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05/12/2007 - José Ramón Arévalo Sierra
Los criticones de la universidad


Como si de una banda de viejitas se tratara, no paran de arremolinarse alrededor del fuego individuos y demás personajillos de popularidad local a criticar y ofrecer sus soluciones mágicas sobre los problemas que acaecen en la Universidad. Nunca he escrito sobre la sagrada institución, era algo que dejaba a los próceres más ilustrados y con un conocimiento más exhaustivo de la misma, pero andaba ya más quemado que el cenicero de un bingo (ojo, momento Chiquito de la Calzada), y me he dicho: voy a escribir un poquito sobre lo que se me viene a la cabeza en la columna que gentilmente me ofrecen en este medio, a sabiendas que la batalla con las criticonas está perdida.
Lo primero que caracteriza a esta banda es que ninguno de ellos ha vivido la Universidad plenamente. O sea, no estamos hablando de catedráticos de 30 años de experiencia que se han tenido que pelear por problemas con los alumnos, problemas con las juntas de profesorado, problemas con la administración. Por lo general hablamos de aquellos que intentaron entrar como profesores o ascender dentro de la Universidad sin haberlo conseguido, y debido ello, basan su crítica en aspectos personales y encontronazos que tuvieron con la misma de forma personal, obviando que ésta es mucho más y que en ella ocurren muchas más cosas que las que usan como pivote para hacernos creer que sin ellos es un desastre. Siempre que pueda, esta caterva de personas, utilizarán cualquier hecho puntual como tambor de resonancia para enfatizar la poca calidad de la docencia, la incapacidad de su profesorado o la inhabilidad de sus dirigentes para resolver los problemas. También, si son personajes del mundo de la judicatura, se ensañarán siempre que puedan con la institución, como cobro por aquella posición a la que optó y no se le dio. En fin, no creo que sean necesarios más ejemplos, pero el caso es que la visión que dan de la Universidad, con una seguridad pasmosa, con una prepotencia propia de predicador televisivo hollywoodiense, es la de una casa en ruinas.
Ciertamente, como cualquier ente público, con cantidad de trabajadores y clientes, tiene problemas, muchos derivados de su propio funcionamiento, otros de los propios que la componemos, otros heredados y otros inventados. Instituciones como Cabildos, Gobiernos regionales, televisiones públicas, Ayuntamientos… a su lado, la problemática de la Universidad debe de ser pecata minuta. Sin embargo nunca verán a esta banda escribiendo sobre dichas instituciones. A sabiendas de lo educado y comedidos de los administradores del ente educativo, lo aprovechan para convertirla en una victima propiciatoria de sus visiones intelectuales y delirios de grandeza, ofreciéndose como la gran solución. Como la bruja Lola, nos ofrecen la vela roja que solucionará los problemas a la vez que nos recuerdan la equivocación que se cometió no aceptándolos o haciéndoles ascender en la Santa Institución.
En estas circunstancias hay que explicar algunas cosillas que se les pasa por alto: El funcionamiento de la Universidad ha sufrido algunos cambios en los últimos años, cambios que siendo insuficientes van en la línea correcta y que tienen que ser reconocidos. Se me ocurren así sobre la marcha los complementos de salario que se pueden obtener en función de los resultados del trabajo, como son las publicaciones científicas, la docencia de calidad o el trabajo administrativo, la preparación de un seguimiento de la asistencia a clases de los profesores, las evaluaciones de los alumnos. Los profesores de Universidad son con toda seguridad los funcionarios públicos más evaluados y controlados que existen. Para ser profesor titular hay que pasar una habilitación nacional, donde compites con doctores de todos los lugares, por lo general se presentan entre 100 y 250 competidores para 4 o 5 habilitaciones. Una vez tienes la habilitación, tendrás que hacer una oposición en la Universidad que ofrezca la plaza, y para llegar a buen puerto, no hay más remedio que haber desarrollado un historial científico con cierto reconocimiento internacional. Las oposiciones al Personal de Administración y Servicios son igual de estrictas y con un control que ya querrían algunas instituciones públicas de la isla. En fin, que en vista de que los criticones no pueden llegar por esta vía a la Universidad, supongo que querrán que se les admita de alguna forma y se les de la plaza así por la jeta, por lo prestigiosos que son y su proceder de rancia alcurnia. Habría que inventar para ellos un puesto y tenerlos contentos, algo así como el Profesor Titular Horroris Causa.
No les quepa duda, como en cualquier institución, que en esta hay complicaciones que resolver. Los administradores trabajan de la forma que consideran más apropiada, nadie les puede negar su dedicación a la misma. No es como la política, si hubiese ganado las elecciones otro aspirante a rector, su dedicación y trabajo por la institución seria similar y solo se distinguirían por detalles. Tan solo el hecho de ofrecerse como candidatos (como dice mi madre, que necesidad tenían de meterse en esos berenjenales) demuestra mucho. Quienes se presentan, son miembros con gran experiencia en la misma, que la conocen al dedillo, que están al tanto de sus problemas, y que con las herramientas que poseen intentarán resolverlos. Si existen soluciones, solo ellos las sabrán poner en marcha. Los visionarios y apóstoles de la salvación ofrecen soluciones, desconociendo el problema, peligroso proceder, son nuestros Hugos Chávez.
Que no les engañen, nuestra Universidad tiene problemas, muchos relacionados con los la propia sociedad (jóvenes sin entusiasmo, vida estresante, etc…), pero no son la calidad de sus docentes u organización. Es competitiva, existen en ellas grupos de excelencia y si la comparamos con otras de su tamaño, el nivel de investigación está entre los primeros. No hay soluciones mágicas ni atajos en el camino, por mucho ilustre que se arremoline alrededor del fuego. (Estas reflexiones son personales y no reflejan las de ninguna otra persona o institución mas que las del que subscribe)

 

 

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