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31/08/2009 - José Francisco Fernández Belda
La excusa de la Regata Oceánica

Si hay algo que debiera estar meridianamente claro para todos los canarios es que, en los tiempos que corren cuando soplan malos vientos de proa que dificultan el avance de la nave del turismo, casi cualquier promoción que se haga del Archipiélago debe ser bienvenida. En este sentido, parece una excelente idea que la consejera de Turismo del Ejecutivo regional, Rita Martín, acepte formar parte del comité de honor de la XXV Regata Oceánica Huelva-Isla de La Gomera, que presidirá el Rey Don Juan Carlos, y en el que también estarán el presidente del Cabildo de La Gomera, Casimiro Curbelo.

Aunque en el mundillo de los saraos sea cosa asumida, a pesar de que casi nadie lo exprese en voz alta, este tipo de “honores” no son gratuitos, excepto para el Rey. Por eso hay que hacer una aportación económica, en este caso de 100.000 euros, gastos de viaje de la Consejera y de su trouppe aparte. Estos dineros salen de la “nueva” estrategia de promoción del turismo náutico, dicen fuentes de la consejería, tal vez olvidando que la promoción de los deportes y de la actividad náutica ─como otro atractivo especial de las Islas─ la tenía ya clara hasta Cristóbal Colón, es de suponer que porque otros marinos anteriores se lo habían contado a él.

Rita Martín subraya que “son muchos los regatistas nacionales e internacionales que tienen en cuenta las Estaciones Náuticas de Canarias para establecer su centro de preparación y recuperación deportiva”. “Pruebas de la categoría de la XXV Regata Oceánica Huelva-Isla de La Gomera sitúan al Archipiélago en la élite de los deportes náuticos”. En la Web de la propia consejería puede leerse que “la regata partirá el próximo sábado, 29 de agosto, desde la bahía de Punta Umbría, y contará con la participación de 36 barcos, tanto españoles como de carácter internacional, que recorrerán las más de 750 millas náuticas que separan Huelva de La Gomera, en la única regata oceánica de España. Entre los participantes, competirán cuatro embarcaciones de La Gomera y dos de Lanzarote”.
Aunque quien sabe si es oportuno señalarle hoy a la feliz copatrocinadora Consejera, que el afirmar que este evento es la “unica regata oceánica de España”, tiene pinta de ser una exageración de las que se atribuyen a los andaluces. Quizás, no lo sé con seguridad, sea la única que se dispute de puerto español a puerto español navegando por el Océano Atlántico, aunque también el Rally Atlántico de Cruceros (regata ARC) zarpa de puerto y aguas españolas, Las Palmas de Gran Canaria, y finaliza en Rodney Bay, en la isla caribeña de Santa Lucía. En un comunicado de la agencia EFE del año pasado se decía que el mayor evento transoceánico del mundo superó la barrera de los 235 barcos que realizaron la exigente ruta atlántica en 1999, habiéndose batido el récord de inscripción con 242 yates en esta edición.
Y sin menospreciar un evento frente a otro, cada uno es importante es su ámbito, pero teniendo en cuenta el impacto turístico y la importancia y difusión internacional que tiene una y otra regata, los números cantan. Frente a 36 barcos de una, se inscriben al menos 242 yates en la otra. Mientras una recorre 750 millas, la ARC afronta un recorrido de 2.700 millas náuticas, estando concebida como un enfrentamiento amistoso de embarcaciones, en el que se combina la presencia de quienes navegan por simple placer y aquellos que lo hacen por competición.
La Regata Oceánica nació en Huelva en 1980, pensando en las futuras celebraciones del V Centenario del Descubrimiento de América en 1992. Se propone una iniciativa que “conmemorase la primera singladura de las naves descubridoras” partiendo del puerto desde el que Cristóbal Colón inicio su gran viaje y con un objetivo claro: el fomento del deporte de la vela aunando en él su vocación transoceánica y su espíritu colombino. A primera vista, nada que objetar a la iniciativa onuvense, salvo por dos cuestiones, una terminológica menor y otra conceptual de mayor calado, por cierto nunca mejor dicho tratándose de barcos.

Sorprende que en una Web oficial de unos especialistas en náutica se vuelva a deslizar el error tan frecuente de confundir “singladura”, distancia recorrida por un barco en 24 horas, con “travesía”, viaje por mar o por aire, según el DRAE. Esta es la precisión semántica menor. Pero la objeción más importante, y que a mi entender debería excitar el celo (y el cabreo) del Cabildo de Gran Canaria, máxime cuando su presidente es historiador (salvo que haya cambiado la profesión de docente en comisión de servicio por la más rumbosa de político) es obviar el hecho cierto de que Colón arribó a esta isla antes de ir a La Gomera, a pesar de la tan traída y llevada votación en una institución tinerfeña en la que se decidió, democráticamente por supuesto, que Cristóbal Colón no pasó por la Gran Canaria. A esta tesis, antecedente de la metodología de la Memoria Histórica actual, parece haberse abonado también Rita Martín, ya que quien calla, no sólo otorga sino que realmente no dice nada, aunque en ocasiones el silencio sea clamoroso. ¿Olvido, indiferencia, ineptitud o lo-que-usted-diga-Sr-Curbelo?

jfbelda@teleline.es

 

 

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