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27/03/2007 - José Ramón Arévalo Sierra
El feminista

El feminista
Yo también, como se auto atribuye el presidente del gobierno, quiero ser feminista. Por todo ello, he decidido aplicar a pies juntillas la Ley de Igualdad recientemente aprobada en los aspectos relacionados con mi gestión. Espero aumentar mi popularidad, algo deteriorada y alicaída últimamente (incluso más de lo habitual, cuando ya parecía que no podía caer más) por motivos variados, entre los que entran estos escritos. Ahora, sí que espero escuchar alabanzas desde el mundo del feminismo y el polichinela. Cuan jocoso y alegre me voy a poner al ver como todas las chicas salen al pasillo y me gritan desaforadas y exultantes: “ista, ista, ista, er Joserra feminista”, u otras alegres alabanzas que mejorarían mi espíritu varonil (¡opp, perdón compañeras!).
De todas formas, antes de empezar con la aplicación de la susodicha Ley de Igualdad, se me plantean una serie de dudas existenciales que necesito me resuelvan. Por ejemplo, ando dirigiendo a dos alumnas sus tesis doctorales. Ambas presentan un currículo excelente por lo que han recibido sus correspondientes becas doctorales, de gran dificultad debido a la competitividad existente alrededor de las mismas. La capacidad de trabajo de campo es más que satisfactoria, siendo en ambos casos, metódicas, consistentes, incansables y entusiastas de una actividad que la verdad no es fácil. Ambas se manejan perfectamente con textos en inglés y con los análisis de datos, herramientas fundamentales de nuestra actividad investigadora. Bien, dada la obligatoriedad a la que me apremia la Ley de Género de Igualdad, no tengo más remedio que echar a una de ellas. Necesitaría en cierto modo asesoramiento en como lo hago. Para colmo de males, los que podría escoger como sustitutos son muy inferiores en su capacidad, y sobre todo en su entusiasmo. En fin, me tengo que desentender de uno de los pilares del trabajo y estoy obligado a coger a alguien que en vez de tirar del carro se va a subir a él, o como suele pasar a menudo, me va a traer calentamientos de cabeza más que quitármelos. Pero todo estará más que justificado por escuchar esas voces femeninas susurrándome al oído: “ista, ista, ista, er Joserra feminista”. En fin, ruego me ayuden a seleccionar a cuál de las doctorando mando para casa.
En mi cruzada contra el machismo y en mi aplicación de la Ley, me vuelvo a topar con problemas menores. Después de realizar los exámenes finales de la asignatura, he puesto cuatro matrículas de honor, y por motivos que no llego a comprender, las cuatro matrículas han ido destinadas a miembros de la comunidad estudiantil del género femenino (algo que al parecer es habitual en otras asignaturas también). Obviamente, yo que me he vuelto más feminista que Cristina Almeida, no tengo más remedio que a tenor de la susodicha Ley, quitarle las matrículas a dos de las alumnas y dárselas a los compañeros del sexo masculino, logrando así una paridad inusitada en estos ámbitos. Los problemas me surgen a lo hora de decidir a quién quitarle las matrículas de honor, y sobre todo a quién dárselas aún a sabiendas de que no se la merecen. Ellas han estudiado más, han trabajado más, han comprendido más los elementos esenciales de la asignatura, pero eso no debe ser óbice para que nuestra cruzada se paralice. ¿Qué hacer? Se que es duro, pero no tengo más remedio. Solamente me compensarán los comentarios a mi paso “ista, ista, etc…”.
Voy a denunciar el uso de la mujer en publicidad, que tiene como intención usar el cuerpo de las mismas, para regocijo de nuestras retorcidas y lascivas mentes. Se acabó el uso de mujeres para anunciar coches, detergentes, lacas de pelos o champús… pero como yo soy más radical, también exigiré la desaparición de las mujeres en los anuncios de tampones y compresas, sóla las podrán anunciar hombres. No más sexismo en publicidad. Incluso he podido escuchar de una agrupación “derechosa” en la cual los machistas han elegido a todos sus miembros, que se presentan a las elecciones, del género femenino. Espero que el fiscal general del estado tenga a bien tomar pronto medidas disciplinarias contra estos machistas abusadores en contra de la paridad.
Pienso aplicarlo también en el ámbito cotidiano de lo familiar. Al niño le compraré Barbies, pero sobre todo la Barbie “tanga espectacular” (para gran regocijo de Pedro Zerolo), y a la niña los tanques panzer T-52. Como imaginaba, el niño me ha tirado la Barbie a la cabeza (una vez desprendida del tanga), y yo le he espetado sin contemplaciones: “machista, eso es lo que eres”. He intentado convencerle regalándole el Kent con descapotable (con ese pechito bien depilado y los musculitos marcados), pero nada, al tío machista no le cuela. Con la niña no ha habido mejores resultados. Supongo que los años de dominación masculina han debido crear en el cerebro femenino una dependencia de juguetes sexistas, como las muñecas, las cocinitas y los juegos de pintar. A la niña cada vez que le quito los juguetitos sexistas es un drama. En mi batalla por la paridad han aparecido las primeras grietas.
Por ahora estas serán mis grandes actuaciones feministas… Las mujeres del mundo de la alianza de civilizaciones seguro que también piensan que así se acabaron sus problemas. Compañeras-compañeros, luchemos e intervengamos la organización civil ciudadana hasta el día final. Pues eso, gritemos todas-todos: “ista, ista, ista,…”

 

 

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