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30/09/2008 - José Francisco Fernández Belda
De Bibiana a Chacón y tiro porque me toca


Bibiana Aído, la jovencísima Ministra de la Igualdad Asimétrica, al fin y al cabo desigualdad o discriminación positiva, decía el pasado 4 de septiembre sobre la nueva Ley del Aborto que ella impulsa: “No una reforma de la actual. Una ley nueva que será la mejor posible. Una ley que garantice los derechos fundamentales y la seguridad jurídica de las mujeres y de los profesionales que las atienden. Una ley que garantice la equidad territorial para que no existan diferencias entre unas comunidades autónomas y otras. Una ley que incorpore lo mejor existente en el mundo en esta materia. Una ley que deseamos con el mayor consenso posible”. Con ello contradecía de plano lo que Zapatero proclamaba poco antes de las elecciones de marzo (sic): “No hay razones suficientes que avalen una reforma en esa dirección. Ese es el argumento: con lo que ha sido la aplicación, el consenso social en torno a esa ley, no hay razones”. Pues no, Sr. Presidente, su ministra dice que sí hay razones. Como a la vez no puede haberlas y no haberlas, ¿qué ha cambiado en tan pocos meses?

Hay cosas llamativas en esas declaraciones, al menos eso me parece. Hablando de derechos, creo que sólo hay uno fundamental, el derecho a la vida del que nacerá o no en función de la voluntad de otra parte: la madre. Entiendo que de ella no se puede éticamente afirmar que tiene derechos sobre otra vida, distinta de la suya, sino que el Parlamento podría establecer un oasis legal donde se refugie la despenalización de una conducta abortiva. Quizás haya también que hablar no tanto de derechos cuanto de obligaciones intrínsecas a su naturaleza humana.

A quienes no veo de ninguna manera en el debate fundamental es a los médicos, abortistas o no, en tanto que profesionales. El asunto a dilucidar no es sobre la técnica a utilizar o cómo desprenderse de los “residuos orgánicos”, sino que es una cuestión ética o moral. Si existe una ley, y los profesionales se atienen a ella, no han de temer persecución legal alguna. El problema para ellos ha surgido con las denuncias judiciales de algunas clínicas y ha sido por la duda razonable de que allí se sobrepasaban los límites legales. Y esa, se mire como se mire, es otra cuestión. Cuando Aído dice que quiere una ley que incorpore lo mejor existente en el mundo, está decantándose por lo que ella entiende que es lo mejor y que otros pueden pensar que es lo peor. Para los abortistas no debe ser tan mala nuestra legislación, y sobre todo cómo se aplica en el día a día, cuando vienen muchas mujeres a abortar a España, habiendo dejado de ser hoy Londres la meca de esta dolorosa peregrinación, como fue en otros tiempos ya muy lejanos. Y para que no haya duda sobre el mayor consenso que predica la Ministra, nombra una comisión de expertos en el aborto y sólo con ellos. País, S.A.

Otra ministra que proporciona muchas alegrías a nuestro Presidente es Carmen Chacón, la de Defensa. Hace bien poco, en medio de la crisis económica que no existía, pero que según Solbes dijo en el Parlamento “nunca nadie negó”, proponía un cambio en el uniforme para las mujeres militares. Sorprende la oposición, lógica y razonable por otra parte, de los socialistas canarios al gasto que el Gobierno de Canarias quería hacer para los coloridos uniformes de la policía autonómica aún antes de que naciera. Es una nueva aportación gubernamental a la viejísima polémica que la gallina va antes que el huevo y no al revés. Canarias, S.A.

Mucha gente recordará aquella memorable película protagonizada por Robin Wiliams titulada “Good Morning Vietnam”. Transcribo a continuación un fragmento de la banda sonora de la película, el que interesa al caso que se comenta de cambio de uniformes militares:
- “Tenemos hoy un invitado especial en el programa, el teniente Heops, superintendente de moda militar.
- Gracias, Adrian, estoy como loco por estar en tu programa. ¿Sabes una cosa, chato? A mí eso del camuflaje me parece una putada.
- ¿Por qué?
- Porque si os metéis en la selva no hay quien os encuentre. Es de peor gusto que combinar ante con cuadros. Verás, yo os cambiaré de imagen. En la selva, ropas holgadas y en el combate, por supuesto, ropita de batalla”.

Parece que el Gobierno está una partida del Juego de la Oca, de oca a oca y tiro porque me toca. Y como, para mala suerte de los que sienten vergüenza ajena, los dados nos llevan a una casilla ocupada por una veterana oca, esta vez algo cabreada: Ministra Magdalena Álvarez. Grita en el Parlamento al diputado que la acusaba de que las filtraciones del accidente de Spanair hubieran salido de Fomento, que eso no me lo dice usted en la calle. Lo malo para ella, y para Zapatero que la nombro y renombro, es que el responsable de comunicación de ese Ministerio dijera, en la calle, que él en persona había hecho las filtraciones y que asumía las responsabilidades que eludía, muy altanera ella, la Sra. Álvarez. Muy edificante ¡sí señor!

 

 

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