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08/01/2008 - José Ramón Arévalo Sierra
Don Juanfer, de Adelantado a El Breve


Tenían todos razón, sobre la efímera estancia de Don Juanfer el Adelantado en las colonias de ultramar, lo que le ha convertido, según definición del Presidente de nuestra comunidad en Don Juanfer el Breve. Si bien es cierto que ya estaba más tiempo haciendo la gaviota en los Madriles, los últimos mensajes por parte de su maltrecho ejército en plan: “Es mucho más útil para Canarias en Madrid”, “realizará mejor trabajo allí”, “su gran inteligencia y gran capacidad no se pueden desperdiciar trabajando en la oposición de nuestro parlamento”, etcétera, auguraba ya tal destino. Han salido ya a poner paños calientes para explicar el hecho de que venir a trabajar por Canarias en Canarias es perder el tiempo y desperdiciar la sapientísima inteligencia de tamaño personaje.
Fue enviando con toda su petulancia y esnobismo, como los niños bien de familias acomodadas, a salvarnos a los pobres isleños de un gobierno incompetente, corrupto, malversador y lo peor de todo, de derechas. Su hermanísimo ya había dado muestras de lo que nos pretendían enviar, con declaraciones públicas de lo más soez que se han podido escuchar en el archipiélago. Sin embargo, hay que decir que la jugada salió bien, y ciertamente, nuestro Adelantado, hoy Breve, por aquella época consiguió un éxito que recordaba y recuperaba al PSC de sus mejores tiempos. Eliminó a la guardia avanzada, que abandonada a su suerte, durante tantos años peleó en las islas, una guardia que contaba con experiencia, trabajo y dedicación, y puso a unos novedosos espadas al frente. Entre eso y cuatro cosas más se dijo a sí mismo: “Esto está hecho”.
Ya antes de las elecciones, nuestro Adelantado (repito, hoy Breve) cargó con sobre sus oponentes políticos, realizando una de las campañas más agresivas que se conocen en el archipiélago, con la inestimable ayuda de grupos de comunicación y de las casuales detenciones de oponentes políticos, con luz, taquígrafo y gran despliegue de medios a horas punta del día, en contraposición con su puesta en libertad sin ningún tipo de cargo 24 horas después, a las que no solía presentarse ni el reportero del periódico de su comunidad de vecinos. Él se presentaba como el garante de la limpieza, como única solución a esta balsa de corrupción y podredumbre que según su propia interpretación de lo poco que había visto, era el archipiélago. Mostraba a los políticos que habían dirigido Canarias en los últimos años como una banda de salteadores de caminos, aficionados a la faltriquera ajena y pública. Y todo ello sin ruborizarse, evidenciando lo poco listos que habíamos sido por tenerlos tantos años dirigiendo nuestras riendas. Qué ciegos habíamos estado; pero ahora él se presentaba como el faro de occidente que en las colonias de ultramar alumbraría nuestro tortuoso camino.
Y hete aquí que llegaron las elecciones, y los resultados siendo buenos, no fueron los que él hubiese deseado. Necesitando de los votos de otros grupos para hacerse con la presidencia, mostraba su bajo calibre de negociador y su poco interés en trabajar con Canarias, forzando unas condiciones inaceptables. Al fin y al cabo, la presidencia, que era lo que le pedían, era lo que siempre había ofrecido el PSOE en otras comunidades de nacionalismo irreverente comparado con el de aquí. Pero nada, nuestro Breve se puso flamenquito. La otra opción, pactar con los conservadores, que en su tiempo defendí (y por la que ahora hago cargo de constricción con 20 latigazos), dado el talante de nuestro Breve, hubiese sido una equivocación. Al final, don Juanfer, vio que lo único que satisfacía sus ansias de poder era la presidencia. Está claro, no iba a dejar un Ministerio por una consejería cualquiera en una comunidad allende los mares. Nada de lo que le ofrecieron le pareció suficiente, él quería el sillón del reino, la presidencia.
Finalmente, y fruto posiblemente de su desconocimiento del funcionamiento de la política en estos lares, y de no saber negociar con unos grupos a los que siempre miró con aires de superioridad (como el acomodado mira al hijo del obrero que llegó a la universidad), complementado con unas torpes maniobras, en las que parecía que seguía haciendo campaña el día después de las elecciones, se quedó en la oposición. ¡Qué humillación, qué ofensa, qué trueque tan desigual: El ministerio por una oposición en una comunidad de bajo rango para sus estándares y gran calidad! Y claro, empezó a arremeter con todo lo que se movía y a proseguir con su campaña. Los perdedores iban a gobernar canarias, los corruptos… ¡cómo se atreven! se le oyó clamar en el Roque de Agando con los brazos abiertos. Hacía como si no supiera que en el Cabildo de Gran Canaria la situación era la misma, donde el partido más votado pasaría a la oposición (de una manera mucho más elegante que haría él), gracias al tradicional secesionismo de partidos que acaece en las islas. Hacía como si no supiera, que el partido con el 49% de los votos, se quedaría en la oposición gracias a un pacto del pentapartito en la comunidad Mallorquina, y como si no supiera de cientos de ejemplos que se dejaban ver a lo largo de toda la piel de toro igual al suyo.
Y después de un tiempo, viendo y notando que se había acabado la campaña electoral, pasadas las elecciones, habiendo defendido unos presupuestos generales del Estado que castigaban a Canarias (por la osadía de no haberle puesto a él de presidente), cargó de nuevo sus naves y empezó a avistar nuevos horizontes, aunque en realidad nada nuevos, que le llevarían de vuelta al Puerto que le vio partir meses atrás. Había acabado el periplo conquistador de Don Juanfer el Adelantado, volvía, como aquella figura ilustre de la obra de Les Luthiers, Don Rodrigo el Adelantado, con una cofre lleno de baratijas. Y desde entonces se glosan sus andanzas por el archipiélago a los viajeros que pasan por las Islas Afortunadas, pero ya conocido en los documentos históricos como Don Juanfer el Breve.

 

 

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