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18/06/2007 - José Ramón Arévalo Sierra
Las evidencias del NO cambio climático global


Mucho se está escribiendo en todos los periódicos del reino sobre cambio climático, y además como con el fútbol y con el plantar papas, no hay quien se abstenga de echarse al ruedo, de dar sus opiniones y de aportar las investigaciones más recientes que corroboran de forma dramática el hecho en cuestión. No hay meteorólogo que se preste, que tenga una estación que no le haya dado resultados de un calentamiento manifiesto de la atmósfera en los últimos años. No hay botánico sin plantas que demuestren la existencia del cambio climático por sus movimientos a lugares donde no solían estar. No hay biólogo marino que no muestre el calentamiento del agua del mar y datos que nos indiquen que vamos camino de convertirla en una sopa (lo que no estaría mal, porque hay que ver lo fría que está el agua de Las Teresitas y Las Canteras). En fin, que si en cada español hay un seleccionador de fútbol, hemos descubierto en estos últimos años, que también hay un experto en cambio climático.

Sin embargo, los datos cada vez son más obtusos, y las primeras interpretaciones simplistas que se han venido haciendo de los mismos, resultan no ser tan realistas. Es como decía Max Planck: “Todo problema tiene un solución sencilla y equivocada”. Y esa parece ser la situación en la que nos encontramos. Además se ha trabajado tan duro por parte de los lobbies “ecolojetas” para hacernos creer las evidencias del cambio climático, que costará mucho sacarlo de nuestras cabezas. La mayoría de las relaciones que se hacen de causa-efecto del cambio climático están fundamentadas en correlaciones, que indican que cambio climático y una variable en cuestión varían conjuntamente. Por ejemplo: “Cuantas más botas de agua cuento en el colegio, más sardinas capturan los barcos”. La interpretación simple y equivocada sería: “Cuando los niños usan botas de aguas, atraen a las sardinas”, la interpretación correcta y compleja: “Cuando llueve se suele enfriar la parte superior del océano, y este enfriamiento favorece el desplazamiento de las sardinas a aguas más superficiales. Cuando llueve, los niños llevan botas de agua al colegio”. Y así sucesivamente.

Por ponerles unos sencillos ejemplos, recurriré a esa película de cine negro y de catástrofes “Una verdad incómoda” . En ella se muestra como gran ejemplo del cambio climático la reducción de nieve en el Kilimanjaro, y además se enseñan fotos de su aspecto cada 50 años. Durante esos cincuenta años han aumentado las emisiones de CO2, por tanto, “e voilà”: El CO2 es el causante. Han encontrado una relación entre dos variables, y se tiran al monte con su interpretación. Sin embargo, si a alguien se le ocurriera perder el tiempo en mirar bibliografía y estudios sobre el tema, descubriría que las nieves del Kilimanjaro ya fueron mostradas en recesión a mediados de 1800, cuando los apartes de CO2 no eran significativos de ningún modo. Además las nieves siempre se han encontrado en recesión, aun en el periodo 1950-1970, cuando se produjo un enfriamiento de la atmósfera. El cambio significativo ha venido dado por una modificación climática del área dónde se encuentra el Kilimanjaro, pasando de un clima húmedo a subhúmedo, sin que nada tenga que ver con el calentamiento de la atmósfera ni con el CO2. La solución sencilla, era equivocada.

Los desastres naturales son otra baza que los festivos y alegres defensores del cambio climático sacan siempre del bolsillo. Pero no dicen que en el último medio siglo, las muertes por catástrofes naturales se han reducido un 90%. El ejemplo del Delta en Tenerife resulta cuando menos atractivo para esas relaciones sencillas “Delta=cambio climático”. Fenómenos como el Delta siempre han ocurrido en las islas (como muestra en muchos casos la vegetación), lo que no ocurría hace 50 años era una densidad de población cercana al millón de personas, con gran dependencia de la energía eléctrica y una isla llena de torres de alta tensión. De nuevo, la solución sencilla era equivocada.

Pero la gran evidencia del NO cambio climático no son los ejemplos que les he puesto y que pueden corroborar, a poco que se preocupen en buscar información. Las grandes evidencias son las siguientes: Jacques Chirac (el que se lamenta de que los españoles no nos hayamos extinguido) va a poner todo su empeño, ahora que se retira de la política, en la defensa de los ideales impuestos del cambio climático. Jacques Chirac es de ese tipo de personas que es muy útil como referencia, y me explico: Si él dice una cosa, digan ustedes la contraria, y entonces habrán acertado. El Leonardo DiCaprio también se ha echado al monte en plan “ecolojeta” y se pone a hablar de cambio climático como si le preocupara. No me extraña, si de verdad cree en el cambio climático, con lo que gastan sus aviones, sus coches, sus mansiones y las fiestas que organiza rodeado de carnaza fresca, es cuando menos para preocuparse. Termino con otra evidencia, el chalet que se ha comprado nuestro presidente Zapatero en línea de costa y cerca de una rambla, vamos, que estamos ante un temerario o ante alguien que no se cree lo del cambio climático, lo que no sé que es peor. Por lo que se ve, Zapatero no espera ni subidas del nivel de mar, ni espera grandes avenidas de agua a tenor de la localización de su chalecito.

Parece ser que todos estos quieren que nosotros dejemos de encender la luz, que vayamos a pata, que usemos la guagua, que no gastemos agua, o no usemos aire acondicionado y que paguemos más por todo ello para así compensar el gasto que realizan. Conclusión de mí sofisticado estudio: que son unos caraduras (Premio Príncipe de Asturias al más ecolojeta), y en este caso, esta interpretación y solución (sin que sirva de precedente) sí es sencilla y correcta.

 

 

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