntas

Hay un pequeño test para saber cuál es la posición personal de Ud. Muy simple, de sólo dos preguntas:

Pregunta 1) ¿Con cuál de estas dos afirmaciones A o B está Ud. de acuerdo?
A. “El Estado es el encargado de promover el bien común, por encima de los intereses privados que miran el bien particular”.
B. “El Estado y los particulares son encargados ambos de promover el bien común, cada cual en su esfera de actividad”.

La afirmación B describe en esencia el liberalismo. Y la A el estatismo. Si Ud. elegió el estatismo (A), diga ahora ..

Pregunta 2) ¿Está de acuerdo o no con esta afirmación?
C. “El Estado tiene que ayudar a reducir las desigualdades redistribuyendo la riqueza a través de los impuestos”.

C describe en esencia el socialismo. Si está Ud. de acuerdo, su posición es socialista. Si no está de acuerdo, pero eligió A en la pregunta 1, probablemente es mercantilista.

De todos modos, es urgente explorar las respuestas a preguntas como ¿Qué es mercantilismo? ¿Y socialismo? ¿Qué es una república? ¿Qué es la izquierda? ¿Y la derecha? etc. Su examen es imprescindible para entendernos y entender la situación de hoy y cómo llegamos. Y cómo salir.


# Mentir o perder, falso dilema

Los candidatos que se dicen “pragmáticos” afirman que para ganar elecciones hay que mentir. Y les creemos. “La verdad no se puede decir”, arguyen. Otro cliché. Es falso: sí se puede decir, pero ellos no la saben, por eso no pueden.

No conocen, o al menos no conocen enteramente:
-- Los principios y valores que hacen prósperas a las naciones y a sus pueblos;
-- tampoco las instituciones, normas y reglas inspiradas en ellos. Por eso no son capaces de describir cómo sería la sociedad una vez adoptadas,
-- ni de mostrar la vía de salida desde la presente situación, trazando la ruta de acceso hacia aquel modelo,
-- ni mucho menos concretarla en una oferta política atractiva, comunicando en lenguaje llano los beneficios para todos.

Su desconocimiento del mensaje les impide transmitirlo. Por eso recurren a los lugares comunes y a las recetas de siempre, harto conocidas pero fracasadas. Y la misma ignorancia que les impide decir la verdad de cara a los comicios, les lleva a cometer los consabidos errores y desaguisados como Presidentes o en el Parlamento, una vez escogidos.

Sin embargo, hay salida si se conoce la verdad, que puede servir a la vez como Declaración de Principios y Programa o Plan de Gobierno. No para perder elecciones, sino para atraer votos; sin mentiras, dádivas, ni falsas ilusiones y promesas. La verdad puede servir también como guía para la publicidad electoral, y cartilla de estudios para capacitarse los activistas y candidatos. Y sin recurrir a infames duplicidades, el mismo Programa exitoso en los comicios puede serlo también en el Gobierno, revirtiendo la tendencia de hoy, y cambiando a Guatemala para bien, y para bien de todos.

El peor problema no es que los candidatos no conocen la verdad: es que la desconocemos nosotros.


# Inseguridad + pobreza = diáspora

Muchos tenemos ideas equivocadas sobre la realidad; p. ej. la diáspora nacional que provoca la falta de seguridad y de oportunidades. Se suele creer que los chapines están felices limpiando baños por monedas en moteles de Arizona o pasando frío en Canadá. Pues no. Algunos pocos tienen éxito y hacen fortuna, pero el resto pasa mucha necesidad y sufrimiento, y muchos retornan frustrados. Y no sólo ellos sufren: sus familias se resienten, se dividen y se rompen.

Da pena ver a nuestras autoridades suplicar a los Presidentes y al Congreso de EEUU para que no cierren la puerta a nuestros desesperanzados. Es como decirles: “Somos incapaces de hacer aquí los cambios necesarios para generar prosperidad. Así que por favor llévense a nuestros mejores trabajadores, profesionales y empresarios.”

Cuando deberían decirles: “Estamos haciendo los cambios para tener seguridad personal y jurídica, e inversiones, empleo y riqueza, sin desarraigos ni dolorosas separaciones. Por eso ahora se multiplican nuestras empresas, y aumentan nuestras exportaciones. Así que por favor abran las puertas a nuestro comercio, que será de provecho para todos Uds. como consumidores y usuarios.”

Nos falta un Gobierno que nos diga eso a los guatemaltecos. Y una fuerza político-electoral que nos muestre la verdadera salida, la explique en forma clara, y nos diga: “Esta es la fórmula para tener seguridad y buenas oportunidades de negocios e ingresos. La receta para no emigrar”.


# Aún estamos a tiempo

Y la receta es simple, aunque a muchos disgusta: libre mercado. Vea pues:
-- ¿Sabe por qué incluso con crisis poca gente en Guate pasa realmente hambre?
-- ¿Y por qué aún se producen alimentos, y hay comestibles, víveres, ropa y zapatos?
-- ¿Y por qué también hay -para quien puede comprarlos- carros y viviendas, y siervos electrónicos para todos los usos, con la última tecnología?

Estas bendiciones no son gratuitas, pese a que muchos creen lo contrario y las toman por garantidas. Gracias a Dios existen porque todavía hay empresas privadas para producirlas o importarlas, en un ambiente que aún muestra alguna consideración por la acción económica de los particulares. No es así en Cuba o Venezuela.

A pesar de que el estatismo avanza, aún hay en Guatemala tejido productivo: toda una galaxia de firmas privadas y redes de negocios. Porque menguados, aún quedan restos de cierto respeto por la libre empresa:
-- Los Gobiernos todavía no se han arrogado la función de producir comida, refrescos, ropa o electrodomésticos (aunque no mucho les falta);
-- aún queda libertad de competencia en muchos mercados (no todos),
-- y aprecio por la propiedad privada.

Pero si Ud. está pensando en “una solución actual” o en “una solución guatemalteca” olvídese, porque básicamente la solución es igual para todo tiempo y país. Los principios universales, respetados y aplicados en el pasado por todas las naciones que hoy son ricas --y lo son por eso mismo-- son tres: gobiernos limitados, mercados libres, y propiedad privada.

A. Gobiernos limitados. Los Gobiernos no son para dominar y controlar a las gentes, ni sustituirlas en sus actividades privadas; son para reprimir el crimen, hacer justicia, y contratar obras públicas de infraestructura. Y a estas funciones deben limitar su acción. Por tanto también sus poderes y atribuciones deben ser sólo los necesarias para su cumplimiento; e igualmente su presupuesto.

B. Mercados abiertos y libres. La economía depende del ahorro de las personas y de las inversiones de las empresas, y por ello, de acuerdos entre particulares, conforme a sus necesidades y recursos, demandas y ofertas. Por eso los mercados deben ser sin privilegios. Y libres de la violencia y el fraude. A estos fines es necesaria la oportuna acción del Estado, pero por vía de magistrados judiciales, y en base a Códigos generales.

C. Propiedad privada. El éxito en educación, medicina, previsión social, arte, ciencia y otras actividades no económicas, se basa en los mismos dos principios anteriores. Por eso la propiedad privada, sostén y garantía de todas las libertades, debe ser respetada por todos, gobernantes y gobernados, no sólo en economía y finanzas, sino también en enseñanza y cultura, salud y deportes, cajas de jubilaciones y pensiones; y en los ámbitos de familias, partidos, iglesias y demás instituciones privadas.


# ¿Cuál es la salida? ¿Cuál es la solución?

Cambiar el sistema. El gobierno, las leyes y la economía actuales no se basan en los tres mencionados principios, sino en los tres contrarios:
-- Estado “social” y democracia clientelar; pero no tenemos seguridad, justicia, ni obras públicas de infraestructura;
-- economía mercantilista y de privilegios, y pobre;
-- educación deficiente, sin valores ni principios, deficiente atención médica y jubilaciones miserables, en una sociedad cada vez más estatizada y de rodillas ante el poder.

La salida no es el cambio del mero personal. Tampoco el socialismo, democrático o no. Ni es “Enseñar a pescar” como dice otro cliché repetido hasta la náusea, tal vez el más repetido. El supuesto proverbio chino, ¡también es puro paternalismo! Porque asume que el Estado debe enseñar a la gente a ganarse la vida. Y en realidad lo que debe es derogar las 2 mil leyes malas que nos impiden ganarnos la vida porque obstaculizan nuestro trabajo y emprendimiento. No es dar pescado, ni enseñar a pescar; es: “No impedir la pesca”.

La solución es cambiar el sistema entero, las instituciones y las leyes que lo encarnan. Pero sólo el Congreso tiene el poder para hacer y deshacer las leyes.


# Dios y Guatemala

1) “¡Dios está en control”; “¡Dios gobierna Guatemala!” Eso le dicen a Ud. en muchas iglesias. Y agregan: “Ud. pague impuestos, no pague sobornos, y obedezca todo lo que digan las leyes y las autoridades de turno.” Y ya está.

Pues si Dios está en control, no lo parece; y si es quien gobierna, no parece hacerlo bien. ¿Cómo es eso…? Es una teología equivocada. Le echa a Dios la culpa de lo malo que pasa. Vea Ud.: una cosa es el propósito de Dios y otra su voluntad permisiva. Por respeto a la libertad humana, Dios permite muchas cosas que no aprueba.

Y Dios no aprueba cualquier sistema de gobierno. ¿Ud. cree que para Dios es igual capitalismo o socialismo? Algunos creen que sí, que es como en el fútbol, rojos o cremas, y que a Dios le da lo mismo. Pero del sistema depende nada menos que la riqueza o miseria del pueblo, ¿Ud. cree que el Altísimo es indiferente, y que en Su Palabra no revela un Consejo de Dios a las Naciones?

Todos los lectores de la Biblia sabemos que ella contiene normas y preceptos buenos para la vida personal como individuos. También conocemos que la Biblia trae reglas de conducta para matrimonios y familias. Y hasta proverbios y enseñanzas útiles y aconsejables para el gobierno y la administración de negocios y empresas privadas. ¿Por qué entonces pensar que no hay principios y normas sobre los negocios públicos y el buen gobierno de las naciones?

2) En otras iglesias dicen que en la Biblia la “opción preferente” de Dios es por los pobres, y que se nos manda ayudar a los pobres. Y es verdad; pero suponen que “el socialismo es el régimen a favor de los pobres”, lo cual es total y absolutamente falso. Así concluyen equivocadamente que la Biblia apoya el socialismo.

3) La enseñanza bíblica sobre política y gobierno es que hay un sistema que trae a las naciones pobreza y miseria, ignorancia, violencia y ruina. Y corrupción. Es injusto e inmoral. Y hay otro sistema opuesto, que trae justicia, seguridad, paz y prosperidad. ¿Cómo Dios va a ser indiferente?

A. Uno es el estatismo, que la Biblia llama gobierno de los Reyes o Monarquía. En este sistema usurpan los gobiernos muchísimas funciones que por su naturaleza son privadas, p. ej. hoy día industria, comercio y finanzas, educación y salud, fondos de jubilaciones y pensiones, etc. etc. Así concentran las autoridades políticas demasiado poder y acumulan demasiada riqueza, y eso es malo.
B. El otro es el sistema opuesto, de Gobierno limitado, que la Biblia llama gobierno de los Jueces o Judicatura: atribuye a los gobiernos sus funciones en seguridad, justicia y obras públicas. Y nada más.

La Biblia prescribe el segundo sistema (Deuteronomio 17:15-20) y proscribe el primero (I Samuel 8). Y dice en Levítico 26 y en Deuteronomio 28, que con el buen sistema se goza de trabajo, tranquilidad y bienestar, y con el otro es lo contrario: crimen, pobreza, humillación, lágrimas. Y no hay término medio.

¿Tenemos en Guatemala Gobierno limitado? No. En toda América latina tenemos lo contrario: estatismo. Sea como mercantilismo, en beneficio de los empresarios oligopolistas y los ricos, o sea como socialismo, en provecho no de los pobres sino de los políticos que también se enriquecen mediante el poder. Entonces: ¿qué otros resultados podemos esperar? Del estatismo son los frutos que segamos, porque “Dios no puede ser burlado: lo que el hombre sembrare, eso segará.” (Gálatas 6:7).

-- Isaías 5:20 es claro: la verdad existe, aunque sea negada; y la verdad es la realidad. “¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!” Y Proverbios 12:17: decir la verdad es obrar con justicia.
-- En el capítulo 8 del primer libro de Samuel, se expone la larga lista de nefastas consecuencias del estatismo: opresión, servidumbre, pobreza y miseria, injusticia, tristezas. Y como el Dios justo no quiere la plegaria de los desobedientes, al final dice: “En aquel día no atenderé sus oraciones” (I Samuel 8:18).
-- En 2 Crónicas 7:14 se lee: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo les oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.” Por eso en las iglesias hacen rogativas, intercesiones, ayunos y clamores por el país. Pero olvidan que no dice sólo orar, sino además “convertirse de sus malos caminos”. ¿Qué significa? Simple: seguir la ley de Dios, y cambiar de sistema.

Pero no hay arrepentimiento sin conciencia de una transgresión, porque no hay conocimiento ni noticia de norma violada. Lo dice Jeremías: “He aquí yo entraré en juicio contigo, porque dijiste: No he pecado” (Jeremías 2:35). “¿Se han avergonzado de hacer abominación? De cierto no se han avergonzado, ni saben tener vergüenza. Por tanto, caerán entre quienes caigan”. (Jeremías 6:15). Muchos cristianos decimos caminar según la Biblia, pero ni idea tenemos que hay un sistema político prescrito y ordenado por Dios, y que vivimos todos como nación bajo el sistema opuesto, severamente condenado por Su Palabra revelada.

Razonemos a partir de la Escritura. Razonar no es algo malo, “mundano” y no “espiritual”, desagradable a Dios. No reaccionemos con el hígado, como todo el mundo. En el libro de Proverbios se nos dice que “los insensatos” desprecian la sabiduría (1:7). Y recomienda “estar atento tu oído a la sabiduría” (2:2), que es lo más valioso (8:11), se busca por el camino de la humildad (11:2), y de las correcciones de la vida (15:31). Estudiemos. Hay buenos diccionarios, concordancias y enciclopedias bíblicas; no esos “devocionales”, que a todo pasaje dan una interpretación “espiritual”, arbitraria, a menudo extravagante y de típico sabor New Age.

En I Pedro 3:15 se nos manda estar siempre preparados (algunas versiones dicen “aparejados”, o bien “aprestados”) para responder (“presentar defensa”) con toda mansedumbre y reverencia, a quien demande razón (“argumento”) de vuestra fe (“esperanza”). Sin embargo creemos que el discernimiento no es racional sino puramente “espiritual” o sobrenatural, “místico”. Poco sabemos de historia cristiana; y así tomamos modas pasajeras por verdades eternas, ignorando cómo vivieron su cristianismo las generaciones anteriores. El cristiano promedio tampoco se asoma por un libro no cristiano: cree que ya leyó todo lo necesario; como todo el mundo, ¡pero con un pretexto “piadoso”! Por eso hace una cita de la Escritura, y de seguido repite una opinión totalmente antibíblica, que oyó en la TV o leyó en el periódico. Y no ve divorcio o contradicción alguna porque tiene poca información, e insuficiente capacidad racional para discernir.

La ignorancia promueve el conformismo: el asentimiento acrítico a todo lo que diga o haga la autoridad política o religiosa de turno. Y el conformismo no ayuda a lo que necesitamos los cristianos en América latina: una Nueva Reforma.

Si no le parecen palabras muy duras, sigamos adelante.




I. CONCEPTOS


El 24 de marzo de 1804 fue promulgado en París el Código Civil francés, con la firma del Primer Cónsul Napoleón Bonaparte -próximo a ser Emperador- redactado por una comisión de cuatro juristas, con mandato de basarse en el Corpus Iuris Civilis de Justiniano.

El Corpus era el derecho romano cristianizado gracias a sus glosadores. Y los cuatro juristas eran Portalis, ex juez y funcionario prestigioso, el ex diputado Bigot de Preameneu, el Presidente de la Corte de Casación Tronchet, y uno de sus jueces: Maleville.

Entonces no había computadoras, pero en cuatro meses el proyecto fue elevado a las Cortes Suprema y de Casación, al Consejo de Estado (presidido por Napoleón), y al Parlamento. Hubo discusiones y enmiendas, pero se aprobó ante la presión de Bonaparte, quien pensaba ser recordado por su Código más que por sus victorias militares, políticas u otros méritos; y en eso no se equivocó.


# Códigos y leyes

La idea de Napoleón era tener un Código general en toda Francia, con iguales derechos consagratorios de libertades para todos, en lugar de las innumerables leyes especiales --las del norte del país procedían del derecho germánico, y del romano las del sur-- con sus innumerables privilegios exclusivos, para los innumerables intereses especiales. Y el Código desterró los privilegios feudales y mercantilistas a favor de las libertades individuales de conciencia, culto, expresión e imprenta, y de trabajo y comercio, educación, etc., para todos, en un estado separado de la Iglesia.

El Código Civil napoleónico tuvo grande y positiva influencia en nuestros países de América latina en el medio siglo que va desde 1880 a 1930, nuestros mejores años. Tuvimos también Códigos de Comercio, Penales y de Procedimientos, en las huellas de sus similares franceses, belgas, alemanes, italianos o suizos, garantizando nuestros derechos individuales a la vida, libertad y propiedades. Pero después, nuevas leyes nos impusieron las filosofías colectivistas de los socialismos nazi y comunista: los estatismos racial y clasista. Y comenzó la debacle.

¿Ud. cree que la Filosofía no importa? Permítame que le diga: las leyes de un país, y con ellas el comercio y la industria, así como la literatura y hasta las canciones populares, siguen unas u otras cosmovisiones filosóficas. Y hay una oposición tajante de pensamientos. Sin términos medios: es una cosa o la otra:

A. La filosofía colectivista es pagana. Postula que el hombre existe sólo en entes colectivos: la aldea o el feudo, y la patria, la nación, la raza o la etnia, la clase obrera, el pueblo, la mayoría, los pobres, el sindicato, el colectivo indígena, las mujeres, etc. (o la “comunidad hispana” en los EEUU). Para esta visión, la sociedad (la tribu ampliada) vale más que el individuo, cuyo valor como persona depende de su aporte (sacrificio) a la sociedad o al grupo. Y el Estado es el instrumento político al servicio del o los colectivos, ante el cual los derechos individuales se supeditan, sacrifican o nulifican.

B. Para la cosmovisión cristiana en cambio Dios creó a Adán y Eva, seres humanos individuales. Ud. y yo fuimos creados como individuos, únicos, irrepetibles e incambiables, a Su imagen y semejanza; y como tales fuimos redimidos, comprados, y adoptados como Sus hijos. Y el Día del Juicio ante Él responderemos, cada quien por lo suyo. Cuentas separadas. Hemos sido dotados de derechos individuales, que el Gobierno debe proteger.

Por tanto nuestra valía y dignidad como personas responsables y por ende libres, no depende de holocausto a grupo alguno. Con la sociedad tenemos el deber de mantener una relación de balance entre lo que recibimos y lo que pagamos, lo cual excluye el parasitismo, precisamente porque no se exige el sacrificio de nadie en el altar del colectivo. Nuestras relaciones comerciales y de negocios son manifestación económica de nuestras libertades, como individuos que decidimos intercambiar recursos y coordinar esfuerzos. Y nuestros derechos individuales, naturales, son anteriores y superiores al Estado, y expresión jurídica de tales libertades; no se supeditan a Gobierno, ni a colectivo o sociedad. Lo cual no niega o excluye la solidaridad humana; pero ésta no se impone: es voluntaria.

Desde los años ’30 los colectivistas revivieron entre nosotros el mercantilismo, e introdujeron el socialismo, y sometieron a aquellos Códigos, y al liberalismo individualista que los inspiraba, a una tremenda campaña de difamación y descrédito, que se ve hasta en los diarios de hoy día.

¿Cambiaron los Códigos? No; pero gobernantes y legisladores conservadores y “liberales”, militares y civiles, comunistas y “demócratas”, etc. dictaron leyes especiales, para infinidad de sectores y actividades, una tras otra: trabajo, comercio, agricultura, bancos, alquileres, transportes, seguros, navegación fluvial, marítima, aérea, salud, educación, iglesias y cultos, comunicaciones, jubilaciones, familia, etc… sometiendo los derechos individuales a las decisiones colectivas. Y como toda ley especial posterior prevalece sobre la ley general anterior en su materia, el espacio de vigencia de los antiguos Códigos se fue reduciendo a nada.

Las leyes especiales se inspiran en nociones y prejuicios antiliberales. Son las leyes malas. Sus efectos son desastrosos en economía, educación y cultura, familia, etc. Y la moral. Son leyes inmorales porque obligan a un comportamiento inmoral. P. ej. una ley de control de cambios multiplica sus costos a todas las empresas no vinculadas al gobierno de turno, y por ende las somete a un espantoso dilema: violar la ley o quebrar. En tales casos, las personas escogen quebrantar las leyes malas. Y así el irrespeto por la ley se hace frecuente y se contagia, extendiéndose a todas las leyes, incluso a las buenas que puedan quedar vivas.


# Bill Gates, libre mercado y Google

El fundador de Microsoft no es un paladín del free market, pero se le preguntó por qué no ingresaba al mercado de los buscadores (eso fue antes de Bing), y su respuesta fue: “Por ahora no hay nadie tratando de hacerlo mejor que Google.”

Ese es exactamente el espíritu del sistema de economía libre: una empresa lo hace bien, y su posición en el mercado de momento no es amenazada. Pero nadie sabe cuando surja otra que “trate de hacerlo mejor” y tenga éxito. Mientras tanto, hay una empresa líder, y duermen tranquilos sus propietarios, ejecutivos, trabajadores y proveedores.

