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03/12/2008 - Sergio Alonso
Oportunidades en tiempos de Crisis

CONFERENCIA IMPARTIDA EN LA SEDE DE LA CONFEDERACION CANARIA DE EMPRESARIOS EL DIA 3 DE DICIEMBRE


El título atrae. Y he de confesar que esa fue mi intención. En el fondo todos buscamos una buena noticia, algo que nos aporte esperanza, pero lo hacemos con el pensamiento puesto en quienes suponemos que nos tienen que sacar del atolladero.
Uds. me van a perdonar, pero no debemos esperar nada de nadie. Somos cada uno de nosotros, individualmente, los que tenemos que actuar enérgicamente. Hemos pasado muchos años de bonanza, más de 15, y eso hace que muchas de las personas que están en activo no hayan vivido ninguna crisis anterior. Y los que sí, nos hemos acomodado y es ahora cuando tenemos que demostrar que somos empresarios y ejecutivos de verdad, que no nos hemos oxidado con tanta euforia.
No voy, desde luego, a desvelar la piedra filosofal, pero sí espero que mis ideas provoquen el debate ya que ésa es la razón fundamental de estos encuentros.

SITUACIÓN
En el horizonte tenemos una depresión que nadie duda que quedará confirmada a final de año (2º trimestre en crecimiento negativo), un déficit público anunciado para el próximo año del 3% (lo cual indica que llegaremos al 4 o más), un paro en Canarias superior al 18% (por lo que es fácil predecir que el próximo año pasará del 20%), y aún así con una inflación mayor que el resto de la UE. Este último capítulo denota ineficacia, obstáculos a la libre empresa, bajos rendimientos y poca capacidad de competir en un mundo globalizado.
En estas circunstancias ya no es admisible que no se cambie nuestra administración pública, que como todos sabemos y sufrimos, es el mayor obstáculo para el desarrollo. Intencionadamente digo cambiar y no reformar porque la maraña, tanto de leyes como de burocracia, no admite reformas.
Hay que empezar de nuevo. En 1993 Al Gore decía: “Esta administración (obviamente se refería a la de EEUU), esta burocracia tan grande e inútil ya no sirve a los usuarios” y hacía una dura crítica a dicha administración. Posiblemente hoy nos contentaríamos con aquella a la que él denostaba.
Hay que hacer proyectos de leyes simples, eficaces, ejecutables y que por su claridad no colapsen los juzgados. En cuanto a la burocracia, la mínima indispensable, ya que en los países más evolucionados son las inspecciones las que garantizan el cumplimiento de las normas, no en cambio los papeles amontonados en las estanterías que solo sirven para provocar la tala de árboles… ¡y luego hablamos de ecología! Me gustaría saber cuántos árboles consume anualmente en papel la AP española ¿Para qué queremos las herramientas informáticas? Por otra parte, ya va siendo hora de que a los contribuyentes no se nos trate como delincuentes en potencia.
Cualquier cambio radical que se produzca en la economía representa riesgos, pero también oportunidades ¿Cuántas veces nos hemos quejado de un competidor que tiraba los precios o que proporcionaba servicios que a nuestro juicio eran imposibles de costear? Bueno, pues ahora llega la hora de la verdad, es decir: si ese competidor desaparece se demostrará que teníamos razón, pero sí en cambio se mantiene firme, entonces somos nosotros los que no estamos haciendo bien las cosas.
Prosperar no significa solamente enriquecerse económicamente. Hay que referirse también al enriquecimiento intelectual y moral. Es precisamente, el conjunto de todo ello lo que conduce al éxito y la felicidad duradera. La autosatisfacción viene dada por saber que hemos sacado el máximo rendimiento a los medios que la naturaleza nos ha proporcionado. Ello pues depende de la actitud que se tenga ante la vida.
Canarias ha tardado mucho en darse cuenta de que las empresas son las personas. Que se puede tener un buen proyecto, pero que se requiere un equipo ejecutor cualificado. Más aún, motivado y por lo tanto ilusionado.
La enseñanza y la formación recibida son fundamentales. Pues el amor al trabajo bien realizado tiene mucho que ver con el ejemplo recibido. Si los educadores, principalmente la familia, no han provocado una actitud responsable, si lo que inculcan es que el trabajo es una maldición, entonces estarán formando a fracasados infelices. Si no conseguimos la autosatisfacción porque el entorno entorpece nuestro camino hacia la felicidad, sólo el nivel intelectual de la persona puede rebelarse y buscar su propio camino.
Con esto únicamente pretendo llamar la atención sobre la importancia de la selección de las personas que nos han de ayudar en la búsqueda de nuestros objetivos, incluso para los puestos de menor importancia.
