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02/02/2008 - José Ramón Arévalo Sierra
España no tiene talento

España no tiene talento

O eso, o el productor de la versión española ha debido ser educado en una madraza euskalduna, , o en un centro de esos de reeducación catalana donde se encierra a niños españoles, o estudió en una galeskuna de nueva creación. No se puede explicar de otra manera el cambio en la denominación del programa con respecto a sus versiones en otros países. Por hacer un breve corolario de los mismos: Gran Bretaña tiene talento, Estados Unidos tiene talento, Francia tiene talento, Canadá tiene talento, Japón tiene talento (aunque en este caso buscan todo lo contrario), Suecia tiene talento… y así sucesivamente. Aquí el programa solo se llama: “Tienes talento”.

Por cosas como estas ya he dicho desde hace mucho tiempo que la batalla está perdida con respecto a los apólogos de la secesión, y donde desde el violento pertinaz (u hombre de paz, depende del momento considerado por nuestro gobierno), hasta el cateto de boina calada hasta los ojos y navaja en la faltriquera, consideran que sus reclamaciones de nacionalidad son dignísimas y tremendamente justificadas por una historia que cada uno se ha encargado de manipular a su gusto. Se empieza con algún salvador de pueblos oprimidos, al que la vida ha ninguneado, dando los principios básicos de su patria y se termina con algún descerebrado pegando tiros o tirando cócteles molotov al primero que pase por allí. Es una labor de lo más agradecida, porque los resultados que da son espectaculares. Si usted intenta convencer a su vecino de que los problemas económicos se pueden aminorar eliminando tanta intervención estatal, no se preocupe, que en muy raras ocasiones lo entenderá. Sin embargo, vaya usted, coja a su vecino, al que tenga escasas nociones de letras, y explíquele cómo nuestro pueblo ha sido invadido por fuerzas extranjeras, ponga una fecha en función de algún hecho histórico sobre el comienzo de la invasión, adórnelo con grandes humillaciones a las que supuestamente haya sido sometido su pueblo, y dele la matraquilla con que el pueblo esto, el pueblo lo otro hasta que su receptor pueda darle cuerpo a la palabra pueblo, rellenándolo de derechos esotéricos que estén por encima del bien y del mal. De esta forma, creado ese pueblo, de ancestrales orígenes, solo basta deshumanizar a todos aquellos que no se han creído las patrañas. Una vez deshumanizada la persona, es fácil convencer a cualquier jovenzuelo de botellón y educado en la LOGSE, de tomar represalias contra los mismos. ¿A que parece un cuento de ficción? Pues así lo ha mostrado la historia en diversas ocasiones. Ocurrió, siguiendo estas pautas, en el genocidio Armenio, ocurrió con las purgas de Stalin, que no eran más que otra forma de genocidio, en los genocidios ocurridos en distintas partes de África, y con el genocidio judío. Nadie nos dice que no vuelva a ocurrir, si le ocurrió al pueblo más informado, más culto, más desarrollado de Europa, una vez ¿por qué no puede volver a ocurrir?

Tienen razón, me he ido a un extremo tremebundo, y todo por un simple título de programilla de reality de poca audiencia. Pero es que si hay algo más ridículo que los nacionalismos en los albores de este siglo (de cualquier tipo, no se libra ninguno, ni pacífico, ni violento), es el de los comprensivos con este tema y los pusilánimes con el fenómeno, por un complejo de culpa que le ha inoculado la labor ejercida por estos movimientos que ponen los derechos de los pueblos por encima de las personas. Y como se les sigue riendo las gracias, pues terminan convirtiendo cualquier región, por pequeña que pudiera parecer, en un grupo de Taifas, recuperando la tradicional España donde las relaciones entre Villanueva de Arriba y Villanueva de Abajo son imposibles y sus posiciones irreconciliables. Así los de Villanueva de Arriba, para evitar que los de Abajo trabajen en su ciudad, han inventado el requisito de conocer de corrido el himno del pueblo y al menos el nivel C del baile típico. Los de Villanueva de Abajo no han sido menos y han inventando que para trabajar en el pueblo es necesario un certificado de nivel B de conocimiento del nombre de todos los jugadores del equipo de fútbol local o en su defecto el nivel C de conocimiento de los últimos 20 alcaldes del pueblo.

Todo ello se desencadena, aunque empezaría mucho antes, cuando nuestro presidente salió con una de esas sentencias solemnes con las que nos suele castigar y posiblemente aportada por su comité de sabios bachilleres: “España es un concepto discutido y discutible”. Pues en buenas manos hemos caído, ¿alguien que vacía de contenido la palabra España, favoreciendo el relleno de cualquier pueblo, región o comunidad de vecinos, tiene que ir a defender nuestros intereses en foros internacionales? Y siguiendo así, se busca un himno para los verdes valles y la hermandad, se elimina el español de la educación en algunas regiones, se nombran hombres de paz a personajes de dudosa reputación y se nos agrupa con países de no menos (no voy a decir ya dudoso) crédito en lo que respecta al derecho de las mujeres y los homosexuales. Vamos, como dábamos algo así como entre pena y risa a los países serios del planeta, nos hemos inventado la Alianza de Civilizaciones. Ahora sí que somos respetados, codeándonos con Venezuela, Mongolia, los Scouts, los maoríes, un profesor de escuela sueco y una jequesa.

Puede que ahora me estén acusando de apocalíptico. Yo también estoy de acuerdo con que el nombre de un programa no va a romper a este país de al menos 300 años de historia, de los más antiguos de Europa y que ha mostrado una gran funcionalidad en los derechos y servicios a sus ciudadanos. Pero no hace mucho tiempo, un escritor de poco éxito, con posiciones xenófobas, a través de unos escritos de pobre prosa, llegó a convencer a algunos de sus conciudadanos, de que si el vecino del pueblo de enfrente se estaba ahogando, en vez de echarle una cuerda, recordaran decirle: “lo siento, no entiendo tu lengua”.


 

 

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