Pero si hay acceso abierto a la competencia, mañana o pasado puede llegar quien preste mejor servicio. Y reclutará consumidores y usuarios más satisfechos, y la empresa líder dejará de serlo. Muchos puestos de trabajo se desplazarán, y sus trabajadores. Y muchos proveedores también mudarán de clientes, e inversionistas reubicarán su dinero. Sin embargo los afectados cambiarán su posición para mejor y tendrán éxito, si hacen los ajustes y adaptaciones para ser más eficientes servidores, según el primer principio cardinal del capitalismo liberal -por el cual debería llamarse servicialismo- establecido por Nuestro Señor Jesucristo: “quien quiera ser grande, que sirva” (Mateo 20:26).


# Pragmatismo y oportunismo

En América latina nos falta un proyecto para enfrentar la Marea Roja. Y debe ser ideológico. Pero quienes se dicen “pragmáticos” acostumbran con ese pretexto a eludir precisiones ideológicas. Para ellos “pragmatismo” equivale a oportunismo, en el mal sentido de ambos términos.

Sin confundir con la escuela filosófica de ese nombre (Charles Peirce y William James, fines del s. XIX), en su acepción común, “pragmatismo” es simplemente orientarse por resultados. No es algo malo: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16) Y oportunismo puede ser simplemente aprovechar oportunidades. Tampoco es malo.

Pero sí es malo rehuir los conceptos y las definiciones (que son los conceptos precisados); así, los resultados no son favorables, y las oportunidades se pierden. Y si una propuesta o proyecto político no describe ni explica sus posiciones, o lo hace mal, entonces sus adversarios harán las definiciones, calificaciones y adscripciones, y no de modo amigable. No siendo de izquierda el proyecto, de todas formas será calificado (y acusado) de “capitalista”, “derechista” y “neo-liberal”, y tal vez de “evangélico” (o militar quizá, según su conformación).


# ¿Qué es una República?

Se oye que nos faltan principios y valores, y son fundamentales. Cierto. Pero los principios y valores no son para quedar en el aire, en pura declamación gaseosa. Para que den sus frutos deben ser incorporados, concretados y encarnados en sistemas y leyes, reglas e instituciones que prescriban incentivos para la conducta acorde, y desincentivos para la conducta contraria. Y procedimientos. (Mucha gente dice adherir a “principios y valores”, pero no quiere ni oír acerca de “normas”).

Democracia y República son dos de tales sistemas:
-- Democracia es el Gobierno de la mayoría, o por voluntad de la mayoría del pueblo expresada en el voto. Puede ser la tiranía de las masas.
-- Y República es el Gobierno limitado, antes concebida como la forma “mixta” de Gobierno, preferible a las tres “puras”: monarquía, aristocracia y democracia.

El Gobierno limitado puede ser una Monarquía constitucional, como lo fue en el s. XIX; o una democracia con sufragio restringido, como lo fue a comienzos del s. XX.

P. ej. el Gobierno Constitucional de EEUU era una República, forma mixta que combinaba elementos de las tres formas puras:
-- de la Monarquía --aunque no hereditaria-- en instituciones como el Presidente;
-- de la Aristocracia, en cuerpos gubernativos muy selectos por su composición y elección: Corte Suprema de Justicia y Alto Mando militar, a los cuales no se llega por elecciones democráticas en EEUU ni en país alguno. Y el Senado o Cámara Alta, elegida por sufragio indirecto, y no por voto popular o de base.
-- Y de la Democracia, en instituciones como la Cámara Baja, de elección popular y directa, e igualmente Legislaturas y Gobernadores de muchos Estados.

Esta forma “federal” de Gobierno civil fue copiada de la forma del Gobierno “pactual” de la mayoría de las iglesias locales en las colonias americanas anteriores a 1776, con el Pastor, el Consejo Presbiterial, y los miembros de la congregación, conforme a una Constitución escrita (“Covenant” o Pacto). Porque se pensaba que la forma mixta era un antídoto eficaz contra “el ciclo político”: la inestabilidad crónica devenida de las revueltas por la insatisfacción con las formas puras, consideradas las tres muy imperfectas.


# La democracia liberal

Con la imposición de la democracia como único régimen legítimo, “República” designó el tipo de democracia “liberal” (palabra en uso desde la Constitución española de 1812) en la que ninguna mayoría puede ir contra institutos y reglas que consagran el principio de Gobierno limitado --en funciones, poderes y gastos-- y otros principios muy valiosos, y muy básicos:

1) Libertades individuales. De expresión y prensa, reunión y asociación, culto, y todas las libertades civiles y políticas, incluso los derechos a la justa defensa y resistencia a la opresión. Aunque más que enumerar garantías, la mejor defensa de estos derechos es describir las funciones de Gobierno, sus competencias y atribuciones, prohibiendo expresamente a sus funcionarios atribuirse otras distintas; así lo hacen las primeras Enmiendas a la Constitución de EEUU, y por ello constituyen una Carta de Derechos individuales.

Son los derechos humanos a la vida, libertad y propiedades; y a la “procura de la felicidad”, cada quien por su cuenta y ciencia, pero respetando iguales potestades del prójimo. No así los mal llamados derechos colectivos o “sociales”, que sirven de pretexto contra ellos, y contra las libertades económicas. Que son las garantías a la propiedad privada y al libre comercio; y el libre mercado o derecho a la libertad de competir, que involucra el deber correlativo de soportar la competencia del prójimo ¡lo que muchos detestan y temen!

Con las garantías económicas la República se completa y perfecciona, cuando a la democracia liberal se le integra la economía liberal, para brindarle prosperidad y piso social. De otro modo se crea una inmensa masa de pobres, que abre las puertas a la demagogia, y por tanto a la crónica inestabilidad social y política.

2) Estado de Derecho. Es el “imperio de la ley”, no del gobernante ni del funcionario. Conforme a la doctrina del Derecho Natural, no cualquier locura o atrocidad puede ser legalizada, ni aún con amplias mayorías de diputados elegidos por amplias mayorías de votos según sufragio universal, como en el Tercer Reich, donde hasta el genocidio fue legal. Y como es hoy en la concepción positivista, para la cual no hay más ley que la voluntad del legislador, y que lamentablemente prevalece en nuestras Facultades de Derecho, y en nuestras democracias.

Según el Derecho Natural:
-- la ley es una norma de conducta racional, justa e igual para todos.
-- La igualdad ante la ley es igualdad de derechos: mis libertades deben respetar las de Ud. y viceversa. No es igualdad de resultados, ni de oportunidades. Tampoco igualdad en el voto.
-- Y el Gobierno se limita a asegurar esos derechos de todos, sin brindar privilegios a los intereses de algunos en detrimento de otros, mediante la odiosa discriminación legal y el trato desigual, cuyo fin pretendido es igualarnos a todos por abajo, en resultados o en oportunidades.

3) Separación de poderes o independencia del poder judicial, según si el modelo constitucional es parlamentario o presidencialista. En el primero el Ejecutivo se subordina al Legislativo del cual procede; pero los tribunales están separados. En el segundo en cambio, se separan los tres poderes.

Muchos liberales hoy en Latinoamérica sueñan con el sistema parlamentario tipo europeo, creyendo que es mejor barrera contra el socialismo y el totalitarismo. Pero en el s. XIX muchos liberales europeos --asediados por las izquierdas-- creían lo mismo del presidencialismo de EEUU. Lo cual demuestra que ninguno de los dos regímenes es esa barrera.

4) Federalismo y autonomía municipal: carácter supremo de los Gobiernos locales y subsidiario del Gobierno central o federal, e independencia del cabildo o municipio como constituyente fundamental del Estado.

El federalismo y el municipalismo sí son mejores barreras; pero ningún modelo o cláusula constitucional por sí sola puede servir a esa función, si no hay una fuerte corriente de opinión convencida y dispuesta a hacerla valer, y un partido político para servir de canal operativo. Esa doble barrera es la única eficaz. Principio de Jefferson: “El precio de la libertad es la vigilancia permanente”. Las únicas leyes que se cumplen solas son las científico-naturales.

5) Gobierno por consentimiento: la democracia debe ser efectiva y no meramente formal, y por tanto el gobernante no puede recurrir a artilugios o trampas que falseen la voluntad popular expresada en las urnas. Pero el poder no respeta voluntad popular alguna, si no hay la mencionada barrera eficaz.

Hoy en EEUU y el mundo anglosajón la palabra “liberal” significa todo lo contrario: colectivismo, intereses especiales, confusión de poderes, centralismo y arrogante prepotencia del Ejecutivo. Olvidaron el Principio de Jefferson. No erigieron barreras, o no las cuidaron. Thomas Jefferson quiso decir que la lucha por la libertad es continua y sin descanso. Y los cristianos sabemos que también es inseparable de la lucha por la verdad: “La verdad os hará libres” (Juan 8:32).


# ¿Qué es una economía libre?

1) Lo que no hay, lo que jamás tuvimos ni tenemos: un régimen donde los precios de los bienes económicos, servicios y factores productivos, y demás condiciones de los intercambios, son acordados por consentimiento de vendedores y compradores. Sin condiciones diferenciales conferidas por el Estado a ciertos particulares en exclusividad (los verdaderos monopolios: privilegios). Y sin coerción ni fraude. Así los niveles de precios, ahorro, inversión, empleo, producción y consumo, etc., se determinan según los procesos de los mercados, y asimismo las ganancias, rentas y salarios y demás resultados obtenidos por los participantes.

-- Es el sistema más eficiente de producción, suministro y distribución, porque a diferencia del estatismo --el sistema opuesto-- optimiza el empleo de los recursos respecto de las prioridades sociales, en relación con sus asignaciones posibles.
-- Y a la vez el más justo y moral porque obliga a satisfacer al cliente --el prójimo-- en lugar del funcionario gubernativo, como lo explican en sus didácticos artículos el Dr. Manuel Ayau, y mi maestro, amigo y tocayo el Dr. Alberto Benegas-Lynch (h).

Las leyes naturales de los mercados son determinadas por la conducta humana, animada por el deseo humano natural de mejorar la propia condición, satisfaciendo las propias necesidades, y comenzando por las materiales. No como los reformistas sociales y revolucionarios nos dicen a los demás que “debería ser”, y que nosotros “deberíamos” hacer. Sino como es en realidad, y como ellos hacen en realidad, que jamás descuidan su interés propio (el de ellos) y más bien lo anteponen.

Las leyes naturales de los procesos de mercado se expresan en las leyes de la economía como ciencia: oferta y demanda, utilidad marginal, rendimiento decreciente de los factores, costos y beneficios, ganancias y pérdidas, etc. Los logros o fracasos resultan entonces de las decisiones “marginales”, cotidianas y continuas, según cálculo racional: trabajar o no; consumir, ahorrar o producir; asociarse o seguir solo; comprar el insumo X o el Y; emplear el recurso A o el B, etc. Ud. puede ver estas leyes en cualquier texto de Economía, que no sea keynesiano ni marxista (y cuanto más viejo, mejor).

2) Lo que hay, lo que siempre tuvimos y tenemos en cambio es el estatismo, un sistema donde se dice servir al colectivo, pero en la realidad se sirve a los empresarios incompetentes, y a los legisladores, políticos y burócratas que les conceden posiciones monopolísticas a cambio de dinero u otros favores, que nos degradan la moneda, y nos decretan impuestos abusivos y reglamentos que todo lo castigan. El poder crea oportunidades para la extorsión, por eso la corrupción abunda, y el compadrazgo, el amiguismo y el clientelismo.

Los marxistas critican la explotación del obrero. Pero dicen que el salario miserable deviene de la “plusvalía” del propietario; y eso es un disparate. El infortunio del obrero procede de un mercantilismo reglamentarista oligopólico, que artificialmente angosta los ahorros e inversiones de la gente, y aborta el nacimiento de nuevas firmas, potenciales fuentes de empleo y de mejores alternativas para el trabajador. No mencionan tampoco los marxistas la explotación del consumidor, el proveedor y la sociedad entera mediante privilegios legales y mercados cautivos.

En el estatismo, la riqueza depende de la transacción con el funcionario oficial. Y el éxito, del soborno, o del cabildeo y astucia para influir en la fabricación de leyes. La ganancia no depende de la capacidad, habilidad y disposición para cumplir fielmente la palabra empeñada, y para ser creativo, ahorrativo y eficiente, dejando satisfechos a clientes, empleados y proveedores. Se puede uno enriquecer sin servir y enriquecer a los demás. Por eso es ineficiente. E inmoral.

Y por eso la Biblia manda el Gobierno limitado (“de los Jueces”, Éxodo 18) y se opone al Gobierno sin límites o Monarquía (aunque el Rey sea elegido, I Samuel 8). El segundo era propio de las naciones idolátricas que rodeaban a los hebreos: Egipto, Persia, Siria, Asiria, Babilonia. Muchos pasajes del Nuevo Testamento -bien interpretado- confirman esta disposición, y ninguno la contradice.


# Justicia, política y sociedad

Mucha gente piensa: “El estatismo es contra los empresarios, y yo no lo soy”. O contra los ricos, “y no soy rico”. Falacias. A cortas o a largas el estatismo a todos nos perjudica.

Porque economía, política, justicia, educación, etc. no tienen puertas que se cierran, como los cuartos de una casa: hay relaciones e influencias cruzadas, para mal o para bien; y el estatismo no se mantiene confinado a la economía. La sociedad tiende a la consistencia, por eso lo que pasa en la economía se contagia. Compare Ud. uno y otro sistema vis a vis, en ocho distintas áreas.

1) Economía. El estatismo implica un Gobierno sin fronteras, con intervenciones arbitrarias del Poder Ejecutivo en todas las actividades económicas, apoyadas en la profusa y confusa legislación reglamentarista. En un sistema de libre mercado en cambio, no es que el Gobierno no interviene en la economía: hay un Gobierno, limitado a tratar con la violencia y el fraude, mediante la ley general; y en tales casos interviene, en la economía y en toda actividad privada, pero sólo entonces, y a través de jueces.

2) Leyes. En el estatismo (o dirigismo) intervienen las agencias burocráticas, en base a reglamentos que llaman “leyes”, numerosos, extensos y minuciosos, dictados para actividades específicas, y con intenciones “preventivas” de situaciones consideradas “no deseables”, según criterios muy discutibles; y que sirven para conferir privilegios a ciertas categorías de personas o empresas. En un sistema liberal en cambio interviene la rama judicial, mediante el “debido proceso”, en los casos a juzgar; y en base a las verdaderas leyes: pocas y breves reglas abstractas y generales, para proteger los derechos básicos; y no para “prevenir” situaciones, sino para ser aplicadas sólo después de ocurrida una transgresión, debidamente comprobada. Tampoco violan principios, normas o valores fundamentales, ni sirven para conceder privilegios.

3) Conflictos. Los Gobiernos dirigistas intermedian en conflictos de intereses; tratan de contentar a todos, pero logran lo contrario: sus decisiones diarias dejan a todos insatisfechos, en ruidosas protestas callejeras contra “soluciones” injustas y/o antieconómicas --cuando no irracionales-- y envueltos en interminables peleas y vendettas (retaliaciones), muchas liquidadas a balazos. En un Gobierno con fronteras en cambio, los jueces intervienen sólo en conflictos de derechos, no de intereses, que no son judiciables; para los intereses son los canales del mercado: negociaciones, arreglos y contratos privados, que no son perfectos, pero sí mucho mejores y socialmente preferibles a los compromisos y dictámenes políticos del estatismo.

4) Jueces. Por eso el Gobierno limitado congenia más con el sistema jurídico anglosajón de la jurisprudencia que con el continental de la legislación. En el primero el rol estelar cabe al legislador, quien busca anticipar todas las ocurrencias posibles, y el del juez es más pasivo: aplicar la previsión legal al caso bajo examen, de modo un tanto mecánico y restringido. En el segundo la ley es muy escueta, y el papel relevante y creativo es de los jueces, cuyos fallos y decisiones se adaptan mejor a los casos particulares, aunque sientan precedentes obligantes para los venideros.

5) Corrupción e impunidad. En un Gobierno sin límites el tráfico de influencia es enorme, porque el estatismo es omnipresente y permanente: en todas partes y en todo tiempo. Y la impunidad se extiende, porque se vende y se compra. En cambio en un Gobierno liberal, las actividades privadas son privadas, y en ellas no intervienen los Ministros ni diputados sino los jueces, y sólo en los casos que van a Tribunales. Así la corrupción no desaparece, pero al reducirse los Ministerios, la burocracia, las compras etc., se limita a las obras públicas y poco más allá, y se reduce a niveles manejables (y castigables) con sus remedios propios: judiciales.

6) Política y partidos. Hoy los gobiernos reglamentan al detalle y autoritariamente las actividades de los partidos. Les exigen que suscriban a la ideología democrática, y que la practiquen: que cada tanto hagan asambleas para renovar autoridades etc.; y que sus campañas y financiamientos se hagan conforme a los reglamentos. Y eso nos parece muy bien. Pero no está muy bien. En una democracia liberal es distinto: con libertad de pensamiento, puede haber partidos democráticos, y otros no. Y los partidos deben competir por el favor del público: no es el legislador ni el funcionario electoral quien decide. Somos nosotros los ciudadanos quienes ingresamos, y permanecemos, o salimos de los partidos cuyas declaraciones, vida interna o forma de hacer campañas o financiarse nos desagrada --votando con los pies-- e ingresando en otros de nuestro agrado, o creando otros que no existen aún.

Mucha gente apoya la reglamentación estatal de las empresas, y de los partidos, mas no de las iglesias. Sin embargo, los principios en juego son los mismos, trátese de las firmas en el mercado, los partidos, las iglesias:
-- El reglamentarismo restringe la propiedad privada, y así se recorta nuestra elección: la empresa, partido (o iglesia) debe someterse al reglamento y supervisión estatal, sin tener los dueños, accionistas o miembros el dominio sobre su propiedad, y sin tener que ver cómo se granjean o alienan las simpatías del público, que es quien debe aprobar o rechazar. Los derechos ya no son libertades personales sino autorizaciones o permisos, y sólo los permisados por los Gobiernos tienen acceso a los mercados, sean económicos o de cualquier clase. La gente no puede decidir.
-- En cambio la propiedad privada y la no reglamentación favorecen el control por el público, mediante la competencia abierta, y la multiplicación de oportunidades (empresas, partidos, iglesias), instrumentos naturales de la gente.

7 y 8) Enseñanza y medios de comunicación. Y es igual con las instituciones educativas --de todo nivel-- y con la prensa, impresa o electrónica:
-- bajo los reglamentos, los propietarios de un centro escolar, liceo, Universidad, periódico o estación de radio o TV, ya no son dueños plenos de lo suyo. Así de este modo sólo ganan los permisados por los Gobiernos. Ud. no decide: la agencia del Gobierno decide por Ud.
-- La propiedad privada y la libre competencia favorecen el control por el público, y por consiguiente la proliferación, diversidad y pluralidad.

En el III Reich había un Ministerio de Información, Propaganda y Adoctrinamiento, a cargo de Joseph Goebbels. Igual en Rusia bajo Stalin, y en la China de Mao. Y en Latinoamérica están las universidades de San Marcos en Lima, la UNAM en México, la Central en Caracas, la UBA en Buenos Aires o San Carlos en Guatemala, etc. En los ’70 y ’80 eran institutos de adoctrinamiento marxista, y centros de instrucción militar. Cuando la paz llegó, siguieron como institutos de (de)formación marxista, pero ya no con instrucción militar sino con capacitación política y electoral. No es de extrañar que hoy sus egresados son gobiernos, y hagan según las ideas que les inculcaron.

Y en EEUU casi todas las Universidades, de Harvard para abajo. La diferencia es que algunas de ellas son aún nominalmente privadas, aunque muy sometidas al sector estatal por la vía del financiamiento. Hay excelentes estudios, como “Estrechamiento de la mente en EEUU” por Alan Bloom (1987). Y otros libros más populares: “Lavado cerebral: las universidades adoctrinan a la Juventud” (Ben Shapiro); “Caída Libre de la universidad americana: cómo corrompen la mente y la moral de la generación siguiente” (Jim Nelson Black); e “Intelectuales idiotas: Cómo la ideología hace que gente inteligente tenga ideas estúpidas” (Daniel J. Flynn).

Cuando los papás (anglos o hispanos) envían a sus chicas y chicos a la universidad en EEUU, asumen que van a ser cultos, brillantes y agudos, y capaces de ver los problemas desde varios ángulos y no de un solo lado. Pero no; sólo hay una opinión en las universidades: la de izquierda. No hay debate. A los estudiantes se les enseña a no pensar demasiado y se les convierte en socialistas, ecologistas radicales, ateos, racistas y narcisistas, y fanáticos de las ideas más bizarras. Casi como retardados mentales, y cauterizados morales. Porque Al Gore cree que los automóviles son una “amenaza mortal para la seguridad de todas las naciones”. Y el padre de los “derechos animales” --profesor de Princeton-- cree que alimentarse de animales es inmoral, pero no el tener sexo con ellos (o ellas).

Sin sentido común ni moral, a la izquierda no le importa si algo es bueno o malo, verdadero o falso, plausible o ridículo, sólo si sirve a su causa y avanza su agenda. Por eso en EEUU la mayoría demócrata actual (y los “conservadores compasivos” del Partido Republicano) también se compone de radicales de los ‘70 y ’80… ¡como en Argentina, Venezuela, Nicaragua, El Salvador y Guatemala!

Pero con salvedades: el encogimiento cerebral en nuestras universidades es gratuito excepto en las privadas, y en EEUU la gente paga por su veneno. Y paga su TV cable y su literatura popular, y por los DVD para escuchar a los rockeros supermillonarios guitarrear contra el capitalismo y glorificar a al Che, a fin de hacerse perdonar su ostentosa riqueza por los jóvenes adoctrinados. (De paso vea Ud. la superioridad del capitalismo: ¿no es mil veces más eficiente la Propaganda y Adoctrinamiento con las industrias privadas disquera, fílmica y del entretenimiento, con Woody Guthrie y Pete Seeger, John Lennon, Jane Fonda, Joan Baez, Serrat, Arjona etc. que un gris y burocrático Ministerio goebbelsiano?)


