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Artículos

08/03/2008 - CanariasLiberal.org
Artículos cedidos por Santos Mercado

EL FENÓMENO UNIVERSITARIO
Santos Mercado Reyes*

Se cuenta de un pueblo costeño muy laborioso que cada año sufría los
embates de los piratas para llevarse lo mejor de sus cosechas,
animales y mujeres. Para reducir el daño, los costeños escondían lo
que podían y dejaban la cantidad suficiente para que los ladrones
satisficieran su hambre y sed y terminaran por irse sin provocar
mayores daños. Era como si los pobladores tuvieran que pagar un
impuesto a los piratas para que los dejaran en paz los siguientes
doce meses. Y así se repetía la historia año con año. Bueno, hasta
que los lugareños decidieron, valientemente, tomar cartas en el
asunto y se acabó el problema. Armaron su ejército y los saqueadores
no volvieron más.

Este cuento me regresó a la mente por la huelga que sufrimos otra
vez en la Universidad Autónoma Metropolitana. Nuevamente el
sindicato nos lleva a una huelga donde saldremos perdiendo una buena
parte de nuestro salario aunque los líderes nos van a anunciar que
habremos ganado un fabuloso 4.25%. Además del recorte salarial,
durante el tiempo que dure la huelga, también perderemos proyectos,
investigaciones en los laboratorios de la Universidad, becas, etc.
Ya lo sabemos, ya lo sabíamos pero todavía no estamos decididos a
enfrentar esta pesadilla. Todavía soportamos que el sindicato use a
la Institución para cobrarnos la cuota sindical; el sindicato obliga
a la Universidad pagar el sueldo de casi cien "delegados" para que
cobren sin trabajar; exige presupuesto para gastos de mantenimiento
de los edificios sindicales, etc.

Cada vez, los profesores, investigadores y trabajadores
administrativos, tenemos más la percepción de que sin sindicato
trabajaríamos mejor. Pero también es posible que aunque no hubiera
sindicato, persistirían los vicios propios de una institución que
vive, no del mercado, sino del erario, de la ubre gubernamental.

¿Qué se podría hacer para evitar que los piratas sigan molestando la
labor constructiva e innovadora de los docentes e investigadores en
las universidades públicas?

Quizás haya que pensar en cambiar de esquema. ¿Será posible que los
investigadores dejen por un momento sus laboratorios de
nanoelectrónica, medicina biomolecular y topología diferencial para
poner todo su talento en construir el modelo de universidad que
queremos?

Pero antes es necesario convencerse que el modelo de universidad que
tenemos está agotado. No es tarea fácil pues tendríamos que tener
una idea clara de qué tipo de institución hemos heredado.

Un profesor que sale de su doctorado, consigue una plaza en una
universidad pública para impartir un par de materias aquí otras en
una universidad privada, nunca entenderá el modelo, pues se la pasa
corriendo de chamba en chamba.
O aquél investigador que se encierra en su laboratorio para estudiar
bichos raros y después de una jornada larga regresa a su casa para
seguir con su rutina al siguiente día, tampoco puede entender el
problema universitario. Incluso, aquél funcionario que se la pasa
todo el día organizando los horarios del próximo año, tampoco podrá
saber por qué no funciona bien el sistema. Sin embargo, todos ellos,
poseen una parte de la verdad y lo que haría falta es comunicarse
entre todos los actores. Esto es lo que se llama "vida
universitaria". Pero no hay tal en nuestras universidades públicas.
Y no hay porque casi nadie siente la necesidad de ello. El
investigador sabe que tiene el sueldo seguro y que tiene que
preocuparse por hacer sus reportes a CONACYT para que le sigan dando
su beca libre de impuestos. El profesor sabe que su sueldo está
garantizado de por vida, ¿por qué tendría que preocuparse si
funciona o no el modelo que tenemos? De hecho, piensa que funciona
bien pues cobra su sueldo sin mayor problema (salvo si hay huelga).

