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06/03/2008 - José Ramón Arévalo Sierra
Gane quién gane, nosotros perdemos


No se equivoquen, el título no evoca un pensamiento ácrata alternativo ni una actitud antidemocrática. De hecho iré a votar el día en cuestión, a primera hora con un voto que ya tengo muy decidido, como el 95% de todos los que piensan ir a votar. Pero debido al sistema tan particular que tenemos en nuestro Estado, lo que creo, es que independientemente de quién gane, España lo tiene crudo. Lamentablemente eso es lo que pasará y no lo que se está mostrando en la campaña.
A todos los que hayan seguido los debates, les habrá dado la sensación de que estamos ante dos hombres de Estado con una idea clara del fortalecimiento de la nación española y con un programa que atiende a las necesidades de aquellos ciudadanos carentes de tales. Eso nos puede hacer pensar, que después de tres años, Zapatero ha bajado escaldado del monte de tomar xiquitos con terroristas (o eso dice, que a este paso, el día que diga una verdad se va a poner colorado). Un Zapatero que viene escarmentado de cogerse de la mano del Robira que le ha puesto ya un referéndum de secesión, o del Ibarretxe, que le ha puesto el referéndum para este año mismo; ahora se le llena la boca de España cada vez que habla, vista la elección a la vuelta de la esquina. Otegui ha dejado de ser un hombre de paz, y el Ternera anda a buen recaudo. Una vez agotada la herencia económica, pareciera que quisiera dar un par de golpes de timón a la economía y enderezarla gracias a la experiencia de Solbes y las dos tardes de economía que le impartió Jordi Sevilla. Vamos, que han propuesto la defensa del Estado español y la de sus ciudadanos y una visión algo más liberal de la economía.
Poco o nada de espacio a la crítica dejaron en este sentido a la derecha, tan sólo los detalles folclóricos y la purpurina que suelen llevar acompañada la izquierda. Por ejemplo, lo del matrimonio “gay” que de facto no incorporaba ningún derecho de los ya adquiridos por la ley de parejas de hecho (recordemos que todavía el tema de adopción anda en litigio) se hizo para chinchar al sentir de la Iglesia Católica, que se limitó a criticar el hecho semántico del concepto matrimonio. Las regularizaciones masivas de inmigrantes que supusieron una llamada a jugarse la vida en cayuco para muchos africanos han pasado a la historia y no volverán a ocurrir y ahora se han puesto serios, aunque algo tarde y vistas las elecciones a la vuelta de la esquina. Luego tenemos al Moratinos cantando “Akuna Matata” en sus viajes al continente africano y a la Vicepresidenta haciendo la pasarela Mandinga. La Alianza de civilizaciones, entre un cura de Islandia, un maorí, una jequesa, Evo Morales y Mahmud Ahmadineyad (por cierto, decirle a Robira, que yo no creo, como el dice, que todos los españoles sepamos decir y pronunciar bien tal nombre, de hecho yo lo he tenido que buscar en la Wikipedia) ha pasado a ser una parranda de amigos, donde además, cada vez son menos amigos, a tenor de los pequeños problemillas que surgen entre las delegaciones Otomanas y Occidentales.
Por su lado, la derecha sigue haciendo el mismo discurso de siempre: seriedad económica, defensa de los ciudadanos, lucha contra la inmigración ilegal, defensa de la educación y defensa de la libertad individual y de la dignidad de los enfermos y ancianos (ojo, defender la dignidad de un enfermo no es freírlo con calmantes, por mucho que se lo repitan). En su contra juega que durante los 8 años de mandato los ciudadanos percibieron una disminución de los efectivos en seguridad ciudadana, una caída en el nivel de educación similar a la acaecida en los últimos cuatro años, un aumento de la inmigración ilegal, aunque no hubieran regularizaciones masivas y algunos coqueteos con la banda terrorista, aunque ningún documento filtrado a la prensa hubiese indicado nunca el nivel de sumisión que había llegado a alcanzar el gobierno actual.
Vistos los debates, uno llegaría a pensar que con esas visiones que nos presentan, y quitados los detalles menores de meter el dedo en el ojo de la iglesia, que el día que nos cobre todo lo que le debemos por su labor caritativa vamos a tener que pedir un préstamo al Banco Central Europeo, y otros como hacer cutrerías delante de la bandera de los Estados Unidos, tendríamos dos políticas con cierta similitud y preocupadas por nuestro devenir. El problema se presenta con los pactos. Parece ser que ningún partido obtendrá mayoría absoluta. Si el PP gana las elecciones, su único pacto posible es el PSOE. Zapatero y su banda no están por la labor, con lo cual tendremos un gobierno en minoría, con una inestabilidad que terminaría convirtiendo el Congreso en una especie de zoco de demandas. Si gana el PSOE, no dudará en pactar con cualquiera que le de la presidencia, desde secesionistas a regionalistas, recuperando una especie de pentapartito a la mallorquina. Este sería incluso peor, porque las decisiones que afectan a todo el Estado, vendrán controladas por corpúsculos minoritarios sin ningún interés en el mismo. Vamos, que ambos panoramas son para echarse temblar.
Sin embargo, hay algo que cada día me está llenando de optimismo y que ya ha pasado en otros países. Todos sabemos que la política italiana deja mucho que desear, ya que las sesiones se dirimen a golpe de escupitajos. En el caso de México también ocurren cosas como congresistas durmiendo en las tarimas para que nos los echen. Sin embargo, y aunque tengan algunas diferencias, para cualquiera que haya viajado, habrá percibido que son países con un funcionamiento aceptable y una dinámica comercial muy positiva. De hecho Italia es la octava economía del planeta (España ha dejado el puesto 8 que mantuvo por unas horas). En estos países, la ciudadanía, gracias a cierto liberalismo económico y social, ha consolidado una democracia, de manera que con independencia de sus nefastos políticos, hacen que el país funcione. Creo que España va por buen camino, y sus ciudadanos consolidan el Estado, y cuanta más libertad económica y social haya, mejor para todos. Como ejemplo valgan los tres últimos años de gobierno, y como pueden ver, ahí seguimos…

 

 

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