Es evidente que todos pretendemos tener la gente mejor preparada y con la mejor actitud. Pero si tenemos que elegir entre una cosa y la otra, debemos valorar la capacidad de la persona para actualizar sus conocimientos y, en caso positivo, recomiendo la actitud, pues sin ella el compromiso que sellamos con esa persona fracasará en el tiempo.
De igual manera pasa con las comunidades y los países. Es indudable que siempre existirán países pobres y ricos. La diferencia entre éstos no radica en sus riquezas naturales (en el mundo hay suficientes ejemplos de ello). Hay países que sin materias primas, como pueden ser Suiza y Japón, están en los primeros puestos en el ranking de riqueza por persona, o como habitualmente decimos, renta per cápita. Tampoco la raza tiene que ver con ello; la historia nos proporciona múltiples ejemplos. Ni siquiera la inteligencia es una garantía, ya que en la historia de la humanidad existen ejemplos donde ésta ha propiciado catástrofes de enormes proporciones. La riqueza recibida de anteriores generaciones es con frecuencia dilapidada por los sucesores, los grandes imperios desaparecen desde que la actitud de las personas cambia y abandonan los principios que les condujeron a la prosperidad.
Es, por lo tanto, la actitud lo que da lugar a un desarrollado sentido de la ética y a utilizar esta como una herramienta de trabajo con la que podemos ganarnos la confianza de los demás. La disciplina entendida como la energía que se sobrepone ante la vida fácil y frívola. La responsabilidad, la valoración de la trascendencia de nuestros actos. El respeto a las reglas de juego que nos hemos dado a través de las leyes. El afán de superación, que nos permite disfrutar de nuestro trabajo; no en vano pasamos una buena parte de nuestra vida en él.
Es necesario adaptarse a un mundo cambiante, de lo contrario buscaremos la protección y más tarde o más temprano terminaremos fracasando, no sin antes crearle problemas a nuestra sociedad, que tendrá que asumir el coste de nuestra ineficacia.
Todas las empresas grandes fueron pequeñas algún día, pero la tenacidad de sus fundadores y la reinversión de sus beneficios es la mejor actuación de responsabilidad social, para que nuestras empresas tengan las mejores garantías de crecimiento y creación de riqueza. Es necesario que nuestro pueblo comprenda que el enriquecimiento de nuestras compañías forma parte del activo de nuestra sociedad, que lejos de ser algo negativo y sospechoso trata de mejorar nuestras posibilidades, aunque sea sólo por los impuestos que pagamos, que por cierto son de los más altos de la UE.
El bienestar social tiene mucho que ver con la libertad del ciudadano. Frecuentemente nos olvidamos de defenderla a la hora de elegir quién tiene que prestarnos un determinado servicio. Una prueba de ello es que admitimos que, a pesar de que pagamos impuestos para recibir servicios sanitarios y educativos de confianza (por poner un ejemplo), nos veamos obligados, sin elección posible, a acudir a un centro determinado. A no ser, claro está, que lo paguemos de nuestro bolsillo. No creo que haya muchas decisiones tan importantes para unos padres como poner a un hijo en manos de un cirujano o de un colegio donde van a formar su futuro. En muchos países se utiliza el cheque escolar, que consiste en abonar al centro elegido por la familia para que de acuerdo con unas tablas de valores el contribuyente elija a quien más confianza le genere. ¿Por qué un padre no puede elegir qué centro debe educar a su hijo o qué cirujano lo debe operar? Se nos imponen prácticas dictatoriales e inaceptables en democracias modernas.

En los países que voy a mencionar existe algún sistema en la línea de lo que estoy hablando:

Suecia: introducido en 1992 por un Gobierno liberal y mantenido posteriormente por los socialdemócratas, permite escoger entre escuelas estatales o de iniciativa social y financia el 85% del coste.
Dinamarca: similar al modelo de Suecia
Bélgica
Holanda
Suiza
Nueva Zelanda
Chile
Australia
Italia del norte en 5 regiones
Varios estados de los EEUU: Washington, Milwaukee, Cleveland, Maine, Vermont, Florida y Colorado: para estudios primarios
RU (temporalmente):  gobiernos del partido conservador implantaron el cheque escolar para guarderías y escuelas de iniciativa social. En 1997 el gobierno laborista eliminó los programas de cheque escolar, sin embargo desde el año 2002 hay determinados miembros del gobierno laborista y del partido laborista que abogan por implantar un programa de cheque escolar similar al sueco. Sin embargo, existe para la Universidad.

