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24/08/2008 - José Ramón Arévalo Sierra
Chinita tú, chinita yo

El españolismo la ha vuelto a liar, esta vez por una tontería de foto haciendo el chino. Ciertamente eso es algo que aquí no se nos enseña desde pequeñitos, y claro, luego de grandes metemos la pata de vez en cuando. Sin embargo, en Estados Unidos, el respeto a la persona es máximo, y el hacer comentarios sobre el aspecto físico, la forma de vestir, el conocimiento, el idioma, la lengua, el origen, etc., es considerado de lo más ofensivo. Yo mismo lo padecí en mis carnes, cuando en unas de mis estancias por California (donde pude estimar que el 90% de los alumnos de la Universidad de California son asiáticos, en un sondeo hecho a ojo cuando circulaba con la bicicleta por el campus) nos invitaron a un cumpleaños de un compañero de guardería de mi hija. A nosotros no se nos ocurrió otra cosa que llevar un CD con música en español para niños, y con la mala suerte que sonó la canción “chinita tú, chinito yo” de los payasos de la tele… vamos, que las pasamos canutas cuando algunos nos miraban como si fuéramos unos xenófobos exacerbados por usar eso tipo de canciones racistas. Fíjense por donde llegamos a pensar que los payasos de la tele eran en sí una rama occidental del Ku Klux Klan, o al menos eso nos hacían creer los que nos miraban de forma tan compulsiva. Claro, a todo ello había que unirle que nosotros todavía no sabíamos que a los chinos había que llamarlos asiáticos (por muy cara de chino que tuvieran), a los negros afroamericanos y a los sudamericanos había que denominarlos latinos. Pero nada, nosotros que no aprendíamos.
Huelga decir que hacer comentarios sobre las personas es de un feo monumental, pero para este país de cotillas y chismosas difícil solución le veo yo al tema. Aquí cuando nos reunimos cuatro o cinco nos ponemos a despellejar al vecino y hasta que no le vemos las tripas al aire no lo soltamos. ¿Debemos cambiar este impropio aspecto de nuestras vidas? Pues depende de hasta donde condicione nuestras relaciones con los demás y sobre todo con el exterior. Por ejemplo, alguien le debía haber explicado al espabilado de la campaña de publicidad de nuestros equipos de baloncestos, que hay países del mundo donde ese tipo de gestos no son bien vistos. Si viviéramos aislados cual Corea del Norte, pues la verdad es que daría un poco lo mismo, pero teniendo en cuenta que nos tenemos que relacionar con muchos países, pues lo mejor es conocerlos un poquito. Si les aguantamos a muchos de nuestros aliados el que ajusticien a homosexuales o no dejen conducir vehículos a mujeres (algo que debería servir para romper relaciones con ellos o al menos alguna que otra pequeña invasión tierra-mar-aire), que menos que aguantarles estas peculiaridades ya comentadas. No basta con salir y decir que a los dirigentes chinos les ha parecido simpático el gesto que hemos tenido y que les ha hecho mucha gracia. Qué menos que les parezca simpático, si nos están llenando de productos el país y cada vez hay más chinos pululando por doquier, trabajando a un ritmo brutal.
Siguiendo con mi estancia por tierras de ultramar de lengua ininteligible y adoradores de dioses extraños, también me resultó paradójico el hecho de que los alumnos de la universidad, además de ser en su mayoría asiáticos, tenían un poder adquisitivo espectacular. El barrio en el que me alojé por unos meses estaba plagado de vehículos de alta gama (Mercedes, BMW o Audi, o sea, todos europeos e importados) siendo sus propietarios los mismos alumnos asiáticos que para asistir a dicha universidad debían pagar una matrícula cercana a los 22.000 euros (ojo, estoy hablando de una universidad pública, lo que pasa es que en Estados Unidos lo público no tiene que ser como en Europa sinónimo de mala calidad y regalado). Yo me preguntaba cómo podían tener el nivel adquisitivo tan alto estos asiáticos, y claro, llegué al a conclusión de que EEUU es un país muy raro en el quien más trabaja, más dinero gana, y esto continúa así de forma lineal, más trabajo, más dinero… o sea, que estos chinitos eran los descendientes de aquellos que llevaron en régimen de semiesclavitud y drogados con opio para construir el ferrocarril, pero es en esos trabajos donde se asientan las riquezas de sus descendientes. De haber sido en España, aún estarían viviendo en cuevas, ya que habrían salido los sindicatos pidiendo café para todos, nada de complementos y esas cosas que sirven para premiar el trabajo y dar más al que más esfuerzo realice, eso es algo indigno…y mientras tanto, ahí seguiríamos, con la socialización de la miseria.
En fin, volviendo al tema que encabezaba la columna, yo creo que no ha sido afortunada la campaña publicitaria, ha servido para deteriorar en parte la candidatura de Madrid (que cualquier cosa serviría para ello, desde un atentando de cuatro catetos hasta la foto). No debemos olvidar que España lejos de ser un país querido en el panorama internacional, es más bien un país temido, y que durante la época de Aznar, por unos años estuvo enseñando los dientes y haciendo temblar al eje París-Bonn. Independientemente del gesto que a mí también me parece simpático y cariñoso, yo lo evitaría y cuidaría mucho tales aspectos. Eso no solo lo deben hacer los publicistas, sino también esos políticos de baja ralea que pululan por nuestro país, que hacen comentarios sobre lo vago y desagradecido de los extremeños, o sin ir más lejos, aun no hemos olvidado las guasas de un tal exconsejero de Empleo Sr. Morales usando el término godo, y pensando que era la mar de gracioso, vamos yo cuando lo escuché casi me parto y me troncho, tanto como cuando escucho en la península que somos unos aplatanados, “ay, que risa tía Luisa”. En fin, yo estoy en que aunque parezca una chorrada todo lo sucedido, sí deberíamos ser más cautelosos. Mientras tanto, y en la intimidad, me voy a poner el CD y escuchar mi canción preferida: “Chinita túúú, chinito yoooo, así seráááá nuestro amollll…”

 

 

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