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02/06/2008 - José Ramón Arévalo Sierra
Del España se rompe al PP se rompe


Suele ser norma común entre las sectas religiosas autodestructivas y apocalípticas (ahora no estoy hablando de ecolojetas) la de poner una fecha para indicar el final del mundo. De esta forma se aseguran una banda de acólitos fiel y que el mensaje calará con mayor profundidad en una sociedad en la que el rollito apocalipsis le pone bastante. El problema de poner una fecha para el final del mundo viene derivado del hecho que tarde o temprano esa fecha llegará, y si el final del mundo no llega, pues suelen quedar como Cagancho en Almagro. Algunos ante tremendo ultraje, se agarran un cabreo, recogen a su banda, la llevan camino del Teide o de cualquier otro lugar emblemático y les animan a saltar desde el barranco… vamos, que desde un punto de vista individualista, al final, en cierto modo el final y el apocalipsis habrá llegado.
Podríamos decir que el PP ha tenido esa misma actitud con respecto a la idea de la rotura de España. Ciertamente, el PP nunca ha comentado nada sobre la rotura de España, tan sólo ha dicho que se está cambiando un modelo de Estado por otro donde los españoles tendremos distintos derechos y unas comunidades se autoconcenden derechos esotéricos y espirituales por encima de otros en función de lenguas, bailes regionales o juegos típicos. En eso, tendremos que decir que tienen más razón que un santo, porque si un catalán o un euskaldun de pata negra vienen a trabajar a Canarias, las restricciones que les ponemos son las mismas que a cualquier ciudadano español, sin exigirle estrambóticas cualidades como conocimiento de folías en nivel A o que sepan tocar timple en nivel B (convalidable por chácaras en nivel C), sino valorando su conocimiento básicamente de la labor que tendrá que desarrollar. Sin embargo, usted o yo, no podremos ir a trabajar a esas comunidades, o iremos a competir en franca desventaja ya que nos exigirán lenguas vehiculares aunque el castellano siga siendo oficial. Zapatero se ha despachado diciendo que lo ve bien ya que han sido marginados por esas lenguas durante muchos años… o sea, que yo pagaré la factura que otro haya dejado pendiente. Bien, dejando esto, como ya he dicho, España no se rompe, ni nadie lo dijo nunca, pero si cambia el tipo de régimen de sociedad occidental consolidada y fuerte donde los ciudadanos son los garantes y beneficiarios de los derechos… Ahora, los conceptos recónditos y enigmáticos son los que de forma principal recogen los derechos, o sea el grupo, el pueblo, la asamblea, etc… siendo una banda de robiritas e ibarrechitas los que determinaran si somos dignos de tales derechos en función de nuestra lengua, color y ancestrales restos genéticos.
Pero para seguirles la gracias a los Pepiños del Partido Socialista, vamos a asumir que el PP enarbolaba un mensaje de “España se rompe” como metáfora de lo anteriormente expuesta. Siguiendo con la metáfora, nos convencieron a los diez millones y medio de votantes que eso iba a ocurrir y por tanto teníamos que hacer cuña para defender un estado de derecho como el Español que bien merece la pena un resguardo del mismo, ya que de esta forma nos asegura que somos iguales unos a otros, que hace una defensa de la propiedad con más o menos éxito, y que asegura en cierto modo también los contratos que los ciudadanos realizan entre ellos de forma libre. En definitiva, se movilizo la sociedad para ello y cada uno de una forma distinta hacía campaña en la defensa de las ideas. Vimos a un Rajoy combativo en los debates y de los que salió airoso, y que sin ningún tipo de rubor le espetó a la cara del presidente: “Usted ha maltratado a las víctimas”, y éste se puso cual adefesio a realizar aspavientos por los ofensivos comentarios… Pero vamos, Presidente, usted ha maltratado a la víctimas, ha buscado personajes de papel y organizaciones fantasmas para diluir la unidad entra las mismas y les ha pedido esfuerzos indignos para cualquier persona que busque justicia. Han ido de forma chulesca y con altanería a pedirles esfuerzos… Las víctimas no buscan venganza como usted y los suyos propagan, buscan justicia, y por tanto siempre que se les haga justicia, estarán dispuestos a cualquier esfuerzo, pero no como imposición.
En fin, que me voy por los cerros, lo que quería decir, han llegado las elecciones, Rajoy ha vuelto a perder, y lejos de seguir esa tradición americana que después de perder unas elecciones, se substituyen hasta los limpiadores de las sedes de los partidos, aquí se ha hecho al revés, se ha cambiado la estructura del partido, y el mandamás, el que podríamos decir responsable de la pérdida de las elecciones se queda. Al final, se puede decir, que entre los ciudadanos el mensaje del “España se rompe” no caló, ni siquiera en su forma metafórica, sea porque no se supo explicar desde la oposición, sea porque el mensaje fue bien contrarrestado por el partido de gobierno.
Y en estas, que el gran predicador Rajoy vio que el apocalipsis no llegaba, quizás desde algún punto del pico de Guamasa en el Teide percibía que no llegaba la rotura de España o que la gente no terminaba de verla… en esas circunstancias, ni corto ni perezoso decidió suicidar a sus hombres, deshacerse de un equipo según el mismo impuesto por otros diferentes a él, haciendo al final que el apocalipsis en cierto modo se cumpliera. No solamente se dedico a suicidar a los hombres que le acompañaron en el periplo, sino también a los propios símbolos del partido, que otrora intocables, ahora habían sido defenestrados. Se ha asegurado su puesto de gran predicador de forma casi perpetua y a los críticos que no pudieron ser suicidados se les trata con desdén.
Al final tenía razón Pepiño Blanco, España no estaba en peligro (por ahora), España no se iba a romper, lo que no nos había dicho nadie era que el que se rompía era el PP.

 

 

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