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23/03/2008 - José Ramón Arévalo Sierra
La subcampaña electoral

Durante el tiempo que duró la campaña electoral se quiso dar la sensación por parte de la junta electoral que todo estaba reglado y que la presencia de los partidos en los medios de comunicación había sido acordada según la propia normativa establecida. Ciertamente la campaña daba la sensación de estar llevándose con normalidad, ordenando los minutos de televisión, de radio, carteles, debates, etc… Sin embargo, poco valor se le da a estos elementos de la campaña a la hora de convencer para pedir el voto, a la hora de ayudar a tomar partido por uno u otro a los indecisos, o incluso hacer cambiar el voto. Los propios estudios indican que el efecto de estas campañas puede cambiar un 5% el total de los votos antes de empezar la misma. En definitiva, todo atado y bien atado. ¿Todo? Definitivamente no. Tenemos un elemento que distorsiona todo lo relacionado con los bien medidos tiempos asignados a los partidos para su presentación en los medios de comunicación. Es lo que he llegado a denominar la subcampaña electoral.

La subcampaña electoral aparece representada sobre todo en televisión, ya que es el medio de comunicación con mayor impacto en la mayor parte de la ciudadanía. La subcampaña es importante en todas esas televisiones progres que nos han aterrizado con total impunidad, mostrado una realidad completamente sesgada de la realidad Española. La misma situación se vivía en Estados Unidos en los años ochenta, donde el panorama televisivo estaba copado por los ricachones de nuevo cuño progre. Esa insostenible solución cambio cuando apareció la Fox, y al menos se diversifico el mensaje de los medios de comunicación lo suficiente para que aquello pareciera otra cosa. Difícilmente ocurrirá algo similar en España, y la única esperanza que nos queda es un soplo de aire nuevo que se nos está colando por las televisiones digitales e internet. Mientras la cosa cambia, que parece que durará unos años más, la subcampaña irá mostrado la realidad virtual no sólo de España, sino también de los candidatos que se presentan, y de los partidos.

Durante el tiempo que ha durado la campaña electoral me he tenido que tragar la subcampaña, consecuencia debida a mi gusto de estos adinerados de la farándula y salteadores de ajenas faltriqueras a través de cánones u otras cosas que se puedan inventar. Pues sí, como digo, a mí el que sean retroprogres y vayan de graciosos me da la mismo. Me suelen entretener, me río con los chistes que cuentan. Pero durante la campaña, el miedo se les debió meter dentro de la médula ante la posibilidad de una victoria del Partido Popular, les hicieron tocar a arrebato, y en forma de carga, encabezados por el Alatriste Orgasmado Zerolo y a rebufo todos los demás: el Sardá, familia beneficiada por la progresía gobernante desde los inicios de la televisión; el Buenafuente, chistoso oficial del catalanismo militante que debía limpiar el hueco dejado por el siempre ingenioso Boadella; el omnipresente Javier Vázquez, que entre sus aficiones están pasar una noche en la suite del hotel más caro del mundo; el Wyoming, hombre que se ha hecho caricatura de sí mismo. Pues puedo llegar a decirles sin ningún conflicto emocional, que si en el caso del primero de los nombrados siempre me ha parecido una de las personas más simpáticas y agradables con la que cuenta el Partido Socialista, los otros me parecen profesionales del más alto nivel a los cuales procuro seguir, casi con devoción, porque provocan tanto la risa como el interés, dependiendo de lo que estén haciendo.

Llegado a este punto tendré que decir, que el que sea fan de ellos ha hecho más sangrante su subcampaña electoral puesta en marcha. Ver el Sardá arrastrándose a cuatro patos por los suelos para pedir el voto al PSOE y volviendo al viejo eslogan de tiempo del Felipismo militante “que viene la derecha” resultaba de un patetismo del que yo parecía ser el único en darse cuenta. El Buenafuente, cual folclórico, sacando “to lo que lleva dentro” para mostrar cúales eran los males que nos acecharían caso de ganar el circunflejo Zapatero; qué decir de Javier Vázquez, que lo llevo siguiendo desde que presentaba el programilla juvenil “La Quinta Marcha”, presentándose como un damnificado del PP por su condición sexual y mostrándolos como unos homófobos irreverentes, a lo que tendrían que decir algo la cantidad de representantes en el PP de misma orientación sexual, pero que no trafican con ello para rascar unos miserables votos. No Jesusito, en el PP no hay homofobia, de hecho la ley de parejas de hecho, una de las más avanzadas del mundo fue puesta en marcha por ellos, no por tus amigos. Y qué decir del gran Wyoming, ese mimo de las mil caras, y que en todas aparece como estreñido cuando nombra la palabra derecha, PP o Aznar, y que se le relaja cual efecto de laxante cuando habla de la progresía y sus líderes carismáticos del socialismo. En fin, durante toda la campaña electoral hemos tenido que soportar a esta banda y unos cuantos más con presencia continua en las televisiones, y vociferando “que viene la derecha”…y yo preguntando, ¿pero es que dentro del artisteo no hay nadie medianamente independiente? ¿Es que todos son funcionarios ministeriales? A la primera pregunta supongo que podría responder que esos sólo hablan en la intimidad de sus opciones políticas, y a la segunda podemos decir que sí, que para eso se inventó el canón.

Las televisiones no representan a la España nuestra, ni siquiera representan a la mayoritaria España ni a una media de ésta. Esta banda sólo se representa a ellos y a sus pagaderos. Los mismo que Chikilucuatre o como se diga no representa la música que se realiza en España, el gobierno sólo representa a 11 millones, a otros 10 millones y medio no nos representa. Debería tenerlos algo en cuenta a la hora de gobernar, pero como ha he escrito anteriormente, yo siempre he sido un iluso. Nada más había que echarle un ojo a la subcampaña electoral.

 

 

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