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20/07/2007 - José Francisco Fernández Belda
Oportunidades aeroportuarias

Alrededor de puertos y aeropuertos se instalan siempre una serie de empresas y servicios que suelen pasar desapercibidos para el gran público. Son, sin embargo, actividades productivas, que generan riqueza y empleo para mucha gente. Tan sólo por eso, los burócratas y los políticos no debieran entorpecer su desarrollo con requisitos que vayan más allá de los mínimos imprescindibles. El Estado de Derecho debe ofrecer las suficientes garantías jurídicas para que los inversores se sientan seguros y no salgan corriendo a la primera de cambio, las más de las veces escarmentados para siempre. Esta situación penosa es, grosso modo, lo que viene sucediendo con los gobiernos de países de nuestro entorno canario y por eso el difícil hablar en serio de ayuda al desarrollo.

No obstante, eso no es óbice para que Canarias no deba intentar seriamente aprovechar su renta de situación, la formación de sus gentes y la iniciativa empresarial. Precisamente ahora que se habla de las ampliaciones de los aeropuertos, tal vez sea el momento de plantear seriamente las reservas de suelo y las facilidades a la instalación de nuevas industrias relacionadas, directa o indirectamente, con la aeronáutica. No se trata de repartir subvenciones sino de abrir nuevas oportunidades de negocio y trabajo con futuro.

Esta sinergia podría permitir la creación de centros de reparación y mantenimiento de aviones, no necesariamente ligados a cada compañía aérea como tradicionalmente se hacía. De esta forma sería más factible especializarse en determinada gama de aparatos u operaciones y conseguir todas las bendiciones de los fabricantes y las calificaciones de Aviación Civil. Eso, sin la menor duda crearía una incipiente industria de servicios aeronáuticos y de mano de obra muy especializada, y por lo tanto bien remunerada, de la misma forma que se han desarrollado los talleres de reparación naval alrededor de las flotas que operaban en nuestros puertos.

Un ejemplo concreto y factible sería el caso de la puesta en marcha de un gran taller de mantenimiento homologado para aviones del tipo ATR, que en estos momentos operan en nuestros cielos tanto Binter como Naysa e Islas Airways. Y aunque algún sindicato se empeñe en que no se permita el desarrollo de esta actividad, ¿no es preferible un gran centro que pueda atender con profesionalidad y eficacia a un mayor número de aviones, que tres o cuatro pequeños talleres sin posibilidad real de desarrollarse? ¿No permitiría eso el poder atender con solvencia a aviones de otras compañías aéreas que operen en el África cercana? ¿Por qué se resisten a ser cola de león para pretender seguir siendo cabeza de ratoncito?

No conviene olvidar que las compañías aéreas están hoy obligadas a aquilatar al máximo sus costes, por imperativo del mercado y si además necesitan sobrevivir sin subvenciones públicas. Por eso tienden a unificar la flota y a elegir sus nuevos aviones en función de los costes de operativos, cercanía y disponibilidad de centros de mantenimiento, etc., y no sólo por el precio del avión en el catálogo del fabricante. Se compra una vez, pero los gastos de funcionamiento se tienen cada día y cada hora de vuelo.

En el mantenimiento de aeronaves, los costes financieros para tener al día el utillaje, el stock de repuestos (cuyo volumen y coste es inversamente proporcional al número de aparatos que atiende), y los continuos cursos de formación y actualización para el personal, serían mucho menos onerosos para cada línea aérea si se hacen en conjunto que realizándolos cada una de ellas por separado. Resulta evidente, para quien quiera verlo, que una solución de externalización de servicios como la propuesta permitiría a cada operador aéreo mejorar su cuenta de resultados, a la vez que se abriría una importante cartera de clientes potenciales entre las líneas aéreas que operan cerca de aquí. Es cuestión de obtener economías de escala.

Aunque se ha puesto el ejemplo de la alta especialización en aviones del tipo ATR, las posibilidades no se agotan y se pueden extender con facilidad a otros fabricantes, como Airbus o Boeing por poner tan sólo unos ejemplos. Una vez plantada la semilla, si se riega con esmero y se cuida la profesionalidad y calidad de los servicios ofrecidos, las posibilidades de crecimiento por atender adecuadamente a una parte sustancial de la flota que surca nuestro cielo aumenta de forma espectacular. Una buena oportunidad para Canarias y los canarios ¿dejaremos que nos sobrevuele o la haremos aterrizar en estas Islas?
jfbelda@teleline.es

 

 

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