Lo mismo el trabajador que barre los salones no está interesado en
averiguar si el modelo es bueno. Da por hecho que es bueno pues hay
un sindicato que lo defiende cuando su jefe que le exige salones
limpios.

Tampoco el sindicato estaría interesado en cuestionar al modelo
vigente, pues mientras reciba las cuotas sindicales y tenga el
derecho de clausurar las puertas de la universidad para que nadie
entre, siente que está bien y que no hay nada que cambiar.

Pero incluso, los altos funcionarios de la universidad tampoco
están dispuestos a cambiar de modelo: Ganan bien (sueldos
inconfesables), hay bonos mensuales, créditos blandos, viajes,
viáticos, etc. Y cuando hay huelgas, paros (de casi un año), sus
sueldos no se deterioran, no pierden ni un centavo ¿qué necesidad
tienen de cambiar las cosas? La verdad, ninguna. Prefieren defender
el Status Quo y ceder parte del botín ante un aguerrido sindicato
para que siga la fiesta, después de todo, los funcionarios, no
pierden dinero, pues no es de ellos, viene del Estado.

Los alumnos podrían ser la fuerza transformadora, al menos eso
aprendí en mis años mozos, cuando cerrábamos el Instituto
Politécnico Nacional hasta conseguir nuestras demandas. Y
conseguíamos todo, quizás porque no atentábamos contra las
estructuras fundamentales de la Institución. Pero los estudiantes
tampoco tienen una idea clara de qué modelo imponer y muchos de
ellos se dejan manipular por líderes marxistas que ostentan
doctorados de Harvard University. Esto quiere decir que hay escasas
esperanzas de un cambio endógeno, que surgiera de las entrañas de la
universidad.

Otro actor importante en esta problemática es el gobierno. Pero éste
se siente atado de manos debido a la autonomía universitaria. Bueno,
aunque se observa que donde sí podría establecer políticas, (IPN,
por ejemplo) tampoco lo hace, y sospecho que es porque no sabe qué
hacer.

Finalmente, el agente más olvidado, aunque el más importante, pues
es el que pone los dineros para que las universidades públicas
sobrevivan: el pueblo. No me refiero a los hombres de negocios,
pues aunque aportan algo, son los que menos dan, pues se las saben
arreglar para pagar pocos impuestos y que bueno, pues amortiguan así
el desastre.

Tampoco me refiero a la clase media, pues aunque son contribuyentes
cautivos, no son los que ponen la mayor cantidad de recursos. Más
bien, me refiero por pueblo al grueso de la población, esos de la
extrema miseria (45% de la población) que, aunque no se crea, son
los que más alimentan monetariamente a las universidades públicas
(por cierto son los que nunca tendrán a sus hijos en ellas). Pero
este actor tampoco sabe qué hacer, así que recibe resignado, su
papel de sostener económicamente un sistema educativo ajeno a sus
intereses.

En fin, hace falta discutir mucho la universidad que nos tocó
sufrir. Quizás algún día la entendamos y podamos actuar como esos
costeños para evitar que nos destruyan de noche lo que de día
construimos. FIN 24 feb 2008
*Doctor en Ciencias por la Universidad Autónoma Chapingo
Profesor investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana
Director del Seminario de La Escuela Austriaca de Economía
Mis artículos se alojan en Asuntos capitales y en
Contrapeso




HUELGA EN LA UAM
Santos Mercado Reyes*

El Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad
Autónoma Metropolitana (SITUAM) estalló la huelga el primero de
febrero a las 11 p.m. ¿Cuántas huelgas ha padecido la UAM desde su
creación en 1974? Ya perdí la cuenta pero es uno de los deportes
favoritos desde que nació.

