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01/04/2009 - José Francisco Fernández Belda
El fondo y las formas

Ahora que tanto se habla en los telediarios del Plan Bolonia, las más de las veces con un desconocimiento clamoroso sobre el fondo del asunto y sobre todo a raíz de las algaradas y acampadas estudiantiles, ilustradas con los oportunos carteles antisistema del tipo “fuera Rosa Díez”, podría ser de interés crear una cátedra, departamento o instituto de estudios, según los fondos públicos que puedan rapiñarse, versada principalmente en la correcta comprensión del lenguaje de los políticos. También se estudiaría la formulación de lo políticamente correcto y se terminaría con todo lo que hace relación a las cortinas de humo o gigantescas manchas de tinta de calamar, sin olvidar también la de imprenta, que lanzan los políticos y sus aledaños sobre los asuntos importantes. Pretenden, y lo peor es que con demasiada frecuencia logran, que la gente se ocupe y hable de otras cosas, que aunque tengan su importancia relativa, no son el asunto principal. El meollo de la cuestión, el nudo que dirían los expertos, no sólo el planteamiento, el desenlace o los aplausos de los profesionales de la opinión o del amiguismo.

En días pasados ha habido dos ejemplos clamorosos de cómo la estratégica ocultación del problema principal ha querido desviar la atención hacia una cuestión secundaria. El primero fue la reacción gubernamental a las críticas que llovieron en el ámbito internacional, nacional y doméstico sobre la forma y el fondo del anuncio realizado por Carme Chacón, siguiendo las órdenes de Rodríguez Zapatero, de retirar las tropas españolas de Kosovo. La polémica y extemporánea decisión, así ha sido interpretada por Washington y la OTAN, vuelve a definir al Gobierno de España, no a la nación, como un aliado poco fiable y siempre partidario de la rendición preventiva. Creo que ese es el auténtico problema de fondo y el motivo de las razonables críticas a tal medida populista, aunque algunos medios y algunas ministras intentaran culpabilizar a los que no piensan como ellos y ellas de profesar un descarado e irredento machismo. Muy oportuna y bien traída fue la opinión de la mujer y escritora Almudena Grandes en El País, cuando le dijo a la también mujer y ministra: “Señora Chacón, si manda como los hombres, encaje como los hombres”. Dicho de otra forma, o tener capacidad y espaldas para ejercer su cargo o exponerse a ser vista como ministra de cuota.

Otro caso, distinto en cuanto al asunto pero igual en la estrategia, fue el relacionado con los ripios desafortunados, que no versos, compuestos por el diputado Pérez Camacho para Francisca Luengo. Los socialistas, a mi entender, cogieron el poema por los pelos, nunca mejor dicho ya que un verso de Camacho decía que “mi afecto te llega al moño” y a saber lo que interpretaron por aquello de la erótica del poder. Pero donde creo que está el asunto de fondo, el que debería haber escandalizado a Tirios y Troyanos, a la vez que excitado el celo de la fiscalía anticorrupción, fueron unos versos anteriores al citado ripio escatológico: “De la consejería, secretaria general/ mas ciega y sorda total./ Si el expediente mal se tramitaba/ no era su culpa, pues no se enteraba./ Y si se enteraba, ¿qué más le daba?/ Para otro lado tenía que mirar/ al partido había que financiar.” En otras palabras, más picado y menudo que diría el socarrón hombre de campo, el diputado del PP acusa a la socialista de incompetente para el cargo público que por entonces ocupaba, eso es algo menor y previsible cuando quien acusa es un político, y además la acusa abiertamente de haber cometido el grave delito de financiar irregularmente a su propio partido político, comportamiento que convendría recordar llevó a la cárcel a más de un cargo público en aquella época, entre otros al ex senador Josep María Sala, hoy Secretario de Formación del Partido Socialista de Cataluña.

A mi modesto entender, y enfatizo esta cuestión, la acusación de haber utilizado un cargo público para financiar su partido es el fondo de la acusación, aunque pueda discutirse si la forma de expresarlo de Pérez Camacho es improcedente o pudiera tener ribetes machistas. Tal vez esa ocurrencia sea más propia del lenguaje coloquial que de un discurso formal parlamentario, que quedará por los siglos de los siglos en el Diario de Sesiones, cuando un disputado diputado se dirige a sus señorías, en especial a Doña Francisca y no a Paquita, la colega política con quien pudiera compartir un café o una conversación informal y privada en los pasillos del Parlamento. En cualquier caso, y a mi entender no es cuestión menor, queda por demostrar si lo dicho es cierto, falso o todo lo contrario, entre políticos está el juego, y que la Justicia, o el Derecho en su defecto, obre en consecuencia con el uno o con la otra.

Cuando se usa y se abusa de estas estrategias o cortinas de humo, de una burda simplificación feminista en estos dos casos comentados, para la ocultación a los ciudadanos de los auténticos problemas que sufren y padecen, o cuando se dice Diego dónde en campaña electoral se dijo digo, se abona el terreno de la desconfianza en la clase o casta política, que conviene tener presente la gran mayoría no ha sido elegida por sufragio universal sino designada y agraciada con un sueldo público, como cargo o como asesor, por quien sí ha sido electo.

Una definición antológica de este doble lenguaje la leí hace unos días, escrita en un sobre de azúcar de esos que endulzan el cafecito de media mañana: “Los políticos son iguales en todas partes, prometen construir un puente incluso donde no hay río”, sabia sentencia atribuida al político soviético Nikita Kruschov tras dar el zapatazo comunista sobre la mesa de la ONU. Aunque nada ha logrado aún superar el cinismo de Tierno Galván, cuando dijo aquello de que los programas de los partidos políticos no están hechos para cumplirlos, idea adecuada para definir y entender la “movida” que impulsaba. Genio, figura y socialismo hasta la sepultura.

jfbelda@teleline.es

 

 

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