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11/07/2008 - José Francisco Fernández Belda
Las 65 horas de trabajo europeas

Anticipándose unos meses a los sofocos veraniegos y sin abandonar nunca esa capacidad de alarmar en vano que adorna a algunos políticos, se lanzaron en tromba a comentar, airada y firmemente, la nueva locura de la Unión Europea porque, decían ellos, esos bárbaros del norte querían hacer trabajar a todo bicho viviente 65 horas semanales. Bueno, a todos, lo que se dice todos, tampoco, porque es reconocido que hay sectores para los que estos asuntos laborales no son de aplicación, ya que ellos sólo van al trabajo mientras que otros son los que de verdad trabajan. En el otro extremo, hubo empresarios canarios que aplaudieron esa idea con entusiasmo y hasta con las orejas, alguno del sector turístico.

Basta rebuscar en las hemerotecas para encontrar sesudos, y al parecer muy documentados artículos, condenando esa ola de neoliberalismo que, como el fantasma del comunismo, recorre Europa. Se buscaba respuesta en prensa, radio y televisión a la angustiosa pregunta que uno se hacía al levantarse, tomando el título de la celebérrima película: ¿Arde (ya) París? Porque ¿alguien puede dudar que si esa noticia de las 65 horas para todos hubiera sido cierta no habría habido una auténtica revolución sindical en toda Europa? Más sorprendente aún era la noticia de que la Directiva había sido aprobada con los votos socialistas. Eso lleva de cabeza a la malévola idea de que, desde este momento, también hay que hablar de “neo socialismo”, porque en los asuntos de puesta al año, no sólo parecen mudar de criterios los malditos explotadores neoliberales, yanquis y judíos mayormente, sino también los socialistas y comunistas de antaño, hoy disfrazados de eurocomunistas y social demócratas renegados del marxismo.

Una de las grandes ventajas que Internet ofrece a cualquier lector interesado en la de poder conocer los textos originales y no sólo lo que unos dicen que dice, menos fiable aún si lo afirma un político. Ante una alarma de tal calibre, sobre todo para los que tienen la suerte de tener un puesto de trabajo y no estar a punto de perderlo, lo mejor es consultar el documento directamente para conocer en qué pudiera afectarle lo aprobado por los europarlamentarios.

De entrada el texto afirma que pretende modificar algunas situaciones anómalas que contenía la vigente anterior directiva, 93/104/CE de 1993, como “la que propugna considerar como tiempo de trabajo la totalidad del tiempo de atención continuada, incluido el período inactivo”. También se introdujeron dos cuestiones nuevas, “una referencia a la conciliación entre la vida profesional y familiar”, y otra “la necesidad de sumar los tiempos trabajados para distintos empresarios en caso de pluriempleo”.

Las celebérrimas 65 horas de trabajo, máximo de los máximos posibles, se refieren a situaciones especiales, llamadas “opting-out”, para las cuales “pueden establecerse excepciones a los principios mencionados anteriormente mediante convenios colectivos o de acuerdo con los interlocutores sociales”. Se hace notar que no habla de acuerdos directos entre empresario y trabajador, sino por mediación sindical o similar. En alguna tertulia radiofónica y televisiva se ha dicho que, hoy en día y en Canarias, hay empresarios que “obligan” a trabajar a sus empleados esas 65 o más horas semanales. Acusan además de hacerlo sin ofrecer remuneración extraordinaria por la prolongación de jornada. Como es lógico, esa situación de presunta explotación entra de lleno en el delito laboral y debiera ser perseguida de oficio o por denuncia ante la Inspección de Trabajo y vigilada muy de cerca por los enlaces sindicales, que en estas cuestiones suelen colocarse de perfil.

Para acabar de comprender el fondo de la Directiva y el por qué algunos políticos han sembrado la alarma en ambientes distintos de los sindicales, directísimamente afectados y que han permanecido bastante silentes, conviene repasar las actividades consideradas dentro del opting-out. Cita expresamente actividades laborales “off-shore”, en barcos, aviones, plataformas, etc., caracterizadas por un alejamiento entre el lugar de trabajo y el de residencia del trabajador. También las actividades de guardia o de vigilancia de bienes y personas y las actividades necesarias para garantizar la continuidad del servicio, tales como la asistencia médica prestada por hospitales, la agricultura o los servicios de prensa e información.

De cualquier forma, y ante el caso de aumento previsible de la actividad en esos sectores, sólo será permisible cuando se conceda un período de descanso compensatorio según los criterios enumerados en la Directiva, y mediante convenios colectivos o acuerdos celebrados entre los interlocutores sociales. Las excepciones aplicadas a los períodos de referencia para el cálculo de la duración del tiempo de trabajo semanal no pueden superar seis meses o, por convenio colectivo, doce meses. Una cosa es lo que nos cuentan y otra puede ser la realidad. Por favor, compruébelo usted mismo, de momento tiene los medios al alcance de sus dedos tecleadores.

jfbelda@teleline.es

 

 

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