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12/08/2007 - José Francisco Fernández Belda
Universidad, sociedad y turismo


Hay un adagio popular que dice: “lo que se ignora es como si no existiera”. Con esa cautela por delante, para intentar evitar que mi desconocimiento de toda la realidad pudiera provocar molestias indeseadas en algunos, lo primero que sorprende en la oferta académica de casi todas las universidades creadas hace menos de cincuenta años, normalmente por segregación de otra como es el caso de la ULPGC y la ULL, es que su catálogo de titulaciones reproduce más o menos el que ofrece su antigua matriz, con algunas excepciones significativas en función de la oferta previa que pudiera existir en esa nueva área de implantación.

Un primer ejemplo del alejamiento sistemático entre lo que la sociedad demanda y la universidad ofrece, sin pretender agotar la casuística, se puede encontrar en las pocas veces que esta institución entra en el terreno de juego de los grandes problemas sociales ofreciendo estudios, análisis, doctrina teórica, etc. que permita a los ciudadanos y a sus políticos tener mejores elementos de juicio. No se está intentando decir aquí que la universidad adopte posturas políticas partidistas ni apoyos a políticos concretos, cosa más frecuente de lo deseable en forma de manifiestos y adhesiones, sino que ayude a la toma racional de decisiones aportando de manera sistemática el mayor número de elementos de juicio posibles.

Si se repasan los títulos de las líneas de investigación o de las tesis doctorales, lo primero que destaca de ellas, para un profano, es lo difícil que resulta llegar a entender qué pretenden estudiar. Y habiendo tantos problemas cercanos a los que buscar solución relacionados con la pesca y la agricultura, con las energías renovables y la industria posible en Canarias, con la sostenibilidad, etc., etc., ¿por qué se estudian cosas tan alejadas de nosotros como los fondos marinos de Madagascar o las tortugas de Cabo Verde? A esas investigaciones nada habría que objetar si se financian con el propio dinero de sus investigadores o de sus mecenas y no se emplean recursos públicos siempre escasos. Como justificación de ello, los departamentos universitarios parecen creer que lo que es bueno para la carrera docente de un profesor, es siempre bueno para la institución universitaria en su conjunto. Y eso es más que dudoso.

Un segundo ejemplo de indiferencia ante el entorno, a mi juicio totalmente incomprensible, es cómo no se han desarrollado en Canarias de forma sistemática cursos cortos de español para extranjeros, al estilo de lo que hacen las universidades del Reino Unido e Irlanda. Sería una forma práctica de interrelacionar turismo con cultura, atrayendo un segmento de turistas, estos sí de calidad, que buscan entre nosotros algo más que sol y playa, placeres de los que también gozarán entre clase y clase. ¿A qué persona interesada en aprender español no le gustaría hacer ese esfuerzo en un sitio amable, con un clima envidiable y con una imagen de paraíso?

Al tiempo que enseñan el idioma español, la historia y la cultura canarias, las universidades podrían financiarse de forma sustancial con estas actividades. Estoy convencido que sería muy fácil en estos momentos de profunda crisis llegar a acuerdos con las Asociaciones Turísticas Empresariales para facilitar la estancia de esos estudiantes en complejos de apartamentos, con precios y condiciones razonables. Si otras universidades del Reino Unido e Irlanda, por poner sólo unos ejemplos reales, han sabido aprovechar el ansia de aprender inglés, ¿qué puede impedir que Canarias rentabilice también el interés creciente por el estudiar el español de un gran número de personas? No se trata de buscar un complemento de sueldo a algunos profesores, sino de crear una auténtica fuente de recursos para la universidad y de oportunidades para promocionar lo nuestro.

En la misma línea anterior, también se podrían impartir cursos para la formación y habilitación de guías turísticos, tanto españoles como foráneos. Para elaborar e impartir un programa serio sobre nuestra tierra y nuestra cultura, sin perder de vista que sólo pretende formar guías y no doctores en canariedad, ¿quién mejor que un equipo multidisciplinar de especialistas en historia, arte, arqueología, flora y fauna, gastronomía, arquitectura y folclore popular extraído de entre los docentes universitarios y también de entre personas con reconocida solvencia en sus respectivas especialidades? No se trata simplemente de montar una fábrica de títulos, ni mucho menos establecer nuevas barreras profesionales, sino de asegurar que las explicaciones que se ofrecen a los visitantes se corresponden con la realidad y tienen fundamento. Estas iniciativas podrían ser una pequeña gran contribución al desarrollo sostenible de nuestra tierra canaria y a una mayor y más deseable proyección en el mundo. Esta podría ser una excelente salida profesional para muchos estudiantes canarios de las Escuelas de Idiomas. Por eso me pregunto: ¿qué nos impide hacerlo, aparte de la tradicional molicie universitaria y del presunto aplatanamiento que se nos atribuye? ¿O tendrán razón?

jfbelda@teleline.es

 

 

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