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03/03/2007 - José Ramón Arévalo Sierra
Apocalipsis Now

Apocalipsis Now

Ya he comentado que los apocalípticos andan de enhorabuena. Con una parroquia ávida de mensajes de destrucción, las soflamas de políticos, artistas, folclóricos e investigadores funcionarios están teniendo un calado que para si lo quisieran los políticos tradicionales. En 1968, cuando se arrejuntarón en Roma un puñado de investigadores y realizaron unas predicciones de los desastres que nos acaecerían en los próximos 20 años, obtuvieron el record de errores estimativos más espectacular que ha dado la historia de los videntes, brujas y adivinos televisivos de madrugada (solamente superada por varios fines del mundo previstos por algunos grupos religiosos). Embutidos en sus trajes de científicos prestigiosos, nos hicieron creer que nos preparáramos para el final. Hambrunas, guerras, problemas en el abastecimiento de aguas, escasez de recursos naturales… Después de aquello, cualquiera tendría menos credibilidad que Rappel prediciendo el número de la lotería, sin embargo nosotros corrimos un estúpido velo (¿o tupido? Ahora no se) y les perdonamos esos pequeños y nimios errores.

Al final no se cumplió nada de sus presagios. En el mundo mueren menos personas por falta de alimentos que hace 20 años, tienen más personas acceso a agua potable y educación. En el caso de algunos países, en estos 20 años han salido de la miseria para colocarse a un nivel similar al de algunos países europeos (aplicando la muy tradicional, que no por ello entendida, teoría de la liberación de mercado). Hay más materias primas de todas las que decían que se iban a agotar y además son más baratas. El petróleo va dando poco a poco paso a nuevas tecnologías (es bueno que ande en 70-80 dólares el barril para acelerar este cambio) y la mayoría de las ciudades europeas son ahora sitios más limpios y ecológicamente sanos para el desarrollo humano que hace 20 años. Todavía no entiendo porque la percepción sigue siendo tan negativa.
Hace unos 25 años, la catástrofe nos iba a venir de mano de la lluvia ácida. En Europa se gastaron miles y miles de millones de ecus para paliar los efectos de la lluvia ácida que estaba (según decían) acabando con la vida de la selva negra en Alemania, bosques boreales noreuropeos y demás lagos del continente. Las previsiones eran que andaríamos sin bosques a estas alturas, que los lagos se eutrofizarían convirtiéndose en masas infectas y putrefactas y que se afectaría de forma dramática la economía. No se hicieron películas dirigida por algún politiquillo tipo “Gore” venido a menos (incapaz de ganar a George W. Bush en unas elecciones, que ya hay que ser malo), pero los documentales nos inundaban con catastróficas predicciones. Vamos, que yo veía llover y ya me imaginaba como se me derretía el paraguas y el chubasquero sintético que me colocaba por aquella época. ¿Han vuelto a escuchar hablar de la lluvia ácida? Nada, ni una palabra, ni un resultado, ni un solo documental de televisión que muestre que resultado tuvo el gastarnos eso miles de millones de “ecus” en la leyenda de la lluvia ácida. Dinero público, que como no es de nadie, pues se puede gastar en alegres algarabías.

¿Y del agujero de ozono se acuerdan? Los rayos ultravioletas que se suponían atravesaban al susodicho nos iban a hace mutar (asumiendo siempre que la mutación es a peor, para desgracia de muchos que ya le valdría mutar un poco). Vamos, que supongo que ustedes como yo, después de un día de playa tendrían pesadillas en las que al despertarse por la mañana se levantaban poco menos que como un cuasimodo, y cual Gregorio Sampsa en el relato de “La Metamorfosis” de Frank Kafka, cuando nos llamaban para salir de la habitación nos metíamos debajo de la cama y nos resistíamos a ello. Tomar el sol en las Teresitas o Las Canteras era estar jugándote la vida poco menos, y mi madre, no paraba de embadurnarme de aceites varios (a mi con aceititos, yo que soy renegrido y con el pellejo duro como el casón) contra las radiaciones, de tal forma que terminaba siendo una croqueta al revolcarme en la arena (malditos, que infancia más duras me hicisteis pasar).
Ahora le ha tocado al calentamiento global (el enfriamiento global ya pasó de moda). Prácticamente nos obligan a tener fe en el enfriamiento global. Cuando ya hasta el Papa nos indicó que el infierno había desaparecido, nos vienen estos con el suyo. Y estos adláteres del cambio climático, no tienen todos los datos consigo. A ver, quitando estos 2500 funcionarios que se han reunido para asustarnos y obtener pingues beneficios de la cantidad de dinero para estudios que van a cosechar, decir, que en Estados Unidos, donde se tienen los mejores laboratorios de análisis del clima del planeta, un 47% de los investigadores especialistas preguntados responden que el cambio climático no puede decirse que este relacionado con la actividad humana, algo que haría dudar a cualquiera de la veracidad de estos planteamientos. Pues nada, ya verán como va a ser que no y mañana amanecemos con que es el día más frío, más lluvioso, más cálido, más feo o más bonito de la historia de la meteorología, otra evidencia del cambio climático.

 

 

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