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11/04/2007 - José Ramón Arévalo Sierra
El miedo es libre

El miedo es libre
Ciertamente, el miedo o ser miedosos es una cualidad que muchos tenemos, acrecentada de forma genética en nuestro comportamiento. Eso nos impide tomar decisiones o trabajar en puestos de decisión, ya que en situaciones de estrés o pánico, comenzamos a sentir un temblor de canillas, retortijones de estómago y sudoración fría que nos incapacita para tal actividad. Por ello debemos ser cautelosos a la hora de elegir tal o cual responsabilidad que nos obligue a la toma de decisiones. Aún así, tampoco es una cualidad tan negativa, aparece de forma habitual en hombres que se enfrentan a su destino con la vida (como los toreros, que siempre son un buen ejemplo recurrente).
Pero no es a ese tipo de miedo al que me quiero referir, sino al miedo del mediocre. Quizás, lo que más caracteriza al miedoso compulsivo, no sea tanto el miedo que le embarga y le inmoviliza, sino el comportamiento violento que suele tener cuando encuentra inferiores a su alcance. El miedoso suele ser cruel con aquellos que no le suponen realmente una amenaza, es poco respetuoso y encima muestra con ellos una actitud chulesca que rápidamente facilita identificarlos con un timorato. Miedo a los demás, miedo a perder una posición social, miedo a que se evidencien las incapacidades en su cargo, miedo a equivocarse… mientras que para muchos individuos es una situación que les anima a superarse, ellos intentan ocultar su miedo con una actitud agresiva hacia los débiles a su alrededor. ¿Qué si no el miedo a perder algo que consideran suyo es lo que convierte a un hombre normal en un maltratador de niños, ancianos o mujeres?
Cuando se analizan las última actuaciones del gobierno, se evidencian una serie de puntos que a ciudadanos normales, que no tenemos ni idea de la fontanería de la presidencia, ni contamos con toda la información que existe sobre el tema (vamos, al Francisquito o al Joselito como usted y como yo), nos hacen pensar que estamos ante un gobierno asustado como un cervatillo. Este es un gobierno a dos carillas, como se suele decir, mostrándose chulesco y afrentoso con los débiles y pávido y pusilánime con los violentos. Pareciera que estamos ante un gobierno paralizado por el miedo, que saca a la calle a un asesino sin arrepentimiento cuando aún existían mecanismos para mantenerlo en la cárcel, o que se retira en desbandada de la Audiencia Nacional cuando hay que ir a acusar de apología del terrorismo a aquellos que hacen apología del terrorismo y que ellos mismos acusaban de hacer apología del terrorismo. No me refiero a que sean miedosos porque salgan en tromba a ordenarnos que seamos respetuosos con religiones que se muestran ofendidas por unas caricaturas (lo que no me parece mal, si lo que defendían es el respeto a los diferentes credos, cosa que como veremos luego no es así), y a su vez haciéndose los compresivos de la violencia que emana de tal evento, ni cuando nuestro actual estandarte de la retroprogesía (Pedro Zerolo), se deshace en alabanzas a regímenes de dudosa reputación democrática (a donde dudo mucho que le gustase ir a pasar una temporada o de vacaciones). Ni me refiero a un gobierno que terminará colándonos a grupos que no rechazan la violencia en la política vasca para que con nuestros impuestos podamos pagarles los txatos con los que celebran los atentados. Pues bien, todo esto podría incluirse dentro de una política de apaciguamiento, que tan malos resultados ha dado a lo largo de la historia.
Sin embargo, este gobierno y sus simpatizantes y acólitos sacan pecho frente a los débiles. A la Iglesia Católica, defensora del perdón y la no violencia, la insultan en una comunidad autónoma socialista publicando un libro que mezcla pornografía e imágenes sagradas, alegando que se trata de cultura (¡la pornografía sí, las caricaturas no!). A la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que solo pide justicia, sin que a ninguno de sus miembros les haya dado por tomarse la ley por su mano (que es lo que le pide a uno el cuerpo cuando le matan a un familiar), la han intentado eliminar de mil maneras, creando otras asociaciones gubernamentales de víctimas con mujeres y hombres de paja, inventando un bajo comisionado para acallarla o insultándolos de forma habitual: ¡Cuándo le mataron el hermano y las dos sobrinas le tocó la lotería! Se ha llegado a escuchar sobre presidente de la AVT. Cuando no, ante las agresiones a los débiles con patadas en los testículos, justificándolas, diciendo que se las merecían por mantener una actitud vociferante (bueno, si esa patada en vez de caerle a Aguirre le cae a algún nacionalista o algún polichinela español, sería ahora más famosa que la patada del gol de Zarra). Ahora también, al Foro de Ermua le quieren quitar el nombre porque no es de su agrado, sin embargo, como conejitos asustadizos estaban cuando apareció el Pacto de Lizarra, a nadie se le ocurrió pedirles que cambiaran el nombre… a esos no, que son peligrosos ¡vayamos a por los del Foro de Ermua! Se envalentonan atacando a los medios de comunicación que no les son afines, creando leyes para silenciarlos o mandando a las turbas de sus aliados a que se manifiesten delante de sus puertas.
Se puede tener miedo, no hay nada malo en ello, pero por favor, no intentemos ocultar nuestro temor y elevar nuestra fortaleza mostrándonos valientes y arrogantes con los débiles, las víctimas y los pacíficos.

 

 

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