# ¿Qué es capitalismo y qué socialismo?

1) “Capitalismo” es un término peyorativo o despectivo. Los socialistas lo acuñaron para el sistema de Gobierno limitado (“gendarme nocturno”), que en el pasado hizo ricos a países muy pobres hace 300 o 200 años: Suiza, Holanda, Escocia, Inglaterra y EEUU. En la Introducción vimos los tres rasgos del capitalismo liberal: Gobiernos limitados, en fines y funciones, en poderes y derechos, y en gastos y recursos; mercados abiertos y libres; propiedad privada.

Es el sistema de los “milagros” económicos de posguerra en Europa y Japón, y luego en los “tigres” de Asia: Hong Kong, Taiwán, Corea del Sur. E igual hoy en las regiones autónomas (capitalistas) de China. Su virtud: permite crear riqueza para todos. Se basa en la libre y abierta competencia, con igualdad de oportunidades jurídicas, aunque no de hecho, cosa imposible.

No es perfecto, aunque es muy superior a cualquier otro para generar ahorros e inversiones, que llevan a la formación o “acumulación” de capital. Es ideal para los trabajadores, porque la competencia incrementa sus oportunidades de empleo y opciones para escoger entre numerosos empleadores, y la acumulación de capital aumenta su productividad e ingresos reales. Y quienes mejor lo saben son los propios obreros: ellos se trasladan, casi siempre con sacrificios y altos costos, desde sitios donde hay relativamente menos libertades y oportunidades, a destinos donde hay (relativamente) más; y nunca a la inversa.

2) Estatismo es el sistema contrario, el que tenemos y tuvimos siempre en Latinoamérica, excepto y sólo de modo muy parcial entre 1880 y 1930. Sus rasgos esenciales son los tres contrarios: Gobiernos sin límites; mercados con privilegios y ligados a la política; y propiedad privada inexistente o con severas restricciones.

El estatismo viene en dos variedades: mercantilismo y socialismo; el primero es malo, y el segundo mucho peor.

3) Mercantilismo es un sistema de privilegios para oligarquías económicas, que permite crear riqueza sólo para unos pocos, y la inmensa mayoría sigue en la pobreza. Y la pobreza se junta con la ignorancia, y ambas engendran el socialismo, sistema de privilegios para oligarquías políticas, que no crean riqueza para nadie sino que la destruyen.

4) El socialismo debe ser analizado y juzgado por los medios que emplean sus impulsores, y por sus resultados reales, y no por aquellos resultados ideales que ellos de palabra y en el papel dicen perseguir, en sus discursos, sermones, clases y charlas. Hay dos subespecies de socialismo:
-- el reformista, democrático o girondino (menchevique), se impone por la propaganda engañosa;
-- el revolucionario o jacobino (nazi o comunista: bolchevique), que usa la intimidación, la coerción y las armas: stalinista, mussolinista, hitlerista o maoísta.

Mediante el toma y dame político, en casi todo el mundo las izquierdas blandas y las derechas antiliberales combinan socialismo democrático con mercantilismo, creando y repartiendo privilegios para oligarquías políticas y económicas a la vez. Siempre fracasan. Y tras los inevitables fracasos de estas combinaciones irrumpe siempre el ala más dura, comunista y radical. Así es otra vez en Venezuela, Bolivia, Ecuador o Paraguay, con Presidentes que ahora la clase media repudia, pero que como candidatos contaron con buena parte de sus votos.


# ¿Qué es izquierda y qué es derecha? (y el “centro”)

No le tenga miedo Ud. a la palabra “Derecha”. Desde la revolución francesa de 1789 los socialistas se llaman a sí mismos “de izquierda”, y nos llaman “de derecha” a sus adversarios como insulto, y para presionar y amedrentar. Aunque es cierto que los socialistas ahora no tienen exactamente las mismas ideas que antes -ni sus oponentes- no es verdad que los términos han perdido vigencia o los conceptos se han desactualizado; eso es mentira. Pero conviene rastrear desde su origen los significados de las dos palabras, para comprenderlos bien.

1) Durante las sangrientas revoluciones europeas de 1820, 1830, 1848, 1871 y 1917-18, se llamó Izquierda a la fuerza ideológica y política que en nombre del socialismo atacó violentamente el Gobierno limitado, el capitalismo y la propiedad, la ética socialmente aceptada (“victoriana”) y las instituciones tradicionales: matrimonio, familia y religión. En estas trágicas masacres los socialistas asesinaron aldeas completas de gentes, y diezmaron pueblos y villas, y barrios o sectores enteros en muchas ciudades. ¡La izquierda no anda con miramientos a la hora de exterminar!

2) “Derecha” se llamó entonces a la muy heterogénea alianza de factores sociales, económicos, religiosos, militares y políticos que reaccionaron (“reaccionarios”) resistiendo con vigor y firme determinación a las izquierdas: elites urbanas, clase media de las villas o burgos (“burguesía”), Iglesias, ejército, los monárquicos (constitucionales y absolutistas) y los tradicionalistas y conservadores. Y liberales. Pero también mercantilistas. Pero ya en el siglo XX, desde las revoluciones mexicana (1911) y rusa (1917), las derechas se perdieron en nostalgias románticas y defensas de privilegios, y fueron incapaces siquiera de poner contención a las izquierdas.

3) Y dos tipos de facciones ultrasocialistas emergieron: las del fascismo y nacional-socialismo, y las del comunismo o socialismo internacionalista (“proletario”). Las segundas acusaron falsamente de “derecha” (¡extrema!) a las primeras. Pero no hubo grandes diferencias; sólo lucha por el poder. Sean camisas rojas, negras o pardas, sus “logros” fueron los mismos: hambre, miseria, opresión, guerras sin fin, campos de concentración, torturas, muerte y sufrimientos. Balas y sangre. Pol Pot y Che Guevara.

4) Aunque después de 1945 se fue imponiendo el demosocialismo de camisa blanca, en sus ediciones escandinavas, anglosajonas -laborismo o new deal- o a la francesa, y árabe, sionista, iberoamericana, negras, tercermundistas, etc. Tampoco hubo muchas diferencias, y no mucho mejores fueron los frutos observables:
-- estatismo: Estado intervencionista, ineficiente y parásito;
-- gasto público desbordado, con impuestos exorbitados, y en muchos casos astronómicas deudas estatales;
-- degradación de la moneda e inflación de precios, y con alto desempleo;
-- regulaciones paralizantes y anticompetitivas, con improductividad e ineficiencia en las empresas privadas;
-- inseguridad en las calles, injusticia en los tribunales, y corrupción galopante;
-- y por último, pero no menos destacable: medicina y educación políticamente subordinadas a los Gobiernos y de calidad muy pobre, y jubilaciones y pensiones indignas y miserables.

Conclusión 1: si izquierda es el señorío del Gobierno sobre las personas y entes privados, el deterioro de la ley y la justicia independiente, el reparto estatal de la propiedad ajena, y la destrucción de la familia, entonces ser de derecha no es necesariamente pecado, delito o deshonra.

Es cierto que la derecha mercantilista favorece los privilegios, injustos y por ende inmorales. Pero la derecha cristiana y liberal -no mercantilista- sostiene la propiedad privada contra las expropiaciones, invasiones, robos y secuestros; afirma la ley y el orden contra el crimen y la anarquía; apoya el trabajo, el ahorro, la inversión y la producción contra el distribucionismo populista, y la creación de riqueza contra la pobreza, y la familia contra su depauperación y desaparición. Nada de malo.

Conclusión 2. Los remedios a los errores, desmanes y crímenes de la izquierda proceden de la derecha. Pero cuando es mercantilista y antiliberal no son eficaces, y entonces la izquierda resurge, como castigo a la derecha indolente, ineficaz e inoperante.

Conclusión 3. Insultante debe ser considerada la palabra “izquierda”, por sus fracasos, tan evidentes y obvios, que ahora el socialismo, aunque manteniendo su esencia, decidió abandonar el leninismo y hasta el marxismo como fundamento “científico”, y cambió a Lenin por Gramsci, y ya no es proletario sino de clase media. Tampoco es racionalista ni ateo, dice ser cristiano o islámico, y en todo caso “espiritual”, solidario e “inclusivo”, ecológico, feminista, étnico, y anticonsumista. Apela no a la razón sino a emociones y sentimientos. Y excepto por anti-USA ya no es nacionalista, ahora va de la mano con el Gobierno Mundial (ONU) y el estatismo globalizado.

5) ¿Y el “centro”? Es el intento de esconderse en una fórmula de compromiso, en la práctica siempre estatista, mucho menos que óptima, e intrínsecamente inestable. O es un subterfugio para evitar la definición.


# Seguridad primero

Esta es la oferta política que se espera. Según las encuestas, la gente desea Gobiernos que les permitan obtener estos resultados, y de acuerdo a este orden de prioridades:
-- Seguridad y justicia
-- Prosperidad: empleos dignos e ingresos satisfactorios
-- Educación excelente
-- Atención médica oportuna y de calidad
-- Seguro de salud, y una vejez tranquila y libre de zozobras

Se pueden lograr, y sin esperar demasiado tiempo, ni hacer indecibles sacrificios. Basta con deslegislar (derogar leyes malas) y cinco reformas, en cada una de las áreas mencionadas, que tratamos más adelante.

Brindar seguridad pública es el fundamento y razón de ser del Estado como institución, y su primera e inexcusable función. La segunda es administrar justicia pública. Y la tercera es contratar y mantener puentes, carreteras y caminos, y otras obras genuinamente públicas. Sin embargo, la inseguridad reina por doquier, la justicia falta, y casi no se emprenden nuevas obras públicas de infraestructura, ni se mantienen las existentes. ¿Por qué? ¿Por la corrupción y la indolencia? Sí las hay, pero otra es la causa.

La causa es el problema de fondo; el Estado ha usurpado toda suerte de disímiles funciones, privadas por naturaleza: hacer negocios de toda suerte y hasta poseer y manejar empresas comerciales, industriales y de servicios; educar a párvulos y adolescentes; brindar cuidados médicos a los enfermos, y administrar fondos de jubilaciones y pensiones para ancianos, viudas y huérfanos.

Y el Estado no es para eso. Es para prevenir los crímenes, mediante su represión y tratamiento legal cuando son cometidos, y hacer justicia cuando los particulares no llegan a resolver por sí mismos sus diferencias; y para obras de infraestructura. Nada más. Pero esas funciones son descuidadas y abandonadas, porque los Gobiernos pretenden abarcarlo todo. Así obstaculizan e impiden a la acción privada cumplir sus funciones propias naturales: productivas y comerciales, educativas, médicas, y administración de fondos jubilatorios.


# Neo-liberalismo en el papel

¡No se confunda Ud.! Vamos despacio. En los ’80 el economista John Williamson se hizo famoso entre sus colegas con su libro “IMF Conditionality”. Expuso por primera vez el recetario que después sería el “Washington Consensus”. Enunciado como un Decálogo, en diez verbos, era así:

1) imponer disciplina fiscal;
2) reducir las tasas de impuestos y aumentar así la recaudación total;
3) reorientar el gasto público hacia la atención médica básica, la educación primaria y la infraestructura;
4) liberalizar las tasas de intereses;
5) mantener un tipo de cambio “competitivo”;
6) eliminar restricciones no arancelarias al comercio exterior, y reducir poco a poco los aranceles hasta un arancel efectivo promedio de 10 % a 20 %;
7) liberalizar el flujo de inversión extranjera directa;
8) privatizar las empresas estatales;
9) eliminar las barreras al ingreso y salida del mercado, reduciendo trabas legales;
10) fortalecer los derechos de propiedad privada.

¿Es bueno eso? Más o menos. Algunos mandamientos sí, otros no. Y otros son discutibles, en sí mismos o en sus consecuencias e implicaciones:
-- es buena la disciplina fiscal, pero recortando gastos, no aumentando ingresos (1-2);
-- la jerarquización de las funciones estatales es imprescindible, y es función del Estado construir obras públicas, mas no enseñar (3), y en todo caso la ayuda estatal a la educación de los pobres puede ser con cupones;
-- es malo manipular el tipo de interés (4); pero también el tipo de cambio (5);
-- ¿por qué no arancel cero? (6) ¿y por qué desregular los mercados (9) y la inversión extranjera (7), pero no la nacional, o la repatriada?
-- es bueno privatizar los monopolios estatales (8), pero no para hacerlos privados sin dejar de ser monopolios.
-- El monopolio viola el derecho de propiedad (10) de los otros. Monopolio no es una empresa grande, ni una empresa sola en un mercado. Es la que goza de privilegios especiales en impuestos, insumos, materias primas, aduanas, seguros, relaciones laborales o con los bancos, etc., otorgados como especiales y exclusivos favores políticos por Gobiernos y Legislaturas.
-- El fortalecimiento de los derechos de propiedad exigen registros de los títulos debidamente certificados, tal como Hernando de Soto predica con insistencia. Pero establecer registros de propiedad sin las demás reformas significa una sola cosa: cobrar más impuestos. Para ser liberales, las reformas han de ser simultáneas. De lo contrario los gobiernos harán sólo la parte que les conviene, del modo que les conviene, para lo que les conviene.


# Neo-liberalismo en la práctica

¿Se aplicó ese Neo-liberalismo? Más o menos. Desde los ’90 hubo y hay reformas y medidas económicas muy mal concebidas y peor ejecutadas por los Gobiernos, el FMI, el Banco Mundial y Universidades asociadas. Si se observa de cerca lo ocurrido en la realidad -más allá del papel- hubo muy graves fallos; y de liberalismo poco y nada:

1) El Estado no redujo drásticamente sus funciones. No conforme con su rol de diputado o senador, juez, policía y soldado, diplomático y contratista, quiso seguir de maestro y educador, médico, odontólogo y bioanalista, promotor deportivo, científico, artístico y cultural etc., y ductor general de la sociedad. Y en lo económico apenas admitió cambiar en algunos casos su papel de propietario de empresas por el de gerente y director general.

2) En consecuencia los Gobiernos no redujeron competencias, poderes y prerrogativas, ni tamaño ni presupuesto. ¿Personal? A veces, y muy poquito.

3) Tampoco se redujo el gasto estatal, ni cesó el endeudamiento público. Las privatizaciones fueron fiscalistas, y capitalizaron a los Gobiernos. Los monopolios estatales fueron privatizados sin dejar de ser monopolios, para exigir precios muy por encima del real valor de mercado de los activos, sólo a tiro de grandes complejos empresariales y consorcios internacionales apalancados por grandes Bancos. Y que después recuperaron sus enormes inversiones con elevadas tarifas, para usuarios y consumidores tan pobres como antes, o más.

4) No aceptaron eliminar la inflación como medio de financiarse, sólo reducirla:
A. Siguió la emisión de papel sin respaldo real (metálico u otro), porque inflando el dinero costean los Gobiernos sus actividades usurpadas a los particulares. Y porque los primeros receptores de los billetes salidos de la imprenta (los Gobiernos y sus socios) se benefician a costa del resto.
B. Siguió la banca de reservas fraccionarias; no se pasó al muy justo y sano sistema de reservas 100 %. Por cada depósito, los bancos prestan varias veces más, por encima de sus reservas, y de tal modo aumentan a placer los medios de pago. Así inflan la masa de crédito, ayudando a los Gobiernos a financiar las actividades usurpadas, y los manejadores y receptores de crédito inflado se benefician a costa del resto.
C. Siguió la manipulación artificial de las tasas de interés a la baja, estimulando el endeudamiento. Con inflación y altos impuestos le impiden a la clase media hacer ahorros y así capitalizarse; pero le alientan a contraer créditos esclavizantes.

5) La inflación fue parcialmente reemplazada por el IVA y otros tributos, y los aranceles fueron sustituidos por los derechos antidumping, pero la presión tributaria no se redujo, al contrario.

6) No se derogaron las leyes malas; todo lo contrario: también subió la presión reglamentaria.
-- Los monopolios privatizados fueron encuadrados en los reglamentos pero sin someterse a la justa dictadura de la abierta competencia.
-- Según la nueva ortodoxia económica, los controles de precios fueron reemplazados por las leyes del Consumidor y “pro competencia”.
-- Según la nueva “política correcta” se introdujeron costosos reglamentos laborales, ecoambientalistas y de “género”, de la niñez y adolescencia, indígenas, discapacitados, etc.
-- Y las burocracias se extendieron a toda la economía y a la vida nacional entera, impidiendo a las iniciativas individuales expresar su creatividad y fructificar.

7) El viejo modelo cepalista de sacrificio de la exportación en aras del mercado interno se cambió por el opuesto: sacrificio del mercado interno en pro de la exportación, pero siempre con la planificación central. Sólo cambiaron sus objetivos y modalidades, y los sectores protegidos, pero no el proteccionismo.

8) La integración latino o centroamericana, caribeña, andina o mercosurista, no hizo liberación comercial. Sus listas de excepciones siempre fueron más extensas que los propios acuerdos, y letra chica mata letra grande. La visión de “bloques” políticos no es de Milton Friedman ni de la Escuela de Chicago; es más bien típica de la teoría “dependentista” del subdesarrollo de los ’50 a los ’70: Raul Prebisch, André Gunder Frank, el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, Enzo Faletto, Celso Furtado, Enrique Iglesias, Osvaldo Sunkel y Pedro Paz.

En resumen: los cambios fueron pocos, mal orientados, muy alejados del libre mercado. No idóneos y/o insuficientes. ¡Neo-mercantilismo!

¿Beneficiarios? Los privilegiados. El resto siguió pobre. Y los mismos fallos hay ahora con esas políticas. Eso sí: basta que a la izquierda no le guste una medida para que le endilgue el sambenito de “Neo-liberal” y proceda a su descalificación inmediata sin más trámite ni argumento. Por ej. en Venezuela, la oposición socialista (no hay otra) ¡llama Neoliberal a Chávez!

Enorme es la confusión terminológica, porque para disfrazar las realidades que les son adversas y evadir su responsabilidad, los Gobiernos enredan las palabras. Ejemplo: el colectivismo gentilicio. Dicen “Francia decidió”; o bien “así hacen los coreanos” cuando se refieren a los Gobiernos francés o de Corea. Según Hayek es un fraude semántico. Otro ejemplo: en una “Cumbre” reciente declaró un Presidente latinoamericano: “los países ricos deben aumentar su ayuda a los países pobres”. Lo que dijo en realidad fue que sus Gobiernos deben transferir más dinero de sus contribuyentes a los Gobiernos de los demás países y sus clientelas políticas.


# Bla-bla-bla-bla: 30 años, “consenso”, continuidad, “gobernabilidad”, “sacrificios”

1) Nos dicen que la solución es a largo plazo, “30 años”. Pero piense Ud.:
-- Si las reformas que aplican no son las debidas, no habrá solución ni en 30 siglos.
-- Pero si lo son, la tendríamos en 30 meses, o menos: ahorro, inversiones, empleos y prosperidad que son frutos de los negocios y empresas particulares y no que haya que esperar de los Gobiernos. Tampoco se tardan siglos.

2) Nos dicen que se requiere “consenso” (acuerdo unánime):
-- Si las medidas que aplican son las malas, entonces el consenso es desastroso. Desde hace mucho tiempo y hasta hoy hay consenso, a favor del estatismo.
-- Y si son las buenas, el consenso no sería necesario, bastando acuerdo mayoritario.

3) Y nos dicen que el problema es la falta de “continuidad”. Pero si las políticas son malas, la continuidad es ruinosa. De hecho continuidad hay, desde hace muchos años, en el estatismo; y por eso vamos así de mal.

4) Para ocultar los fracasos, ahora los estatistas nos dicen que “es que no hay gobernabilidad”. Eso es la para ellos deseable condición por la cual todas las gentes obedecen sin chistar todas las órdenes y decretos de los Gobiernos. ¡Pero eso es imposible! Aunque ahora usan la gripe y otras pestes y calamidades para forzar este conformismo masivo, a nivel global, ayudados por los medios.

5) Tampoco es cosa de “exigir sacrificios”. Dicen algunos candidatos que decir la verdad es “exigir sacrificios”. ¿Sacrificios? Sacrificios son los de ahora. Holocaustos, reales sacrificios humanos: crisis, inseguridad y violencia, recesión, con desempleo y subempleo, pobreza, miseria.

Entonces, ¿cuáles políticas proponer? Vamos al siguiente capítulo, pero evitando las generalizaciones apresuradas e injustas:
-- Así como casi todos los empresarios son mercantilistas, no por eso vamos a arremeter contra “los empresarios” en general;
-- y casi todos los artistas son socialistas, pero no por eso vamos a ir contra “los artistas”;
-- de la misma forma, casi todos los cristianos son misticistas –entienden la fe como poco amiga de la razón--; pero así no son todos “los cristianos”;
-- y casi todos los políticos son estatistas; pero no por eso estamos contra “los políticos”.




II. POLÍTICAS


En América latina hemos vuelto al socialismo, otra vez, como en los ’70. Esta vez con Chávez, Correa, Evo Morales, los Ortega, los Kirchner y Cía, todos auténticos discípulos de los Teólogos de la Liberación, de los Velazco Ibarra y los Velazco Alvarado, de los Montoneros.

Frente a ellos, toda una generación de líderes e instituciones liberales --encargadas de promover ese pensamiento-- han fracasado estrepitosamente. ¿Por qué? Entre otras razones, porque sólo se muestran contra los Castro y los Chávez, y en el mejor de los casos contra el socialismo como sistema, pero han sido incapaces de formular un programa político positivo, para estar a favor. Incluyendo todas las reformas pendientes, al menos desde los años ’90. En pro del libre mercado como salida. Y que sirva para relegitimar el capitalismo.

En Venezuela por ejemplo, chavistas, antichavistas e indiferentes creen que el capitalismo es malo. Y que el socialismo no es algo malo. (Lo malo es Chávez, dicen sus oponentes). Esa vieja creencia sostiene a Chávez. Eso se llama “legitimidad del socialismo”. A Chávez, las marchas no le hacen mella. Lo único que puede quitar a Hugo Chávez del poder es una corriente de opinión contraria al socialismo como tal, reivindicadora del sistema opuesto. Eso se llama “deslegitimar el socialismo”. Y la vía es relegitimar el capitalismo. Pero no es con puras marchas, críticas y quejas; es con un programa de reformas, concreto y positivo.

