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09/01/2008 - José Ramón Arévalo Sierra
De comisiones, observatorios y comités de sabios


Las comisiones, los observatorios y los comités de sabios tienen la pinta de venir a ser algo similar, por lo tanto a todas ellas se les puede aplicar el dicho atribuido Churchill: “cuando quiero que se resuelva un problema, busco un responsable. Cuando quiero empantanarlo creo una comisión”. En los ambientes retroproges son muy populares este tipo de corpúsculos que se crean supuestamente para resolver eventualidades y ayudar a los gestores a la toma de decisiones, y para ello se reclutan miembros prestigiosos de nuestra comunidad, intelectuales y sabios. Claro que con estos adjetivos, cualquier persona normal empieza a sentir como les están expoliando la escarcela a plena luz del día.
Todos los miembros de estas nobles agrupaciones son elegidos dedocráticamente por el político del momento con la única intención de darle brillo intelectualoide a las decisiones previamente tomadas. Claro, que los adjetivos de prestigiosos, intelectuales y sabios son harta vacuas y que así cualquiera entra en el saquillo. O sea, campo abonado para la contratación de amigotes, conocidos, diletantes, vendedores de humo, estómagos agradecidos y demás ralea. Pero por empezar comentando algunos de estos, tendríamos el comité de sabios contratado por el gobierno para analizar la situación de TVE; después de muchos meses de deliberación, reuniones con sus correspondientes dietas de viaje y manutención, sueldos designados a los sapientísimos, llegaron a la conclusión tal que: “Hay que poner más dinero por parte del gobierno para que el chiringuito sea rentable”. La vicepresidenta cuando a fue a recoger el informe se hacía la sorprendida, como diciendo… ¡menos mal! si no es por ustedes nunca nos habríamos dado cuenta. En fin, les permitió vivir de forma acomodada por un tiempo a cargo del heraldo público, y que mejor que gastárselos en bandas de sabios con funciones anodinas. Todo sea por hacer honor a su conocimiento profundo en una materia, ciencia o arte.
Hay otra modalidad dentro de las ya mencionadas, son las Agencias. Estás se han visto como elementos fundamentales para dar trabajo a elementos errantes dentro de los partidos políticos y que necesitan ser compensados por actividades pasadas, pero que al día de hoy no tienen capacidad de actuación. Para todo ello, las Agencias son muy útiles. Qué mejor ejemplo de todo esto que la Agencia Canaria para La Lucha Contra el Cambio Climático. Obviamente todo el mundo ha comprendido que era fundamental contar con esta agencia, ya que el principal problema de Canarias es el Cambio Climático. Vamos, que todos los Canarios nos íbamos a la cama todas las noches con una intranquilidad y una aprehensión pensando que mañana haría más calor debido a nuestro uso exacerbado de la luz y el ordenador. Por ende, unos cuantos millones de Euros que servirán para pagar las labores desarrolladas en el pasado a un director, una banda de secretarios que tendrá para llevarles las cuentas de cuanto CO2 nos estamos ahorrando y algunos consejeros folclóricos locales. Parece ser que desde que se ha creado la agencia se ha parado el calentamiento en Canarias, la playa de las Teresitas ha aumentado cinco centímetros y la de las Canteras otros cinco (ala, ahí, encima sin pleito insular, ahorramos CO2 por igual) y por las noches se ve que empieza a refrescar. Si es que lo que no consiga una agencia…
Los observatorios siempre me han parecido muy graciosos. Se ponen a observar lo que ocurre con intención de buscar soluciones, que generalmente siempre están, pero que el único problema que tienen es que no se ponen en práctica. En cualquier caso, en las camadas de observatorios hay sitio para dar vidilla a un puñadito de almas errantes que de otra manera no parece que tuvieran fácil la supervivencia.
No quiero olvidar la figura del intelectual, un concepto que desde mi más tierna infancia me había llamado la atención. Cuando veía salir un personaje popular en la tele, y debajo en subtítulos aparecía la palabra “intelectual”, creaba en mi un desconcierto, porque incluso después de ver lo que había comentado susodicho personaje, me era imposible llenar de contenido el concepto.
Las últimas, y más tradicionales de todas estas son las comisiones, las cuales se han popularizado de forma manifiesta en los últimos años y que tienen pinta de ser una tradición de anglosajones, que para mí, nunca va a cuajar en los países latinos. Los anglosajones tienden a reuniones en las cuales de la discusión salen las ideas mayoritorias y mejor consensuadas. Para los latinos, como nos reunamos más de cuatro, tenemos grandes riesgos de terminar hablando de fútbol, o de mujeres en caso de que no aparezcan comisionadas. Al latino, cuando nos ponen en una comisión, tenemos un ansia desaforada de decir una chorrada mayor que la que ha dicho el anterior comisionado (¡ok! Acúsenme de estereotipar si quieren). Así, a mayor número de miembros, mayor cantidad de chorraditas que perpetúan para siempre la susodicha comisión. Bien, busquen ejemplos, y los resultados de estas catervas de grupos de personajes, por lo general no ofrecen ningún tipo de solución, unas conclusiones conocidas de antemano y unas soluciones triviales que no resuelven nada.
La siguiente amenaza que nos acaece es que parece ser que nuevamente, y con ostentación, se creará algo de esto que no recuerdo si me han dicho que será observatorio, agencia o comisión para el seguimiento de las obras del Puerto de Granadilla. Supongo que al día de hoy ya habrán buscado a algún folclórico local, bien pagado, al que darán unos cuantos millones para que satisfaga a algunos amigos y terminará diciendo lo que se suponía que debe decir y para lo cual se creó el elemento.
En fin, no sería tan molesto todo este asunto si no fuera porque nos está costando un dineral. El problema no es que se gaste el dinero, la pena de todo esto es que se podría gastar de forma mucho más eficiente… pero qué más da, el dinero público, al fin y al cabo, no es de nadie (ministra Carmen Calvo dixit).
Muy feliz año 2008 a todos…

 

 

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