Antes de que estallara, anduve sondeando qué querían los
trabajadores, profesores y alumnos. Nunca encontré a un solo
universitario a favor de la huelga, incluso me acerqué a los más
allegados al sindicato para provocarles "¡estallemos la huelga!" y
todos me miraban con desaprobación. Luego, entonces, ¿por qué
estalló si nadie la quería? Por supuesto, los alumnos eran los
menos deseosos de que las puertas se cerraran.
Bueno, la huelga estalló porque tenía que estallar a como diera
lugar, de acuerdo a la visión de los líderes sindicales. Había que
pedir lo inalcanzable para tener el pretexto adecuado. "Queremos 35%
de aumento en los sueldos o estallamos la huelga" decían las
pancartas del sindicato. Si la UAM les hubiera ofrecido el 34.99 %
de todos modos se hubiera estallado "porque la UAM no satisface
nuestras demandas".
Así es el deporte de las huelgas sindicales. En realidad, poco
importan las demandas, el objetivo es incrementar el poder de los
líderes sindicales ante cualquier rector que se atreva a
menospreciar al sindicato.
Por cierto, este rector, con tal de evitar el entallamiento de
huelga concedió demandas que no debía. Pensó en la buena voluntad de
los líderes sindicales y estoy seguro que ahora está arrepentido, es
el precio de la novatez.

Algún presidente dijo recientemente que los tiempos de crisis son
oportunidades que desafían nuestra inteligencia. Ciertamente, la
pregunta es ¿Cómo debe resolverse el conflicto de la UAM?
Este conflicto ya rebasó las fronteras de la UAM y ahora debe
intervenir el gobierno federal aunque seguramente lo hará sin
anunciarlo, por eso del respeto a la autonomía universitaria. Hay
varias alternativas:

a) Si el gobierno concediera lo que piden los líderes, es
decir, el 35% de aumento. Daría una señal al resto de las
universidades para que demanden el mismo o mayor porcentaje. Daría
una señal de que el sindicato puede lograr lo que desee, y éste no
desaprovecharía la oportunidad. Ahora, para dar ese aumento, el
gobierno tendría que incrementa los impuestos, digamos, subir el IVA
para que la población aporte el dinero que quieren los
sindicalistas; pero también podría pedir dinero prestado y endosarle
el pagaré a las generaciones futuras, o podría extraer más petróleo
para venderlo en el mercado internacional o bien, podría poner a
funcionar la maquinita de hacer billetes para imprimir todo el
dinero que pide el sindicato y los demás sindicatos que sacarían
inmediatamente las garras. MALA SOLUCION.
b) El gobierno puede adoptar una política de "ni un peso más" y
sentarse hasta que el sindicato acepte el porcentaje ofrecido
originalmente. Esto llevará a un conflicto de 50 días. Los
trabajadores regresan derrotados, como siempre y con el aumento
recibido ya no compensan el salario perdido, terminamos peor que
antes de iniciar la huelga. Bueno, en realidad los profesores
habremos disfrutado de unas vacaciones de 50 días a medio sueldo,
los trabajadores de confianza no habrían perdido nada pues su
salario sigue fluyendo durante todo el tiempo de huelga. Los
directivos tampoco pierden.
Los que si pierden irremediablemente son los alumnos. A ellos nunca
se les pregunta si apoyan la huelga, simplemente se tienen que
someter. Y se someten pues no se sienten con el derecho de reclamar
puesto que no están pagando, reciben "educación gratuita"
Pero otro gran perdedor que ni se ve, ni se le pregunta, es el
contribuyente, es decir, el que verdaderamente pone los recursos
para mantener a las "universidades gratuitas". El contribuyente
puede mirar que se usan mal sus recursos, pero no sabe qué hacer,
cómo obligar a que no se desperdicien sus dineros para satisfacer
los caprichos de la burocracia sindical y universitaria.
¿Habrá alguna forma de administrar mejor los recursos de tal manera
que no se generen estas huelgas locas donde casi todos perdemos?
Es tiempo de hacer una gran reforma al sistema de universidades
públicas a fin de que no se siga tirando el dinero a la basura. FIN



*Doctor en Ciencias por la Universidad Autónoma Chapingo
Profesor investigador Titular TC en la UAM-A
Director del Seminario de La Escuela Austriaca de Economía
Mis artículos se alojan en Asuntos capitales y en
contrapeso

 

 

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