Y no es tan difícil. Para acabar con los sacrificios humanos bastaría con sólo dos políticas:
-- Garantizar seguridad, justicia e infraestructura los Gobiernos, asignándose los poderes y los fondos suficientes para cumplirlas y no más.
-- No impedir ni obstaculizar a la función privada el producir y ofrecer los bienes y servicios económicos, educativos, médicos y previsionales, mediante los mecanismos propios del mercado.

En otras palabras, aplicar a los Gobiernos la antigua sabiduría de sentido común resumida en cuatro refranes populares:
-- “Lo perfecto es enemigo de lo bueno”
-- “Quien mucho abarca poco aprieta”
-- “Zapatero a tus zapatos”
-- “Mucho ayuda quien no estorba”.


# El problema es ontológico

¿Hay alguna manera de hacer que el estatismo funcione? Pues NO, por una razón de orden filosófico, ontológica, que destaca y subraya la Filosofía realista.

-- ¿Por qué los Gobiernos no hacen funcionar la economía, ni los hospitales o las escuelas del Estado? Porque los Gobiernos no son para eso. Esas funciones no son de la naturaleza (esencia) del Estado. No es cuestión de incapacidad, deshonestidad, desidia, falta de voluntad o mala voluntad, como creen los voluntaristas.
-- ¿Se cortaría Ud. las uñas con un abrelatas? No. Cada ente (ser) es para su función propia: para cortar el cuchillo, y para sentarse la silla; la mejor silla del mundo no corta, y el cuchillo más perfecto no le deja sentarse. Por más y mejor voluntad que Ud. ponga. No es cuestión de “reingeniería” de los Gobiernos ni de “reinventar” el Estado. El problema no es económico, jurídico, político, de diseño administrativo ni social, si bien en todos esos órdenes tiene importantes manifestaciones y graves consecuencias.

La ontología, la más importante rama filosófica, estudia el ser, lo que es en tanto es, como sustancia o sustrato de los fenómenos observables, y la esencia: conjunto de propiedades distintivas de cada ente, la cual determina sus operaciones y resultados. “¿Se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?” (Mateo 7:16). No son los Gobiernos la vía idónea para fines o funciones distintas a las suyas: represivas. “No en vano llevan espada” dice Pablo, y añade “para eso pagáis tributo” (Romanos 13:4-6). El Estado es una institución, al servicio de sus fines propios, de orden represivo. Y las instituciones son entes cuyas acciones y resultados son conformes a su naturaleza. No de otra manera.


# Para qué sirve la espada

El estatismo supone un concepto muy idealizado (romántico) del Estado y de los Gobiernos que lo representan, como si fuesen o pudiesen ser agentes económicos y financieros, empleadores, educadores, rectores, mentores y hasta tutores de la sociedad. Pero el Gobierno es sólo “un freno para contener las manifestaciones más groseras del pecado” (Calvino).

El éxito del capitalismo se debió al Gobierno limitado, y la Reforma protestante fue de gran influencia al recordar que todos somos criaturas falibles, golpeadas en nuestro entendimiento y nuestra voluntad por una realidad tremenda llamada “pecado”. En consecuencia, no podemos ni debemos esperar demasiado de los gobiernos. Son vanas las ilusiones estatistas del Humanismo secular, e ingenuas las esperanzas de progreso y cambio de la naturaleza humana mediante la educación universal. El Gobierno es sólo un mal necesario, resultado de la desobediencia y caída del hombre. Necesario solamente para tres apremiantes urgencias: defensa nacional y policía; tribunales de justicia; y caminos, carreteras y puentes para facilitar la comunicación y el comercio. Nada más. Sólo una herramienta algo tosca e imperfecta, para tareas algo rudas, aunque de vital importancia.

-- Sus instituciones tienen cinco notas o rasgos esenciales y característicos que se acomodan y ajustan muy bien a sus funciones: fuerza, jerarquía, uniformidad, formalismo, y disciplina vertical.
-- Y los entes privados lucrativos y no lucrativos tienen exactamente los cinco opuestos: consenso, orden plano, variedad, informalidad y disciplina horizontal. Compare Ud. una y otra en cada dimensión:

1) Fuerza vs. consenso. El orden social nace de un pacto o acuerdo tácito, por el cual aceptamos o decidimos vivir en sociedad, respetando ciertas reglas mínimas de convivencia. Y el Gobierno es para contener por la fuerza a quienes las violan gravemente: asesinos, ladrones, estafadores, etc. Las cuotas o “contribuciones” a los gastos comunes (tributos, a la tribu) también terminan siendo “impuestas” por la fuerza, a causa de los renuentes “free riders” (coleados): quienes pretenden viajar gratis aprovechando los beneficios del orden social sin pagar. Eso es todo. Pero la fuerza es de la esencia del Estado. Sin la capacidad de ejercer violencia, y sin la coerción mediante la fuerza, ¿cómo combatir al enemigo en la guerra, y cómo perseguir y apresar al criminal? ¿Cómo aplicar penas a los reos de delitos? ¿Cómo colectar impuestos? De hecho la ley del número propia de la democracia mayoritaria es un recordatorio de la fuerza física potencial.

En cambio no hace falta la fuerza para fabricar zapatos o camisas, ni para enseñar o para curar, procesos voluntarios que no requieren la espada. Las entidades privadas no son para forzar o imponer sino para negociar y acordar, voluntariamente, a fin de comerciar, producir, educar, curar, cuidar, etc. Se basan en arreglos y contratos, conforme un orden voluntario y consensual, “espontáneo” aunque no del todo, porque el Estado es condición sine qua non para el mercado libre, sólo que un Estado limitado. Porque sí se requiere la espada para el transgresor, para quien mata, roba o secuestra, que no impida a la gente fabricar, cultivar, enseñar o aprender, curar o hacerse curar. Pero se requiere que tampoco lo impida el poder de la espada: que sea limitado.

Esta diferencia de naturaleza es la primera y más importante, y en buena parte las otras cuatro derivan de ella.

2) Escalas jerárquicas vs. entes planos. El Estado requiere obediencia, por eso las jerarquías verticales y rígidas son esenciales; y altamente funcionales en el ejército, diplomacia, policía, judicatura, servicio civil, etc., para el cumplimiento de sus deberes. No así en las organizaciones privadas y mercados libres; ellas requieren iniciativa antes que obediencia. Por eso conforman un orden plano u horizontal, y algo plástico -maleable, adaptable- como se recomienda a las empresas mercantiles y a las asociaciones voluntarias.

3) Uniformidad vs. variedad. La unidad de comando es consustancial a las organizaciones jerárquicas, y el centralismo. Siendo el Estado, el “monopolio de la fuerza”, no puede haber sino un solo ejército, un solo cuerpo diplomático, un sólo poder judicial, etc. ¿Cómo podría ser de otro modo? En cambio en los mercados hay competencia, policentrismo y diversidad. En las empresas hay multiplicidad y variedad, y han de competir unas con otras, y para eso basta que el Estado a ninguna confiera monopolios mediante estatutos legales de preferencia.

4) Solemnidad vs. informalidad. Formalidad y hasta solemnidad son esenciales en las relaciones diplomáticas, los tribunales, la policía y la contratación de obras públicas. Porque las decisiones deben ser públicas, notorias, visibles, y quedar firmes. De otra manera, ¿Cómo hacer la guerra? ¿Cómo pelear contra el crimen? ¿Cómo dictar justas sentencias? ¿Cómo licitar y adjudicar contratos honestos? Pero en las relaciones entre particulares no es necesario tanto formalismo, y es perjudicial: a las empresas y organizaciones voluntarias conviene la flexibilidad, agilidad y adaptación.

5) Disciplina vertical vs. horizontal. En el sector público, premios y castigos le llegan al funcionario desde arriba, los jefes; en el privado, las recompensas y las penas son utilidades y pérdidas, y le llegan al empresario y al accionista desde los costados: consumidores, proveedores y competencia. La disciplina de los mercados libres no es menos sino quizá más severa y exigente; precisamente el problema del Estado es que no tiene el rigor de ese “cuadro de resultados” o libro de ganancias y pérdidas que le indica a la empresa si va mal o bien.

Conclusiones:
-- Los cinco rasgos naturales del Estado son apropiados para sus fines, siempre y cuando se mantengan limitados. De otro modo ¿cómo garantizar seguridad externa e interna, aplicar multas y penas tan severas como la capital, y contratar con eficacia y decencia?
-- El Estado no ha servido ni sirve para sembrar ajos o papas, fabricar tornillos, educar a los niños y jóvenes (o a los adultos), sanar a los enfermos, ni atender a las “viudas y huérfanos”. Ni servirá.

Pero si no obstante su incapacidad ontológica, los obcecados políticos estatistas (y las gentes que siguen votando por ellos) insisten en dotar a los Gobiernos de omnímodos superpoderes y toneladas de dinero para hacer lo que por naturaleza no pueden hacer -como cortarse las uñas con un hacha- con ello sólo logran acumular un inmenso poder y una inmensa riqueza en pocas manos;
-- así serán inevitables toda clase de abusos,
-- entre ellos la corrupción. Porque todo ese poder y esa riqueza terminará corrompiendo en mayor o menor medida a sus jefes, directivos y funcionarios. Que necesitarán impunidad.
-- Y tarde o temprano van a comprar a la policía y a los tribunales y oficinas de administración de justicia,
-- que serán de esa forma inutilizados para perseguir, capturar y encausar a los criminales, que saldrán impunes.

Es a las entidades particulares -empresas, bancos, escuelas y centros de enseñanza, clínicas, cajas de jubilaciones y pensiones- y no a los Gobiernos a quienes cabe actuar en los mercados, herramientas quizá menos toscas e imperfectas que el Estado, para tareas más delicadas, de no menor importancia.


# El estatismo no funciona

Los Gobiernos han usurpado funciones para las cuales sus rasgos esenciales son disfuncionales. ¿Cómo ha sido? ¿Cuándo comenzaron?

1) Empezaron en el s. XVIII con la educación, asumiendo que los padres no enviarían a sus hijos a la escuela si no fuesen forzados a hacerlo; que la educación estatal sería “gratuita”; y además “neutral” en materia religiosa.

El primer supuesto es históricamente falso: por siglo los padres han enviado a sus hijos a la escuela sin ser obligados. La gratuidad no es tal, es financiamiento con impuestos. La neutralidad tampoco: es catequización en la religión del Humanismo secular iluminista, evolucionista, idólatra y políticamente estatista. Además la calidad de la educación estatal ha sido y es muy pobre en todos los países: los niños de primaria no salen bien en las pruebas de lectoescritura y comprensión, ni de aritmética elemental. Tampoco los bachilleres en las de ciencia y cultura general. Y la formación profesional de los universitarios es harto defectuosa.

2) Pero el Estado no retrocedió. Al contrario; en tanto la democracia se extendía, a más de escuelas, liceos y Universidades, del s. XIX al XX asumieron los Gobiernos hospitales, y cajas de jubilaciones y pensiones. Buscaban con ello control sobre la masa electoral no sólo a través de los niños y jóvenes, sino también de los enfermos, ancianos y viudas. En sus nuevas funciones el Estado también ha sido y es poco eficaz, corrupto y despilfarrador. Pero con el pretexto de cumplirlas todas, viejas y nuevas, reclamó más potestades, y más impuestos.

3) Por supuesto los dineros no les alcanzan a los Gobiernos. Crearon los “nuevos” impuestos directos e indirectos, ya conocidos por los romanos. Primero a los Ingresos -cuando la I Guerra Mundial-; y después a las transacciones, a las ventas o al consumo.

4) Tampoco les alcanzó el dinero. Recurrieron entonces al endeudamiento masivo en muy gran escala. El crédito público ya no fue un recurso extraordinario para ocasiones extraordinarias y emergencias, y se hizo corriente y ordinario; pero a niveles astronómicos, nada ordinarios.

5) Y aunque degradar o envilecer las aleaciones en los metales monetarios era un truco ya muy utilizado en la Antigüedad, desde el s. XIX reclamaron los gobiernos para sus Bancos Centrales (imprentas de billetes) nada menos que el monopolio de la emisión de un dinero cada vez más desligado del oro/plata y depreciado.

Con ese recurso, cada cierto tiempo, para crear una ilusión de prosperidad y bienestar, provocan un “auge” económico artificial, expandiendo los medios de pago circulantes. El consumo así se incrementa, pero las tasas de interés se distorsionan, y se desequilibran las proporciones entre dineros destinados a consumos, ahorros e inversiones. Los bancos y las gentes se llenan con billetes de puro papel, que pierden poder de compra, y las bolsas de valores se inflan con “burbujas” especulativas.

Usan para ello tres instituciones estatistas, que distorsionan los mercados, y les impiden servir a las humanas necesidades:
-- el dinero de papel y sin respaldo que emiten masivamente,
-- la banca de reservas fraccionarias, que multiplica aún más los medios de pago, y
-- los recortes artificiales en los tipos de interés decretados oficialmente.

Pero tarde o temprano la realidad llama a la puerta. Los recursos son escasos. Los capitales invertidos en ciertos sectores han implicado forzosamente la desatención de otros, y nos guste o no, la parte financiera de la economía tiene que ajustarse a la economía no financiera (mal llamada “real”, como si la financiera no lo fuese).

La gente no lo sabe y muy pocos economistas lo admiten, pero este es el origen y causa de los “ciclos” de la economía, con sus crisis y recesiones que inevitablemente devienen con posterioridad a cada fase alcista e inflacionaria, y de las cuales los estatistas culpan al mercado y a la “codicia” empresarial por las ganancias.

Pero es el estatismo y su codicia de poder y control lo que desordena y empobrece a la economía. Y a la sociedad entera. Siempre. Fíjese Ud.:
-- En los años ’20, las manipulaciones con la oferta monetaria, el crédito y los intereses en EEUU expandieron brutalmente la masa de dinero y medios de pago a niveles inéditos. La inflación creó al principio una bonanza artificial, meramente ilusoria, y temporal: los “locos”, “felices” o “ruidosos” años ’20. Pero pasó enseguida lo que siempre pasa con la inflación: los agentes económicos leyeron las señales equivocadas, previendo como rentables inversiones que no lo eran. Y tomaron erróneas decisiones de inversión, que después debieron corregir; y ahí fue cuando los precios se hundieron, y llegó la crisis o fase recesiva del “ciclo económico” producido por el estatismo en 1929. La economía ya era global, y la crisis se propagó.

-- Después en 1933 llegó el Presidente F.D. Roosevelt, socialista rico como casi todo socialista, y en lugar de aflojar las riendas sobre los mercados hizo todo lo contrario: decretó bruscos aumentos en los aranceles, el gasto público y los impuestos. Y leyes de salarios mínimos, y controles de precios y actividades productivas y comerciales. Así agravó y prolongó la recesión. Sin embargo fue imitado por Gobiernos de los demás países.

Resumiendo: para pagar los gastos del activismo estatal en educación, salud y fondos jubilatorios, masivamente decretaron impuestos, emitieron dinero y contrajeron deudas. Con ello generaron graves problemas en la economía: recurrentes ciclos de inflaciones, carestías, crisis, desempleos y pobrezas.

6) ¿Rectificaron entonces los Gobiernos, devolviendo a la sociedad y a los mercados sus funciones, y atendiendo mejor a las suyas propias? No, para nada. Más bien todo lo contrario. A lo largo del s. XX, los políticos, burócratas y “sabios expertos” culparon al laissez faire, y con sus reglamentaciones pretendieron “resolver” todos los problemas causados por sus impuestos abusivos, la emisión de dinero aguado, y los cuantiosos empréstitos. Para ello metieron sus manos “visibles” en la economía entera:
-- primero en el comercio, transporte, banca y servicios;
-- después en la producción industrial;
-- y por último en las actividades agropecuarias. Así no remedian los males, los agravan y multiplican.

7) Un par de ejemplos aleccionadores sobre estatismo: alcohol y drogas. A comienzos del s. XX el Gobierno de EEUU decretó la prohibición de ambos, apelando así a su recurso propio: la fuerza. En ambos casos el tráfico ilícito a muy altos precios trajo consigo poderosas bandas criminales, violencia y corrupción. Con las bebidas alcohólicas terminaron estas tragedias cuando el Gobierno rectificó. Pero con las drogas otros Gobiernos del mundo siguieron los mismos pasos, y siendo muchos ya no rectificaron, y pagamos las consecuencias.


# Catálogo de “soluciones” fracasadas

Se pretende resolver los problemas con “soluciones” que fracasan porque soslayan el aspecto ontológico. Entre otras, las siguientes

1) Más poder y más dinero. Es la solución “práctica”, la que con más frecuencia se aplica -p. ej Obama-; y lo que hacen las leyes malas: confieren a los gobernantes mucho más derechos y más competencias, y más recursos. Pero si esa fuese la solución, ¡ya los problemas estarían resueltos hace tiempo!
2) Más ciencia gerencial y técnica organizativa. La “solución” positivista que recomiendan los “expertos” que cobran jugosos honorarios como asesores y consultores. No sirve: la gerencia más actualizada y la más sofisticada técnica administrativa en manos del Estado no pueden hacer que haga algo que no es de su naturaleza. No puede una fábrica de pan producir tractores. O viceversa.

3) Mezcla Gobierno-particulares, borrar la diferencia entre lo público y lo privado. Un disparate, mixto de hacha y cortauñas, híbrido de silla y cuchillo que sirva para cortar y para sentarse. Este monismo (unitarismo) es la semilla del totalitarismo.
4) Más democracia. La democracia también sirve para lo suyo: el cambio incruento de los gobernantes por el voto de la mayoría. Pero no es la panacea para todo mal; y la voluntad popular, aún mayoritaria, no puede cambiar la naturaleza del Estado.

5) Más ética. Esta es la “solución” aparentemente cristiana. Pero no funciona; y por eso han fracasado tantos gobernantes y funcionarios cristianos. El problema no es de moral personal de los directivos; por eso el remedio no es cambiar unos por otros, sino cambiar el sistema irracional, injusto e inmoral, corrupto y corruptor.
6) Más “solidaridad”: muy hipócritamente los Gobiernos y los medios de prensa a su servicio insisten y repiten su exigencia de que los ricos den más dinero a los pobres. Pero ¿cómo? si cada vez más pobres y menos ricos.

7) Más esfuerzo. Exigen los políticos a la gente -sobre todo a los jóvenes- que se superen, que estudien y trabajen más, como si los Gobiernos no tuviesen parte alguna en la responsabilidad por las crisis, recesiones y sufrimientos.
8) Más socialismo. En esta receta desemboca el Gobierno Mundial que se nos está imponiendo hoy. En los días de Stalin los socialistas en Rusia y en todo el mundo discutían sobre si era o no viable el “socialismo en un solo país”. Ahora la ONU ha zanjado la cuestión, y nos lleva al socialismo planetario.

9) Liderazgo. Hoy los libros más vendidos son los de liderazgo. Cada 6 meses una nueva moda, y un concepto nuevo en liderazgo, con su “gurú”. Al estilo nazifascista, franquista y maoísta, el énfasis no es en las instituciones sino en las personas, y en la personalidad “carismática” del líder resuelvetodo y salvapatrias.

Una obsesión con el liderazgo nos hace creer que todo es cuestión de dar con el Superman, y entregarle todo el poder. Nos impide ver que el problema no son los reyes, es el sistema: las instituciones encarnadas en las leyes. ¿Líderes? Adolf Hitler era un líder. Tenía una “visión”, y el “carisma”. No carecía de “propósito”; y era muy coherente y fiel a lo que creía su “misión”. Amaba muchísimo a su patria, la adoraba. Y tenía mucha “fe”, le sobraba. Y autoconfianza. E igual Benito Mussolini, Lenin, Stalin, y Lee Iacocca.

¿Qué ha resultado de este insistente énfasis en el líder mesiánico? En las empresas, una gerencia narcisista e infatuada, con salarios muy por encima de sus logros, en ausencia de un contexto de libre mercado, el más apto para premiar los buenos desempeños y castigar los malos en términos de servicios. En las iglesias, cristianos inmaduros, y Super-pastores. Y en la política, un caudillismo cada vez más autoritario.


# Gobierno fuerte, pero limitado

Esa es la solución, la salida. Pero “limitado” no es débil. Es fuerte pero con fronteras:
-- en fines y funciones: seguridad, justicia y obras públicas de infraestructura;
-- en derechos y atribuciones: las facultades estrictamente necesarias para el cumplimiento de sus funciones; y no más poder.
-- en gastos y recursos: los indispensables para sus funciones; y no más dinero.

Un Gobierno sin fronteras se dispersa. Acumula ilimitadas facultades y recursos, y debilita la economía, el matrimonio, la familia y la sociedad civil. Con semejante concentración de poder y dinero, quedan en letra muerta los principios republicanos. Y no es fuerte: es obeso. Es blando y débil con los intereses especiales, a los cuales siempre cede. Tiene grasa, no músculo, ni nervio. Obeso, es propenso a ineficiencia, lentitud, torpeza y corrupción.

Sólo un Gobierno limitado puede ser fuerte; y debe serlo, para resistir y decir “no” a todo género de presiones de los innumerables intereses especiales. Y así garantizar los mercados libres y la propiedad privada, su consecuencia y resultado en el orden de la economía, así como la libertad individual lo es en el ámbito de la vida personal.

¿Y la ética? Mucha gente cree que el problema es la corrupción; y que todo cambiaría con sólo tener personas honestas y eficientes en el Gobierno, la administración y el Parlamento. Pero cuando el estatismo prevalece, sus poderosos desincentivos tornan imposibles la eficacia, la eficiencia, la honradez y la práctica de la virtud cívica. Los funcionarios no sirven o se corrompen. Sólo un Gobierno limitado es eficiente y ético.

Un Gobierno sin límites no es ético porque se basa en una triple usurpación: de funciones, de competencias, y de recursos. Y es imposible ser eficaz en un sistema ineficaz, racional en un medio irracional, moral en un ambiente inmoral.


