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01/08/2007 - José Francisco Fernández Belda
¿Ocio o alojamiento?



Hay cosas que siendo como las verdades del barquero, unos y otros se empeñan en ignorarlas o en disfrazarlas con frases tan manidas, por ser repetidas hasta la extenuación, que ya suenan a jaculatorias recitadas a coro aunque nadie recuerde su significado original ni sepa realmente que se pretendía decir. Son fórmulas políticamente correctas, parloteadas sin mayor reflexión, como cuando en un concurso de mises se le pregunta a las candidatas que cual es su mayor deseo y, cómo no, responden sin dudar: ¡que haya paz en el mundo! Y eso antes de que haya empezado a impartirse Educación para la Ciudadanía.

Una de esas verdades, fácilmente constatable, es que son las pequeñas y medianas empresas dedicadas al ocio y los servicios, integradas o no en FECAO, las que realmente redistribuyen mayoritariamente las rentas generadas por el Turismo entre una gran capa de la población de Canarias. Al menos eso es hoy así, aunque en los años 60 y 70 fueran el alojamiento y la alimentación los subsectores que recibiera la mayor parte de la “peseta turística” gastada en aquellos días por nuestros visitantes. Por entonces, en paralelo y sin planificación, se comenzaba a construir la mayor parte de la oferta complementaria que hoy se ofrece a nuestros clientes. Era lo que había y lo que se demandaba. Probablemente se hizo lo que se debía de hacer, dadas las circunstancias, aunque ahora algunos establecimientos, negocios o actividades estén avocados al cierre por falta de demanda.

Pero hoy, ya en pleno siglo XXI, otra convulsión se está produciendo ante nuestros propios ojos y no se puede seguir ocultando bajo el eslogan de que queremos un “turismo de calidad” sin definir qué se quiere decir exactamente con ese término. Por muy bien construidos que parezcan estar, hoy en día no son los alojamientos los que atraen al nuevo turista, aunque sí puede ser, y está siendo, motivo para espantarlo por el mal servicio ofrecido y por su diseño anodino y poco representativo de la cultura canaria. Aunque ese es asunto distinto, que precisaría más espacio, conviene señalar que construir alojamientos con sabor canario no significa forzosamente pegotearles horrorosos miradores imitando balcones antiguos, o diseñar hoteles como si fueran pueblos con iglesia incluida. Con imaginación se puede personificar un espacio sólo con pequeños detalles. Por ejemplo, en los baños en la Cueva de los Verdes los azulejos están decorados con filodendros, imitando los plantados en gran parte del entorno. Como también se hizo en los aseos del Centro Turístico del Lago Ness, incorporado a la cerámica de las paredes un dibujo representando a la simpática serpiente Nessy, la reina de la fantasía de las Highlands escocesas. Al “dialogar” con el Sr. Roca, uno no puede olvidar dónde está. Y creo que eso forma parte del encanto del lugar.

A mi entender, el futuro de la economía turística de Canarias pasa por dar a conocer, de forma global y sistematizada, una gran variedad de micro ofertas ya existentes o por crear que hagan atractivo, interesante y divertido este destino turístico. Por ejemplo, quien viaja a Marruecos o cualquier otro país mal llamado árabe, ¿no le gusta visitar esos Zocos plagados de microempresas que dan colorido a la vez que permiten que la población local obtenga una parte importante del pastel turístico? ¿Sería igual de interesante si sólo hubiera grandes centros comerciales construidos en cristal y aliminio? Es más, ¿qué atractivo tiene para un turista medio culto que la oferta de ocio y compras de su destino sean unos homogéneos macro Centros Comerciales, a veces casi imposibles de distinguir de los que hay en su ciudad de origen. Posiblemente a corto plazo sea importante, incluso rentable para el Ayuntamiento el cobrar esas licencias, ¿pero lo es para el futuro del negocio turístico en su conjunto?

Un turista de calidad, bajo la óptica descrita, no tiene que ser forzosamente una persona con un alto poder adquisitivo, que se aloja en un establecimiento caro y que, probablemente, haya pagado en origen el grueso de su factura total, dejando sólo en Canarias una pequeña parte y casi ni el IGIC. A mi modo de ver, un turista de calidad es aquel que siendo respetuoso con nuestro medio ambiente y nuestra cultura, sale a conocer el entorno y va gastando pequeñas cantidades en las variadas ofertas que pueda encontrar en su paseo. Tal vez deba ser un consumidor responsable de nuestra gastronomía, artesanía y cultura. Hará excursiones en guaguas o en coche alquilado. Con sumo gusto probablemente iría a buenos mercadillos autóctonos y asistiría encantado a demostraciones folklóricas, si las hubiera y si se le dijera dónde y cuando se programan. Ese visitante que, en suma, haría efectivo la multiplicación de la actividad alrededor del turismo y engrasaría eficazmente la economía de gran parte de los canarios. Pero no, parece que la receta que se vuelve a ofrecer es la de siempre: renovación de la planta obsoleta, con las debidas ayudas públicas, y formación para que nuestros jóvenes compitan en los grandes establecimientos hoteleros con personal no cualificado pero mucho más barato. ¡Vamos bien!

jfbelda@teleline.es




 

 

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