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08/10/2008 - José Francisco Fernández Belda
Los alisios turísticos asirocan al Gobierno

Para intentar mitigar los efectos de la crisis turística, dicen ellos, el Consejo de Gobierno de Canarias aprobó hace unos días un “proyecto de Ley de medidas urgentes en materia de ordenación territorial en el que se indica, entre otras cuestiones, que la oferta de plazas hoteleras solo podrá aumentarse por medio de la mejora y renovación de la planta alojativa, además de la construcción de hoteles escuela de cinco estrellas con determinadas condiciones”, dijo en rueda de prensa el Consejero de Medio Ambiente Domingo Berriel.

En ninguna de las referencias a este asunto que he podido leer he encontrado por ningún lado la opinión de la Consejería de Turismo sobre esta peliaguda decisión, que le atañe de lleno y que, a mi entender, debería de haber liderado para apoyarlo o para rechazarlo. Hay sobrados argumentos para mantener las dos posturas, aunque creo que las de rechazo puedan ser más razonables que las de sostenerlas. Se sigue apostando desde el Gobierno por el modelo basado en el alojamiento –que tenemos, sobra para dar y tomar y que, para más INRI, tiene unas tasas de ocupación cayendo en picado– pero no se dice una palabra de una nueva oferta de ocio complementaria a la de Sol y Playa que, por ahora, es piedra clave del arco turístico.

Bajo la coartada de salvar el turismo, las medidas se dirigen principalmente a reimpulsar el negocio de la construcción, caiga quien caiga después, y secundariamente a practicar la demagogia populista de que se está luchando contra el desempleo en el sector, aunque sea por la vía del subempleo disfrazado de formación y al abaratamiento de costes para los empresarios, aunque sea a costa de la calidad de servicio que se dice falsamente promover. Para comprobar lo que en realidad pasa en Canarias, les sugiero una vuelta por muchos emblemáticos hoteles de nuestra tierra. Conviene tal vez recordar lo dicho tantas veces: calidad no es tener mármol en el piso, calidad son las personas. Y las estrellas deberían ganarse cada día por la calidad del servicio ofertado y no sólo por los metros cuadrados de baños o el tamaño de las piscinas.

No acabo de entender muy bien que quiere decir el Consejero Domingo Berriel cuando condiciona la autorización para construir un nuevo hotel, o para renovar la planta existente, a que sea de cinco o más estrellas y a “que sean hoteles escuela con al menos el diez por ciento de plazas para alumnos en formación”, “además, deberán garantizar que al menos el 60% de la plantilla durante seis años procederá de la oferta del Servicio Canario de Empleo”. ¿Es que no se va a poder renovar como es debido un hotel de cuatro estrellas, pongo por caso, y el Gobierno prefiere que se acabe cayendo a pedazos y se cierre porque deje de ser competitivo al no poderse modernizar? ¿Y ese 60% será para todos los niveles?, ¿también en la dirección?

Lo más epatante es que se exija, por decreto o ucase, que sean hoteles “escuela”. Por la misma razón los talleres mecánicos que desde ahora se autoricen, o los comercios, o las obras, o casi cualquier actividad (incluida la de fabricar cargos políticos), deberán ser también centros de formación, con al menos el 10% de alumnos en ellos. Y además, deberán dar trabajo extra al Servicio Canario de Empleo, inscribiéndose previamente en sus oficinas todos los aspirantes al privilegio y al honor de ser enseñados. Tal vez estas pintorescas cosas sean fruto, además de por influencia del siroco y el cambio climático en el exterior de los aclimatados y enmoquetados despachos, de mezclar dos cuestiones básicas diferenciadas: ubicación de las infraestructuras con negocio turístico. Dónde y cómo construir, ordenación del territorio, es competencia de Medio Ambiente y ayuntamientos, pero la forma de explotación de hoteles y centros de ocio corresponde al sector privado, según su leal saber y entender, aunque deba estar convenientemente inspeccionado por la Consejería de Turismo.

Supongo que los técnicos de Hecansa, Hoteles Escuela de Canarias, y el haber viajado a visitar este tipo de centros de formación en Lausanne o en La Haya (por ser los que sirvieron de modelo a Hecansa y ser, probablemente, los más reputados en esta labor) deberían haber aclarado las ideas, siempre que los que se desplazaran hasta allá lo hicieran en viaje de estudios y no simplemente de turismo gratis total o de jolgorio fin de legislatura.

Los inspiradores de este proyecto de ley, cuya literalidad desconozco hoy en día, no parecen conocer a fondo ni las necesidades específicas de un hotel escuela, que no es un hotel convencional en el que corretean alumnos, ni, y eso si es dramático, cuales son las necesidades, oportunidades y promociones laborales que podría ofrecer el negocio turístico. Pero como eso requiere más espacio, se podrá tratar en otro artículo, Bueno eso si el cuerpo, la paciencia, la crisis y la autoridad lo permiten. Y eso son muchos síes para un cuerpo solo.

jfbelda@teleline.es


 

 

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