# Hay que cambiar el sistema

A. Hoy los Gobiernos no son limitados. Por eso hay ineficiencia, clientelismo y corrupción. Por eso la seguridad y la justicia faltan o son defectuosas, y la criminalidad desborda. Insuficiente es la infraestructura. Hay demasiados poderes y dineros a disposición del poder político, supuestos para promover la economía, pero que la paralizan. Y para atender la educación, atención médica y jubilaciones; pero la iniciativa privada podría hacerlo mucho mejor en mercados libres, aunque con cupones estatales transitoriamente para la población más pobre.

B. Nuestros mercados no son libres. Una abigarrada legislación estatista favorece a los monopolios, y atenta contra los negocios, las empresas y el empleo, y los ingresos reales de la población y su nivel de vida. Las leyes malas se inspiran en prejuicios y sentimientos contrarios a la economía y a la creación de riqueza; y son la principal causa de la pobreza. Y con la inseguridad, la pobreza es causa principal de la emigración y caldo de cultivo del socialismo.

C. La propiedad privada casi no existe. La propiedad es para que personas, familias e instituciones crezcan sanas y fuertes, y se desarrollen. Pero demasiada gente carece de propiedades; y hay demasiada propiedad y controles estatales en tres instituciones dependientes de los Gobiernos y de la política:
-- La educación. El estatismo ahoga la creatividad y la competencia, y por ende la calidad. Hay dos sectores educativos: el estatal es propiedad del Estado, y el otro es de nombre privado, pero dirigido por los Gobiernos en planes de estudio, objetivos y contenidos. Ambos distan de la excelencia, aunque la calidad del primero, que es para los más pobres, es aún inferior.
-- La atención médica es igual: malos hospitales estatales para los pobres, y mejores aunque carísimas clínicas privadas para el resto; pero no hay competencia.
-- Y lo mismo en las jubilaciones y pensiones.


# Buenos ejemplos en China

Las regiones autónomas -es decir: capitalistas- de China continental, siguen ahora el ejemplo de los “tigres” asiáticos. Se localizan principalmente en el litoral marítimo y los litorales fluviales de China roja. Son ya más de tres docenas. Las imitan en India, y un poco en Rusia también, porque son tan exitosas que su producción abastece a toda la masa de China socialista y su inmensa población, condenada a una economía y una vida parasitaria. Y además, son las regiones chinas que exportan al resto del mundo. Así es con el socialismo, hasta que a veces un día los prósperos productores sometidos se rebelan contra los parásitos, pero no siempre ocurre.

Compare Ud. ahora el desempeño económico de las zonas o áreas capitalistas de Asia, con la calamitosa condición actual de las economías del resto de Asia, de Africa entera, de América latina. Y de Europa y EEUU.

A. La recesión económica en EEUU presenta rasgos y magnitudes comparables a la de 1929, y también esta vez se extiende a Europa y a otras regiones del orbe.
-- Iguales síntomas: carestía, desempleo, pérdida de eficiencia y empuje competitivo.
-- E iguales causas, diagnosticadas ya por la Escuela austriana de Economía: es la fase recesiva del ciclo económico provocado por el estatismo. (Sin embargo esta Escuela de pensamiento es marginada de las Universidades acreditadas).
-- Y como en los años ’30, los mismos remedios falsos: dinero inflado recién impreso a manos llenas para “rescates”, y “protecciones” para industrias, empleos, bancos etc., todas “curas” que no curan ni siquiera alivian los males sino que los agravan.

B. La economía china asciende pujante, impulsada por sus regiones capitalistas: las inversiones y los empleos se multiplican, y crecen los salarios reales, el consumo y el ahorro. Prueba irrefutable ven a diario los grandes operadores mayoristas en la industria global del turismo: crecientes flujos de chinos, que embarcan cada año para los más atractivos destinos. Y repiten. Sustituyen a los viejos turistas de EEUU y Canadá, España y otros países europeos. ¿Quién va a salir de turismo cuando está a punto de perder su casa, o no puede pagar la hipoteca, o su banco está a punto de hundirse, o su empresa de quebrar, o su empleo de perderse (si aún lo tiene) o en peligro su fondo de pensión?

¿La diferencia? Las leyes malas. El digesto legislativo del capitalismo asiático es mínimo comparado con las toneladas de normas “proteccionistas” occidentales a cada sector, contra peligros reales o supuestos. Son como muletas eternas, como las “defensas” que describe el psicoanálisis: en la emergencia pueden servirle a un individuo para evitarle angustias y tensiones procedentes de factores amenazantes, y permitirle un funcionamiento normal, pero a corto o largo plazo provocan graves trastornos.

¿Dónde están los verdaderos remedios? ¿Cuáles son “las sendas antiguas” del profeta Jeremías? Gasto fiscal reducido, impuestos bajos, libertades económicas en el comercio y la producción, moneda sana, banca solvente.

Y si a Ud. no le convencen los remedios demasiado antiguos, piense por un momento en la reaparición reciente de males viejos, que creíamos superados:

-- los lobos atacando a las granjas en las campiñas del norte de Europa, reaparecidos tan pronto los Estados creyeron que su misión era enmendar la plana al Creador y “proteger la fauna silvestre”;
-- los piratas atacando a las naves en alta mar, reaparecidos tan pronto los Estados olvidaron que su misión es reprimir el empleo de la violencia por los particulares excepto en defensa propia;
-- los sangrientos, criminales y fanáticos guerrilleros de Sendero Luminoso, reaparecidos en las montañas del Perú, mientras Fujimori era juzgado;
-- las hambrunas en Africa, que nunca desaparecieron del continente cuyos líderes políticos son más reacios a la economía de libre mercado.




III. LA BIBLIA


Las leyes malas son expresión y resultado del estatismo; y vimos que la buena Filosofía realista no apoya el estatismo. Pasemos a la Biblia ahora, que según muchos cristianos apoya el socialismo. Pero no es así; al contrario: prescribe el sistema o modelo de Gobierno con fronteras. Le invito a que hagamos juntos un estudio bíblico en este capítulo.

Mientras fue bien interpretada, la Biblia tuvo un gran impacto político; y la historia lo registra. Dios cambia vidas de personas, y de naciones también. Pero no de cualquier modo o a nuestro modo o gusto, sino a la manera como dispone su Palabra. Nuestra civilización occidental y cristiana se edificó en base al principio de Gobierno limitado, seguido por reyes medievales como Alfredo el Grande de Inglaterra y Alfonso el Sabio de España; y después por gobernantes cristianos de Suiza, Escocia, Países Bajos e Inglaterra, y los Padres Fundadores de los EEUU. Estos países se desarrollaron al cumplir con este postulado, clave y “secreto” del buen gobierno: el mejor Gobierno es el que gobierna menos.

Pero lamentablemente, ya en los ss. XIX y XX, las gentes en esos países --creyentes y no creyentes, ricos y pobres, doctos e indoctos, políticos y seguidores-- se dejaron seducir por teorías contrarias, y se alejaron paulatinamente de la fórmula bíblica, y les sobrevinieron dificultades sin cuento, hasta hoy en día.

Ud. puede creer o no que la Biblia es un escrito inspirado por Dios, pero como documento histórico, muchas cosas que dice podemos comprobar todos por la experiencia, del pasado y del presente. Suficiente y concluyente es la evidencia a favor del Gobierno Limitado. Y no se diga que esa enseñanza no es válida porque no pertenece al Nuevo Testamento. Cuando Jesús predicó en el Sermón del Monte sobre la validez e integridad de los mandatos de la Escritura “hasta la jota y la tilde más pequeñas” (Mateo 5), se refería al Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento no existía entonces, ni cuando Pablo enseñó (s. I dC) a su joven discípulo Timoteo que no sólo una parte sino “toda la Escritura” (Antiguo Testamento) es inspirada por Dios, “y útil para enseñar, redargüir, corregir, y para instruir en justicia” (II Timoteo 3:16).

Y como observaron los autores cristianos de los primeros siglos --los Santos Padres de Oriente y de Occidente-- la Revelación es una sola e íntegra, y ambos Testamentos, hebreo y griego, se explican e interpretan el uno al otro. Por ejemplo Jesús dice “Al César lo que es del César” (Mateo 22:21); pero esa frase implica: “Y nada más”. No implica “¡A pagar todo impuesto!” como se enseña hoy, en contra del principio de justicia contributiva enseñado en el Antiguo Testamento.

Hasta entrado el s. XX, y sobre todo en el campo, leer la Biblia en familia era costumbre en el norte de Europa y EEUU. La gente repasaba sus pasajes y episodios, y comentaba y compartía sus sabias enseñanzas, y las relacionaba con su circunstancia cotidiana, y con el más amplio contexto social y nacional. Después que esa costumbre se perdió, el intervencionismo gubernamental y el socialismo irrumpieron. No es casualidad.


# ¿Qué dice el Antiguo Testamento?

Para comentar los incontables pasajes, capítulos y hasta libros completos del Antiguo Testamento que tratan y enseñan sobre política, se requeriría otro panfleto, y varios se han escrito en 20 siglos de historia cristiana. Pero veamos aquí los que no se citan, o se citan incompletos o fuera de contexto, o son malinterpretados en sentido estatista. Sólo los más importantes.

1) El “Éxodo” o La Salida del despotismo y la servidumbre en Egipto fue entre 1290 y 1250 a.C. Conducidos por Moisés en el desierto, los israelitas huyeron de los trabajos forzados por cuenta del Estado a que los obligaba el Faraón Ramsés II. La travesía duró 40 años porque en medio de las penurias, se añoraron pequeñas comodidades como carne de pescado, ajos y cebollas (Números 11:1-6). La esclavitud puede tener sus compensaciones, y por eso la servidumbre puede ser voluntaria. Así los hebreos vacilaron y retrocedieron. Pero ya asentados en el país, una nueva generación experimentó la libertad bajo leyes justas, al menos por un tiempo, en medio de pueblos sometidos por crueles tiranías estatólatras.

2) Los cinco primeros libros (Pentateuco) son los de las leyes. Algunas son religiosas, relativas a la adoración y culto. Otras son normas sólo morales, sin sanción expresa para el caso de su violación. Pero también hay leyes jurídicas, casi todas con sus penas por incumplimiento:
-- Derecho de familia (Deuteronomio 25) y sucesiones (Números 27).
-- Derecho de las obligaciones (Génesis 24:9 y Deuteronomio 15) y contratos (Génesis 21:27-32 y 31:44; Éxodo 22:25; Levítico 25; Deuteronomio 23:20, 24:10-13).
-- Derecho notarial y registral (Génesis 21:27-32; 23:1-18; 32:1-21; Levítico 25:23 y sgtes. y Números 27:7-11).
-- Derecho penal (Éxodo 21:12 y 20; Deuteronomio 5).
-- Derecho procesal (Deuteronomio 16:18 y 19:15).
-- Hay por último Derecho Constitucional, y teoría jurídico-política del Estado (Deuteronomio 4 y 17). Y también Filosofía del derecho (Génesis 18:16-19; Levítico 19:18 y 26:14 y sgtes.; Deuteronomio 17; 19:21 y 28).

3) Las normas claves son mandatos puramente negativos:
-- no tener dioses falsos, una garantía contra la adoración del Estado;
-- no matar, robar o codiciar, ni mentir, garantías de los reales derechos humanos a la vida, a la propiedad y a la verdad. (Éxodo 20 y Deuteronomio 5).

Algunas leyes corresponden a instituciones que no se avienen con los tiempos actuales, v.gr. la esclavitud, la condena penal del adulterio, y tal vez la pena de muerte. Pero para aplicarlas se establecieron otras instituciones cuyos principios sí son de validez universal, v.gr. dos: debido proceso y Gobierno limitado. Vea Ud.:

4) Debido proceso. Se dispone que serán designados “jueces y oficiales de justicia” para aplicar las leyes (Deuteronomio 16:18-20) en un proceso con dos testigos y defensa. Sobre todo en la pena de muerte. Eso se llama civilización. Barbarie es cuando la pena de muerte se ejecuta sin debido proceso, de manera no civilizada y antihumanitaria, como era antes de esta legislación bíblica, la cual fue un progreso. Y como lo hacen hoy las “policías bravas” en Latinoamérica, bajo la ley de fuga o “resistencia al arresto”: en un callejón, en medio de la noche, sin testigos, juicio ni sentencia, y sin oportunidad de defensa legal alguna, mientras Ud. duerme.

5) Gobierno limitado. Si el pueblo quiere reinado, Deuteronomio 17:16-20 dispone sus fronteras constitucionales: “El rey no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto para aumentar caballos, porque Jehová os ha dicho: No volváis nunca por este camino. […] plata ni oro amontonará para sí en abundancia. Y cuando se siente al trono de su reino, escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original al cuidado de los sacerdotes levitas. Y lo tendrá consigo, y leerá todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios y guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra. Para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento para un lado o para otro; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en Israel”.

6) Deuteronomio 28 establece las bendiciones del Pacto: los buenos resultados por cumplir con las buenas leyes, en sus primeros 14 versos. Y los resultados malos por incumplirlas, en sus 54 restantes. Por eso los primeros Presidentes cristianos en EEUU tomaron posesión jurando sobre la Biblia abierta en este capítulo precisamente.

7) El libro de Josué narra la colonización y conquista de Canaán, hacia 1200 a.C. A partir del verso 30 el capítulo 8 describe la solemne lectura (y copia escrita) de toda la ley en el monte Ebal; pero especialmente Deuteronomio 28. “También escribió allí en piedras una copia de la ley de Moisés, […] Y todo Israel, y sus ancianos, oficiales, y jueces, estaban de la una y de la otra parte junto al arca […] Después de esto, leyó todas las palabras de la ley, las bendiciones y las maldiciones, conforme á todo lo que está escrito en el libro de la ley. No hubo palabra alguna de todas las cosas que mandó Moisés, que Josué no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, mujeres y niños, y extranjeros que andaban entre ellos”.

8) Desde tiempos de Josué, los hebreos tuvieron jueces locales. Y nacionales: Débora, Gedeón, Sansón y otros, según el libro de ese nombre. En principio eran funcionarios locales. Porque cada una de las 12 tribus tenía territorio propio; y tradiciones culturales, himno y bandera, costumbres particulares, y hasta un acento típico al hablar. Por eso practicaron la autonomía y el federalismo “pactual”.

Hubo tres niveles de gobierno: municipal, regional y federal.
A. Un juez era reconocido en su aldea cuando las gentes y familias buscaban su protección (defensa y seguridad); le llevaban pleitos y asuntos a resolver (justicia); le encomendaban contratar la construcción de puentes y caminos (obras públicas), y para los gastos le pagaban sus diezmos (justicia contributiva: impuestos limitados, no excesivos, y planos, iguales para todos).
B. Si el juez de aldea desempeñaba bien las tres funciones públicas, adquiría prestigio, y de otras aldeas demandaban sus servicios, y su autoridad se ampliaba a toda la tribu, y era reputado como juez de tribu.
C. Y si lo hacía bien, gentes de otras tribus requerían de sus servicios, su autoridad ganaba en extensión, y era reconocido como juez de Israel.

La confederación de las tribus fue una sociedad sin Estado, pero no sin leyes. Y con Gobierno, aunque limitado, y sostenido con moderado ejercicio de la fuerza, no con presión compulsiva de propaganda adoctrinante ni coacción violenta. La reunión de los jueces constituía un Consejo, colegiado.

9) Pero el capítulo 9 del libro de Jueces comienza con Abimelec, caudillo en rebeldía contra el gobierno colegiado.
-- Alegó que “ser gobernado por uno es mejor que ser gobernado por setenta”. Liderazgo personalista y mesiánico, ¿le suena familiar?
-- Buscó apoyo en la turba étnica (tribalismo colectivista: “yo soy de vuestra propia sangre”), y “alquiló hombres ociosos y vagabundos que le siguieron” (¿suena conocido?) con una suma de dinero que obtuvo ¡de un templo! (¿No es eso una campaña electoral?)
-- Y sigue el capítulo 9 con la parábola de la zarza inútil, gran lección de Ciencia Política: si los emprendedores productivos se automarginan de la política, llegarán los Abimeleques con sus ociosos alquilados.

10) El Libro de Jueces termina con un testimonio: “En aquella época aún no había rey en Israel, y cada quien hacía lo que bien le parecía.” (Jueces 21:25) Es un elogio a la libertad reinante, y no una queja por supuesta anarquía y un anhelo de caudillazgo, como malenseñan socialistas y estatistas. Gobierno limitado no es anarquía.

Anarquía es sociedad sin Gobierno. No es ningún “ideal” como sueñan los anarquistas de hoy, de izquierda y de derecha. Es la triste realidad que tenemos, cuando los gobiernos se extralimitan y se convierten en bandas de saqueadores, olvidando y pervirtiendo las leyes justas y decretando las malas, y así se impone la ley de la selva: la del más fuerte y poderoso.

11) Al libro de Jueces sigue el de Ruth, destacando las firmes conexiones entre la propiedad privada y la familia bajo la ley, y de ambas con la previsión social estrictamente privada “para la viuda y el huérfano”.

12) El régimen de los Jueces duró más de 200 años. En días de Samuel -años 1030 a 1010 a C.- los jueces se corrompieron. Y en vez de cambiar de jueces, el pueblo quiso cambiar de sistema, y pasar al modelo de las demás naciones --una revolución-- con un “líder carismático” o Rey todopoderoso que les dirigiera. Entonces Dios advirtió que se les sometería a esclavitud. “Y clamaréis aquel día en oración a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en aquel día” (I Samuel 8:18, las oraciones no bastan).

I Samuel 8 es el Manifiesto Liberal más antiguo registrado. Inspirador de todas las luchas por la libertad política en la historia. Léalo despacio por favor. Y es profético, vea la esclavitud hoy: la gente se afana día y noche trabajando para una improductiva y enorme clase política y su burocracia parasitaria, y a sus clientelas. Sin tiempo para nada.

13) Hay otras numerosas advertencias contra los Gobiernos exaltados, excedidos en sus límites, v. gr. en los libros de Isaías, Jeremías y los otros Profetas escritores; y contra el pueblo que los enalteció o permitió. Las gentes descuidaron su vigilancia y los reyes abusaron de su poder, en contra de la Ley de Dios, por eso la nación israelita se debilitó y dividió (930 a. C.), fue conquistada y masivamente deportada.

14) Ya el libro de Génesis narra que el Emperador Nimrod fue castigado por querer hacer de Babel un imperio mundial estatista, y de su inmensa Torre un imponente símbolo de su poder (Génesis 10 y 11). Y dice que Abraham compró la cueva de Macpelá para la tumba de Sara a precio de mercado en vez de tomarla gratis (Génesis 23). Y que su hijo Isaac fue tan rico entre los filisteos que su riqueza les provocó a envidia (Génesis 26:14).

15) Y ello debe considerarse para interpretar a José. Y es que José es clave en la Historia de la Salvación. Pero la Biblia debe leerse con criterio: “sabiduría para discernir entre lo bueno y lo malo” (según pide a Dios el rey Salomón, para poder gobernar, I Reyes 3:9). Como Premier de Egipto, dirige José una gran operación especulativa de compra de tierras por el Estado, y favorece así a su familia. (Génesis 41) No se puede decir de tal corruptela, usual en un país estatista, que la Biblia lo aprueba como norma general para los Gobiernos, ¡y sea ejemplo a seguir!

16) En el libro de Éxodo, Aarón y su hermano Moisés funcionan por separado como respectivos jefes de la iglesia y del gobierno, tal y como debieron hacer Samuel y Saúl. En II Crónicas 26:16 el rey Uzías de Judá, famoso por guerrero, quiso asumir el rol de un sacerdote, y por ello fue castigado y murió leproso. (En el Nuevo Testamento Caifás y Herodes son el Sumo Sacerdote y Rey, respectivamente). No se ve al gobierno metido en asuntos de iglesia. Ni de economía o negocios, en la medicina o en la caridad. Son funciones privadas.

17) Ni el Gobierno se entromete en la enseñanza. Deuteronomio 6:2-7 y 6:20-25 encarga la educación a padres y abuelos, no a los Gobiernos. Es el precepto hebreo “belimadten otam et benejem” (enseñarás a tus hijos y a sus hijos) muy comentado en el Talmud.

18) En Daniel 1, a los jóvenes nobles israelitas en la corte del rey Nabucodonosor de Babilonia, se les ofrecen regias becas en la enseñanza oficial, con viandas y lujos. Pero los prudentes jóvenes rechazan la oferta. Y no es sólo por preferir la comida kosher como nos enseñan ahora, sino por preferir la enseñanza de la Ley de Dios a la del gobierno sin límites según el modelo babilónico.

En las edades posteriores las Sinagogas y las Yeshivás serán escuelas privadas de los judíos en todo el mundo; hasta hoy. Y de los cristianos, las Escuelas Dominicales, y las escuelas, liceos y universidades cristianas, privadas, sin fondos públicos.

19) La obligación de restituir la tierra a las familias cada 50 años es citada por los socialistas como una Reforma Agraria estatista. Pero el Jubileo (Levítico 25) no es para redistribuir la propiedad sino para proteger a la familia. Es para conservar y recomponer o rehabilitar el patrimonio familiar, cuando ha sido desmembrado. Por eso cada 50 años las tierras retornaban al acervo de la familia, y así podía ser que pasaran de un rico a un pobre ¡o de un pobre a un rico!

20) Sobre el préstamo a interés hubo en la Edad Media mucha confusión, que retrasó varios siglos el desarrollo económico de Europa y el mundo. Para una comprensión inteligente del asunto, Deuteronomio 23:19-20 debe interpretarse conforme a otros pasajes sobre el tema, v.gr. Éxodo 22:25 y Levítico 25:35-37. Distinguen el crédito comercial del préstamo caritativo:
A. Para ayudar a una persona que ha sufrido un revés y caído la pobreza, no sirve darle una limosna o cantidad simbólica para salir del paso. Eso tranquiliza la propia conciencia pero no resuelve el problema, ni ayuda.
B. Caridad real con el pobre es en cambio prestarle una suma significativa, para que se recupere, y luego devuelva. Ese préstamo de caridad es el que no devenga intereses, a diferencia del comercial o normal.

