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28/03/2007 - José Ramón Arévalo Sierra
El gran ecolojeta

El gran ecolojeta ha hablado, y de forma tumultuosa la turba del polichinela, el glamour y de vida acomodada han respondido con gran regocijo. El gran ecolojeta ha opinado, y cual funcionario de regímenes de dudosa reputación, su palabra da fe. En su dictamen somos unos derrochones, y como viciosos del gasto y el consumo utilizamos los recursos naturales de forma irresponsable. Según él, las clases medias y bajas (esto excluye al polichinela español y a los glamorosos hollywoodienses) tenemos que moderar nuestros vicios. Quiere decir que el aire acondicionado sólo lo pueden usar ellos, ya que su alta capacidad creativa requiere un ambiente agradable de temperatura y humedad, y eso incluye las 25 habitaciones de la mansión del gran ecolojeta, que también deben tener unas condiciones agradables para sus invitados, que asimismo son muy creativos ¿Cómo si no podría haber creado esa gran obra documental que recoge a pies juntillas la realidad de la buena “Una verdad incómoda”?. Yo creo que también la podría haber llamado “Arrepentíos, el fin esta cerca”, dándole ese toque tradicional de los habituales mensajes apocalípticos. Él, el gran ecolojeta, separa la basura en categorías varias. Él si que es respetuoso con el medio ambiente. No nosotros, que mezclamos los restos del brócoli con el de la hamburguesa (bueno, yo no, yo sólo tengo de lo segundo en casa). Lo que hay que hacer es destinar una de las habitaciones de la casa a planta de tratamientos de residuos. El lo hace con una de sus 25 habitaciones (¡oppp! Que yo sólo tengo dos).

El gran ecolojeta no nos considera dignos de los placeres de la vida occidental. Además de considerar que somos unos irresponsables, considera que somos muchos. Claro, muchos, de nuevo, excluye a los polichinelas españoles y glamorosos, indicando que sobramos nosotros, no ellos. En fin, que somos un incordio para el gran ecolojeta, derrochones, procreamos como conejos, y además sin pizca de sensibilidad con el medio ambiente. Solo les falta salir a la calle con una pancarta por medio de la Gran Vía, en una esas de manifestaciones que son dos o tres millones, llenas de famosetes y artistas (?), no como las pírricas organizadas por la derecha, con pancartas “ciudadanos vulgares del mundo, extinguíos” o “la culpa es de la guerra de Irak” (esto último es un comodín en la manga que vale a la retroprogresía para un roto y un descosido).
El gran ecolojeta internacional parece tener o tuvo una empresa de gran capacidad contaminadora en España. Pero claro, el argumenta que dentro de su empresa todas las bombillas son de bajo consumo y ha eliminado el papel higiénico para salvar los bosques (he decidido no profundizar en este aspecto por motivos lógicos).

En nuestras islas también pululan grandes ecolojetas, cubiertos de gloria local, premios de amigos y llevando detrás el machambro de “prestigioso profesor”. Me resulta paradójico cuando hablan de la sobrepoblación en las islas, siendo algunos de ellos avenidos allende de nuestros límites insulares. Obviamente, ellos consideran que con su llegada se colmo el vaso. Pero claro, dependiendo del gran ecolojeta del cual se trate, esto puede ser hace 20 años o hace diez (según cuando llegó él). Yo de forma irónica siempre planteo que aquellos que consideren que somos muchos, pues ya saben, tienen varios aeropuertos para aliviar la presión poblacional (si así lo desean, yo al contrario que ellos, no considero que sobre nadie). Los grandes ecolojetas consideran que el turismo es malo y que no sabemos gestionarlo (no el turismo para ricos, si no el turismo al que puede acceder la canalla). Como consecuencia de la mala gestión que hacemos del turismo, las islas se nos llenan de gente que pueden pagarse unas vacaciones y disfrutar de nuestro inmejorable entorno. Así, ellos no pueden disfrutar gustosos de sus playas y paisajes, tanta gente les molesta. Ya no hay respeto por los caciques de todas la vida (curiosamente, estos han tenido una gran tendencia a volverse ecolojetas todos). Algunos defienden el colapso económico de las islas, para así obligar a emigrar (otra vez) a aquellos que serán los primeros damnificados por ello, las clases medias y bajas. Que bien, la isla sólo para caciques y algún rastafari europeo.

Otros grandes ecolojetas locales se han echado al monte criticando las instituciones políticas, hablando incluso de dictaduras, y proponiendo que se recupera la muy tradicional asamblea. Yo le propongo ir más allá, que no se queden en minucias, y que nuestra organización política en las islas no sea una democracia representativa, ni una asamblea como les gusta a ellos, propongo volver a la tribu, donde ellos, en plan consejo de ancianos, decidan que es y que no es lo que nos conviene a nosotros. Ellos son cultos, glamorosos, ilustrados, ellos tan petulantes e inaccesibles, tan sofisticados y complejos, si que saben lo que nos conviene a todos nosotros, desde el albañil que se levanta a las seis de la mañana a trabajar de 7 de la mañana a 6 de la tarde bajo un sol de verdad (no el que ellos toman en las Teresitas) al cabrero que pasea día tras día sus animales manteniendo una actividad tradicional que mantiene elementos culturales tradicionales (ese trabajo no es ir al monte de pateada con los amigos a comerse una tortilla, como confunden a veces los ecolojetas). Dejemos todo en las manos del consejo de la tribu, así los apellidos ilustres siempre estarán presentes en el control de la organización, como siempre fue y se rompió con estas horteradas de la democracia y el voto de todos los hombres. Gracias grandes ecolojetas por iluminar nuestro camino.

 

 

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