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19/04/2007 - José Ramón Arévalo Sierra
Otra vez los 300

Otra vez los 300
El impacto que está teniendo la película “300” en los medios de comunicación españoles es mayor del esperado para una versión de un cómic, que es a su vez la versión de una historia de Herodoto, que también será una versión de lo que verdaderamente ocurrió. Pues que quieren que les diga, yo no voy a ser menos y también expongo mi interpretación de la misma. Sin embargo, poco interés tuvo que tener el director de la película en retratar un hecho histórico. Lo que pretendía es realizar un festival de entretenimiento que ensalzará los valores de la libertad, la dignidad y el heroísmo, en una época de relativismo social y de comportamientos, donde el todo el vale y dónde no se le da el valor que tiene al estado de derecho en el cual nos desarrollamos. Vamos, un director sin complejos retroprogres y que ya han empezado a poner a caldo los polichinelas de lo políticamente correcto.
Vaya por delante, que con todo seguridad, si yo hubiese nacido en esa Esparta retratada en la película, ni que decir tiene que el mago o el chamán me habría cogido con los dedos por una de mis dos patitas (pesé si recuerda bien mi madre dos kilos cuatrocientos gramos, de pelo negro zaino) y comprobando de forma automática que yo no daba la talla de gran espartano, sin ningún recelo se habría dirigido al roque de Gando y me habría arrojado con desdén. Pero quitando esos aspectos menores de los espartanos, la verdad es que visto de lo que andaban rodeados, Esparta, como puerta entre Grecia y Persia, se convertía en el muro que aguantaría las envestidas contra aquella primigenia sociedad cuasidemocrática. A los espartanos se les convencía que la libertad no es un derecho gratuito, y que requiere una defensa de la misma. Al contrario de lo que ahora tenemos, que parece ser que el estado de derecho que tanto trabajo costó construir no tiene ningún valor ni merece la pena una defensa del mismo. Está claro que los espartanos no lo entendían de esa forma. Así, cuando unos ciudadanos del montón como usted y como yo, escuchamos del encargado de nuestra defensa cosas tan folclóricas como “prefiero que me maten a defender a mis ciudadanos”, todos quedamos a la espera de la llegada de un Leónidas que se hace la colada en su abdominales (raza compleja la de los espartanos, tenían estómagos como tablas de lavar, en nuestra raza tan sólo tenemos un abdominal grande y prominente), diciendo cosas como “mañana cenaremos en el infierno”, vamos como más seguros a la cama. Sobre todo pensando que tenemos Jerjes (que supongo que el director de la película tuvo que hacer el casting en la última gala de la reina drag de Las Palmas) pululando por doquier, domésticos e internacionales, deseosos de destrozar nuestro estado de derecho y acabar con ese principio tan poco digno de defender violentamente para la progresía como la libertad, el que todos los individuos sean iguales independientemente de sexo, raza, religión, etc…
Saber que tenemos unos dirigentes que se preocupan por mantener nuestra forma de vida y defensa de nuestro estado de derecho (que si bien es cierto no es perfecta, cuando lo comparamos con lo que anda por ahí, nos podemos dar con un canto en los dientes) es lo que a un ciudadano más tranquiliza. Sin embargo, cuando nuestros dirigentes andan realizando alianzas con los Jerjes domésticos y extranjeros, mal empezamos. Así nos pasa que a todos, aún a sabiendas de lo fascitoide que resulta una sociedad espartana, caemos en manos de cualquier Leónidas que nos de seguridad. Y si para colmo, nuestros dirigentes mandan a sus Efialtes a mostrales a los Jerjes los desfiladeros por los que atacar por la espalda … como por ejemplo: mandar a los fiscales generales a que eliminen las trabas que tienen grupos afines a terroristas, haciendo que los tribunales no puedan hacer nada (comentario: ¿No es España un país raro? Cuando la policía captura a un terrorista, en vez de preguntar este por su abogado, pregunta por su fiscal general). Efialtes que avisan a terroristas antes de ser capturados por orden superior. O crear un bajo comisionado para las víctimas del terrorismo para intentar acallar sus voces. En fin, busquen ejemplos de Efialtes y verán como los encuentran.
Leónidas y los espartanos habían entendido que la defensa de su libertad y la de los suyos era cuestión de vida o muerte. Jerjes le propuso una aberrante alianza de civilizaciones, donde no todos los hombres serían iguales (ni muchos menos las mujeres) y él (siempre según la película) le arrojó una lanza que le corto la cara en respuesta a la humillación que supone a cualquier hombre de estado decirle que venda a los suyos y renunciar al estado de derecho. La historia se repitió muchos años después, y cuando unos guerrilleros vendieron a Viriato a la roma, el cónsul Servilio Cepión les escupió a la cara aquello de “Roma no paga a traidores”. Si en vez de Leónidas hubiesen estado nuestros dirigentes actuales, vamos, me veo ahora mismo a todos vestidos de drag queen, bajo el dictamen de algún sátrapa, y seguro que el Cepión de turno si les habría pagado a estos.

 

 

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