Sin embargo la condena medieval de los intereses no salió de la Biblia sino de la tesis sobre la esterilidad del dinero (“Pecunia non parit pecunia”) procedente de Aristóteles, que en eso se equivocó.

21) Saúl, primer Rey de Israel, gobernó entre 1020 a. C. y 1000 a. C. más o menos. Cuenta el libro I de Samuel que también Saúl se envaneció y pretendió usurpar las funciones del sacerdocio. Dios entonces ordenó a Samuel consagrar secretamente a David. Y Saúl, airado, enloqueció de envidia, y desesperado por sus continuas derrotas militares, se suicidó.

22) El rey David ofendió gravemente a Dios con un pecado sexual, y luego una muerte: II Samuel 11. Pero también con un censo: II Samuel 24, y Dios parece más ofendido con el censo, en comparación. El censo es el medio para decretar impuestos, hacer la guerra y controlar a las gentes; sin embargo David parece no arrepentirse del censo, a diferencia de sus otros dos pecados.

23) II Samuel 15 en adelante narra una historia parecida a la de Abimelec, con un hijo de David llamado Absalón, demagogo que se ganó la simpatía de la turba ignorante. II Samuel 15:11, “Y fueron con él 200 hombres de Jerusalén convidados por él, los cuales iban en su sencillez, sin saber nada”. Simplones. ¡Como ahora!

24) En II Samuel 24 el Ángel del Señor manda a David comprar a un particular --Arauna el jebuseo-- el terreno para edificar el templo en lugar de confiscarlo, y David obedece.

25) No obstante sus debilidades y fallas, en general David respetó las reglas del Gobierno limitado, e Israel se engrandeció como nación. Luego, por 40 años reinó Salomón, hijo de David. Gracias a los frutos de las políticas del período anterior --¡otra lección de Economía Política!-- Israel tuvo gran prosperidad. La seguridad en las vías de transporte expandió el comercio. Pero I Reyes habla del gran lujo en la corte. Y es que ya en la segunda mitad de su reinado, cayó Salomón en la pompa, la promiscuidad, la idolatría, el afán de poder y riquezas, y el olvido de la Ley. “Mandó a buscar caballos” y amontonó “el oro y la plata”.

26) En I Reyes 12 se cuenta del deseo del Rey Roboam de agrandarse a sí mismo y a su gobierno, incrementando los impuestos y las cargas al pueblo, en contra del principio de la justicia contributiva: impuestos justos son sólo para pagar los gastos estrictamente públicos, causados por las tres funciones gubernamentales propias.

Este episodio es crítico. Muchos pastores hoy no lo entienden, y por eso ven sólo los detalles, en este caso el mal consejo de los jóvenes. Pero la Biblia es clara: la división del reino y todas las desgracias de los judíos fueron por causa de la injusticia contributiva para enaltecer al gobierno central. Jeroboam encabezó la revuelta de los contribuyentes y el reino se dividió en dos: el Reino de Israel del Norte con capital en Samaria, y el de Reino de Judea en el Sur con capital en Jerusalem. Samaria cayó bajo la dominación asiria en 721 a. C.; y Judea resistió aún por casi un siglo y medio, y también cayó.

27) Jezabel, esposa del rey Acab, es una intrigante que incita a su marido a cometer un crimen alevoso: expropiar o estatizar la viña de Nabot (I Reyes 21). Ella era de Siria-Fenicia, un país sin leyes, donde los reyes hacían su antojo. Pero esos aún no eran los días más aciagos de Israel: todavía había leyes, por eso ella tuvo que tramar una farsa judicial para despojar de su empresa al propietario.

28) El pasaje “Dios pone y quita reyes” (Daniel 2:21) es otro que alude a la Historia de la Salvación: la crónica de las intervenciones del Omnipotente con ese propósito divino. Pero en los ss. XVII a XIX esta frase fuera de su contexto se usó para legitimar el supuesto derecho divino de los reyes coronados a imponer su voluntad absoluta, y el supuesto deber consiguiente de obediencia ciega y acrítica a las autoridades políticas de turno; y ahora es igual con los Presidentes.

29) En los libros de Reyes y Crónicas desfilan muchos gobernantes crueles e impíos, todos ellos encumbrados contra la voluntad del Altísimo, y por la voluntad del pueblo, cuya voz NO es la de Dios. El Dios que juzga a las naciones (Joel 3; Mateo 25:31-46) les permitió entronizarse para castigo de todos, ante la reiterada violación de Sus leyes por parte de las autoridades y de toda la nación entera, y para recordar a todos las malas consecuencias de semejante pecado.

Los libros de Isaías y Jeremías (y Lamentaciones, y el deuterocanónico de Baruc) incluyen reprensiones a los gobernantes abusivos que se exceden en su poder y atribuciones, y a los sacerdotes, profetas y pastores que les consienten.

30) Cualquiera sea su perspectiva escatológica --sobre el fin de los tiempos-- y la interpretación que Ud. prefiera de las profecías a futuro en el libro de Daniel, es evidente que en el sueño de Nabucodonosor (Daniel 2) y en la visión de las cuatro bestias (Daniel 7) se representan imperios mundiales estatistas, y que Dios no los ve con buenos ojos. ¡Se comparan con bestias feroces y predadoras! (E igual es en Apocalipsis 13).

31) II Reyes 22 describe el modelo de Reforma: la del rey Josías. Por Hilcías (un sacerdote) y el escriba Safán (un intelectual) recuperaron la Ley, que estaba olvidada, perdida en el Templo. La leyeron y además la entendieron. Y la aplicaron. Pero no sólo la parte religiosa o de culto, como nos dicen, sino entera y completa, y eso incluye las partes de la Torah sobre la Constitución, justicia contributiva, etc. ¡Las gentes se arrepintieron y desandaron sus malos caminos!

32) El hallazgo del libro de la ley en el templo impresionó al profeta Jeremías, en 15:16 se “come” el libro. Ezequiel nació cuando el libro fue encontrado: más o menos en el año 630 a.C., y en 3:1 se “come” el libro también. En Ezequiel se condena a los gobernantes que olvidan las leyes de Dios (caps. 11 y 20), a los falsos profetas (cap. 13), a los idólatras que les consultan (cap.14) y a los malos pastores (cap. 34).

33) Los libros de Esdras y Nehemías son del período posterior al Exilio, cuando el pueblo retorna, hacia 530 a.C. Describen la reconstrucción del (segundo) Templo, de la ciudad y de la nación, también en base a toda la Ley de Dios, como cuando Josías. Nehemías era de la tribu de Judá, y su familia de Jerusalén. El libro de Nehemías, gobernador de Judea, es la Memoria y Cuenta de un gobernante, a Dios. Un libro eminentemente político, tanto como los de Josué o Jueces.

34) Eclesiastés 9:13-15 pinta el caso del sabio ignoto. Hermosa leyenda, y muy verosímil. Una pequeña ciudad, cercada y sitiada por un poderoso caudillo guerrero con fuerte armamento, albergaba un hombre pobre e ínfimo, ignoto (de casi nadie conocido), “mas sin embargo sabio, y conocedor del camino de salida, que podría haber salvado la ciudad. ¡Pero nadie quiso escucharle!” ¿No es lo que ocurre hoy: pocos los enterados, y nadie quiere escucharles?

35) Los primeros capítulos del libro de Proverbios exhortan a cultivar la inteligencia, como muchos otros pasajes bíblicos, y hasta libros completos, llamados “sapienciales” como el mismo Proverbios, Job, Eclesiastés, y el Libro de la Sabiduría. Dice el Salmo 32:9: “No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento”.

El misticismo contrario a la razón es por completo ajeno a la Biblia y a la tradición bíblica. La Escritura es concluyente en pro del Gobierno limitado: “No confiéis en los príncipes” dice el Salmo 146:3. Pero para entender bien la Palabra de Dios, el creyente debe primero que nada hacerse pensante. Ser creyente y devoto no se contradice con pensar, todo lo contrario.

36) El Salmo 149 exhorta a la alabanza y al cántico, como muchos otros. Pero termina así: “Exalten a Dios con sus gargantas, y espadas de dos filos en sus manos, para ejecutar venganza entre las naciones, y castigo entre los pueblos; para aprisionar a sus reyes con grillos, y a sus nobles con cadenas de hierro; para ejecutar en ellos el juicio decretado; Gloria será esto para todos sus santos. Aleluya” (Salmo 149:6-9).

¿No le parece antiestatista, y hasta subversivo esto de “aprisionar a los reyes con grillos y a sus nobles con cadenas”? Por pasajes como este la Biblia es el antídoto eficaz contra el socialismo y toda forma de estatismo y abuso gubernamental. De costa a costa hay en los EEUU hay una franja geográfica que se conoce como “Bible Belt” (cinturón bíblico). Leyendo estos pasajes tan claros en su contenido antiautoritario, ¿cómo asombrarse de que allí no entrara el New Deal en los ‘30 ni el kennedysmo en los ‘60?

37) Oseas 4:6 se cita incompleto. Dice: “Mi pueblo pereció por falta de conocimiento”. Y ya, fin de la cita, como si la causa de las desgracias populares fuese falta de conocimiento de Ciencia Política, estadísticas, Economía, etc.; que no es despreciable, si es ciencia verdadera. Pero Oseas es más específico: habla de falta de ciencia y conocimiento “de la Ley de Dios”.

38) Entre los libros deuterocanónicos (mal llamados apócrifos) hay uno llamado Sirácida o Eclesiástico. El capítulo 38 trae un extenso, bellísimo y profundo poema dedicado al trabajo, en los versos 24 a 34. Compara el trabajo manual de los obreros, artesanos y jornaleros, con el trabajo intelectual de los sabios, estudiosos y doctos, insistiendo que el primero no es inferior al segundo.

39) El Libro de Proverbios y otros “sapienciales” dan consejos sobre administración, negocios y empresas (“Mayordomía”), asumiendo que el buen sentido y la sabiduría son para emplearse tanto en asuntos públicos como privados. Advierten p. ej. sobre contraer empréstitos de modo irresponsable (esto es: más allá de la propia capacidad de endeudamiento, tomando en cuenta los ingresos razonablemente previsibles). Por eso las lecciones bíblicas sobre Gobierno Limitado y Mayordomía se complementan. Vea Ud.:

A. Aún bajo un Gobierno Limitado, todo agente económico --sea obrero, estudiante, empresario o pensionado-- debe ser previsivo y cuidadoso en sus cálculos, puntual y diligente, honesto en sus tratos, y en el cumplimiento de sus promesas y acuerdos. De lo contrario no va a prosperar, aún con un Gobierno impecablemente limitado, al cual no debe culpar por su propia torpeza.

B. Pero lo opuesto es verdad también: los Gobiernos estatistas no deben culpar a empresarios o trabajadores por las consecuencias de sus propias malas políticas. Y un agente privado aunque sea preciso en sus cálculos, empeñoso y trabajador honesto y cumplido, va a fracasar si el Gobierno es acaparador y atropellador, ligero en sus cálculos, deshonesto en sus tratos, incumplidor de promesas y acuerdos, indolente en sus actividades propias, y usurpador de las ajenas. El ambiente será empobrecido, y los mercados deprimidos. Con escasísimo poder adquisitivo en las gentes, ¿quién hace ventas? ¿quién prospera sirviendo?

C. Sin embargo hoy se enseña una “Teología de la Prosperidad” que raras veces toma en cuenta la enseñanza bíblica sobre Mayordomía, y jamás la del Gobierno limitado. Lo cual confunde a los liberales no muy familiarizados con las teologías. Cierto que para esta Teología prosperitaria es una bendición la riqueza; pero la Biblia no dice que surge por “decretos” u otros medios mágicos como creen los místicos, sino con Gobierno Limitado y Mayordomía. La magia es típica de la religión falsa: la religión verdadera y revelada manda al hombre a hacer la voluntad de Dios; en cambio la religión falsa e inventada pretende lo contrario: mandar a Dios a hacer la voluntad del hombre.

D. De modo análogo a esta Teología, algunos liberales predican trabajo duro, esfuerzo, creatividad, iniciativa empresarial y buena gerencia, pero sin tomar en cuenta el contexto estatista. Como si las personas pudiesen prosperar en un sistema opresivo y empobrecedor. Es una fuerte contradicción: si en el contexto del estatismo la prosperidad fuese posible por puro esfuerzo personal, ¿por qué somos liberales entonces? ¿para qué cambiar el sistema? ¡seríamos estatistas! Trabajo, creatividad, virtudes, competitividad y gerencia en el sector privado es condición de la riqueza; pero la otra es Gobierno limitado en el sector político, y no hay sustituto.

Por eso es recomendable también a los liberales y libertarios estudiar bien la Biblia. Y para el cristiano buscar una mejor comprensión de la Escritura en Economía Política y Gobierno, con autores como Mises y Hayek, y por supuesto con los austrocristianos, entre otros Ronald Nash, Gary North, Mark Skousen y Stephen Perks.


# ¿Y qué dice el Nuevo Testamento?

Hay menos enseñanza política, por la simple razón de que ya está expuesta en al Antiguo. Pero no se contradicen uno y otro.

1) Para comenzar le tengo un ejercicio: lea la parábola de los talentos, Mateo 25:14-30. Y piense. Y compare con Mises, von Hayek, Schumpeter, Milton y Rose Friedman y Cía. ¿Conoce Ud. una mejor apología del capitalismo que la parábola de los talentos? Pues yo no, así que si Ud. la conoce por favor avíseme, muchas gracias. Y si le parece que esa parábola no es una apología del capitalismo, entonces le tengo otro ejercicio: aprender bien qué es el capitalismo. Para eso, mucho sirven Mises y los otros. Pero después de aprenderlos, por favor relea Mateo 25. Muchas gracias.

Los cristianos sabemos que nuestras vidas personales y familiares deben ser renovadas y reformadas conforme a la Palabra de Dios. Pero renovación y reformas también necesitan la educación, las empresas y la economía, la política: la sociedad en general. Necesitan amoldarse a principios y leyes conforme a la justicia y a la sabiduría de Dios. Y eso es construir el Reino de Dios (“de los Cielos” le llama Mateo porque los judíos no podían pronunciar el santo nombre de Dios). Construir el Reino es la tarea pendiente que Cristo nos encomendó a los cristianos para esta vida. Y lo hizo por medio de unas parábolas que enseñan los principios del Reino. Una de ellas: la de los talentos.

La parábola de los talentos es antecedida por la parábola de las diez vírgenes, sobre estar preparados para la Segunda Venida de Cristo; es decir: ocupados haciendo la tarea. Unas líneas antes --Mateo 24 al final-- se nos hace responsables: se nos dice a los cristianos que vamos a ser juzgados conforma hagamos o no la tarea. Y no se alude al infierno, sino a las recompensas que vamos o no a tener, según seamos o no fieles a la encomienda.

Luego de la parábola de los talentos, que es sobre buenas y malas inversiones, viene la parte sobre solidaridad e insolidaridad, donde los versos 35 y 36 dicen: “tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.” Las implicaciones son claras: la solidaridad ha de seguir a la productividad. Sin producción no hay riqueza, ¿de donde va a salir el dinero para solidaridad?

Por otra parte, la caridad no es la única forma de ser solidarios. Un capitalista que invierte produce muchos bienes y servicios para el mercado, y crea muchos empleos. ¿No es solidario? Después de todo, los fabricantes de ropa y calzado, ¿no visten y calzan a los desnudos? Y los productores y vendedores de alimentos ¿no dan de comer a los hambrientos? Las cadenas hoteleras, ¿no dan alojamiento a los viajeros?

2) “Mi Reino no es de este mundo” (Juan 18:36) porque procede de lo Alto; es “para” este mundo. No obstante el pasaje se cita hoy en apoyo de la idea contraria: que este mundo tiene derecho a darse sus propias leyes, independiente de Dios.

Pero este mundo es creación de Dios, quien le dio sus leyes, naturales (como las de la Economía) y positivas (resumidas en el Decálogo), en perfecta armonía unas con otras, para su bien y no para su mal. Al contrario: el mal en el mundo es resultado de la desobediencia a la ley revelada, de la religión del humanismo secular, del hombre rebelde que se da a sí mismo su propia ley positiva, de espaldas a su Creador y a sus leyes naturales, como las del mercado.

3) “Al César lo que es del César” (Mateo 22:21) significa dar al Estado lo suyo; ¡pero no más! La justicia contributiva exige impuestos limitados (I Reyes 12), bien sean colectados para las autoridades judías (el Antiguo Testamento) o romanas (el Nuevo). Aunque el dicho se cita hoy para justificar lo opuesto: dar al César cualquier cosa que se le antoje reclamar como propia: impuestos, comercio e industria, educación, trabajo, medicina, seguros, etc. Eso es cesarismo; y es anticristiano.

4) El principio de justicia contributiva es expresado por Juan el Bautista en Lucas capítulo
3:12-13 “Llegaron unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? El les dijo: No exigir más de lo ordenado”. Alude a la Torah; es contra los impuestos excesivos, no es contra la “mordida” como interpretan los estatistas.

5) ¿Y el episodio del joven “rico” tan citado por Chávez? Según Mateo 19:26, el joven desde niño conocía y seguía los mandatos de la moral y de la justicia según la Ley; por eso era rico. Era un observante. Lo que Jesús le enseñó fue que eso no le servía para ganar la vida eterna; y a no apegarse a la riqueza. No le dijo que ser rico es malo, sino el apego desordenado y el amor a la riqueza (como al poder); y sobre todo: que la salvación no es por obras. Pero esta interpretación puede lucir anticatólica, por eso muchos se confunden con la “Teología de la Liberación” y su sesgo anti-riqueza.

6) Raras veces se mencionan enseñanzas netamente antisocialistas, v. gr. en Juan 12 se ve a Judas tomando a los pobres como pretexto para robar de la bolsa del grupo que guardaba como tesorero (Juan 12:6). Es la mejor definición de socialismo en la práctica: abultar el tesoro colectivo con dinero “para los pobres” que al final es para robar sus tesoreros, gerentes y administradores. El primer socialista de los Evangelios no es Jesús sino Judas Iscariote.

7) Sigue Juan 12:8 con la respuesta de Jesús al comunismo: “Pobres siempre habrá entre vosotros”; pero no dice que siempre serán la inmensa mayoría. Lo que Jesús tiene en mente es la Ley constitucional de la Torah. En un gobierno limitado, como bajo los jueces, Josías y Nehemías, la clase media era mayor en número que los ricos y los pobres sumados. De tal modo:
-- los pobres estaban a cargo de sus familias, y en su defecto de la asistencia privada;
-- y se preservaba el orden social y la estabilidad política, como quería Aristóteles, que en eso no se equivocó.

8) El publicano Zaqueo (Lucas 19) no devuelve dinero propio sino del “saqueo”. “Publicanos” eran los colectores, tenidos como los peores y más extremos transgresores, al nivel de las rameras según Mateo, ex publicano arrepentido y convertido (Mateo 9:9). Y no sólo por colectar para Roma, porque el impuesto excesivo ya era pecado en el Antiguo Testamento. El episodio de Zaqueo es una revuelta de contribuyentes como la de Jeroboam; y en la España medieval muchas sublevaciones de “pecheros” invocaron el precedente de Lucas 19.

9) En Juan 2:13-17, se ve a Jesús sacando a latigazos del Templo a unos vendedores, mas no por hacer un mero comercio --como dicen los socialistas-- sino por comerciar con la religión. Eran los mercaderes religiosos, los pastores y “líderes” que se enriquecen pretendiendo vender por dinero los dones de Dios.

10) Es el pecado de “simonía”, así llamado por Simón el Mago, gnóstico de Samaria. En Hechos 8:9-25 (y en los Santos Padres Ireneo, Justino e Hipólito) se informa que este Simón ofreció a Pedro y a Juan comprarles el poder de transmitir el Espíritu Santo. Se nos dice que Simón se arrepintió. Pero no tal vez sus “clientes”. El pecado de simonía no es sólo de quien pretende vender sino también de quien pretende comprar con su dinero los dones de Dios: los feligreses “aprovechados”.

Y es que los malos a menudo tienen a Dios en los labios. Pero sólo en los labios. Dice el Salmo 50:16-17 “Al malvado dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes y tomar mi pacto en tu boca, siendo que tú aborreces la corrección, y te echas a tu espalda mis palabras?”

11) Y Jesús en Mateo 7:21-23: “No todos los que me dicen Señor, Señor entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que hacen la voluntad de mi Padre”. Que es la Ley del Padre: Teonomía. “Muchos me dirán entonces Señor Señor, ¿acaso no profetizamos en tu nombre? ¿en tu nombre no echamos demonios e hicimos milagros? A estos diré: Jamás os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”

12) Jesús no fue un agitador, pero al rey Herodes le llamó “zorra” (Lucas 13:32). Y a los fariseos les dijo “falsos e hipócritas”, y “vívoras” (Mateo 23). Y en su cara que “las prostitutas y los publicanos les precederán en el Reino de los Cielos” (Mateo 21:31).

En los Evangelios, el carpintero y Rabbi (Maestro) Jesús de Nazareth casi siempre enseña; pero no siempre sobre cosas “puramente espirituales” como creen los místicos. Sobre muchos y diversos asuntos como la productividad, y la caridad y el amor, la justicia y la verdad, el adulterio, el diezmo y los impuestos, etc. Y negocios y política, matrimonio y ayuno.

Y acerca del Padre de los israelitas Abraham. Y sobre el Reino de Dios, la Salvación y el Mesías prometido. Y la Ley de Moisés, y sus 613 mandamientos: 365 negativos, uno para cada día del año, y 248 positivos, uno para cada hueso y órgano del cuerpo, dicen los judíos, resaltando que la Ley es integral: para todo el hombre, espíritu, alma y cuerpo, e individuo, familia y sociedad. Y sobre su cumplimiento o incumplimiento. Y sobre las diversas interpretaciones de las Escrituras y la Tradición Oral y sus formalidades. Y sobre los Profetas y el Apocalipsis de los días postreros y la resurrección. De todas estas materias enseñó Jesús. Y se involucró en discusiones y controversias.

