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25/12/2007 - José Ramón Arévalo Sierra
El informe Pisa nos pone la cara colorada

Pues sí, el apocalíptico informe y sus resúmenes acerca de la pérdida de nivel educativo, que ha destacado en los medios de comunicación en la última semana, nos pone en un feo lugar. Por un lado, el nivel educativo de nuestros infantes estaba bajo con respecto a los que nos rodean, y por el otro sigue bajando, alejándose de la media, informe tras informe. Distintos analistas y eruditos no han parado de dar explicaciones e interpretar lo que ocurría según les bailaba el agua, o sea, según donde estén colocados políticamente. Así, en los ambientes retroproges, tenemos explicaciones tan variadas como las que dio nuestro Presidente, echándole íntegramente la culpa a los padres, porque somos unos burros y no sabemos educar correctamente a nuestros hijos; hasta las explicaciones del psicólogo pedagogo educador, que suelen ser por lo general incomprensibles y a los que al final solemos asentir ante todo lo que nos cuentan con tal de quitárnoslos de encima.
Desde ambientes más conservadores, obviamente no iban a ser menos, también han dado explicaciones, relacionando esta pérdida de nivel, obviamente, con la carencia de autoridad del profesor (hecho patente, solo tienen que darse una vuelta por los colegios), con los programas docentes que tienden al igualitarismo (es decir, el niño con menor capacidad de aprendizaje marca el nivel de la clase) y esa visión que se transmite desde algunos libros de lectura como los de Educación para la Ciudadanía, en la cual el esfuerzo, el trabajo, la dedicación y la responsabilidad deben considerarse como actitudes conservadoras y poco solidarias.
Estas dos visiones muestran a un problema complejo una solución sencilla, y ya lo decía Max Planck, famoso torero, que todo complejo problema tiene una solución sencilla que por lo general, es equivocada. Así es, en el fondo, ambos planteamientos, el retroprogre y el conservador, llevan algo de razón en parte, pero se equivocan en identificar el problema como algo sencillo de resolver.
De entrada ocurre un fenómeno al que yo denomino la “Paradoja Educativa”, y es que he podido comprobar que cuanto más dinero nos gastamos en educación y más psicólogos ponemos en el colegio, menor es el rendimiento del alumno. Decir que falta dinero para educación es una perogrullada, porque por lo general siempre faltara dinero para la educación, pero sí podemos decir que se invierte mucho más que hace 20 años, cuando el nivel se consideraba superior. Después la psicología está ahí, para decirnos que si el niño no aprueba es por su creativa concepción de la realidad y su extraordinaria sensibilidad al respecto, con lo cual aprobamos al sensible niño que no sabe hacer la “o” con un canuto, pero que es tremendamente creativo. Y al final, claro, cuando los resultados no vienen, volvemos a meter más dinero, como única solución al problema, creando esa especie de feed-back positivo, que en sistema biológicos supone la muerte.
Yo sin embargo, tampoco le haría mucho caso a estos rankings, sobre todo este de Pisa, y a pesar de que es patente el hecho de que nos encontramos inmersos en la paradoja, bien sea por incapacidad manifiesta de los gestores educativos y sus progres pedagogos a sueldo que nunca se han puesto delante de una clase de 40 niños cimarrones, o bien por otros aspectos difíciles de identificar, hay que resaltar otras cosas con respecto a nuestros jóvenes que nos dejan tan mal en Pisa: Estamos quizás ante la generación en la que la educación y la formación han llegado al 100%. Posiblemente sea también la generación más solidaria y que más voluntariado ha tenido jamás. Tenemos una generación en la que el bilingüismo puede ser una realidad, asignatura pendiente de las generaciones pasadas como la mía (ya saben esa definición de español: Aquel que estudia inglés toda su vida sin aprenderlo). Y también posiblemente una generación más sana que las anteriores, que fuma menos y que sí, que es cierto que se va de botellón y que hay droga por doquier, pero los números, sobre todo con respecto a este último aspecto no indican un empeoramiento.
¿Quién no recuerda cuando era joven lo que decían nuestros compañeros de cursos superiores sobre el nivel en el nuestro? Cosas como: Hace años era mucho más difícil aprobar la asignatura que ahora. Aún recuerdo en clases de Universidad, ver exámenes de otros años en los cuáles se les hacían preguntas a los alumnos de la misma asignatura que yo cursaba y con el mismo profesor, y que nos resultaban imposibles de responder. Mi padre tuvo una educación más estricta que la mía (lo poco que fue al colegio eso le pareció), y su padre a la vez, le decía a él lo mismo, y yo posiblemente, también le suelte la misma tabarra a los míos. Y así llegamos a la frase célebre “Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan el respeto a sus maestros”, que ustedes dirán, pues nada, eso se le ha debido ocurrir a Acebes o a alguno de estos fachas de la derecha. Eso es lo que pensarían nuestros preclaros educados en la ESO que no estudiaron los griegos, porque la frase es de Sócrates. Sócrates al que dicen envenenaron con cicuta por negar a los dioses, pero que la verdadera versión que yo creo que es la válida, es la que cuenta que a los jóvenes les daba lo mismo que negara a los dioses, pero que como era un viejo pesado, impertinente y protestón, y como por esos comportamientos como mucho te podían hacer una batucada en la puerta de tu casa, decidieron acusarlo de negar a los dioses y así mandarlo al otro barrio a que diera la lata allí.
Vamos, que esta visión que tenemos sobre los jóvenes, ya estaba por ahí dando vueltas en su formato actual hace unos 2400 años. Por todo ello, cuando se habla mal de los jóvenes, intento recordarlo, porque esa perspectiva, donde los vemos como egoístas, vagos, maleducados, insolidarios, etc. es posiblemente la que tenemos aquellos que nos hemos olvidado ya de lo que significaba ser joven.

 

 

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