Inicio | Artículos | Autores | Foro | Links | Conferencias

Temas

+ ECONOMÍA

+ EDUCACIÓN Y CULTURA

+ INFRAESTRUCTURAS Y TRANSPORTES

+ LIBERALES IMPRESCINDIBLES

+ LIBERALISMO

+ LIBROS RECOMENDADOS

+ MEDIO AMBIENTE Y ECOLOGÍA

+ MISCELÁNEA

+ POLITICA EXTERIOR

+ SANIDAD Y PENSIONES

+ TURISMO Y COMERCIO

+ URBANISMO Y VIVIENDA

Artículos

24/02/2005 - CanariasLiberal.org
Irlanda: Otro milagro económico

LA REVISTA CAPITAL PUBLICA EN EL NÚMERO DE FEBRERO UN ARTÍCULO SOBRE LA EVOLUCIÓN DE IRLANDA. POR TAMAÑO EN POBLACIÓN, POR SU NATURALEZA INSULAR Y LA LEJANÍA DEL CONTINENTE Y POR SUS EXCEPCIONAL EVOLUCIÓN LO TAREMOS A CANARIASLIBERAL.ORG. SI CANARIAS HUBIERA HECHO LOS DEBERES COMO HIZO IRLANDA, OTRO GALLO NOS CANTARÍA.

Sólo EEUU y Noruega le superan en renta
Los milagros de la economía irlandesa
Se acabó el tópico de 'país de los pubs': hoy es el primer exportador de 'software' del mundo y el lugar elegido por muchas multinacionales

Capital
23/02/05, 14.46 horas
De ser el país más pobre de la UE, Irlanda es hoy el segundo más rico y para muchos el de mejor calidad de vida del mundo.
El pasado 30 de noviembre, un pequeño rincón del Dublín tradicional cerró sus puertas. El café Bewley’s, refugio ancestral de escritores como James Joyce, se vio obligado a servir su última ronda de té y de pasteles pringosos.
Situado en Grafton Street, la principal arteria comercial de la ciudad, el legendario local no logró sobrevivir al empuje de las nuevas tiendas que atraen las miradas de los dublineses: Puma, Footlocker, H&M, Tommy Hilfiger, ¡McDonald’s!... La Irlanda de los pubs ha dejado paso a la Irlanda del éxito económico.
En Dublín hay más BMWs por habitante que en Munich

¡Cómo han cambiado las cosas! En los últimos 10 años, Grafton Street se ha convertido en la quinta zona comercial más cara del planeta. Dos grandes multinacionales (una cadena de cafeterías y un gigante de la moda) están entre los candidatos a alquilar el grandioso local que durante casi un siglo ocupó Bewley’s.
Ni siquiera les asustan los astronómicos alquileres de esta calle, que tras subir un 46% en 2004 ya superan los 4.100 euros anuales por metro cuadrado. "Resulta difícil creer que cuando yo iba al colegio, centenares de niños andaban descalzos por la calle", explica John Gormley, de 45 años, ex alcalde de Dublín.
"Ahora, las calles están llenas de centros comerciales, museos, bares... Cuando era joven, ansiaba que abrieran un local donde sirvieran café decente, como en Italia o Francia; hoy, el problema es elegir el tipo de café que quieres tomar de la interminable lista de variedades, sabores, precios¿".

El constante desfile de coches de lujo por las calles da una idea de la riqueza generada en los últimos años: según un reciente estudio, en Dublín hay más BMWs por habitante que en Munich, sede de la empresa automovilística alemana.
Y es que Irlanda (junto a España) es una de las escasas historias felices que la esclerótica economía europea ha generado en los últimos años. En las tres décadas desde su ingreso en la UE, ha pasado de ser su miembro más pobre al segundo más rico, tras Luxemburgo.
De hecho, sólo otros dos países en todo el mundo, EEUU y Noruega, tienen una renta per cápita superior a la suya. Su crecimiento medio en los años noventa fue del 7%, con picos del 11% entre 1997 y 2000: cifras increíbles para un país occidental. Con estos datos en la mano, el sobrenombre de tigre celta parece merecido.

Pero hace sólo 20 años, Irlanda, más que un tigre económico, era un tímido ratón. Incluso un cerdo, pues la Europa rica consideraba que formaba parte de los pigs ("cerdo", en inglés, pero también las iniciales de Portugal, Ireland, Greece y Spain).
Los irlandeses estaban tan acostumbrados a su secular pobreza que solían bromear con que su única exportación exitosa era mano de obra barata. La isla era un barco averiado del que todos querían escapar: en 1840, tenía ocho millones de habitantes; en 1960, la cifra se había reducido a menos de tres millones.
Pero el boom de los años noventa ha dado la vuelta a la situación y ahora, por primera vez en la Historia, la inmigración supera a la emigración. En los próximos años, Irlanda espera recibir 300.000 trabajadores extranjeros, casi el 10% de su población.