Jesús polemiza. Con los aristocráticos sacerdotes del Templo, saduceos la mayoría y fariseos la minoría. Con los estrictos y santurrones fariseos, y con los Escribas y Doctores de la Ley -los otros rabbis- casi todos de ese partido. Con los hedonistas y acomodaticios saduceos, mundanos y comprometidos con el cesarismo. Con los revolucionarios zelotes, fanáticos políticos anti-Roma y mundanos de izquierda. Y con los esenios, fanáticos religiosos y escapistas del mundo. Las enseñanzas de Jesús no se comprenden sin el contexto de las distintas creencias y convicciones de estos grupos --saduceos y fariseos, zelotes y esenios-- categorías que se prolongan hasta el mundo judío de hoy. Y el mundo cristiano.

13) ¿Y sus Apóstoles? ¿Eran controversiales? En Hechos 15, Lucas cuenta de tremendo altercado entre los dos mayores, Pedro y Pablo: la controversia judaizante. ¡Airado estaba Pablo con los judíos que demandaban circuncidarse a los gentiles! Y a las iglesias gentiles escribe cartas --¡muy polémicas!-- donde les amonesta sobre diversos errores doctrinales, confusiones y malas conductas, como a las de Galacia y Corinto. E igual las de los discípulos directos de Jesús: Pedro, Juan y Santiago.

14) La de Judas comienza así: “pese a la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me es necesario escribiros para exhortaros a que contendáis con ardor por la fe que una vez fue dada a los santos” (Judas 3).

¿Y la Historia de 20 siglos de Iglesia Cristiana? ¿No es en buena parte una larga sucesión de controversias …?

15) El cap. 5 de Hechos describe a los judíos cristianos vendiendo sus posesiones, y entre ellos Ananías y Séfora, otro episodio siempre citado a favor del socialismo. Pero la lección de Pedro no es contra la propiedad privada, sino acerca de no mentir.

¿Y por qué los judíos cristianos de Jerusalén vendían lo suyo a los no cristianos? No por ser comunistas, sino porque avizoraban la inminente invasión romana, el juicio de Dios sobre la ciudad. “La Gran Tribulación” que Jesús profetizó en Mateo 24, el castigo a Israel por su rechazo al Mesías. Señal del fin del Viejo Pacto, de la dispensación judía; pero no el fin del mundo. Fue en el año 70 dC., cuando las legiones romanas conquistaron Judea y entraron en el Lugar Santísimo del Templo desplegando sus estandartes rojos: un escándalo, la “gran abominación”. Pero esta interpretación “preterista” de la escatología puede lucir antijudía, por eso muchos prefieren la escapista (y prosionista) exégesis “futurista”.

16) Y a los primeros cristianos de Judea que practicaron el comunismo de bienes no les fue bien. Tanto se empobrecieron, que Pablo tuvo que organizarles una colecta (I Corintios 16). Y a los de Tesalónica seducía el socialismo porque les gustaba vivir del trabajo de los demás; y Pablo les amonesta con el segundo principio cardinal del capitalismo: “El que no trabaja, no come” (II Tesalonicenses 3:10).

17) En el cap. 13 de su Carta a los cristianos de Roma, Pablo recomienda obedecer a las autoridades (y a Timoteo, orar por ellas). Estos son pasajes que con frecuencia citan los socialistas cristianos en apoyo de la obediencia ciega al Estado.

Pero la obediencia cristiana a los gobernantes no es incondicional, sino en cuanto las autoridades guarden sus límites. Pablo, el firmante mismo de la carta, desobedeció a las autoridades establecidas, y por ello fue condenado, no a multas sino a prisión y a muerte. Y también muchos destinatarios de su Epístola fueron torturados y ejecutados por desobedecer.

18) El párrafo completo de I Timoteo 2:2, que manda orar por los reyes y autoridades, dice que ellas “están en eminencia para que vivamos quieta y reposadamente”. (“En paz y tranquilos” dicen otras traducciones). O sea: que el gobierno existe y cobra impuestos para brindar seguridad y administrar justicia. Gobierno limitado.

19) Sigue I Timoteo 2:4 diciendo que Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad”. La verdad acerca de la Salvación es parte de la verdad, la más importante para el hombre, pero no toda la verdad. “No he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios” dice Pablo en Mileto (Hechos 20:27). No sólo una u otra parte sino toda Palabra de Dios, entera, sin excluir el consejo político. Y Pedro en su segunda carta, después de recomendar la práctica de la virtud, manda agregar conocimiento: “Poniendo todo empeño, añadid a vuestra fe, virtud; y a la virtud, conocimiento”. (II Pedro 1:4-5)

20) Santiago reprende a los ricos en el capítulo 5 de su Carta, muy citado por los socialistas. Pero lo que se condena en ese y otros pasajes --parábola del rico y el mendigo Lázaro, Lucas 16:19-31-- no es la riqueza sino el amor a la riqueza. La Palabra del Dios “de Abraham, Isaac y Jacob” --tres ricos multimillonarios-- no condena la riqueza en sí misma, ni siquiera cuando es mucha; sí condena el robo y la envidia. Y el apego. Tampoco condena la actividad sexual en sí misma, sino la actividad sexual desordenada, fuera de su límite que es el matrimonio.

La enseñanza bíblica sobre la riqueza no pregunta ¿a cuánto asciende? sino ¿cómo fue obtenida? y enseguida ¿cómo es empleada? No es censurable la que procede del trabajo y el honesto intercambio voluntario, y que se emplea en las necesidades, sin apego. (Aunque Job, Proverbios y Eclesiastés apuntan a la tendencia de los ricos a presumir de su riqueza. Pero también de su poder, hasta de sagacidad y supuesta sabiduría. Y no es necesario ser rico para ser presumido).

21) La caridad es deber moral, no político: la espada no es para redistribución. Y la caridad tiene límites: en sus Epístolas a los Tesalonicenses Pablo destaca que vive de su trabajo “para no ser a nadie gravoso” (I Tes 2:9) y manda “amonestar a los ociosos” (I Tes 5:14) porque “no comimos de balde el pan de nadie” (II Tes 3:8).

22) Sobre la profecía escatológica de Apocalipsis hay distintas escuelas interpretativas. Sin embargo, y aparte la profecía, es claro que desde los días de Génesis y el Imperio de Babel con su Torre, pasando por Daniel, Dios no ha cambiado su opinión contraria a las grandes bestias: el cesarismo judío aliado al imperio romano (Apocalipsis 13) o cualquier imperio mundial que pretenda unificar a todas las naciones bajo un Estado mundial con una religión mundial. (Apocalipsis 17). En cuanto a la profecía:

A. Para las escuelas preteristas Apocalipsis anticipa el juicio de Dios sobre Jerusalén: el fin de la Antigua Alianza, que fue en el año 70 dC. (P. ej. el Anticristo de Apocalipsis es el César Nerón, cuyo nombre transliterado en números da la cifra 666).

B. Para las escuelas futuristas es una profecía sobre el fin del mundo, e inminente. Esta predicación no es nueva: la hubo muchas veces. En tiempos de Agustín, cuando el fin del Imperio Romano. Y en el año 1000 hubo gran pánico, y grupos como el de la Paz de Dios en 1033, año del supuesto aniversario de la muerte y resurrección de Jesucristo (cuya fecha exacta es incierta, y la de su nacimiento). En campos y aldeas, miles de campesinos ayunaron en procesiones y penitencias, exigiendo a los nobles hacer la paz, renunciar a sus riquezas y practicar la virtud. Cuando la época del absolutismo y las guerras religiosas, y luego durante las revoluciones francesa y rusa, fueron muy populares los predicadores del inminente fin del mundo. Y en el s. XIX J. Nelson Darby y Scofield con el “dispensacionalismo”, y ahora Hal Lindsay, y La Haye & Jenkins con “Dejados atrás”.

23) Con esta doctrina hay ahora una enorme industria religiosa de libros, filmes y cassettes que genera muchos millones de dólares al año. Vea Ud.: hay derecho a hacerse multimillonario sirviendo a clientes y usuarios en el mercado. Pero ¿los pastores y ministros? Es diferente porque hay un peligro: hacer del Evangelio un negocio, y torcer la doctrina, enseñando aquello que la gente quiere escuchar, y paga por escuchar. “Motivados por su avaricia, harán mercancía de vosotros con mentiras” dice II Pedro 2. La bolsa de las iglesias no es para sufragar los gastos de los pastores solamente, sino también para el servicio de culto, y para “las viudas y huérfanos”: la obra social.

Pero Ud. tal vez se pregunte, ¿entonces la Biblia puede interpretarse de distintas formas? Pues así es, y ha sido por siglos. Pero de interpretaciones distintas puede ser objeto cualquier texto, sobre todo si es antiguo, p. ej. de Homero, Cicerón, Horacio o Virgilio. La multiplicidad de interpretaciones es inevitable.

24) ¿Y puede malinterpretarse? Sí. Pero tanto así como hay hermenéuticas torcidas, también están las verdaderas, que se ajustan al lenguaje, y al contexto inmediato y mediato. Y las que ejercen violencia al texto, y tendenciosas e interesadas, y muy arbitrarias y caprichosas, y hasta fantasiosas. De nuevo: todo y cualquier texto se puede interpretar mal si se quiere, o por error; y con la Biblia siempre ha ocurrido: en Mateo 4:6 el viejo Satanás cita el salmo 91:11-12 descontextualizado. En Génesis 3:1 también cita torcidamente la Palabra que Dios había dado a Eva y Adán.

Nadie dijo que la Biblia es un libro fácil; ni que es fácil distinguir en cada caso entre unas y otras interpretaciones. Pero esto no conduce al relativismo: hay interpretaciones falsas; y las hay que se ajustan a la verdad. Eso sí: las distintas exégesis bíblicas tienen muy diferentes consecuencias prácticas. Ejemplos:

A. Interpretaciones,
-- si Ud. adopta alguna teología sacerdotal, tenderá a aceptar lo que diga su sacerdote o su pastor;
-- si Ud. adopta la teología del sacerdocio universal de los fieles (cada creyente es sacerdote) entonces hará interpretación individual (mas no arbitraria) de la Escritura. Pero Ud. deberá investigar, comparar y razonar, como los estudiosos bereanos (Hechos 17). Por supuesto que el estudio concienzudo de la Palabra de Dios lleva tiempo, y el tiempo es recurso escaso y no renovable, y algunas horas al día --o al menos a la semana-- deberá sacrificar Ud. a otras actividades e intereses. Pero vale la pena.

B. Fin del mundo,
-- si Ud. adopta una interpretación futurista de la profecía escatológica y además cree que el fin del mundo es para ya mismo, entonces no importa mucho el destino de nuestra cultura ni el avance del Reino de Dios. Ni el sistema político o económico. Y la acción política tampoco tiene mucha relevancia. ¿Para qué?
-- distinto será si Ud. cree que el mundo tendrá fin --así como tuvo principio--, y que será juzgado por Jesucristo en su Segunda Venida; pero no hay razones suficientes para creer que es para ya mismo; en Mateo 24:36 dice Jesús: “El día y hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sólo mi Padre”.

C. Justicia contributiva,
-- si Ud. no mira mucho el sentido de la palabra “publicano”, y disfruta todas las interpretaciones “espirituales”, no le dará mayor importancia al asunto. Y señalará como deber cristiano el pagar todos los impuestos.
-- distinto es si Ud. toma la Biblia en serio y literalmente. El impuesto abusivo es un robo, un despojo legal: los gobiernos nos quitan parte del fruto del trabajo. Nos esclavizan. La excusa es que se nos devolverá ese dinero “en salud y educación”. ¿Es eso conforme a la Escritura? ¿Se interpreta así ahora? ¿Fue interpretada así en el pasado?

Veamos primero las 5 clases de cristianos de ahora, y luego los 10 principios judeocristianos o bíblicos de Gobierno, y después algunos testimonios del pasado.


# Cinco clases de cristianos

En EEUU entre el 70 y el 80 por ciento de las gentes, según las encuestas, se identifican a sí mismos como “cristianos”, y en apariencia y comparación con el resto lo son en cierta manera, cada cual a su modo. Porque no todos dentro de este gran grupo de “cristianos” son similares en creencias, actitudes y conductas.

En septiembre de 2006 Christianity Today y Editores Zondervan encargaron a una firma consultora de opinión un estudio empírico sobre las creencias, comportamiento y actitudes de los cristianos. Una muestra estadística de personas autodenominadas cristianas y mayores de 18 años fueron encuestados sobre sus creencias y prácticas religiosas. Los resultados ponen de manifiesto que hay cinco segmentos o categorías distintas de cristianos, que los encuestadores para distinguir y clasificar llaman así: activos, profesantes, litúrgicos, privados, y culturales.

-- un 19 % de cristianos “activos” toman en serio la salvación por medio de Jesucristo, su relación personal con Dios, y su compromiso con Su Palabra, que no sólo leen y estudian sino que enseñan y tratan de poner por obra en todos los aspectos de su vida y no sólo en el culto;
-- un 20 % de cristianos “profesantes” tienen iguales creencias y fe que los activos, pero no iguales acciones y conductas;
-- un 16 % de cristianos “litúrgicos” muestran un alto nivel de actividad “espiritual”, sirviendo en la iglesia y en la comunidad, pero sus creencias personales no son las de los Grandes Credos, y sus orientaciones políticas son de izquierda, como los de las dos categorías siguientes;
-- un 24 % de cristianos “privados”, segmento mayoritario y más joven: creyentes en Dios y en “hacer bien las cosas”, tienen su Biblia pero no la leen, y son “espirituales” (místicos) pero no van a la iglesia;
-- finalmente un 21 % de cristianos “culturales”: no se interesan en su relación con Dios, ni en la Biblia ni en iglesias; no creen en Jesús como condición necesaria y suficiente para salvación, creen que hay muchas maneras de satisfacer a Dios, favoreciendo el universalismo en teología.

Por eso el 81 % de los cristianos --uno de cada cinco-- tienden a hacer dualismos, separaciones radicales u oposiciones:
-- lo material de lo espiritual,
-- la naturaleza de la gracia,
-- la Fe de la razón,
-- la Religión de la vida ordinaria,
-- la Iglesia de la sociedad.

Los estudios del Dr. Peter Hammond demuestran que un 29 % del contenido de la Biblia se refiere a la vida personal, y el 71 % a cuestiones sociales, políticas y nacionales. Pero las gentes --cristianos y no cristianos por igual-- viven bajo la ilusión de que la Biblia no dice nada de estructuras sociales, modelos constitucionales o problemas y asuntos políticos.

Y como la Biblia “no dice nada”, ¿qué hacen los cristianos? ¿Qué opinan acerca del rol de los gobiernos, la educación, los negocios, la inflación, la redistribución de la riqueza y la acción social? Adoptan los puntos de vista del sistema del mundo. No siguen el consejo de Romanos 12:2 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”; en cambio de ello se adaptan al sistema, se amoldan y ajustan al actual estilo predominante --hoy de izquierda-- en lugar de ser “sal para la tierra” y “luz para el mundo” (Mateo 5:13-16). Así las opiniones y puntos de vista más frecuentes entre los cristianos son las mismas del humanismo secular: estatismo, mercantilismo, socialismo, ecologismo, feminismo, etc.

Gracias a Dios hoy en día existen muchos ministerios cristianos dedicados a este tema de los principios, valores y normas de gobierno según la Biblia. Entre ellos destacan los cuatro siguientes:
-- Institute for Christian Economics, EEUU, liderado por el Dr. Gary North;
-- Kuyper Foundation, Londres, Gran Bretaña, dirigido por Stephen Perks;
-- Kingdom Watcher, Nueva Zelandia, a cargo del Prof. Ron McKenzie;
-- Frontline Fellowship, en África del Sur, conducido por Peter Hammond, a quien seguimos de cerca en su exposición sobre los diez principios bíblicos o judeocristianos de gobierno civil.


# Los diez principios bíblicos de gobierno

Se pregunta el Dr. Hammond: ¿Por qué el Parlamento inglés tiene dos Cámaras, la de los Lores y la de los Comunes? ¿Por qué en el Gobierno de EEUU se separan tres poderes, ejecutivo, legislativo y judicial? ¿Por qué Suiza no tiene un ejército de militares profesionales sino de ciudadanos voluntarios armados? Las respuestas a estas y otras muchas otras preguntas están en los diez principios de la libertad conforme al modelo de Gobierno Civil que describe normativamente en la Biblia:
1. Orden social descentralizado
2. Economía libre
3. Educación privada
4. Gobierno limitado
5. Federalismo y separación de poderes
6. Justicia resarcitoria y compensatoria, independiente, y juicio justo
7. Congreso bicameral
8. Senado o Cámara federal, no de elección popular
9. Ejecutivo controlado, no de elección popular directa
10. Milicia de ciudadanos armados

Vea Ud. uno a uno …
1) Orden social descentralizado. O los cinco pilares fundamentales o básicos del orden social.

¿Por qué vivimos en sociedad? Por los resultados positivos de la vida en sociedad, que pueden reducirse a estos nueve beneficios:
-- tres económicos: agricultura, industria y comercio;
-- otros tres de tipo “social”: educación, medicina y jubilaciones,
-- y otros tres de orden gubernamental o político: seguridad, justicia y obras públicas.

La Cristiandad o civilización cristiana lleva 20 siglos interpretando que para cumplir estas tres series de funciones sociales, el Creador preordenó los cinco pilares del orden societario:
-- familia, empresa y escuela, a cargo de las seis primeras;
-- un gobierno limitado y descentralizado (liberalismo clásico), encargado de las tres últimas;
-- y la iglesia, con su sacerdocio o cuerpo eclesiástico, a cargo principalmente del culto, y de recordar al pueblo las exigencias de un Dios santo y justo además de bueno, como asimismo de prestar apoyo a la familia en las tres funciones sociales.

La mayor parte de las funciones sociales, competencias y recursos (y responsabilidades) son de las personas individuales, las familias e instituciones privadas, y los gobiernos locales (libros de Éxodo 24:1, Deuteronomio 1:13-18, Hechos 17:26). La acumulación de poder en un Estado totalitario y centralizado ha sido siempre costumbre pagana, como en Nínive y en Babel (Génesis 10:10-11 y 11).

Hay así un doble sistema de controles, contrapesos y equilibrios cruzados:
-- En la sociedad. El gobierno civil es una de las cinco instituciones para cada una de las esferas de funcionamiento de la sociedad: familia, economía, educación, iglesia, gobierno. No es bueno que el gobierno civil acumule más poder y dinero que los estrictamente necesarios para sus tres funciones legítimas: defensa nacional y policía, administración de justicia, obras públicas.
-- En el Gobierno. “Todo poder corrompe”, por eso hay que limitarlo por la vía de la división vertical y horizontal: federalismo y división en tres poderes u órganos gubernamentales, y dos cámaras en el órgano o rama legislativa, la más importante y poderosa para la vida diaria porque dicta las leyes. La democracia también debe limitarse: el voto o sufragio activo no debe ser necesariamente para todo el mundo.

2) Economía libre. Se basa en la propiedad privada de los bienes de consumo y de producción (Éxodo 20:15,17; Deuteronomio 19:14) y en la libre empresa (Eclesiastés 5:19; Proverbios 10:2-4; 12:24: 13:4, 11, I Tesalonicenses 3:10). El ya mencionado capítulo 8 de I Samuel condena clara y expresamente la acumulación de poder y dinero por los gobiernos. Y en el Nuevo Testamento se lee: “donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”. II Corintios 3:17.

Entre los principios de una economía libre están los que se refieren al Estado y sus recursos:
-- La tributación mayor al 10 % de los ingresos se define como opresión (I Samuel 8), y se prohíben los impuestos a la propiedad o a la herencia (I Reyes 21:3).
-- Cualquier desigualdad en la contribución, como el impuesto “progresivo”, está expresamente prohibida (Éxodo 30:14-15; Levítico 19:15).
-- Se eximen de impuestos las iglesias, instituciones y personas a tiempo completo en el servicio del Señor (Esdras 7:23-24).
-- Se prohíbe los pesos y medidas falsas, como la moneda sin respaldo, origen de la inflación y la pobreza. (Levítico 19:35-36; Proverbios 11:1; 20:10; Amós 8:5-7; Miqueas 6:11-12).

3) Educación privada. En Egipto, Asiria y Babilonia, la educación de los niños y jóvenes corre por cuenta del Estado, encargado de adoctrinar a la gente desde temprano en la cosmovisión totalitaria imperante. Asimismo, hoy en día se encomienda al Estado la “formación” de las mentes de los futuros votantes. Pero en la Biblia, la educación de los hijos y la decisión sobre programas y asignaturas corresponden a los padres, con la apoyo de la iglesia, de modo por completo independiente del Estado (Deuteronomio 6:7; Oseas 4:6, Mateo 28:19, Efesios 6:4, Colosenses 2:8).

La Coalición para el Avivamiento (Coalition on Revival, USA) ha publicado y traducido unos 17 Documentos exponiendo la Cosmovisión Cristiana de la sociedad:
-- Gobierno civil -- Legislación y justicia
-- Familia -- Educación
-- Economía -- Ecumenismo
-- Discipulado -- Sanidad Espiritual
-- Evangelismo -- Acción Social
-- La profesión, el empleo y los negocios -- Artes y Medios de Comunicación
-- Medicina -- Ciencia y Tecnología
-- Sicología y Consejería -- Renovación Pastoral
-- Revitalización de la Educación Cristiana

En los dos primeros textos, sobre Gobierno civil y principios de Legislación y justicia, se muestra que la Biblia manda a los Gobiernos respetar las esferas privadas de la economía y los negocios, la educación, la familia, y las iglesias. Y que este respeto debe imperar en los tres poderes estatales: tanto en su constitución y en sus leyes ordinarias, como en sus decisiones ejecutivas y judiciales. E igualmente la igualdad ante la ley (no acepción de personas).

4) Gobierno limitado. La constitución es un Pacto, y ha de ser escrita (Éxodo 20, Deuteronomio 5 a 8 y 17). “Jueces y oficiales pondrás en todas tus ciudades que Jehová tu Dios te dará en tus tribus, los cuales juzgarán al pueblo con justo juicio.” Deuteronomio 16:18.

