Inicio | Artículos | Autores | Foro | Links | Conferencias

Temas

+ ECONOMÍA

+ EDUCACIÓN Y CULTURA

+ INFRAESTRUCTURAS Y TRANSPORTES

+ LIBERALES IMPRESCINDIBLES

+ LIBERALISMO

+ LIBROS RECOMENDADOS

+ MEDIO AMBIENTE Y ECOLOGÍA

+ MISCELÁNEA

+ POLITICA EXTERIOR

+ SANIDAD Y PENSIONES

+ TURISMO Y COMERCIO

+ URBANISMO Y VIVIENDA

Artículos

22/10/2008 - José Francisco Fernández Belda
Mis colegillas de Madrid

En mayo de 2007 algunos generosos editores, a los que les estoy muy agradecido, me publicaban una reflexión escrita con el título de “Mis amigos de Madrid”. Por entender que lo que allí se decía sigue de hoy de plena actualidad, creo podría ser de utilidad volver sobre el mismo asunto cambiando sólo algunos mínimos detalles circunstanciales para ponerlo al día. Por ello les pido de antemano disculpas y comprensión por plagiarme a mí mismo.

Reconozco humildemente que una de mis aficiones en tiempo libre es subirme a las ramas más bajas de un enorme guindo, también llamado cerezo o cerezo silvestre, y en latín Prunus avium. Dada mi proverbial patosidad para estos excesos, no es extraño que caiga a plomo de sus ramas, ayudado tal vez o como consecuencia de los aromas del Kirsch, esa especie de aguardiente que se obtiene de sus frutos, a poco que escuche los sorprendentes argumentos que nuestros políticos canarios ofrecen para el inmediato debate presupuestario.

Y una de mis más aparatosas caídas se produjo la primera vez que fui consciente del auténtico sentido de una frase que se suele oír a los políticos de los dos grandes partidos cuando gobiernan o hacen oposición en una autonomía y esa misma fuerza está instalada en el Gobierno de España. Por ejemplo, ahora el PSC dice que “mejorará” los Presupuestos del Estado porque ellos, dicen, se entenderán mejor y lograrán más cosas con sus amigos de Madrid, lo que en román paladino (sin señalar subliminalmente a ningún político cabildicio) significa más dinero, sin decir a quien o a qué se lo quitarán. Los presupuestos tratan mal a Canarias, pero ellos lo arreglarán entre copichuela y copichuela, que para eso son coleguillas de los de allá, no de los de aquí. Y poco antes sucedía lo mismo con el PP, y antes con el PSOE, y mucho antes con la UCD. El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Lo que no dice la Biblia es que la pobre infeliz pecadora murió lapidada, tan pronto como el Maestro se dio la vuelta, por culpa de la tradicional mendacidad e hipocresía de la política partidista, que se niega a reconocer en público sus pecadillos intramuros.

Si se analiza a fondo, a mi forma de ver, tal argumento encierra una de las mayores inmoralidades políticas, carencia de justicia, o falta de ética si se prefiere, que puede darse. Es reconocer directamente que el ejecutivo central no actuará como debiera hacer y comportarse el gobierno justo y honrado de todos los españoles, sino como un repartidor de prebendas y regalías a los que han sido buenos con ellos y los han votado en las autonomías. O dicho de otra forma: si gobierno yo y mi partido, Madrid nos premiará, en caso contrario vendrá el Tío Paco con las rebajas y no tendrás dinero para cubrir las necesidades en educación, sanidad o cualquier otro servicio porque se lo daremos a quienes hayan sido buenos con nosotros y nos permitan seguir repartiendo el pastel. Y es bien sabido que quien parte y reparte, si en ese menester muestra buen tino, se quedará para sí la mejor parte.

Canarias es un buen lugar para observar la esquizofrenia de los discursos de algunos políticos que parecen ejercer de oposición con un grave trastorno bipolar, similar al que los abogados defensores de algunos criminales alegan para justificar lo injustificable en sus patrocinados. Por ejemplo, el texto literal de la argumentación que esgrime López de Aguilar para rechazar los presupuestos autonómicos, sin entrar ahora en la pertinencia o no de sus razonamientos, podría ser en mismo que usara en Madrid el PP simplemente cambiando al Presidente Rivero por Zapatero y al Consejero de Hacienda José Manuel Soria por el Ministro Pedro Solbes.

Pero ¿que tipo de ética pública cabe esperar en un país cuyos tres poderes democráticos básicos del estado son interdependientes entre sí y no actúan como controladores los unos de los otros? En España, y en otras naciones, el pueblo elige a los miembros del Parlamento, éste a su vez al Gobierno y ambos a los representantes en los órganos de control judicial, ocupándolos con personas afines a la ideología mayoría parlamentaria que se hubiera constituido. Los partidos en esos días se parecen a una oficina empleo con muchos militantes haciendo cola en la fila del paro. ¿No sería más ético que los miembros del gobierno no tengan militancia activa, como sucede con jueces y militares, o cómo se le está exigiendo a la Iglesia, si han de ser el gobierno de todos y no sólo de quienes les han votado? ¿Cómo se puede decir sin faltar a la verdad que el Parlamento controla al Gobierno si este emana de la mayoría política de aquel?

Es verdad, volviendo al principio de este artículo, los guindos se han inventado para caerse de ellos si no se toman las precauciones de amarrarse bien al árbol que mejor cobija y mejores frutos puede dar. Pero para eso hay que estar hecho de una determinada pasta y estar dispuesto a desayunar sapos verdes y babosos pensando que engullen caviar iraní, mal trago que puede ser trasegado más fácilmente cuando tienen la contrapartida económica que media entre la triste cereza, fruto para los guindosos, y la hueva del esturión mientras se pisa moqueta. Muy edificante y ejemplarizador, si señor.

jfbelda@teleline.es



 

 

© Canarias Liberal - www.canariasliberal.org - info@canariasliberal.org

Sitio web desarrollado por www.canaryservices.com