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19/05/2008 - José Ramón Arévalo Sierra
Universidad, no Empresa

El otro día, pasaba cerca del campus central de la Universidad de La Laguna y pude ver una especie de campamento neohippy dentro de las instalaciones. Se componía de una serie de tiendas de campañas del tipo Coronel Tapioca, y en sus alrededores pululaban de forma distendida una muchachada alegre y reivindicativa. Portaban todos los accesorios requeridos para el evento: tamborcillos étnicos de distintos tamaños y colores, guitarrillas varias, creo que llegue a ver algún diábolo así como el arsenal del manifestante: pancartas, panfletos, letreros, etc… Supongo que las noches de frío laguneras las habrían calmado tomando algún destilado de plantas interesantes tipo enebro o tubérculos, porque si no a ver como la aguantan (o eso, o yo estoy muy viejo). Bien, hasta aquí habrán notado que lo que me mueve es una envidia y que ya me gustaría a mí entre otras cosas tener esa edad, esa salud y tanto tiempo. Sin embargo, el motivo de esta columna era una de las pancartas que habían colocado en las verjas del recinto, y que venía a decir algo como UNIVERSIDAD ≠ EMPRESA.

Pues dejome perplejo y patitieso semejante afirmación, ya que la trivialidad que llevaba implícita superaba cualquier herramienta retórica o recurso del lenguaje. El disímil era tal que no podía ser superado por esos epítetos acompañantes del tipo “el terrible Caín”, “la negra oscuridad o “la blanca nieve”. No por ello, voy a resistir la tentación de explicar brevemente porque es tan obvia la afirmación que portaba la pancarta, y para que vean que la situación es tal, que no es que sean diferentes, es que ambas palabras son antónimos y que como tales nunca llegarán ni siquiera a parecerse.

Bien, sigo explicando algunos aspectos del porque la Universidad no es una empresa. Si la Universidad fuese una empresa, como tal, viviría de su propios recursos generados, recursos que deben ser tangibles (no valdría decir eso de formamos ciudadanos libres y con conocimiento para resolver los problemas del futuro, ya que eso no cotiza en el índice Down-Jones), y dado que ofrece un servicio de formación, por tanto cobraría la matrícula al precio estipulado en un mercado libre. Si acudimos a lo que cobran Universidades privadas en otros lares, podrían ir preparándose, aquellos del tamborcillo étnico una matrícula de 18 ó 24 mil euros, y no los 800-1000 euritos que pagan y que con suerte podrían cubrir el papel higiénico consumido a lo largo del curso. En una empresa, ese sería el precio del servicio, y no tendrían más remedio que o estudiar mucho para conseguir buenas becas, o haber tenido la suerte de ser de una familia muy acomodada, o como suele ser la situación habitual en países cuyo nivel educativo es mucho más alto y competitivo, tirar de préstamos de estudios. Una especie de inversión, con unos intereses ridículos pero que involucran de tal forma al estudiante dentro del sistema, que obtiene y succiona de él todo el conocimiento que puede asimilar (más le vale por lo que le ha costado).

Pero no son sólo los alumnos a los que afecta el hecho de que la Universidad no sea una empresa, sino también a las distintas administraciones del archipiélago, que acuden de vez en cuando a solicitar servicios a la Universidad y que pagan a precio que podríamos decir de saldo, ya que siempre pueden espetar aquello que el servicio ya estaría pagado por parte del Gobierno de Canarias. Bueno, dado que en el archipiélago no hay un ente innovador e investigador del nivel de ambas Universidades, caso de no disponer de esas ayudas, se podría cobrar cualquier servicio, yo cálculo que un 50-60% de lo que se cobra en la actualidad, y debido a una falta de competitividad que existe en este campo, incluso se podrían subir los precios sin temor a competencia alguna. Esto lo digo porque algunos elementos de la administración se acercan a la Universidad a ofrecer convenios y contratos y se pasean por la institución como “Mr. Marshall” con dólares dispuestos a aligerar los males y devenires, cuando es la institución la que estaría realizando el trato de favor.

Claro que la universidad no es una empresa, porqué las empresas las tienen que dirigir empresarios con una dedicación cien por cien, 24 horas de trabajo dedicadas en sistema de semiesclavitud (los empresarios) y cuyo único objetivo es la consecución de beneficios económicos (dignísima actitud que nos beneficia a todos, por otro lado y por la que le debemos de estar siempre agradecidos) y el crecimiento sin fin, sin decaer en el intento.

En cualquier caso se ha equiparado rápidamente el hecho entre el estudiantado que el que la universidad fuese una empresa implicaría algo malo, fruto supongo de una educación que se ha inculcado y que les convence que hay que convertirse en un funcionario y dejarse de emprender que sólo traen disgusto. Yo lejos de creer que sea algo malo tan sólo pienso que sería diferente, y que ambos sistemas debieran coexistir de forma libre, incluso en el archipiélago. Tampoco tiene que implicar que sea mejor uno que otro, de hecho, tenemos universidades públicas en España de un nivel alto (dentro de todo lo alto que son las universidades en nuestro país) y de muy bajo, así como ocurre con las privadas. En países con una tradición de educación superior privada desde los inicios del sistema, coexisten los dos sin problemas, como es el caso de USA, con universidades de primer nivel tanto privadas como públicas.

Y sobre todo, lo más importante, la universidad no es una empresa, porque a la primera que les hubieran ocupado los jardines habrían mandado a los servidores de la ley a desalojarlos con caras destempladas por hacerles perder el tiempo en tales chorradas.

Algunos piensan que la universidad debería funcionar como una empresa, otros que debería ser pública con muchos funcionarios a cargo del gobierno y ni siquiera subcontratar empresas de servicios… Presumo que como todo, la virtud estará en una combinación de ambos sistemas, que es, al fin y al cabo, lo que se está haciendo… O sea, que la Universidad no sea una empresa, puede que no sea ni bueno, ni malo, sino todo lo contrario.

 

 

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