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21/01/2008 - José Francisco Fernández Belda
El libro 'Sombras en el paraíso'



Como un soplo de aire fresco, sobre todo en estos días donde los medios de comunicación y las conversaciones parecen no tener otro asunto del que hablar que de los políticos, sus pompas, obras e inauguraciones precipitadas, he tenido la suerte de poder leer y saborear el segundo libro de la escritora canaria Mª Esperanza González-Grimón, titulado precisamente “Sombras en el Paraíso” y de subtítulo “Relatos en Gran Canaria II”. (Agosto 2007, 139 pág. e ISBN 978-84-611-9372-1, datos para aquellos a los que animo a adquirirlo).

Incorpora una colección de seis narraciones cortas, mezcla de sentimientos y vivencias de la autora con una especie de visión céltica de la vida, al menos tal como se puede encontrar en la Galicia o en la Escocia profunda y popular. A eso le ayuda el ser rubia, de ojos azules expresivos y de haber visto con ellos mucho mundo, teniendo así una mejor perspectiva para apreciar las sombras que puede haber en este nuestro Paraíso.

Pero tal vez lo más atractivo y encantador de su prosa, son las sencillas y cuidadas metáforas con las que describe las situaciones de forma muy gráfica, demostrando una gran sensibilidad y un buen nivel de observación de las cosas. El Sol brillaba como una moneda recién acuñada.; en la trilla extraían el dorado grano de la vencida espiga; el viento, que movía anárquicamente las ramas de los árboles, parecía no estar seguro de en qué dirección soplar; tuvo la impresión de que la sombra de su imagen (la de un amigo que acababa de marcharse) se había quedado en la terraza por unos instantes, como en el negativo de una foto; el tiempo se me ha ido como el dinero (para justificar llegar tarde a una cita). Y así otras muchas más.

Hace notar al lector, así como de pasada, lo que realmente implican ciertos latiguillos coloquiales, de uso corriente. Un ejemplo podría ser el diálogo tras encontrarse dos amigas en la calle: ¿Tomamos café? Sí, vamos. Ninguna de las dos tomó café, una cerveza una, la otra un refresco. Pero mucho más interesante es cuando manifiesta el deseo o la necesidad de tanta gente que vive en una sociedad asfixiante de alejarse por un tiempo: Tenía que poner agua y aire de por medio. Como ella es isleña de nacimiento, aunque por elección vive en una isla, no pone “tierra” entre ella y el Paraíso, pone la realidad: dos inmensos cielo y mar.

También Esperanza González-Grimón nos hace reflexionar sobre ciertos usos que aún hoy se hacen del tú y el usted en el ámbito familiar. Por ejemplo, cuando el padre o la madre considera necesario dar una orden a un hijo y no tiene muchas ganas de que se le discuta su autoridad en ese momento, usa un sonoro y solemne “usted”, mientras que deja el “tú” para las cosas que admiten discusión o que son meras recomendaciones o sugerencias.

Encabeza el libro un relato titulado Fénix, que nos hace caer en la cuenta de una curiosa circunstancia en la que, al menos yo, nunca había reparado. En la azotea del edificio conocido por La Unión y el Fénix, frente a la Ermita de San Telmo en la capital grancanaria, hay una voluminosa estatua que representa un águila sobre la que cabalga un joven con gorro frígio y como saludando al mundo. Siempre había pensado que ese conjunto escultórico representaba al ave mitológica que renacía de sus cenizas y que prestaba su nombre, Fénix, a la compañía de seguros ubicada en ese edificio. Pero la autora nos hace caer en la cuenta de que en realidad representa el mito de Zeus, transformado en águila, que rapta al joven Ganimedes, pastor frigio hijo del rey Tros fundador de Troya, para hacerlo su amante y copero de los dioses del Olimpo. Por cierto, no hay que confundir a este muchacho, icono de la pederastia, con Ganímedes (palabra esdrújula), que fue un eunuco al servicio de Cleopatra y que ha dado nombre a la luna de Júpiter y a un asteroide.

Aprovechando además que de dioses griegos va el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria de este año, también cabe destacar el relato que sobre estas fiestas se incluye en este buen libro. La autora recuerda sus vivencias, y nos las hace recordar a los que ya acumulamos demasiados lustros. Sobre todo contrasta la espontaneidad, creatividad y explosión de imaginación, con la que se corrían los carnavales hace ya algunos años. Tampoco faltaba entonces, ni ahora, alguna dosis de vulgaridad y mal gusto. Hoy los carnavales ya no son tan libres y desaforados, están medio secuestrados por los políticos, que hasta les asignan un tema para los disfraces, coartando la libre expresión, al tiempo que pretenden circunscribirlos a una zona llena de puestos de alcohol como si tan sólo de beber hasta la borrachera fuera la fiesta.

En resumen, un libro de grata y casi obligada lectura para todos aquellos ya talluditos que gusten recordar otros tiempos y vivencias o para que las nuevas generaciones conozcan una parte del origen de nuestra peculiar idiosincrasia. Gracias doña Esperanza por sus relatos.

jfbelda@teleline.es

 

 

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