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23/09/2007 - José Francisco Fernández Belda
Cocina hecha en Canarias


Leo en la prensa con gran satisfacción que en el Hotel Escuela de Santa Brígida, centro emblemático de la empresa pública Hecansa adscrita a la Consejería de Turismo, se están celebrando unas jornadas gastronómicas sobre “La cocina Canaria de Producto”. Supongo que en breves fechas se realizarán otras similares en el ahora rebautizado Hotel Escuela Santa Cruz de Tenerife, como sucede en el resto del mundo mundial. Antes se llamaba Escuela Hotel, peculiar denominación que sólo servía para confundir a mucha gente que no sabía muy bien si se trataba de un hotel convencional en el que se formaba a los futuros dirigentes de la industria turística o de un centro educativo especializado en la hostelería.

Estas jornadas son una iniciativa digna de destacar, pues pretenden elevar a su justo y merecido valor gastronómico las materias primas propias de Canarias y mostrar otras formas renovadoras y sugerentes de elaborarlas en las cocinas profesionales para el mayor deleite de los sentidos. Los dos profesionales que encabezan las jornadas, sin olvidarnos del resto de su excelente equipo, son Samuel López y Octavio González, jefes de cocina y pastelería respectivamente del Hotel Escuela de Santa Brígida. Por detrás de las candilejas, en la organización y como siempre en un discreto segundo plano, dirigiendo y pasando nervios entre bambalinas como se dice en el teatro, está Juan Miguel Arouni, jefe de explotación y profesor de la escuela, con las ideas muy claras de cómo promocionar la cocina hecha en Canarias de forma rentable y profesional.

Creo que podría ser una excelente iniciativa promocional, llevar estas jornadas por los diferentes hoteles y establecimientos turísticos del Archipiélago, tal vez añadiendo, adaptando o potenciando ciertos platos y preparaciones de acuerdo con los productos o las especialidades más sobresalientes de cada isla o de cada comarca. Hay que llevar la promoción a los lugares donde están los clientes y no pretender que los clientes vayan a donde estamos nosotros cómodamente esperando, máxime cuando ellos no tienen el menor interés en acudir. Si Mahoma, con perdón, no va a la montaña, la montaña debería ir a Mahoma, reza un refrán.

Esta muestra de nuestra cultura canaria podría ser ofrecida a los turistas que en esos días nos visitaran si se publicitara adecuadamente, en especial entre las agencias de viajes, guías turísticos, representantes de los tour operadores y empresarios hoteleros y hosteleros que trabajan en las Islas. Claro está que habría que guardar en el cajón de las pequeñas miserias humanas, al menos por unos días, los celos enfermizos y los “cuchillos” traicioneros que tanto abundan en las cocinas de relumbrón, real o pretendido. También los empresarios hosteleros y los directivos de los establecimientos deberían entender que se trata de una acción promocional de Canarias y no pretender que estas jornadas se transformen en una subvención encubierta a su explotación particular. No obstante, una cosa es que lo intenten y otra distinta debería ser que logren las complicidades públicas para que así sea.

Por todo lo dicho, el dinero para esa promoción debería provenir de al menos dos fuentes: la pública y la privada. Los fondos públicos podrían obtenerse fácilmente, por ejemplo, si se cancelaran las absurdas campañas programadas de pretendida promoción turística en las carpas privadas de la Fórmula 1, sumándole también el ahorro que produciría no tener que pagar los viajes y estancias a tanto político que le encanta dejarse ver por la feria del motor, sus pompas, sus obras y sus vanidades. Los empresarios han de cubrir también su parte proporcional del presupuesto global, pues al fin y al cabo se están promocionando sus propios negocios privados y ya está bien de que las campañas publicitarias para llenarles sus establecimientos las tenga que financiar sólo el Gobierno de Canarias. Esto que es tan obvio, ¿por qué se olvida con tanta frecuencia? Y lo peor del asunto es que cuando los políticos al frente de los entes turísticos caen en la cuenta y se cansan de cocinar la sopa boba, en las siguientes elecciones los barren y vuelta a empezar y a aprender casi desde cero con nuevas caras. ¡Dios Santo, que cruz!

 

 

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