Hay muchos más. El sistema funciona y prueba de ello es que en esos países no hay listas de espera en la sanidad y los estudiantes pueden comenzar sus cursos puntualmente.

Esta sociedad tiene que empezar a distinguir entre gasto e inversión, entre gestión empresarial y especulación, entre responsabilidad social e indiferencia social.



REFLEXIONES

Hace algunos años, en una intervención pública, dije lo siguiente en relación a la globalización:   “Como toda transformación tiene sus riesgos y necesita un período de maduración, es imprescindible que se creen organismos internacionales que eviten los abusos de las grandes corporaciones, la corrupción, los intentos de comercializar productos no adecuados... etc”

Me estaba refiriendo a que era inútil tratar de frenar la globalización, que era inevitable, y que mejor dedicábamos ese esfuerzo a establecer los mecanismos de protección al ciudadano. Bueno, pues esta crisis demuestra que algo de razón tenía.

Yo he pasado por varias crisis, y aunque todas son diferentes, siempre tienen algo en común: todas tienen un final. Aunque, eso sí, siempre dejan algunos heridos en el camino. Y, créanme: aun sabiendo que es inevitable para garantizar la supervivencia de la empresa, es muy triste elaborar una lista de personas para mandarlas al paro. De manera que antes de llegar a ese extremo hay que valorar rigurosamente las medidas de ahorro posibles para salvar, aunque sea, un puesto de trabajo.

Por otra parte, los que hemos invertido en la formación de nuestro personal tenemos una razón añadida para tratar de mantener nuestras plantillas.

El papel del empresario, debe ser creativo e innovador. Debe conseguir el equipo humano más eficaz, delegar en su estructura (sea grande o pequeña) de forma horizontal para enriquecerse con el pensamiento de sus colaboradores y hacer de la lógica y la ética potentes herramientas de trabajo.

En otro orden de cosas, debemos requerir de los políticos que se centren en gestionar el poder que se les ha otorgado; no en dedicar el tiempo a adquirir más poder. Hemos de ser conscientes de que el poder político se incrementa cada vez que el empresario demanda ayudas de cualquier índole. Tanto si se trata de subvenciones, como de proteger su parcela de negocio. Es, sin duda, una tremenda  contradicción, ya que los índices de confianza en los cargos políticos son realmente bajos.

Seamos respetuosamente exigentes con quienes tienen que prestarnos un servicio. No debemos tolerar que se nos toree cada vez que acudimos en demanda de alguna gestión pública.

Y ahora, contradiciendo a personas más cualificadas que yo, quiero ser atrevido y vaticinar una muy lenta recuperación para el cuarto trimestre del 2009. Claro que nadie espere volver a la situación de euforia anterior a la crisis, porque esa no era una situación sostenible y sólo se podrá repetir después de un largo período de bonanza como el que abandonamos a finales del año pasado.

Aprovechemos la oportunidad, ya que en épocas de crisis es más fácil demandar que se arreglen los males crónicos y de fomentar la meritocracia. Por este motivo debemos ejercer toda la presión posible para cambiar las AAPP en beneficio del conjunto de nuestra sociedad.

Exijamos a los partidos el abandono de la política de gestos con dinero público, que sólo sirve para confundir a la opinión pública.

Mostremos nuestra indignación ante el derroche del dinero público, venga de donde venga. Inversiones sin sentido como el tren o la Guanchancha.  ¿Es que no nos atrevemos a parar ese despilfarro?

Mantengamos el poder político en sus justos cauces, alejándonos del partidismo interesado y rechazando todos los elementos favorecedores del clientelismo político.

Dediquemos nuestros esfuerzos a racionalizar nuestras estructuras empresariales: contando con la participación de todos y creando ambientes solidarios con los colaboradores. Hemos de crear un entorno de confianza para poder resistir ante la adversidad. Pongamos en cuestión todos los gastos y veremos que aparecen posibilidades de ahorro.

Seamos transparentes con quienes nos “alquilan” su dinero: de esa manera es más probable que confíen en nuestros proyectos. Siempre hemos querido ver en la banca al vampiro que sólo presta dinero a los ricos y ahora, sin embargo, los criticamos por haber dado créditos a la ligera....  ¿en qué quedamos?

Tengamos presente que un ciudadano es, con respecto al Estado, como un accionista de una gran empresa. Por lo tanto, tiene todo el derecho a opinar sobre lo que se hace con su dinero.

No temamos llamar las cosas por su nombre; estamos en democracia. Es la mejor forma de sentirse libre. Como verán, estoy dando ejemplo y me he metido con media humanidad. Espero que no sean muy duros conmigo.





 

 

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