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29/08/2007 - José Francisco Fernández Belda
La crisis turística ocultada


Es sorprendente el oír y el leer en casi todos los medios de comunicación como hablan de crisis turística los mismos que hace tan sólo unos meses la negaban con rotundidad. Ahora ya mucha gente va siendo consciente del problema que se está apoderando de las islas y que afecta a una parte muy importante de la actividad empresarial, laboral y social de una amplia capa de conciudadanos. Esta crisis anunciada por muchos expertos ya es imposible de ocultar con estadísticas mal utilizadas, o directamente manipuladas, por los políticos y admitidas sin chistar por algunos representantes empresariales a la sombra del poder.

Cabe preguntarse por qué hablan hoy los que ayer callaban, teniendo en cuenta que con su buen nivel de información ya conocían los síntomas de la grave enfermedad que se apoderaba del negocio turístico. Incluso tildaban de ser desmesuradas las quejas y advertencias de los empresarios de apartamentos y restauración, por tan sólo poner unos elocuentes ejemplos de sectores en la UCI. Y es que no se puede estar en la procesión y repicando, como dice el refrán, no es posible recibir subvenciones y prebendas de los poderes públicos y al mismo tiempo criticarlos sin que estos les cierren el grifo. Es la servidumbre y el silencio cómplice que produce no ser autosuficiente en lo económico, que elimina una parte importante de la libertad y coarta la independencia, se mire como se quiera mirar. ¿Y quien sufre las consecuencias? En primer lugar sus propios representados, en segundo el sector en su conjunto y, por último, todos los que de una forma u otra viven indirectamente del turismo.

A mi entender, la culpa de la situación actual no la tiene el viejo modelo turístico basado en Sol, playa, alojamiento y turismo de masas que permitió a Canarias tener un alto nivel de prosperidad y alejarnos de la sombra de la miseria y de la emigración forzosa. En su momento se hizo lo que se podía hacer y las circunstancias aconsejaban. No se debió de hacer tan mal a juzgar por el número importante de personas con inversiones o con trabajo en las zonas turísticas que les permitieron disponer de un futuro mejor para ellos y sus hijos.

Pero como cualquier cosa en la vida, somos esclavos del paso del tiempo, y ya deberíamos saber que toda obra humana acaba cambiando o decayendo si no se renueva y que, en su lugar, suele nacer una nueva oportunidad con la cual poder seguir progresando. Cuando llegó la electricidad se arruinaron aquellos empresarios que se empecinaron en seguir fabricando lámparas de gas o keroseno y que no asumieron la nueva tecnología de las bombillas eléctricas. Algo similar ocurre en el negocio turístico. La demanda de hoy ya no es la de ayer, es mucho más sofisticada y solicita disponer de muchas otras opciones de ocio y servicios, además de las de siempre.

Por eso, desde el lado de la oferta en que nos toca estar, hay que poner mucha imaginación y creatividad para actualizar lo que hoy tenemos y, sobre todo, para crear lo que no tenemos y se necesita. Sólo así se podrá mantener el encanto de Canarias para atraer nuevos clientes al tiempo que los de siempre sigan siendo fieles y retornen. Si nosotros no lo hacemos ahora, que nadie dude que alguien lo hará en otro lugar del planeta. Esperemos que no haya que preguntarse el día de mañana como en el célebre libro de Spencer Johnson, cuando no se generen las rentas del turismo que tanto necesitamos, pero ¿quién se ha llevado mi queso?

Es sencillamente inútil pretender que, con RIC o sin RIC, se construyan o se reformen los establecimientos alojativos si después no hay clientes para llenarlos. Los empresarios sólo harán el esfuerzo inversor si presienten buenas perspectivas futuras, a no ser que los poderes públicos les regalen el dinero a fondo perdido, tentación en la que, por cierto, ya se ha caído más de una vez. No son precisamente los políticos, necesitados de reconocimiento a corto plazo para volver a ser votados, los que mejor pueden asesorar en esta materia.

Resulta frustrante comprobar el panorama desolador que dejó el anterior equipo que gobernó la Consejería de Turismo tanto en lo que respecta a la promoción turística como en potenciar la implantación de nuevas ofertas complementarias de ocio y servicios, dentro de sus posibilidades. Las campañas de promoción, diseñadas por Dios sabe quien, han sido mal planificadas y peor realizadas a pesar de haber dispuesto de más fondos públicos que nunca. La polémica y las quejas de Cabildos y empresarios estaba siempre presente en cada una de las acciones por no ser promociones equilibradas, tratando a todas las Islas adecuadamente, e introduciendo sistemáticamente un sesgo a favor de una. Esas “ruindades” eran el sello del nuevo equipo que contrató Pilar Parejo, que aún sigue actuando con las promociones adjudicadas o ya comprometidas para el próximo, o no tan próximo futuro.

jfbelda@teleline.es

 

 

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