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04/09/2007 - José Francisco Fernández Belda
Tres modelos de arquitectura hotelera en Canarias

A todos los interesados en asuntos relacionados con el turismo en Canarias les recomiendo la lectura atenta del número 28 de la revista BASA, Canarias Turismo y Ficción, publicación del Colegio de Arquitectos de Canarias. Por no tratarse de una revista de difusión general, sino dirigida principalmente a sus colegiados, aunque no sólo a ellos, algunos artículos utilizan conceptos y lenguaje propio de los profesionales de la arquitectura y del diseño. No obstante, y a pesar del argot, resultan ser de casi obligada lectura y, creo, de fácil comprensión.

Sin pretender abarcar todos los contenidos, hoy me gustaría centrar la atención en esbozar la filosofía que fundamenta las obras más emblemáticas de dos arquitectos canarios dedicados al diseño de hoteles. Por orden de aparición en la revista, páginas 63 a 87, el primero es Luis López Díaz, grancanario, y el segundo Andrés Piñeiro, prestigioso profesional tinerfeño y ya fallecido.

Ser lo más "natural" posible, fundirse con la naturaleza mimetizándose con ella, resaltar los elementos más bellos del lugar y utilizar los materiales de construcción que hay en el entorno, "si están allí desde hace milenios es por algo", dice Luis López, son los principios que inspiran a este arquitecto, que se siente más un observador y un técnico que un artista. Todo ello sin renunciar a un diseño espectacular y de vanguardia, creyendo firmemente que los arquitectos canarios pueden hacer algo propio, sin necesidad de copiar elementos foráneos y sin tener la vista puesta permanentemente en salir en las revistas desnaturalizadas de arquitectura.

Pero lo paradójico es que, no pretendiéndolo inicialmente, la obra de Luis López acaba siendo tema central y ejemplo de buen hacer en muchas publicaciones especializadas. Como ejemplo de armonía casi total con la naturaleza, las Villas Anfi Tauro Golf, Anfi Beach Club o el Hotel Gloria Amadores, en la isla de Gran Canaria. De integrarse con el entorno y potenciarlo, el Suite Hotel Maspalomas Dunas. Para admirar estructuras originales, made in Canarias, las talasoterapias de los Hoteles Gloria Palace y Amadores, o el Hotel H10. También el caso de la cubierta del Club Natación Metropole de Las Palmas, que admira y sorprende contemplarla desde dentro y desde fuera.

Por el contrario, la "tematización" parece que era el principio inspirador de Andrés Piñeiro. Según sus propias palabras: "A finales de los años ochenta se produjo un salto cuántico en la industria internacional del turismo y en la manera en que se conciben los hoteles. De ser meros equipamientos y servicios, complementarios a las atracciones tradicionales, empezaron a plantearse, desde un comienzo, ellos mismos como atracciones". Con esta idea en mente diseñó sus obras emblemáticas en Canarias, como el Hotel Bahía del Duque (Tenerife), Gran Meliá Volcán (Lanzarote) o el Gran Hotel Villa del Conde (Gran Canaria), en los que con mayor o menor acierto, eso es siempre opinable, parece querer recrear entornos que evoquen nuestra arquitectura popular. Decía Piñeiro al respecto que "el Bahía del Duque pretende ser un hotel rentable. En turismo se trata de hacer una especie de decorado, de manera que la gente que viene al hotel se gaste el dinero. A menudo discuto sobre este tema con otros compañeros arquitectos. Les digo que si este tipo de proyectos se hicieran con arquitectura vanguardista, dudo mucho que tuvieran éxito". "La gente viene al Bahía del Duque como destino. No vienen a Tenerife, vienen al Bahía del Duque. Se quedan una semana y no salen. Les gusta el ambiente, la atmósfera que hemos creado", exponía Andrés Piñeiro en su reflexión.

Ahora bien, si el construir ahora nuevos hoteles temáticos en Canarias puede ser un acierto, en opinión controvertida de Andrés Piñeiro, el llevar esta filosofía al límite podría resultar muy contraproducente para nuestros propios intereses como destino turístico que pretende ofrecer algo diferenciado del resto de los competidores. A mi entender, este es el caso del Hotel Abama, en el municipio de Guía de Isora, donde se recrea o se sugiere un ambiente típicamente marroquí en la construcción, la decoración y hasta en el vestuario. Podría entender un "decorado", al decir de Piñeiro, oriental o polinesio, pero no precisamente marroquí. Y no porque sea de esa nacionalidad, ni porque no sea de interés sentirse como en las quinientas y media noches (podríamos matizar que Marruecos está a mitad de camino hasta la mítica Bagdad de los cuentos), sino porque debido a la proximidad geográfica de este país con nosotros cualquier persona que quiera gozar de ese ambiente preferirá ir al original y no a un sucedáneo, máxime cuando le queda justo al ladito mismo y el auténtico es mucho más barato que la imitación.

Hay una tercera vía en el diseño de hoteles. Es la de reproducir esquemas internacionales estándar, instalaciones sin personalidad propia, que no recuerdan o sugieren al cliente que está en Canarias, el Paraíso, y no en otro lugar cualquiera del planeta. Creo que poco comentario merece esta insulsa opción, y el no escribir de ella me ahorrará tomar tila por un tubo para prevenir los sulivellos que producen los perjúmenes de esos promotores sin alma que desprecian lo que, bien cuidado, podría seguir dando de comer a nuestros nietos. Si es que, con esa visión, tan sin perspectiva, no los obligan a emigrar antes.

 

 

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