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27/07/2008 - José Francisco Fernández Belda
Emalsa, cosa de Ingenieros

Sobran en Canarias muchas guerras soterradas, de esas de las que nunca se habla, pero que con frecuencia impiden el desarrollo económico, social y profesional de una amplia capa de canarios en beneficio de algunas pirañas, de bidé y no del Amazonas, atendiendo a la escala de nuestras islas. Por esa misma razón, y si se estuviera hablando de agua salada, sería también un exceso llamarlos tiburones financieros, a lo sumo marrajo depredando en las aguas cenagosas y putrefactas de las subvenciones públicas.

Emalsa, con la plantilla trabajando muy motivada, ha vuelto a recuperar el esplendor de ser tal vez la empresa de aguas más importante de España. En el último año la gestión de los ingenieros franceses de SAUR y la visión del alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Jerónimo Saavedra, han colocado a esta empresa de aguas de Las Palmas de Gran Canaria y Santa Brígida en el podio del conocimiento mundial en esta materia. Y no es porque los ingenieros españoles en general, y los canarios en particular, no estuvieran a la altura técnica necesaria, sino porque los franceses eran ajenos a las presiones políticas y sindicales caciquiles, a pesar de que sigo creyendo que la francesa es una cultura en franca decadencia. Como ejemplo palmario de la vida vegetativa que se había instalado en Emalsa desde hacía más de una década, era ver cómo se apoyaban cosas a veces insólitas, disfrazadas de proyectos comunitarios del ITC o ITER, empresas totalmente públicas especializada en la captación de dinero de Europa para justificar su existencia con proyectos tan peculiares como irrealizables que dejaban perplejo a cualquiera que sacara la calculadora. En el caso del ITC, como una vez creo que contó un ex directivo, el único centro rentable era un laboratorio de prótesis.

El crecimiento y desarrollo actual de Emalsa está poniendo sobre la mesa algo que empezó tras la crisis inmobiliaria iniciada en Estados Unidos desde agosto de 2007 y que poco a poco se extendió por el mundo como una mancha de aceite. Es de nuevo cierto el dicho de que no hay nada nuevo bajo el Sol, porque la crisis llamada del “ladrillo” que padecemos ahora, es muy parecida a la creada en la Holanda del siglo XVII, que estalló en el año 1637, con la especulación desaforada de los bulbos de tulipanes. Ahora se hacen las mismas aventuras codiciosas pero con intangibles, con activos financieros. Se están dejando las empresas con base tecnológica en manos de una generación de jovencitos majaderos que pretenden gestionarlas como un activo financiero, desconociendo y despreciando cuál es el soporte real de las mismas, la ciencia y la ingeniería que lo ha hecho posible y que precisa para funcionar. Ignoran hasta a qué se dedica la empresa, la fábrica, el módulo de desalación, que sirve de cimiento a todo el castillo en el aire en el que invierten, o mejor dicho en el que hacen invertir a los demás. ¿Economía apalancada? Tal vez sería mejor llamarla especulativa y a su actividad algunos la definen, exagerando por exceso, como “ingeniería financiera”.

En la sociedad tecnológica actual, unos pocos se dedican a diseñar y a fabricar cosas, mientras que otro grupo más numeroso distribuyen y venden lo que hicieron aquellos. Sobre unos y otros, los que realmente generan riqueza, sobrevuelan los más elegantes del corral, una barahúnda de yuppies majaderos (palabro que es acrónimo de “young urban professional”), dedicados a inventar productos financieros –la mayoría de las veces tan artificiales como innecesarios– mientras pastorean y parasitan a productores y comerciales. Cuando las opiniones de los directores financieros sustituyeron a las de los ingenieros industriales, comenzó el declive. La trama eólica, si es que realmente ha existido, saltó a la prensa cuando los operadores financieros quisieron entrar en el negocio buscando espacios de cobertura para la RIC, la energía alternativa y limpia les importaba bien poco. Una ciudad fracasa cuando se gobierna como la sucursal de un banco y no vigila y cuida, por poner un ejemplo simplista, si el cajero automático tiene o no papel para que el cliente imprima sus movimientos.

Y estoy convencido de que si los anteriores ingenieros directores de Emalsa, tanto los de Unelco como los de Sacyr, no lograron que la empresa despegara, fue porque hubo gente que mandaba desde gimnasios y a golpe de móvil. Ahora, con ingenieros a los que se les deja hacer su trabajo, Emalsa ha dado un gran salto cualitativo y cuantitativo. Ahora tiene hasta beneficios, crea una fundación, se implanta en África y trabaja en mejorar los precios del agua para los ciudadanos negociando con los gigantes energéticos europeos. Qué cosas, Dios mío.

La próxima aventura de Emalsa en África y los acuerdos con Endesa, Unión FENOSA o Iberdrola para que todos dispongamos de energía a mejor precio pone de manifiesto que es más eficaz para los contribuyentes vestir una corbata de Carrefour que una de Serrano. Para mí tengo que, de Serrano, el jamón. Y eso aunque no puedan disfrutarlo nuestros vecinos mulsulmanes. Por eso me gustaría que ellos, cuando abran el grifo para hacer su cuscús, les mane agua de Emalsa. Sin duda, el conocimiento y la tecnología, son nuestro mejor petróleo.

jfbelda@teleline.es

 

 

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