Muchos emigrantes regresan hoy a su patria en busca de trabajo

Michael O¿Leary, consejero delegado de Ryanair. De hecho, la isla ha recuperado niveles de población no vistos desde 1870: cuatro millones de habitantes. "Cuando estaba en el instituto, todos mis compañeros querían emigrar", recuerda Paul Fitzsimmons, director de Comunicación de Ryanair. "Ahora, las tornas han cambiado y la mayoría está volviendo, porque las perspectivas laborales son inmejorables aquí".
Y tiene razón: el semanario The Economist ha coronado recientemente a Irlanda como el país con mejor calidad de vida del mundo. En los años setenta, los importadores mundiales sólo pensaban en Irlanda para comprar cerveza Guinness: hoy, realizan gigantescos pedidos de chips informáticos y medicamentos de última generación.
Irlanda es el principal exportador de software del mundo, por encima de EEUU, y fabrica un tercio de los ordenadores vendidos en Europa. Nueve de las diez mayores multinacionales farmacéuticas tienen una poderosa instalación en la isla, de cuyas máquinas sale más de la mitad de la producción europea de Viagra y de Botox.
Así, Irlanda se ha convertido en el país de la OCDE con mayor superávit comercial tras Noruega: en 2002, exportó mercancías por valor de 86.200 millones de euros e importó sólo 51.200 millones de euros en bienes. Datos como éstos han convertido el secreto del éxito del tigre celta en uno de los temas de estudio predilectos de los economistas.
Unos se fijan en sus políticas liberalizadoras, otros elogian la apuesta irlandesa por la educación, mientras que muchos resaltan el beneficioso papel de las subvenciones europeas
¿ Sin embargo, lo más probable es que en realidad el crecimiento irlandés se deba a la concurrencia de multitud de ingredientes que, mezclados en adecuadas dosis, han propiciado un auge sin precedentes.
"Reducir esta compleja realidad a un factor en concreto es un error en el que no conviene caer", dice John Peet, jefe de información europea del semanario The Economist y autor de un reciente informe sobre la economía irlandesa.
El despegue comenzó a finales de los ochenta, cuando la economía tocó fondo lastrada por un letal cóctel de lento crecimiento, elevada inflación y desempleo galopante.
Escarmentado por los fracasos económicos de sus dos primeras legislaturas en el poder, el primer ministro Charles Haughey decidió dar un giro radical a la situación. Su receta fue tan sencilla como eficaz: liberalizar la economía, recortar los impuestos y reducir al mínimo el déficit y el gasto público (casualmente, la misma receta que aplicó en España José María Aznar).
Los años de ajuste fueron difíciles, pero el apoyo de los sindicatos, los empresarios y el principal partido de la oposición (Fine Gael) le ayudaron a sacar sus reformas adelante.
"El deterioro de la economía era tan acusado que todos se percataban de la necesidad de hacer algo", dice Peet. "El diálogo social se ha convertido en una costumbre en el sistema político irlandés". Además, las sustanciosas subvenciones de la UE, que llegaron a alcanzar el 5% de su PIB (en España, un 1%), contribuyeron a financiar los grandes proyectos de infraestructuras, a pesar del recorte del gasto público. Los efectos se hicieron notar casi de inmediato.
Irlanda se convirtió en un imán para las inversiones extranjeras. Los alicientes que ofrecía eran múltiples: mano de obra barata, bajísimos impuestos y una población bien formada y muy trabajadora.
A principios de los noventa se recortaron los tipos de interés
En total, su fuerza laboral pasó de 1,2 millones de personas en 1993 a 1,8 millones en 2003. "Esto supone casi la mitad de su crecimiento económico en la última década", apunta Peet. El desarrollo irlandés ha sido tan asombroso que ha provocado un extraño consenso político.
Resulta casi imposible distinguir las propuestas económicas de los dos partidos mayoritarios (Fianna Fail y Fine Gael) mientras que el Partido Laborista, la tercera fuerza, apenas propone cambios de peso. Incluso los grupos más críticos, como los Verdes, no quieren dar una completa marcha atrás. "En su conjunto, los últimos 20 años han sido positivos", reconoce John Gormley, su portavoz y ex alcalde de Dublín.
Aun así, recalca que el pequeño bache económico que sufrió la isla con el cambio de siglo, tras el estallido de la burbuja de Internet, cuando el PIB irlandés creció "sólo" entre un 4% y un 6%, sacó a la luz los efectos secundarios negativos del boom de los años noventa. Así, por ejemplo, Gormley denuncia que las diferencias entre ricos y pobres se han disparado.
La tradicionalmente asequible Dublín se ha convertido en apenas una década en la cuarta ciudad más cara de la UnE, lo que ha puesto en aprietos a los trabajadores con salarios modestos. Además, el número de vagabundos se ha doblado en la última década, mientras que los precios de la vivienda en la capital ya superan incluso los de Nueva York o París.

