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13/03/2008 - José Ramón Arévalo Sierra
No todo iba a ser disgustos

Termina la noche electoral, los resultados no dejaban lugar a dudas. El casi medio millón de votos más, cosechado por el Partido Popular no resultaría suficiente para un vuelco o incluso poner en una situación comprometida al partido del gobierno que volverá a presidir los siguientes cuatro años. Las lentejas y alubias repartidas en la campaña electoral (en forma de 400 euros para el pisito, mil euritos por acá para mejorar tu hipoteca, unos cuantos euros por allá para mejorar lo otro) han sido de un efecto espectacular a tenor del resultado. Nunca un gobierno con tantas meteduras de pata en asuntos de estado, y solamente por definir unos cuantos: irse de parranda con grupos terroristas a ver qué les podían sacar, tomar chupitos con el secesionista Robira, apoyar estatutos pedigüeños que rompían la hucha general, ningunear a las víctimas, actuar con soberbia tercermundista ante las potencias del mundo, juguetear con la economía, intervenir el mercado de la energía, darle patadas en la espinilla a la iglesia, etc., había obtenido tan buen resultado.

Las políticas de purpurina habían tenido mucho más calado que los asuntos importantes de estado: matrimonio gay, muchas leyes contra la violencia doméstica (con resultados pobres), una alianza de civilizaciones que pasará a la historia como la alianza que nos enzarzó en una batalla con los Otomanos, reírle las gracias al mundo de la farándula y pasar a todos la gorra para que paguemos por una música que muchos nunca llegaremos a escuchar, etc. Entre las que salieron bien se me ocurren: la “Ley de dependencia”, y es que da como un poco de vergüenza que hayan tardado tanto en sacarla (este y los anteriores gobiernos) y una especie de vuelta a la cordura vivida en los últimos meses que esperemos no fuese tan solo unos brindis al sol.

El Partido Popular ha salido airoso de la batalla, y se puede decir que el que la economía no haya hecho aguas con los aprendices de brujo (el ministro Solbes no, que más bien poco caso le hacían) es debido a la herencia económica recibida. O sea, que en el pecado llevan la penitencia. Por haber hecho tan bien los deberes cuando estaban en el gobierno, han permitido cuatro años de fiestas, jolgorio, pasarela mandinga y fiestas del canon, sin agotar la caja. Ha ocurrido, como suele decirse de los millonarios, que cuando estos mueren, la primera generación gestionará las ganancias heredadas sin aumentarlas, pero sin ningún tipo de error, la segunda la dilapidará y terminará en ruinas. Y esa será mi profecía en plan Nostradamus, que más que las encuestas israelitas les aseguro no fallará. Ese será el momento en el que los votantes de izquierda se quedarán en casa y los de derecha mantendrán su fidelidad e irán a votar dando el triunfo. Vamos que en el Partido Popular deben estar preparados para volver cuando haga falta pedir un crédito y poder hacer frente al pago de las pensiones, los sueldos, etc. Y como consecuencia de ello, tendrán que hacerse los impopulares con cuatro años de apretarse el cinturón con los que ya nos deleitó Aznar en su primer mandato, y gracias a los cuales se pudo salir airoso de la crisis (con algo de ayudita por los bajos precios del petróleo y materias primas).

Pero no todo iba a ser disgustos, algunas cosas buenas han traído estas elecciones, y es que los partidos de Estado, el PSOE (por ahora lo vamos a seguir manteniendo en este grupo), el PP y el UPyD de Rosa Díez, han logrado unos resultados nunca conocidos en nuestra democracia. Los experimentos secesionistas han logrado un ridículo apoyo. El nacionalismo ha perdido apoyos por doquier en su conjunto, ya que aunque en Cataluña CiU ganara, no compensa el desangre de votos de Ezquerra Republicana. En el País Vasco, han bajado de votos y escaños, en Andalucía han desaparecido, en Canarias, Román Rodriguez consiguió su objetivo, presentarse no para ganar votos, si no para echar de Gran Canaria a Coalición Canaria, y siguiendo la misma pauta a lo largo de la piel de toro. Para mi cada voto rascado al nacionalismo, da igual que sea de derechas, de izquierda, secesionista o pesetero (o eurero que no sé como se dice) es una victoria a la humanidad. Mientras ellos creen en los grupos, tribus o parrandas con derechos inalienables por encima de las personas, nosotros consideramos a estas como la piedra angular sobre la que deben de pivotar el resto de los derechos. Si además estos nacionalistas actúan chulescamente, intimidando a medios de comunicación, expresándose en plan borrachín de taberna de pueblo de interior y sancionando a los ciudadanos en función de la lengua que hablan, de dónde nacieron o de sus apellidos, pues que quieren que les diga, la alegría que me llevo es mayúscula. Así que nada, me fui a la cama cariacontecido (no por previsto el desenlace fue menos el desasosiego) pero con un pizca de esperanza para los próximos cuatros años que me hacen soñar con el milagro del pacto estado PSOE-PP-UPyD.

Rajoy ha hecho una labor inmejorable, tanto en campaña como en los últimos cuatro años, nadie hubiese sacado más partido a la situación, si se queda o se va, deberá ser su decisión y los elegibles no deberían de tomar posiciones hasta esperar la decisión del mismo. Y con respecto a los que nos van a gobernar, pues que trabajen duro para mantener ese tono que han mantenido las noches de las victorias, y que en vez de una noche, dure algo más. Tienen las televisiones, tienen las radios, tienen los votos y no les faltarán apoyos para grandes políticas de estado que busquen que éste avance, durante estos siglos, a un lugar más privilegiado del que ahora tenemos… si se despistan en pactos con corpúsculos secesionistas y enemigos de la nación española, lo terminaremos pagando todos, ellos y nosotros. Es su momento, ahora tienen la capacidad, como le gusta despedirse al Presidente ¡buena suerte! Y ahora, llámenme soñador si quieren…

 

 

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