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15/10/2008 - José Ramón Arévalo Sierra
¿Un joven guapo para presidente?

He de reconocer que todo lo que conocía sobre Obama, el candidato demócrata a presidente de los Estados Unidos, era lo que había leído de distinto periódicos o en las informaciones que nos traspasaban las televisiones. De los periódicos ya sabemos sus sesgos, desde esos tremendamente gubernamentales y radicalizados a la progresía, hasta otro más centrados, con los cual la información era poco creíble, tan poco creíble como la que dio a Kerry como ganador de las últimas elecciones. En definitiva, no esperaba conocer mucho de los candidatos a través de los medios españoles. A pesar de ello me había hecho una idea: si la progresía apoya a Obama, debe ser porque piensan que este también es un progre radical (craso error, la política americana viene regida por el pragmatismo mas rancio desde que el país como tal existe), y el rollo minoría que le da su origen afroamericano me hacía pensar que podíamos estar ante un fundamentalista… En cualquier caso, he de reconocer que lo que más me chirriaba era el apoyo incondicional por parte de determinados grupos de nuestra patria española.
Como quiera que fuese, el otro día en un hotel de esos que poseen televisión con cable pude ver creo el segundo debate entre McCain y Obama, y con pesar tengo que decir que lo que los medios de la izquierda decían sobre Obama eran cierto, pero incluso creo que se quedaban más bien ajustados. Cuando salía el candidato Obama a hablar se podía apreciar a un hombre con unos modales exquisitos, una elegancia excepcional (lo que supongo que le vendría facilitado por su alto talle y porte delgado) y una agilidad mental prácticamente desconocida en el panorama político español desde los tiempos de Felipe González. Respondía clara y concisamente a las preguntas que les hacía el público, con fluidez apabullante, mirando a la cámara directamente o al público cuando le preguntaban. Si McCain atacaba, contraatacaba con más y mejores datos, más específicos y concretos. Todo ello sin comentar su atractivo físico, fundamental en cualquier actividad que requiera mostrarnos a cuerpo entero, campo en el que sin duda, y el él lo sabe, Obama tendría una matrícula de honor. Se le noto cierta debilidad al tener que defenderse de su falta de experiencia en asuntos federales, pero casi salió del envite entero, al igual que la política internacional que quiere practicar, que sería más o menos lo mismo pero abriendo puertas, aunque en estos aspectos de política internacional también procurase no profundizar demasiado. La locuacidad de este candidato es espectacular, su inteligencia y memoria casi no tienen parangón, un pasado político intachable y unas relaciones familiares y familiares que cuando lo intentan usar contral él, desacreditan más a los acusadores, porque ya se sabe que la familia no se elije (no sé, sería más digno atacar a una persona por su perro que por sus familiares).
Cuando McCain salía, los discursos preparados podían darle cierta ventaje fundamentada en su experiencia, pero cuando tocaba responder a las preguntas era donde más se notaba que estamos frente a un candidato anciano y con achaques. Es cierto que ha habido presidentes más viejos que este, pero no tan achacosos, o al menos no lo recuerdo. Cuando contestaba a las preguntas, su interés no estaba en clarificar dicha cuestión al interpelado, sino más bien no decir algo que pudiera comprometer la campaña y el debata… como una morena enrocada, andaba a la defensiva. Y el debate durante una hora y media fue más de lo mismo. La gobernadora de Alaska, Sarah Palin era un comodín que no se sabe al día de hoy si será capaz de cubrir todas las carencias del candidato republicano y esconder las suyas propias. Comparte con el demócrata una intachable reputación y fijación a sus principios conservadores, algo que en Estados Unidos está muy bien valorado (al igual que fijación a los principios demócratas). No tiene miedo a hablar de ecologismo, a pesar de que su discurso va en contra de los ecolojetas tradicionales (muy al contrario que McCain que ha intentado hacerse el jovenzuelo riéndole las gracias a los lobbies ambientalistas del cambio climático o de la contaminación mundial), ni en marcar bien claramente quienes son amigos y quienes no de la nación. Al día de hoy, y tal como está McCain, todo el mundo la está mirando como la posible Presidenta de los Estados Unidos, ejemplo de lo que podríamos denominar una mujer “no de cuota”.
No se ve muy claro aún una tendencia en las encuestas en los Estados Unidos… si bien el candidato republicano ha ido cortado distancias desde hace varios meses, después de los debates ha comenzado la apertura de la brecha en las estimaciones de votos sobre ambos. El efecto Palin no ha durado tanto como se esperaba aunque han evitado posiblemente un desplome y una separación mayor en porcentajes de votos. Ahora mismo vemos a McCain haciendo el chicle (como se dice en ciclismo) con respecto a Obama, se separa en porcentajes, pero siempre algún golpe de efecto le permite recuperar distancia. De ahí la poca capacidad de maniobra que tiene el republicano, sabe que un error importante en un debate o en campaña lo puede descolgar de demócrata. Podemos decir que McCain es como un central de fútbol que tiene una tarjeta amarilla… debe aminorar su juego si no quiere quedar fuera de él.
Los americanos cenaran la noche antes de las elecciones, y como suele ser habitual, cogidos de la mano, bendecirán la mesa por los alimentos que van a tomar. Tendrán que decidir entra la continuidad de un sistema, con luces y sombras, que aún en quiebra, es el que más asegura su calidad de vida, su seguridad y su economía o experimentar con un candidato que es toda una incógnita con respecto a sus futuras intenciones, un candidato muy al gusto de Europa. ¿Qué elegirían ustedes, trabajadores, con una hipoteca pendiente, con una familia de dos o tres hijos? Tengo la sensación que los americanos lo tienen claro mal que le pese a la vieja y decrépita Europa.


 

 

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