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06/06/2008 - Gonzalo Melián Marrero
La desesperanza urbanística de Madrid

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, nos dio a conocer en la pasada campaña electoral madrileña su propuesta en materia de urbanismo durante un encuentro en el Foro ABC; posteriormente, la reafirmó tras su reelección en la entrevista concedida a Libertad Digital Televisión, realizada por Federico Jiménez Losantos. La propuesta fue la siguiente: limitar, por ley la densidad de edificación en zonas residenciales de nueva construcción poniendo como tope en los futuros desarrollos la construcción de tres plantas más ático. La presidenta de la CAM afirmó que, de esta manera, se eliminará además la especulación.

En esta propuesta existen dos errores intrínsecos. El primero es que la Comunidad de Madrid ya tiene limitada por ley la densidad máxima posible en un suelo por desarrollar, puesto que, como la desastrosa Ley 9/2001 de Suelo de Alberto Ruiz-Gallardón no hizo alusión alguna a dicha densidad, pasa a ser de aplicación el Texto Refundido de la Ley sobre Régimen del Suelo y Ordenación Urbana de 1976. Ésta dicta como densidad máxima la arbitraria cantidad de 75 viviendas por hectárea. El segundo error es producto de la falta de conocimientos de la señora Aguirre, ya sea porque no ha leído la Ley 9/2001 o no la ha entendido (o, como es lógico, no la ha puesto en práctica nunca en el ejercicio profesional). Esta ley establece unas arbitrarias y exageradas reservas de suelo en cada sector de desarrollo en función de la edificabilidad para infraestructuras, equipamientos y zonas verdes, por tanto resulta casi imposible introducir una edificabilidad superior a 0,6 m2 edificables por m2 de suelo. De esta manera queda delimitada por ley una edificabilidad máxima que, si se distribuye de manera homogénea en el suelo a desarrollar, daría como resultado edificios de planta baja más tres plantas más ático, o planta baja más cuatro plantas más ático (tales tamaños de edificación son curiosamente similares a los propuestos por Aguirre, y a los desastrosos desarrollos urbanísticos construidos durante la década de 1980 en el sur de Madrid, criticados en la Asamblea de Madrid por la señora Aguirre).

Por otro lado, anunciar que con la delimitación de las alturas se va a eliminar la especulación demuestra no entender nada. En primer lugar, porque lo importante no son las alturas sino la cantidad de edificabilidad a realizar en un sector de desarrollo (o lo que es lo mismo, los metros cuadrados de edificación que se pueden construir y que, hoy en día, se encuentran limitados por ley, lo cual tampoco ha servido para nada). Por tanto a un empresario le da exactamente igual hacer 1, 2 ó 300 alturas en su suelo, puesto que lo que le preocupa es cuántos metros cuadrados puede construir. En segundo lugar, la especulación con base en la actividad política, fuente de toda corrupción y de una mayor tendencia inflacionista de los precios, es producto precisamente del sistema actual que, como hemos tratado de explicar, coincide con el propuesto por doña Esperanza.

A esta errónea propuesta la autora le sumó explicaciones como las siguientes: lo que se pretende realizar con esta propuesta es "un urbanismo renovador y más humano", en donde los habitantes "no tengan que residir en moles de hormigón de 12 ó 14 plantas"; "limitar la densidad de población, porque los madrileños quieren ciudades menos densas y más amplias, con más espacios abiertos y con más zonas verdes, quieren que el sol entre todas las mañanas por sus ventanas". Por último, eso sí, se permitirán "rascacielos o edificios emblemáticos" que "enriquezcan el patrimonio arquitectónico y cultural".

En primer lugar, dicha propuesta no tiene nada de urbanismo renovador por lo expuesto anteriormente, y supone una inyección más de intervención pública con la intención de solucionar el problema del urbanismo español, que es corrupto y desastroso precisamente por tratarse de un sistema intervenido de tipo soviético. En cuanto a lo de más humano, no merece comentario por tratarse de populismo barato, impropio de una persona de su talla política. También quiero decirle, señora presidenta, que vivir en edificios de 12 ó 14 plantas no es sinónimo de mala calidad de vida, como demuestran los magníficos nuevos crecimientos urbanos de Dubai, con edificios de más de 40 plantas.

Por otro lado, esperemos que limitar la densidad de población se refiera a crear modelos de ciudad con crecimientos urbanos de baja densidad únicamente (¿o es que pretende empezar a echar gente de la Comunidad de Madrid?). En cualquier caso se presenta el siguiente problema: con un territorio como el de Madrid, en el que una gran parte del suelo se encuentra protegido, y un crecimiento en población como el que está experimentando esta región, ¿qué sucederá cuando se haya urbanizado todo el suelo no protegido con edificios de planta baja más 3? ¿Se añadirán una o dos plantas más a cada edificio o se prohibirá la entrada de más habitantes en Madrid? Ah, claro, se me olvidaba que se permitirán rascacielos o edificios emblemáticos,los cuales, indudablemente, decidirán los especuladores políticos de turno dónde deben ir y qué forma deben tener según sus gustos particulares. Eso sí: nos mostrarán a todos los ciudadanos en una exposición pública el diseño de la nueva intervención urbana que supuestamente enriquece el patrimonio arquitectónico y cultural y, de paso, nos engañarán con esa falacia propia de los urbanistas comunistas (que llevan haciendo lo que les place en España desde el año 1956) del urbanismo participativo y democrático.

Señora presidenta, le informo que la Comunidad Autónoma de Madrid (al igual que el resto de España) posee un sistema urbanístico soviético, en el cual los derechos de desarrollo del suelo se encuentran nacionalizados y la asignación de los usos del suelo se encuentra monopolizada por la administración pública. Así que si quiere verdaderamente hacer algo para solucionar el problema de la corrupción urbanística y la continua corriente inflacionista de los precios de la vivienda, devuelva los derechos de desarrollo del suelo a los propietarios para que pueda existir mercado y éste sirva para coordinar el territorio y las ciudades, y además desmonopolice la asignación de los usos del suelo por parte de la administración pública para eliminar la especulación política. No me cansaré de repetir que es este tipo de especulación inducida por las diferentes formas de intervención pública en el libre uso del suelo el que causa la corrupción y su fomento. Por último, ¿conoce a mucha gente que no quisiera vivir en Nueva York en algún momento de su vida?

 

 

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