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07/10/2007 - José Francisco Fernández Belda
El 'no nos moverán' en la política turística


Muchos movimientos de personas se están produciendo en el entorno de organismos, empresas públicas y autoridades relacionados con el turismo, ¿o habrá que decir “atrocidades”? palabra con la que un ya fallecido sacristán de la Iglesia de San Agustín advertía al cura párroco cuando se acercaba por allí algún representante político.

Pero lo que no parece que se mueva mucho son las ideas básicas sobre lo que, según ellos, hay que hacer ahora para invertir la tendencia a la ruina del sector turístico en su conjunto, al margen del negocio de la construcción, y que no acabe reducido a un puro testimonio lo que en su día fue el gran motor del desarrollo de Canarias. Obras son amores y no buenas razones, dice un sabio refrán, los hechos son tozudos y no entienden planteamientos de oportunidad política, de cruce de cargos, ni mucho menos de trasiego de influencias y prebendas.

Cualquier persona que se juega sus dineros en un negocio sabe que si planificando su actividad de una determinada manera los clientes le abandonan, o cambia de planteamientos o va a la ruina, por muy bella e inteligente que fuera su idea inicial para la empresa. Es un hecho incontestable que está disminuyendo día a día, temporada a temporada, el número de visitantes, la estancia media y los precios de los servicios turísticos en general. En otras palabras: menos gente, menos tiempo, menos ingresos por turista. Es evidente, y no hay que ser un gran experto, que la primera y más obvia conclusión razonable a extraer de esos datos es la caída en picado de la rentabilidad empresarial que lleva inexorablemente al abandono de la actividad de muchos empresarios pequeños, medianos e incluso alguno grande.

Parecería sensato actuar primordialmente sobre las causas de esta alarmante disminución de clientes, intentando revertir la tendencia. En otros países y en todos los tiempos eso se hacía incrementando, potenciando y poniendo toda la imaginación en las campañas de promoción. He oído en algún mentidero político, no sé si bien informado o peor intencionado, que la política de la Consejería de Turismo del Gobierno de Canarias es formar un equipo joven para que se vaya preparando para dirigir el sector. Esa ocurrencia forma parte de una moda en virtud de la cual la juventud, con demasiada frecuencia unida a la temeridad y a la impericia, es un valor en sí mismo. Por supuesto que tal actitud me parece una barbaridad, lo que se debe primar es la competencia profesional, no necesariamente experiencia, al margen de la edad. También es cierto que la juventud y la impericia se curan con la edad, la primera con el transcurrir del tiempo, la segunda con mucho esfuerzo y ganas de superarse, cosa no siempre posible ni valorada en el mundo de la promoción política partidista.

Desgraciadamente, no es tiempo lo que sobra. Día a día empeora la crisis turística y algunas autoridades parecen no querer darse cuenta. Negar los problemas no hace que desaparezcan. Por ejemplo, en una reseña de prensa sobre la toma de posesión de la nueva gerente del Patronato de Turismo de Gran Canaria, ella asegura que “entre las principales actuaciones que llevará a cabo está primar la renovación hotelera antes que seguir con las políticas de la promoción”. A mi entender es esa precisamente la política que no hay que hacer, sino justo la contraria porque beneficiaría a la economía de más gente. Al margen de que no acabo de entender en que va a consistir lo de “primar” la renovación de la planta hotelera, (¿no era la extrahotelera la “obsoleta” y necesitada?), no quisiera creer que esté pensando en dar subvenciones adicionales para mejorar la cuenta de explotación de los hoteles, porque para cuando acabe esa nueva primada ya no habrá negocio que promover. Sigo creyendo que hay dos cosas más importantes que la tan cacareada renovación, difícil de explicar cuando hay tanta plaza hotelera de nueva planta que no se ocupa ni a precios de pensión. La primera cosa es no seguir con la sangría de turistas y tratar de captar nuevos clientes. Eso se logra con una promoción inteligente, como las que hacía Saturno en su momento, con éxito constatado y cuantificable, y que quedaron sustituidas por otras que se han demostrado ineficaces al tiempo que sesgadas. Estas últimas son las contratadas por Promotur, la otra nueva sociedad pública creada por la anterior dirección de la Consejería de Turismo para hacer lo mismo que Saturno que ya existía y sigue existiendo. Doble gasto, infinito menos de eficacia ayer y hoy.

La segunda cosa a impulsar sin pérdida de tiempo, a mi entender y al de los operadores turísticos, es el desarrollo de la oferta complementaria que haga que Canarias deje de ser un destino aburrido para una amplia capa de nuestros ya casi ex clientes. Pero de eso ya hablaremos otro día. De momento, los que crean en los milagros, deben correr a poner una vela a Santa Rita para que ilumine a los nuevos gestores. Amén.

jfbelda@teleline.es

 

 

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