El Gobierno es para asegurar las libertades, propiedades y derechos básicos de las personas. La constitución define claramente y limita el poder; es para ese fin. Es como una cadena para atar a los gobernantes y funcionarios a fin de impedirles abusar. El límite a su autoridad debe ser claro, específico, permanente. El gobierno “...no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de aumentar caballos; [...] ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia. Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida...” Deuteronomio 17: 16-18.

Ese es el modelo o sistema de Gobierno perfecto:
-- “... en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche”. Salmo 1:1-2.
-- “La ley de Jehová es perfecta, convierte el alma […] Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, la que destila el panal.” Salmo 19:7-10.
-- “Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios.” Romanos 7:21-22.

Y cuando el rey Roboam violenta la ley, el pueblo desobedece, mata a pedradas al jefe de los impuestos Adoram, y el reino se divide: “... Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones. […] Y el rey Roboam envió a Adoram, que estaba sobre los tributos; pero lo apedreó todo Israel, y murió. Entonces el rey Roboam se apresuró a subirse en un carro y huir a Jerusalén. Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy”. I Reyes 12.

5) Federalismo y separación de poderes. Tres niveles de Gobierno: aldea, tribu, nación. Y tres poderes: jueces, parlamento, ejecutivo. “Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez.” Éxodo 18:21.

El poder judicial está compuesto por los ancianos o jueces en cada aldea y tribu. El poder legislativo reside en el Consejo de los jueces gobernantes locales y en el Senado o Sanedrín. Y el poder ejecutivo en el Rey, cabeza de la Monarquía constitucional. Estas tres funciones de gobierno se basan en la forma misma en que el Señor reveló Su gobierno (Isaías 9:6-7 y 33:22).

6) Justicia resarcitoria y compensatoria, independiente, y juicio justo. (Éxodo 23:1-3). “Y puso jueces en todas las ciudades fortificadas de Judá, por todos los lugares. Y dijo a los jueces: Mirad lo que hacéis; porque no juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar de Jehová, el cual está con vosotros cuando juzgáis.” II Crónicas 19:5-6.

El propósito de la justicia bíblica no es que el transgresor se “regenere”, sino que restituya a la víctima a la condición anterior al crimen; y en caso de no ser esto ya posible, le pague una compensación, o a sus herederos. Isaías 1:17.

Los principios de un juicio justo se exponen en Deuteronomio 19:15-19:
-- Presunción de inocencia hasta que se pruebe la culpabilidad del acusado,
-- El derecho al “debido proceso legal”,
-- Los testigos deben ser “careados” (enfrentar personalmente) con el acusado,
-- Una alegación debe ser probada por dos o tres testigos, y
-- Los jueces deben ser imparciales.

7) Congreso bicameral. Hay una representación popular en la cámara democrática, con gobernantes (jueces) elegidos por el pueblo: “Dadme de entre vosotros, de vuestras tribus, varones sabios y entendidos y expertos, para que yo los ponga por vuestros jefes. […] No hagáis distinción de persona en el juicio; así al pequeño como al grande oiréis; no tendréis temor de ninguno, porque el juicio es de Dios; y la causa que os fuere difícil, la traeréis a mí, y yo la oiré.” Deuteronomio 1:13-17.

8) Senado o Cámara federal, no de elección popular. Se compone de 22 ancianos (cargos hereditarios): 2 por cada una de las 11 tribus o zonas geográficas de Israel. Además, 24 sacerdotes (levitas), y 24 escribas (abogados), 2 por cada una de las 12 tribus. Este cuerpo tuvo 70 miembros y se llamó Sanedrín (Éxodo 24:1; Números 11:16-17).

9) Ejecutivo controlado, no de elección popular directa. Un funcionario ejecutivo (Juez Supremo o Monarca Rey) elegido con consentimiento de los ancianos (Deuteronomio 17:16). “Y vinieron todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y David hizo con ellos pacto delante de Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel, conforme a la palabra de Jehová por medio de Samuel.” I Crónicas 11:2-3

10) Milicia de ciudadanos armados. Un ejército de ciudadanos (milicia), voluntarios militarmente entrenados, con derecho de tener y portar armas para la defensa de su hogar y familia, de la comunidad local y de la nación (Números 1:2-3; Deuteronomio 20:1-4; Jueces 3:2).

El ejército profesional es un instrumento de la tiranía; y la mejor salvaguarda contra la tiranía es una milicia de ciudadanos voluntarios. “Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos.” Nehemías 4:13-14

Las milicias locales eligen a sus propios comandantes (Deuteronomio 20), y cada soldado tiene su propio armamento (Números 32:17-20; I Samuel 25:13). Cada ciudadano tiene irrestrictos derechos a poseer, portar y utilizar armas para la defensa individual y colectiva. Todo intento de los gobernantes para prohibir o limitar estos derechos es antibíblico y típico del modelo pagano o babilónico de Gobierno (Jueces 5:8; I Samuel 13:19-22).


# Testimonios

La Biblia dice que Dios consideró muy importante que su pueblo como nación obedeciera estas leyes. No cualquier sistema agradaría a Dios Altísimo y verdadero. Dios quiso que la nación como tal prestara obediencia y se sujetase a todos Sus mandatos, estatutos y preceptos.

Esto se declara al comienzo del libro de Jueces, en los capítulos 2 y 3. Dice que naciones paganas fueron dejadas ex profeso para probar a la nación en su fidelidad. Jueces 3:4 “…para probar con ellos a Israel, para saber si obedecerían a los mandamientos de Jehová, que él había dado a sus padres por mano de Moisés”.

Estas leyes eran importantes. El Gobierno limitado y sus principios eran importantes. Vale preguntar, ¿así lo entendieron los cristianos a través de los siglos? ¿cómo lo entendieron? Y de su interpretación ¿qué consecuencias se siguieron en la historia de Occidente?

En 1215 p. ej., los cristianos ingleses derrotaron al rey Juan Sin Tierra, que dio la Carta Magna con la promesa de no decretar impuestos sin convocar a los contribuyentes; allí y entonces nació el Parlamento, y la democracia representativa, bajo el principio: “No hay impuesto sin representación”.

En 1649 Carlos I decretó un impuesto a la exportación, y hubo guerra civil en Inglaterra. Los “puritanos” no eran místicos: formaron las bien armadas y entrenadas tropas del ejército parlamentario de Oliver Cromwell, en las que sirvieron el Pastor Comandante Richard Baxter, autor de “Invitación a Vivir”, y John Bunyan, del archiconocido “Progreso del Peregrino”. Derrotado Carlos I fue juzgado, condenado a muerte y decapitado.

-- Los impuestos de Felipe II de España en los Países Bajos y su intolerante política religiosa e insufrible centralismo llevaron a los calvinistas de las “Provincias Unidas” a la desobediencia, a la rebelión y a la secesión, en su larga y terrible Guerra de los Ochenta Años (1568-1648) por su independencia.
-- En 1660, Carlos II restableció la monarquía inglesa. A su muerte, 20 años después, Jacobo I se hizo rey, y se entregó a los abusos. Con sus Biblias y armas en mano los puritanos hicieron la Revolución Gloriosa en 1688, y comenzó el parlamentarismo actual, perdiendo el monarca su poder absoluto, limitado por la Declaración de Derechos.
-- Y en EEUU fueron los impuestos al té, rechazados por los colonos cristianos de Boston en 1773, los que llevaron a la independencia y a la guerra, y al nacimiento de esa nación.

Los cristianos ingleses, holandeses y americanos oraron con devoción firme -no “decretaron”, a lo pentecostal-; pero no solamente oraron. Además orientaron con lucidez y decisión a la masa del pueblo, en contra de las injusticias contributivas y otros abusos del poder. No obedecieron ciegamente a sus autoridades políticas y religiosas. Leyeron sus Biblias con inteligencia, con información y con criterio. Pasaron del plano de los eventos circunstanciales a los asuntos de fondo, y al plano de los principios. Y pelearon. Si la ley insistía con la violencia de recaudadores fiscales al servicio de los saqueadores, los cristianos reconocían a los “publicanos” y les denunciaban como ladrones, y resistían las leyes malas.

No siempre ganaron. La primera guerra de los colonos calvinistas de Sudáfrica (afrikaners, voortrekks o boers) contra el voraz Imperio Británico se perdió, en 1880-81, y la segunda también, en 1899-1902, y se acabaron las dos repúblicas cristianas que fundaron. ¡Pero no sin pelear! Tampoco eran místicos los boers: murieron 7 mil soldados, 25 mil civiles blancos y 20 mil negros, dejaron sus vidas con sus armas y sus Biblias empuñadas, en las trincheras. O en los campos de concentración. Entregaron su vida al Señor, pero en serio. Con fe y con dignidad, con coraje, honor, carácter. Murieron en medio de las balas y la pólvora, la sangre y el barro, la lluvia y el frío, los gritos de dolor de los heridos y los gritos de mando de los jefes, las plegarias, la noche y la peste, la caca y los piojos. Cantando la versión bóer de “Estad por Cristo firmes”, himno que aún se oye en algunas iglesias. Dice: “Probad que sois valientes, luchando contra el mal!” Vaya si lucharon los boers contra el mal. Los últimos guerrilleros cristianos se rindieron en mayo de 1902 y firmaron el Tratado de Vereeniging, por el cual se les reconoció cierto autogobierno, y en 1910 fundaron la Unión Sudafricana.

El César Claudio -probablemente el emperador más corrupto- decía que la fiscalidad es como esquilar ovejas: hay que quitarles la lana, pero sin tocarles el cuero. En 1694 el rey Guillermo III descubrió el modo: fundó el Banco (Central) de Inglaterra. ¡Ya los monarcas no necesitaron arriesgar su popularidad (ni su pescuezo) decretando más impuestos! Y el Banco produjo la primera inflación masiva de dinero en la historia del país. Pero los cristianos conocedores de la Biblia protestaron, citando la condena de la “pesa y medida falsa” en Levítico 19:35 y Proverbios 20:10. La moneda es una medida, del valor económico, y la inflación es un impuesto fraudulento. Los cristianos fueron siempre antiinflacionistas, como recuerda el Prof. Hans Sennholz en “La Era de la Inflación” (1979), y mi amigo Stephen McDowell en “Liberando las Naciones”, traducido por Francisco Bianchi.

Esas tradiciones cristianas se perdieron. Sin embargo, la tradición estatista de imprimir dinero de la nada no se perdió: el Banco de Inglaterra acaba de decretar los tipos de interés más bajos de su historia (0,5 %), y de aumentar su compra de activos mediante la emisión de reservas hasta 125 mil millones de libras, frente a los 75 mil millones anteriores. Pero ahora los cristianos no dicen nada.


# A la Biblia hay que estudiarla

En fin, no es la Biblia un libro fácil, y por eso se recomienda meditarla en todo tiempo: “y sus palabras repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en casa y andando por el camino, y al acostarte y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:7). “Y de día y noche” (Josué 1:8; Salmo 1:2).

No lo diría así si su estudio fuese fácil, ni aconsejaría comenzarlo desde la niñez. No diría: “Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos” (Deuteronomio 4:9). De paso nos está diciendo que es un libro para niños, y adultos: todo público.

Muchos cristianos oran por ayuda para entender la Biblia, y eso está muy bien; pero no buscan ayuda. Es decir, que después de orar deberían buscar y procurarse buenos manuales y estudios bíblicos para mejorar entender lo que leen y así poder aplicarlo mejor. De otro modo, cada quien lee lo que quiere leer, y hay demasiadas lecturas caprichosas y extravagantes, supuestamente inspiradas en revelaciones personales y muy privadas.

Hay mucho malentendido acerca de la Biblia, lo que dice y no dice, y lo que contiene. La Biblia cristiana contiene el Antiguo Testamento, que es la Biblia judía actual. Comienza por la Torah: los cinco primeros libros (en griego Pentateuco) que incluyen los principios de Gobierno. La antigua religión del Islam --no la versión actual deformada por el estatismo árabe-- los reconoce como inspirados y autoritativos.

Las actuales ediciones católicas de la Biblia cristiana proceden de la traducción latina de San Jerónimo de Estridón (340-420), y las protestantes de las traducciones directas del hebreo y del griego de cuando la Reforma; pero no hay tantas diferencias. La mayor parte de las citas de este panfleto son de la edición Reina Valera en sus revisiones de 1909 y 1960; aunque a veces son de otras versiones cuyo lenguaje es más actual, aunque sin traicionar el sentido (lo cual algunas sí hacen, lamentablemente). Casiodoro de la Reina y Cipriano de Valera fueron dos monjes jerónimos del Monasterio de San Isidro del Campo que se pasaron a la Reforma e hicieron la traducción completa de la Biblia. Si Ud. no la ha leído, bueno sería que la lea, tal vez se sorprenda; y si es cristiano, bueno sería que la estudie, ¡tal vez se sorprenda más!


# El mensaje central de la Escritura

La Biblia contiene un mensaje político muy claro y muy importante: Gobierno limitado. Con todo no es el mensaje central. ¿Cuál es? Uno en el que todos los creyentes cristianos estamos de acuerdo: ortodoxos, católicos, protestantes y evangélicos. Y es este: que sólo Cristo salva, que murió por sus pecados y los míos, y que resucitó de entre los muertos. Y que debemos entender esto y aceptarlo con el corazón y la mente, y reconocerlo ante Dios en primerísimo lugar, y también ante las gentes.

A. Si Ud. ya lo ha entendido y aceptado, ¡Gloria al Señor!

B. Pero si Ud. aún no lo ha entendido o no lo ha aceptado, cualquier momento y lugar es buena ocasión para meditarlo y para hacerlo. Este p. ej., en medio de esta lectura. Puede hacer un alto. ¿Por qué no? Es la decisión más importante de su vida eterna. De ella depende cómo y dónde y con quién o quiénes pasará Ud. la Eternidad.

Ud. está en este instante leyendo en su casa, su oficina, o en un autobús, no sé; ni sé si está ahorita sentado, acostado o parado, solo o acompañado. No tiene que decirlo a nadie. Sólo tiene que dirigirse a Dios. Si quiere puede Ud. aislarse, y simplemente cerrar sus ojos como señal de respeto -y para no distraerse: no es mágico- y con su corazón y su mente y su alma y su espíritu elevar a Dios una oración franca, honesta y sincera, y decirle que se arrepiente de todos sus pecados -no me diga que no los tiene- y que pide perdón y acepta al Señor Jesucristo como su Salvador …

Ese es el mensaje central y propósito de la Biblia. Para eso principalmente fue escrita. Para servir de guía y darnos a Ud. y a mí y a todos los humanos el único conocimiento verdadero y seguro acerca de un grave asunto, que un fino poeta y político liberal, el General Bartolomé Mitre (y militar, que fue Presidente de Argentina de 1862 a 1868) expresó con estas líneas:
“La vida es real y su destino es serio,
y no es su fin en el sepulcro hundirse;
que ser polvo y en polvo convertirse,
no es del alma el divino ministerio”.

C. Y si tiene dudas sobre el destino eterno de su vida, pues entonces acuda a una buena iglesia y pregunte, que para eso están.


# ¿Cuál evangelio?

Las iglesias cristianas predican el Evangelio. Pero ¿cuál?

1) Jesucristo no fue un líder político en su paso por este mundo. El cristianismo no es una ideología o credo político, ni los cristianos somos un partido. La reforma social no está a la cabeza de nuestra Agenda. Pero tampoco queda fuera, porque en la Biblia hay muchos principios y directivas muy claras acerca de la sociedad, el gobierno y la economía, y no están allí de adorno, ni han quedado todos invalidados por el tiempo.

2) El Evangelio que los cristianos hemos de proclamar según las Escrituras no es sólo la Buena Noticia de la Salvación; es el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, entero, que es todo el “Evangelio del Reino de Dios” (Mateo 4:23, Marcos 1:14). Y este Evangelio enseña la soberanía de Dios en la Creación, entera, incluyendo al ser humano individual, entero, en espíritu, alma y cuerpo; y también las familias, la educación, la sociedad en general y las naciones, sus gobiernos y la política.

3) El filósofo cristiano Vishal Mangalwadi --nacido en India-- observa que una muy grave, profunda y duradera crisis cultural y moral afecta hoy a todos los países del orbe, comenzando por Europa occidental y EEUU. Sus repercusiones en las finanzas, el comercio, el empleo y la economía son apenas síntomas, o tal vez consecuencias. Los gobiernos pretenden imponernos el evangelio “políticamente correcto”: ecologismo, aborto y eutanasia, derechos de los animales, leyes para homosexuales y nivelación por abajo con altos impuestos y programas “sociales”; pero la ética del trabajo se perdió, y también el espíritu de competir por la excelencia, la moneda sana y el comercio libre. Igualmente faltan el respeto a la verdad, a la propiedad y a la vida; y el pudor y la decencia. Los más horrendos crímenes y las peores aberraciones son corrientes. El gobierno limitado es un recuerdo del anteayer. Con pocas y honrosas excepciones, la educación embrutece, el arte apesta, y los medios de la prensa yerran o mienten a sabiendas, día tras día. Sólo las mejores mentes --creyentes y escépticas-- advierten y publican esto: que las ideas, conceptos, reglas de conducta y valores perdidos, fueron en gran parte legados cristianos a Occidente.

4) “Venga a nosotros tu Reino” y “Hágase tu voluntad en la tierra” (Mateo 6:10) significa que “todos sus preceptos, estatutos y mandamientos” (Deuteronomio 4:8) sean cumplidos; y que no sean desobedecidos, olvidados, mal interpretados o tergiversados. La Ley de Dios incluye normas para las naciones, válidas en todo tiempo (Mateo 5:17-20), de las cuales depende el orden, paz, prosperidad y bienestar de sus familias, ciudades y campos, y por consiguiente, de los países como tales. Los países cuyos legisladores y magistrados han aplicado en el pasado los principios bíblicos de gobierno limitado han tenido progreso y son ricos, y los demás siguen subdesarrollados y pobres, tal y como se anticipa en Deuteronomio 28. Y así lo confirman también las buenas enseñanzas de las ciencias jurídicas, políticas, económicas y sociales.

5) Nuestra salvación eterna es por las obras de Cristo y no las nuestras; es “por gracia y mediante la fe” (Efesios 2:8). Es un regalo de Dios, incondicional como su amor y misericordia. La salvación es “gratis”: ese es el Evangelio de la Gracia; y la fe es la respuesta de aceptación agradecida y gozosa. Pero la salvación no es el único propósito de Dios para nosotros: también quiere nuestro Autor que esta vida nuestra de ahora sea feliz, y para ello las personas, las familias y las instituciones deben ordenarse conforme a Su Voluntad, expresada en Su Palabra, que es Ley. Para conseguir la armonía familiar, el éxito de los negocios y el bienestar de las naciones, se nos exige seguir confiadamente las instrucciones del Creador, y en eso se demuestra la fe.

6) Dios hizo al hombre racional, y debe usar la razón para entender el mundo y la sociedad. E hizo también una revelación especial escrita de Sí mismo, y de sus propósitos y su voluntad, que no es inconciliable con la razón ni con el pensamiento humano bien ordenado. Aplicada con la lógica, su herramienta propia, y con ayuda de la Biblia, la razón ha sido y es instrumento para la correcta comprensión del mundo, de la sociedad, y de la cultura. Y para su reforma, cuando ha sido necesario. Y también para la interpretación y el buen entendimiento de las Escrituras, ubicando cada texto en su contexto propio. Y Dios quiso que tengamos dominio sobre la entera Creación (Génesis 1:28, el primer mandato de Dios al hombre) aprovechando de la ciencia y la técnica en el conocimiento y uso de la naturaleza, y del raciocinio en los negocios humanos.

7) Dios hace al hombre responsable, y por tanto libre; no es el ser humano (ni el cristiano devoto) un títere que Él manipula desde lo alto, sentado sobre alguna nube, mediante hilos ocultos para responder mecánicamente a sus incomprensibles designios. El hombre es un ente con inteligencia y voluntad: puede aceptar a Dios o rechazarle; la soberanía divina no niega su libertad, ni anula su responsabilidad como ser moral. Y los gobernantes pueden desobedecer a Dios; y de hecho lo hacen mucho. Peor aún: sistemas de gobierno e instituciones completas se edifican totalmente de espaldas a la Palabra de Dios. Por eso fracasan, causando graves sufrimientos, no queridos por Dios.

8) Dios ha delegado autoridad. Los maridos la tienen sobre las esposas, los padres sobre los hijos, los oficiales sobre los soldados, los maestros sobre los alumnos, y los gobernantes sobre los ciudadanos. Y “toda autoridad viene de Dios” (Juan 19:11); pero no para abusar, sino para cumplir sus funciones propias ordenadas. Por eso todo poder humano debe sujetarse a lo que Dios quiere y dice en Su Palabra, y ninguno es autónomo o absoluto. Por tanto, no es incondicional y ciega la obediencia que a las autoridades se les debe.

9) Dios puede y quiere sanar a las naciones, y lo ha hecho muchas veces; pero han de reformarse. No de cualquier manera, como a la gente se le ocurre. No con ciencias sociales equivocadas, ni siquiera con exégesis o teologías equivocadas. Ni se requiere que el 100 % sus habitantes sean cristianos, o buenos cristianos, o lo sean sus gobernantes. Es como Dios dice: con oración confiada de los creyentes, pero acompañada de arrepentimiento y enmienda, y regresando los pueblos de los “malos caminos” (II Crónicas 7:14) mediante reformas; de otro modo, las oraciones de los fieles no son atendidas (I Samuel 8:18).

10) Dios quiere que los cristianos expliquemos a todos el Evangelio del Reino; eso es ser “sal de la tierra” y “luz del mundo” (Mateo 5:13-16). Predicando las normas del Reino, declaradas en el Nuevo Testamento y también en el Antiguo (Mateo 5:17-20). Lo cual implica que si hay mucho desorden, crimen, inseguridad, impunidad, pobreza o miseria, ignorancia, desempleo, injusticia, despotismo y corrupción… la responsabilidad es nuestra, al menos en parte. En algo hemos fallado, nosotros, los cristianos.

 

 

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