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27/03/2008 - José Ramón Arévalo Sierra
El dinero sucio


El adjetivo de sucio asociado al dinero tiene distintas acepciones, y podríamos estar hablando, entre otras, del dinero que proviene de actividades ilícitas, o del dinero ganado de forma injusta, así como de dinero que se recibe como subvención de fuentes de dudosa reputación. A esta última acepción quería dedicar unas líneas, porque por más que la he analizado no logro saber cuándo ha de catalogarse el dinero como sucio o limpio. Todo empezó cuando leí un artículo de opinión en una de las revistas científicas de Ecología de más impacto, “Frontiers in Ecology” editada por la Sociedad Americana de Ecología, titulado “De zorros y gallineros”. En dicho artículo se analizan las subvenciones recibidas por investigadores de reconocido prestigio, sobre todo se referían a un proyecto de 225 millones de dólares con el atractivo nombre de “Clima Mundial y Proyecto de Energía”, y cuya fuente de dinero principal provenía de ExxonMobil (una de las primeras compañías americanas involucradas en la distribución de las energías provenientes de combustibles fósiles). Dado que el dinero emanaba de esta fuente tan sucia (según los críticos del mundo ambientalista), se insinuaba que de poco iba a servir el prestigio del profesor de Ecología de la Universidad de Stanford que recibía el dinero. El susodicho científico tuvo que defenderse en multitud de debates públicos sobre su actitud con respecto a ese dinero. Otra universidad, en este caso Princeton también se encontraba en la misma tesitura al recibir dinero de la Ford Motors, mientras que Berkeley lo recibía de la BP (¡ojo! Hemos citados 3 de la mejores universidades del planeta, colocadas entre las diez primeras de diez mil universidades evaluadas). En cualquier caso, y a pesar de las críticas, todos aceptaron el dinero e informaban que seguirían haciéndolo.
En vista de que el dinero no iba a ser rechazado, lo que querían proponer algunos de los ecolojetas radicales era aceptar el dinero, pero obligar a estas empresas a ofrecer una especie de perdón público por lo infame de sus actividades, a cambio de recibir el permiso para el uso de cualquier descubrimiento realizado con su propio dinero y el prestigio que les suponía colaborar con tales universidades. Vamos que las compañías tenían que pedir perdón por hacernos la vida mejor, más fácil y agradable. Y ustedes, mis sesudos y escasos lectores se habrán dado cuenta de en qué nivel de tontería anda inmersa la Universidad americana y el ecologismo.
Yo me pregunto qué pasaría si alguna empresa de actividades “antiestéticas” en nuestro archipiélago deseara dar algunos millones a nuestras universidades. Se me pasa por la cabeza alguna empresa constructora o algo relacionado con puertos, o alguna empresa hotelera ¿Cuál sería la respuesta de nuestra universidad? Estos motores de la economía canaria desearían colaborar económicamente con las universidades, y seguro que tienen el dinero dispuesto para ello, pero dado el espectáculo bochornoso que se ha ofrecido en los últimos años, donde en cualquier manifa de ecolojetas, siempre aparecía un grupo de profesores de ambas universidades apoyándolos, y que como siempre, daba la sensación de que representaban a la Universidad, no se llegan a atrever. Cuando se dice: “La Universidad apoya la convocatoria para proteger al piquituerto paticorto” a mí me pasa lo mismo que cuando se dice “El pueblo de Tenerife ha decido no apoyar tal acción”. En ninguno de los dos casos se me llegó a preguntar, siendo, al menos asumiendo, que soy parte de ambos colectivos. Ya me los imagino, en estas universidades donde el dinero es un elemento sobrante, cómo con soberbia tercermundista les gustaría decir a algunos: “coja su sucio dinero y no nos ofenda con él”, o “lo cogeremos, con la condición de que pidan perdón por sus pecados al llevar luz a nuestras casas, comunicar mejor nuestros puertos y pueblos, construir casas dignas, infraestructuras necesarias o proveernos de vehículos que nos dan más libertad” o algo así. Yo creo que se han debido oler la situación y por eso da la sensación de que la Universidad anda un poco fuera de lugar con respecto al desarrollo de la Isla. Pudiendo decir mucho, su voz, por causa de algunos elementos radicales, queda apagada entre los ruidos de las manifas.
Parecería que tenemos claro cuál es la denominación de dinero sucio, y cómo condiciona a quien lo toca. Pero por ejemplo, si el dinero te lo da un izquierdoso millonario (binomio común por otro lado), un tal George Soros, la cosa cambia, y todo lo que hagas con su dinero da una credibilidad excepcional. Así, la revista “The Lancet”, revista que publica importantes descubrimiento en medicina, se descolgó con un estudio financiado por el adinerado, en el que se calculaba que los muertos civiles en Irak eran de 655.000 hasta principios de 2007. Otras fuentes (Gobierno de Irak o una agrupación pacifista denominada Cuenta de Cuerpos Iraquíes) habían realizado estudios bien explicados en los que sus cálculos oscilaban entre 45.000 y 50.000. El primer estudio sobreestimaba las víctimas civiles, y cuando se le pedían las fuentes de las que habían obtenido tal información, sencillamente se negaban. Pues bien, el parece ser “dinero limpio” izquierdoso, no solamente da esplendor, sino que convierte en verdades aquellos asuntos de difícil explicación. De hecho, este pasado domingo, un columnista folclórico de nuestras islas, que siempre aparece cargado de papeles, se apoyaba en los datos del estudio magnificador de la mortalidad para criticar a Aznar, PP y todo lo que suene a centro derecha. Como ven, para él también, el dinero de los millonarios izquierdosos limpia, purifica y da esplendor.
Mi opinión personal parece diferir bastante de lo que hasta aquí hayan podido leer. Yo sencillamente creo que el dinero no es ni sucio ni limpio, solamente importa lo que se haga con él. Pensar que la fuente condicionará el resultado implica que los científicos tienen una credibilidad muy limitada y que sus resultados son una componenda entra la ideología y la necesidad de financiación. Si fuera así, todos los que recibimos fondos del Ministerio deberíamos decir que el calentamiento global ya llegó, y ciertamente no es así, o a lo mejor sí… ¡quién sabe!

 

 

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