Inicio | Artículos | Autores | Foro | Links | Conferencias

Temas

+ ECONOMÍA

+ EDUCACIÓN Y CULTURA

+ INFRAESTRUCTURAS Y TRANSPORTES

+ LIBERALES IMPRESCINDIBLES

+ LIBERALISMO

+ LIBROS RECOMENDADOS

+ MEDIO AMBIENTE Y ECOLOGÍA

+ MISCELÁNEA

+ POLITICA EXTERIOR

+ SANIDAD Y PENSIONES

+ TURISMO Y COMERCIO

+ URBANISMO Y VIVIENDA

Artículos

17/03/2009 - José Francisco Fernández Belda
Resultados electorales y voluntad popular


Al decir de muchos comentaristas, en el país vasco han ganado las elecciones EAJ-PNV, Euzko Alderdi Jeltzalea - Partido Nacionalista Vasco, organización política cuyo nombre evoca a los más veteranos aquella EAJ-50 Radio Las Palmas, emisora entrañable, mítica y aún hoy sobreviviente al cataclismo mediático. Es de suponer que pueda afirmarse tal victoria en tanto en cuanto que ha sido el partido con mayor número de votos recibidos, a pesar de que el “no partido” preferido por la gente haya sido la abstención, que con algo más de un 34 % de los electores supera en un 38 % los votos logrados por el PNV. Mayoría minoritaria, en suma.

Mirado desde otra óptica, con los datos semioficiales publicados el pasado lunes, parece ser cierto que el PNV ha obtenido el 38,68 % de los votos emitidos, décima arriba o abajo. Pero también es cierto que el 34,12 % de los electores se han abstenido. Es decir, que tan sólo uno de cada cuatro posibles votantes ha elegido la opción “ganadora”. O, dicho en sentido contrario, que tres de cada cuatro lo han rechazado o no lo han considerado idóneo para gobernarles. Y a pesar de toda esta evidencia, ¿siguen afirmando que han ganado? Pues parece que sí y sin despeinarse lo más mínimo.

Siguiendo con las especulaciones teóricas que en su día planteara Friedrich A. Hayek, creo recordar que en su libro “Democracia, justicia y socialismo”, si en el parlamento resultante de estas elecciones estuviera representada, de forma fiel y proporcional, la que tan pomposa como probablemente inexacta es llamada voluntad popular, debería de haber al menos 26 de los 75 escaños a repartir asignados a ese “no partido” que es la abstención. Sin cobrar sueldo ni dietas, esas poltronas vacías visualizarían mejor que mil palabras la indiferencia o el rechazo que a uno de cada tres ciudadanos vascos le produce el tinglado que los aparatos de los partidos han montado tras secuestrar la democracia real, si no también la formal.

Esta reflexión y estos números, calculados a partir de los resultados vascos, sería muy similar a la que se haría para otros procesos electorales, probablemente aún menos participativos y distantes, como pudiera ser el caso de las ya cercanas elecciones europeas. Y con todo lo dicho, ¿aún afirman, sin sonrojarse, que han ganado las elecciones y deben gobernar? Tal vez sea legal, pero dudo que sea justo y democrático.

Lo peor vendrá a partir de ahora, donde de espaldas a los electores, los aparatos de los partidos, atendiendo a sus conveniencias (en el sentido más peyorativo que pueda imaginar) pactarán todas las componendas que la aritmética de los escaños obtenidos les permitan. Enfatizo lo de escaños obtenidos, que la legitimidad que dan los votos reales suele ser distinta. En el caso del PNV, si los 75 escaños totales a asignar se repartieran de forma proporcional a los votos recibidos en relación con el censo electoral, sólo deberían alcanzar 19 y no 29 escaños como la Ley D’Hondt les ha asignado. Si la proporcionalidad se estableciera sobre los votos emitidos, despreciando la abstención, los escaños deberían ser 30.

Básicamente, tres partidos que se han descalificado mutuamente sin piedad, sin medida y, probablemente, sin decir toda la verdad y nada más que la verdad, buscarán la forma de hacerse “amigüitos” de toda la vida sin que eso les suponga demasiadas contradicciones y pérdidas de votos futuros en otras zonas electorales donde habrán de batallar. Al final de sus conversaciones, además y para más INRI, nos insultarán a los ciudadanos diciendo que lo que quiso la mayoría fue ese conchabeo, (palabra que el DRAE en su 4ª acepción define, dicho de dos o más personas: Ponerse de acuerdo para un fin, con frecuencia ilícito). Yo no diría tanto como ilícito, seguramente será conforme a las leyes que ellos mismos han promulgado, pero sí de dudosa solvencia intelectual y democrática. Es de suponer que cuando alguien vota por una opción política determinada, lo hace porque quiere que sea ese partido, y no otro, el que gobierne. Supongo que tampoco le gustará a ese votante que su partido se alíe a posteriori con quien no es o nunca será de su confianza. ¿Por qué los partidos políticos se lanzan en tromba a interpretar lo que la gente quiso decir cuando votó y, sobre todo, cuando las cosas no están claras, no se lo preguntan de nuevo a la propia gente? ¿No sería más lógico un sistema de segunda vuelta que evitara pactos contrarios al más elemental sentido común ciudadano ya que la lógica de los partidos se rige por arcanos e intereses personales?

Y aplicado a Canarias, si llegara ahora a gobernar Patxi López en el País Vasco, ¿le dirá, una y otra vez, el insultador profesional López Aguilar que preside un gobierno de perdedores de la misma forma que se lo espeta a Rivero cada vez que se le pone a tiro? Por cierto, lo de “tiro” no tiene nada que ver con Bermejo ni, sobre todo, con el juez Garzón.

jfbelda@teleline.es

 

 

© Canarias Liberal - www.canariasliberal.org - info@canariasliberal.org

Sitio web desarrollado por www.canaryservices.com