Irlanda también ha abandonado su idílica imagen de país "verde" y se ha convertido en uno de los principales emisores de CO2 del mundo. Según The Guardian, las ventas de coches crecieron entre 1993 y 2000 un 370%: hoy día, los irlandeses utilizan sus vehículos con más frecuencia que los estadounidenses, quizás por la escasa calidad del transporte público.
El Gobierno está resignado a incumplir sus compromisos del Protocolo de Kioto y, por tanto, a comprar "cuotas de contaminación" a otros países. Sin embargo, para Peet todos estos problemas son desajustes propios de una economía que ha crecido con inusual rapidez.
Según él, la desigualdad es tan sólo un síntoma de que la sociedad irlandesa funciona. Pero hay un problema: las ventajas comparativas de Irlanda con otros países se han diluido al mismo ritmo que su economía ha ganado músculo.
A partir de ahora Irlanda no sólo no recibirá subvenciones de la UE, sino que tendrá que aportar dinero. Además, su estructura demográfica empieza a parecerse cada vez más a la de sus envejecidos vecinos europeos.

Los costes laborales se han disparado y se teme a la deslocalización

Y, finalmente, sus costes laborales se han disparado, por lo que ya no resulta un destino tan competitivo para multinacionales a la caza de mano de obra asequible y bien formada. La pesadilla irlandesa se llama "deslocalización": el traslado de las empresas a destinos más baratos en Europa del Este, India o China.
¿Supone esto que el milagro irlandés está condenado a un abrupto final? "En absoluto, sólo significa que Irlanda deberá adaptarse", dice Pett. "Y me alegra decir que Dublín lo ha entendido enseguida".
La fábrica de Apple en Cork es un claro ejemplo del camino a seguir. En 1999, los costes laborales irlandeses dejaron de resultar competitivos, así que la producción de ordenadores, intensiva en mano de obra, fue trasladada a Taiwán, Indonesia y la República Checa.
A cambio, la firma ubicó en Irlanda su centro de postventa y desarrollo de software, para lo que requiere trabajadores de sofisticada formación. Así, el número de empleados apenas se ha reducido, pero los trabajos que realizan no podrían ser más distintos: en 1997 el 90% se dedicaba a labores manuales; hoy, esta proporción se ha reducido al 15%.
El resto son graduados universitarios y especialistas de todo tipo: trabajos más lucrativos que, a la larga, benefician a la economía más que legiones de obreros mal pagados. "Esto, pero a gran escala, es lo que tiene que hacer Irlanda", asegura Peet.

Esta necesaria transformación supone un difícil reto, pero pocos países están tan preparados para dar el paso como Irlanda, habituada a cambios fulgurantes. El FMI pronostica un crecimiento en Irlanda del 5% en 2005, inferior al de los enloquecidos años noventa, pero más del doble que la media europea. Y las multinacionales siguen apostando por esta pequeña isla, convertida en menos de una década en una ventana al futuro.

Intel, por ejemplo, ha inaugurado recientemente en Leixlip su fábrica de chips más tecnológicamente avanzada, mientras que el gigante farmacéutico Wyeth abrirá este año en Dublín una de las factorías biofarmacéuticas más importantes del planeta, en la que ha invertido 2.000 millones de dólares... Los milagros continúan.

La decisión de Irlanda de formar parte del euro impulsó a principios de los noventa un acelerado recorte de los tipos de interés, superior incluso a las necesidades reales de la economía.
Además, al ser un país de habla inglesa, las multinacionales de Estados Unidos hicieron de Irlanda el trampolín de sus negocios en Europa: con apenas un 1% de la población de la UE, el país absorbe el 25% de la inversión americana en el Viejo Continente.
El paro, que alcanzó el 17% en 1987, se redujo milagrosamente en apenas unos años al 4%, considerado "pleno empleo" por los economistas.
Las mujeres, que en Irlanda apenas se habían incorporado al mercado laboral, abandonaron las tareas domésticas y se apuntaron a la euforia económica.
El país se benefició de la relativa juventud de su población: su baby boom duró mucho más que en el resto de Europa y, al haber emigrado tantos trabajadores en los años cincuenta, apenas tenía pensionistas.

 

 

© Canarias Liberal - www.canariasliberal.org - info@canariasliberal.org

Sitio web desarrollado por www.canaryservices.com