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04/09/2008 - José Francisco Fernández Belda
Los 'paradores' de Tejeda

Ahora ya no se ruedan aquellas épicas películas de indios y vaqueros, cuando los soldados del Séptimo de Caballería llegaban al son del famoso tararí-tararí al rescate de los sitiados colonos o militares en medio de un buen surtido de flechas, que permitían una infantil reinterpretación de aquella rima que tan bien escribió Bécquer: “saeta que voladora cruza, arrojada al azar, y que no se sabe dónde temblando se clavará”. Y aunque esto no tenga mucho que ver con lo que sigue, confieso que fue lo primero que me vino a la mente al leer una noticia publicada hace muy poco, tal vez porque el argumento recurrente de aquellas películas eran las promesas y los tratados que un bienintencionado, aunque iluso presidente, hacía a los indios hasta que un ganadero irresponsable se los cargaba por la cara, o por los pastos. Venga tiros y venga flechas en el lejano oeste. Ahora en versión moderna, vengan nuevas promesas y vengan viajes de secretarios de estado a estas, para ellos, lejanas islas.

Bajo el titular de “Nueva promesa para el Parador”, el secretario de Estado de Turismo, Joan Mesquida, aseguró a finales de julio que en el último trimestre del año se inaugurará el Parador de la Cruz de Tejeda, en Gran Canaria. Algo parecido había dicho, allá por los idus de marzo, el actual presidente del Cabildo Insular, José Miguel Pérez, al confirmar el desbloqueo de dos proyectos claves para esta isla como eran el Parador de Tejeda y el Palacio de Congresos de Maspalomas, aunque prudentemente y por conocer bien a sus amigos de Madrid, no quiso establecer fechas concretas para su inauguración. La venida y el anuncio triunfal de Mesquida me recordó al General Custer cabalgando en defensa de un casi vencido capitán, cercado por un Caballo Loco que representa a la contumaz realidad de que el Parador está cerrado. Y, ¡qué quieren que les diga!, han sido tantas y tan falaces las promesas que se han hecho sobre este asunto que ésta última, ni me la creo ni me la dejo de creer, sino todo lo contrario. Intuyo que estos viajes prevacacionales se parecen más a excursiones de fin de curso que a cosas serias y de trabajo, pura propaganda. Desde los casi prehistóricos días de la presidencia cabildicia de José Macías hasta hoy, como una serpiente informativa de verano más larga que Nessy, se ha repetido que el año próximo tendríamos parador. Casi veinte años dura ya el culebrón. Cuando el diablo no tiene nada que hacer, mata moscas con el rabo. Por eso los políticos no acaban de concretar el siglo a que se refieren al predecir el año de reapertura como Penélope no decía cuando terminaría el bordado representando a Ulises.

Un amable lector me dado la fotocopia de una noticia publicada en La Provincia del día 15 de julio de 2000 –dos mil, en letras, para que no haya duda del año– firmado por María José Hernández, cuyo título dice “El Estado se lleva a La Palma los enseres y todo el mobiliario del Parador de Tejeda”. Y como subtítulo: “El cabildo espera reabrir al público el centro proyectado por [Martín] Fernández de la Torre en septiembre del próximo año”, el 2001 por tanto. Entrando a fondo en esta cuestión, cabe preguntarse qué tipo de decoración, mobiliario y enseres ha previsto la empresa Paradores Nacionales para equipar ahora este emblemático centro. Supongo que fue acertada en su momento la decisión de trasladar a La Palma aquellas piezas de un valor patrimonial histórico y artesanal indudable, con el fin de que no se deterioraran almacenados en un recóndito lugar y de paso poder mostrar a los visitantes de la Isla Bonita estos elementos diseñados en 1937 por el arquitecto racionalista y su hermano Néstor, artista y pintor fuera de serie. De ambos podemos y debemos sentirnos orgullosos.

Dado el presumible estado tras décadas de uso, posterior semi abandono tras el cerrojazo y de ser el actual equipamiento del Parador de La Palma, posiblemente sea preferible hacer unas reproducciones fieles de esos muebles y enseres más que entrar en un costosísimo proceso de restauración y adecuación de las piezas originales que aún sobrevivan, a las que siempre habría que añadir las nuevas reposiciones por el natural deterioro o envejecimiento. El que era consejero del Cabildo en el año 2000, César Muñoz, dijo que se pretendía redactar un proyecto de mobiliario “inspirado en las mismas ideas que en su momento tuvo Fernández de la Torre”. No sé en qué ha quedado el asunto, pero creo que merece la pena investigarlo, sobre todo porque si es cierto lo que Mesquida dijo, en menos de un mes se entra en el cuarto trimestre del año, plazo acordeón fijado por él mismo.

Respondiendo a ese anuncio de concurso, el también consejero Blas Trujillo dijo que “hemos perdido auténticas joyas que forman parte de nuestro patrimonio histórico y ahora vamos a recurrir al dinero de todos los grancanarios por falta de pulso político de esta institución [el Cabildo] con el Gobierno central”. Pronto veremos si no aparecen otros “paradores” del Parador de Tejeda y todos podamos disfrutar de nuevo de esa extraordinaria instalación turística, lugar privilegiado para contemplar esa seña de identidad de esta tierra que es el Roque Nublo. Doña E. María Encarnación Domínguez Afonso y Don Blas Trujillo, ¡aquí te quiero ver, escopeta!

 

 

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