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22/08/2007 - José Francisco Fernández Belda
universidad para no universitarios



Reflexionando sobre el alcance del servicio público que la Universidad debe prestar a la sociedad, se comentaba en otro artículo anterior su obligación moral, dejando al margen otro tipo de consideraciones jurídicas, de ayudar y facilitar el deseo o la necesidad que mucha gente tiene para poder seguir formándose durante toda su vida, pero que no puede matricularse en cursos largos de formación reglada. Quiere profundizar, tampoco demasiado, en aspectos que presiente le interesa conocer por motivos profesionales, personales o de simple curiosidad cultural o científica, razones humanísticas en suma.

Además de los numerosos cursillos específicos ofertados en los programas de Extensión Universitaria, ambas Universidades canarias programan cursos especiales dirigidos a otro sector de personas con intereses formativos más genéricos. Es el caso de la Universidad para Mayores en la ULL y de Peritia et Doctrina en la ULPGC, dirigidos a personas con más de 55 años. El interés despertado por ambos programas se evidencia en el número creciente de personas que se matriculan y asisten a sus aulas año tras año.

Para ayudar a consolidar y justificar definitivamente estos cursos dirigidos a mayores, a mi entender, sería muy importante que se pusiera en práctica sistemáticamente una doble línea de actuación. La primera, abrir un periodo público de consultas a todos los profesores universitarios preguntándoles qué materias considerarían importante incluir en el programa y cuales estarían dispuestos a impartir ellos mismos. Sería así más fácil acertar con el interés general al tiempo que más útil, plural y democrático para todos los participantes que el sistema de dejar en manos de los directores designados para estos cursos, fijar el plan de estudios y el cuadro docente por invitación expresa a profesores concretos que hablan de sus especialidades sin estar muy claro el por qué o el para quién se han seleccionado.

La otra fuente de información, debiendo cruzar los datos con la primera, sería preguntar directamente a los potenciales alumnos por las materias de su interés. Una aproximación a este conocimiento podría obtenerse insertando una encuesta en algunos periódicos impresos o digitales, con un cuestionario en parte cerrado y en parte abierto, pudiendose marcar casillas predeterminadas y proponer también otras sugerencias a las Universidades. Aunque una encuesta de esta naturaleza tendría sólo un valor relativo, sería más ilustrativa que solamente preguntar a los que ya se matricularon alguna vez y que, por lo tanto, demostraron su interés por una oferta concreta. En el fondo no es más que realizar el estudio de mercado que haría cualquier empresa que quiera optimizar sus resultados, al margen creencias de personas concretas. El número de alumnos que se matricularan en esas asignaturas o seminarios marcaría el auténtico interés público y no los deseos o esperanzas de los promotores.

Otro programa de formación complementaria y continua, que en principio parece muy interesante, es el Diploma de Estudios Canarios, puesto en marcha por la ULPGC para aquellas personas que, “cumpliendo unos requisitos académicos mínimos”, (haber obtenido el diploma de Peritia et Doctrina, tener el Graduado Escolar o formación equivalente), “deseen conocer mejor Canarias y a los canarios, así como la contribución canaria al progreso humano”. Examinando el programa, al menos sobre el papel, parece que cubre un amplio espectro y está bastante completo, aunque se nota a faltar unas horas dedicadas al estudio de las características específicas del turismo en Canarias, su ayer, su hoy y su mañana, que tanto ha influido en conformar una parte no pequeña de nuestra forma actual de entender el mundo.

Para concluir, merece una pequeña reflexión la multiplicidad de Universidades de Verano que se celebran en nuestro Archipiélago. De entrada siempre me ha sorprendido gratamente que estos cursos se presenten como un encuentro, aunque científicamente serio, con un formato informal, en zapatillas y bermudas, con un helado y poco menos que en la playa o piscina, a impartirse durante los primeros días del mes de julio. No deja de ser una forma amable e inteligente de interrelacionar cultura con tiempo libre.

Lo escrito arriba para los cursos de mayores, es también de aplicación ahora. Por eso creo que debería de haber una mayor oferta de cursillos y de temas que podrían desarrollarse a lo largo de todo el verano, incluyendo septiembre. Por sus características especiales, estos cursos no tienen por qué seguir la pauta de la programación temporal ordinaria, como si se tratara de una simple prolongación del periodo lectivo tradicional al mes de julio. Triste cosa sería que el motivo fuera, si es que lo es, que las vacaciones de los profesores dificultaran que las gentes con tiempo libre disponible, no pudieran disponer de una oportunidad cultural excelente cuando, además, suelen tener tiempo y tranquilidad para aprovecharla. Y si es con aire acondicionado, lejos de la tortilla de papas playera y del transistor del vecino, mejor.


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